RMC es una publicación del Departamento de Ciencias de la Comunicación - Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Cuajimalpa

GNU, Wikipedia y Google: Proyectos en Internet que ejercen la práctica ética

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Exploración y comunidad

  • Estos proyectos se ajustan a la descripción de Wittgenstein sobre el concepto de valor ético.
  • “Creo que la mejor forma de describirla (la ética) es decir que cuando la tengo me asombro ante la existencia del mundo. Me siento entonces inclinado a usar frases como “Qué extraordinario que las cosas existan” o “Qué extraordinario que el mundo exista”, decía el filósofo austriaco.
  • “Hoy, si bien encontramos más conflictos en nuestra realidad planetaria, también vemos que en el ciberespacio construimos una realidad no sólo menos conflictiva, sino que muestra atisbos de una mayor solidaridad”, dicen los autores.

Fotografía: “hands wikipedia aussiegall” por Johann Dréo @ Flickr

 Por Alejandro Ocampo* / Octavio Islas**

Hoy probablemente el detalle más sensible respecto a la Internet sea la privacidad y el respeto al derecho del usuario a mantener y a compartir sus datos con quien estime pertinente y para los usos lícitos que mejor considere. Iniciativas como SOPA, PIPA, ACTA, Ley Döring, entre otras más, son a la vez muestras y avisos de lo que puede suceder si tratamos de conducir hacia adelante manteniendo la mirada en el retrovisor. Por ello es  justo que esa ética basada en un ideal de construcción compartida y comunitaria, se vuelva más que necesaria.

El término ética  –refiere Aranguren1–  procede de un vocablo griego con dos sentidos fundamentales: el primero y más antiguo alude a residencia o morada.2  Después, la acepción alcanzó a los pueblos y a los hombres con referencia a sus regiones y lugares de origen. Posteriormente, en tiempos de Aristóteles (384-322 adc), el término ética se aplicó ya no a cuestiones externas, sino al “lugar que el hombre porta en sí mismo, de su actitud interior, de su referencia a sí mismo y al mundo”.3  Esta concepción, sin embargo, continuaría cambiando con el paso del tiempo.

El segundo sentido, ciertamente más difundido, es el concebido en la tradición filosófica aristotélica. La acepción fue  adentrándose cada vez más en el hombre hasta que llegó a identificarse ética con carácter o modo de ser plenamente humanos, y entonces:

Lo ético comprende, ante todo, las disposiciones del hombre en la vida, su carácter, sus costumbres y, naturalmente, también lo moral. En realidad se podría traducir por “modo o forma de vida”en el sentido hondo de la palabra.4

En años recientes, las llamadas Nuevas Tecnologías de Información y Comunicación (NTIC) abrieron las posibilidades a un universo completamente nuevo y, por lo mismo, inexplorado. Ello, sin embargo, de alguna manera se había vivido ya con la aparición y el desarrollo de determinados medios de comunicación de masas, como la televisión, la radio y el cine. Pero la descentralización, la menor verticalidad, la mayor adaptabilidad y la posibilidad de las personas de colaborar en su construcción, han disfrutado a Internet y sus tecnologías asociadas de sus predecesoras por una razón fundamental: el centro ahora es el usuario, no concebido ya como audiencia.

En su libro La Tercera Ola (1979), Alvin Toffler, destacado futurólogo estadunidense, anticipó la decadencia de los medios masivos, el advenimiento de los medios desmasificadores y de nuevos actores comunicativos: los prosumidores. La cuestión, empero, es que por su propia dinámica, ciertamente mucho más compleja y de índole colaborativa, nos enfrentó a una incertidumbre desesperada y desesperante, pues teníamos una herramienta pero no sabíamos (¿ya sabemos?) qué hacer con ella: redescubrimos en nuestro propio quehacer, a una escala micro, la relación ciencia-tecnología, siempre incompleta:

De hecho se puede decir que la tecnología es una constante de las sociedades humanas y la ciencia no lo es. Es un tipo de conocimiento que puede aparecer o no. La ciencia tiene un carácter de abstracción mayor, una mayor vocación de generalidad, una perenne pretensión de dar leyes que hablen de regularidades más generales que las ofrecidas por la tecnología. Ésta por su parte, se basa fundamentalmente en el aprovechamiento de habilidades, mientras que la ciencia lo hace en búsqueda de leyes normativas que se han llamado, por lo general, nomológicas.5

Como señala Morin6, el siglo XX demostró ser el periodo de la impredecibilidad del futuro: nos ha hecho enfrentar, desde nuestro racional estado humano que busca estabilidad, las incertidumbres de nuestras propias creaciones y acciones. Nos ha vuelto conscientes de los efectos a largo plazo y de la fatal responsabilidad que acarrea nuestro actuar cotidiano. Ello, sin embargo, no puede llevarnos a la melancolía que inmoviliza, sino de hecho a un estado más libre, más consciente y, por ende, más creativo. La Internet es acaso un elocuente caso de tal dinámica, esto es: si bien en una realidad desencantada (¿en proceso de reencantamiento?) y en ocasiones descorazonadora, es justo en la construcción de la Internet donde pueden descubrirse atisbos de una nueva forma de entender esa libertad creativa. De ahí que hemos visto resurgir al concepto de ética en su sentido más amplio, más profundo y más original, es decir: en su segunda acepción, en la de ser más humanos.

Esa concepción de ética, pues, nos ha demostrado ser la guía más útil, menos insegura y más gratificante para enfrentarnos a esa realidad desconocida que, paradójicamente, nosotros mismos desencadenamos. Hemos entendido, no sin borracheras morales de por medio, que la excesiva necesidad de certeza concretizada en puntualísimos métodos de control resultan justo en lo opuesto, que son sólo ilusiones que inmovilizan e insultan nuestra propia dignidad:

El deseo de aniquilar la Incertidumbre puede parecernos como la enfermedad misma de nuestras mentes y toda dirección hacia la gran Certeza no podría ser más que un embarazo psicológico. El pensamiento, entonces, debe encaminarse y aguerrirse para afrontar la incertidumbre. Todo aquello que implica oportunidad implica riesgo y el pensamiento debe diferenciar las oportunidades de los riesgos, así como los riesgos de las oportunidades.

El abandono del progreso garantizado por las “leyes de la Historia” no es el abandono del progreso sino el reconocimiento de su carácter incierto y frágil. La renuncia al mejor de los mundos no es de ninguna manera la renuncia a un mundo mejor.7

En efecto, la comprensión de esta incertidumbre se materializa en la repetición de patrones del pasado para situaciones nuevas, particularmente para todo aquello formado en un modelo anterior. El uso y aprovechamiento de la Internet es acaso el botón de muestra más representativo de esa dinámica. Vivir la tecnología con ausencia de ciencia produce un vacío terrible; el problema, sin embargo, no está en el miedo en sí, ni siquiera en su superación, sino en continuar haciendo lo mismo sin explorar las posibilidades de esa nueva herramienta. Para decirlo con McLuhan: “conducir el coche hacia adelante mirando el retrovisor”, lo cual es ciertamente la peor de las actitudes posibles, pues al final la herramienta será tan poco útil como ética; es decir, innecesaria por no representar un elemento que  permita hacer las cosas mejor, más rápido y dedicarnos a ser más al lado de nuestros iguales.

Hay, empero, tres proyectos8  en el imaginario de “Internet 2.0” que, en medio de este mar de incertidumbre, son hoy realidades que ejercen la práctica ética (no hay que olvidar que la Ética es práctica, de ahí que el propio Aristóteles la ubicara en los saberes sobre lo que sería bueno que hubiera, lo que debería de ser, lo que nos orienta para vivir bien) y que se ajustan a la formidable descripción de Wittgenstein sobre el concepto de valor ético, ciertamente incomprensible por definición, pero reconocible cuando se experimenta:

Creo que la mejor forma de describirla es decir que cuando la tengo me asombro ante la existencia del mundo. Me siento entonces inclinado a usar frases como “Qué extraordinario que las cosas existan” o “Qué extraordinario que el mundo exista.9

Esta pista del filósofo austriaco puede sin duda convertirse en una orientación para nuestro enfrentamiento y actuación contra la incertidumbre, mientras nos ayuda a explorar y a descubrir los alcances de nuestras propias creaciones. Esos tres proyectos son el proyecto GNU, Wikipedia y Google.

 

El proyecto GNU

El proyecto GNU fue iniciado por Richard Stallman, quien pretendió crear un sistema operativo completamente libre y compatible con UNIX: el sistema GNU. El 27 de septiembre de 1983 fue anunciada la creación de GNU en el grupo de noticias net.unix.wizards. De acuerdo con lo asentado en Wikipedia, GNU es “un acrónico recursivo que significa GNU No es Unix (GNU is Not Unix)”. Puesto que en inglés gnu (en español ) se pronuncia parecido a  new, Richard Stallman recomienda pronunciarlo “guh-noo”.10

En el Manifiesto GNU11  Stallman enunció las razones por las que decidió impulsar el proyecto GNU, entre las cuales destaca “volver al espíritu de cooperación que prevaleció en los tiempos iniciales de la comunidad de usuarios de computadoras”. Para asegurar que el software GNU permaneciera libre y todos los usuarios pudieran “ejecutarlo, copiarlo, modificarlo y distribuirlo”, el proyecto debía ser liberado bajo una licencia diseñada para garantizar esos derechos al tiempo que evitase restricciones posteriores de los mismos. La idea se conoce en Inglés como copyleft (izquierda de autor, en clara oposición a copyright: derecho de autor),  y está contenida en la Licencia General Pública de GNU (GPL). Gracias a GNU se han desarrollado avanzados programas generadores de analizadores sintácticos, intérpretes de comandos, archivos de bibliotecas, bibliotecas para Java, editores de textos extensibles y autodocumentados, compiladores para varios lenguajes, depuradores de aplicaciones, aplicaciones para PostScript y PDF, programas de edición fotográfica, ambiente de escritorio gráfico, redes descentralizadas de comunicaciones personales, diseñadas para resistir interferencias no autorizadas, implementación del conjunto de bibliotecas One Step, herramientas para programar aplicaciones gráficas, sistema para cálculos algebraicos, sistema de documentación, editor de partituras musicales, etcétera.

 

Wikipedia

Wikipedia es considerado el mayor proyecto de recopilación de conocimiento jamás realizado en la historia de la humanidad, y dio inicio el 20 de mayo de 2001. Wikipedia responde al propósito de construir un recurso básico de información en todas las áreas del conocimiento humano. De acuerdo con lo asentado en su sitio web, los principios fundamentales, conocidos como cinco pilares son:

1) Wikipedia es una  enciclopedia, y todos los esfuerzos deben ir en ese sentido; 2) todos los artículos deben estar redactados desde un punto de vista neutral; 3) el objetivo es construir una enciclopedia de contenido libre, por lo que en ningún caso se admite material con derecho de autor (copyrights) sin el permiso correspondiente, 4) Wikipedia sigue unas normas de etiqueta que deben respetarse;  5) debes ser valiente editando páginas, aunque siempre usando el sentido común”.11

Wikipedia además definió las siguientes “normas sobre la calidad”:

  • 1) Wikipedia no es fuente primaria: la información nunca debe proceder en última instancia de los propios editores.
  • 2) Verificabilidad: todos los artículos deben incluir referencias en torno a las fuentes de las que proviene la información.
  • 3) Las fuentes de las que proviene la información deben ser fuentes fiables.13

 

Google

A partir del motor de búsqueda conocido como BackRud, dos estudiantes de la Universidad de Standford  –Larry Page y Sergey Brin– fundaron Google el 4 de septiembre de 1998. La oferta pública inicial en Nasdq  fue presentada el 19 de agosto de 2004. Según su sitio web, “el objetivo de Google consiste en organizar la información del mundo y hacerla accesible y útil de manera universal”.14  En el apartado “Nuestra cultura”, se afirma:

Las personas son lo que realmente hacen de Google la empresa que es. Contratamos a personas inteligentes y con determinación, y anteponemos la capacidad para el trabajo a la experiencia. Aunque los Googlers compartimos nuestros objetivos y expectativas sobre la empresa, procedemos de diversos campos profesionales y entre todos hablamos decenas de idiomas, ya que representamos a la audiencia global para la cual trabajamos. Y fuera del trabajo, los Googlers tenemos aficiones tan diversas como el ciclismo, la apicultura, el frisbee o el foxtrot. Nos esforzamos por mantener esa cultura abierta que se suele dar en los inicios de una empresa, cuando todo el mundo contribuye de forma práctica y se siente cómodo al compartir ideas y opiniones. Los Googlers no dudan en plantear sus preguntas sobre cualquier asunto de la empresa directamente a Larry, a Sergey y a otros ejecutivos tanto en las reuniones de los viernes (TGIF) como por correo electrónico o en la cafetería. Nuestras oficinas y cafeterías están diseñadas para promover la interacción entre los Googlers y favorecer las conversaciones de trabajo y los juegos.15

De acuerdo con el reciente reporte de la firma Millward Brown  –BrandZTM Top 100 Most Valuable Global Brands 2012–, Google fue considerada la tercera marca más valiosa del mundo, sólo superada por Apple e IBM. El valor de la marca Google fue estimado en $107,857 $MD. En 2012, la firma Interbrand  –que realiza cada año el reporte Best Global Brands, similar al referido estudio de Millward Brown–  ubicó a Google como la cuarta marca más valiosa del mundo (superada por Coca Cola, Apple e IBM), estimando su valor en $69,726 $MD.

Finalmente, si bien desde el punto de vista comercial Google representa todo un parteaguas, conviene resaltar que su famoso y secretísimo algoritmo de clasificación de contenidos para Internet no está basado  –como lo estaban los tradicionales buscadores de finales del siglo pasado como Altavista y Lycos–  en precisos robots que día y noche indizan contenidos en Internet.  En realidad  –y he aquí el cambio de postura fundamentalmente ética–  Google determina la posición de acuerdo con su lista de resultados al número de ligas y recomendaciones extendidos desde otros sitios.

Luego, independientemente de las puntualizaciones y críticas que pueden hacerse a un sistema democrático de organización de información  –uno muy bueno puede encontrarse en el libro de la filósofa francesa Barbara Cassin, Googléame–, el mayor acierto de la tecnología Google radica en no determinar el lugar que arroja una búsqueda solamente por su pertinencia con lo buscado, sino también por lo que los propios usuarios, ligas mediante, dicen de él. No es coincidencia que el eslogan no oficial de Google sea “Don’t be evil”.

 

Palabras finales

Las conclusiones más esperanzadoras son las que no implican la mirada sobre un pasado dicho, sino que se instalan a mitad de la ruta como una especie de fotografía del instante, de algo que no deja de moverse. Es posible afirmar que éste no es un caso muy distante. Hoy, si bien encontramos más conflictos en nuestra realidad planetaria, también vemos que en el ciberespacio construimos una realidad no sólo menos conflictiva, sino que muestra atisbos de una mayor solidaridad. Descubrimos el valor de un mensaje, de un tuit, de un post, de un correo electrónico, etcétera, e identificamos que aún sin conocernos personalmente, nos identificamos con ideas, ideales y aspiraciones que están más allá de quienes físicamente las emiten.

Hoy tal vez el detalle más sensible respecto a la Internet sea la privacidad y el respeto al derecho del usuario a mantener y a compartir sus datos con quien estime pertinente y para los usos lícitos que mejor considere. Iniciativas como SOPA, PIPA, ACTA, Ley Döring, entre otras más, son a la vez muestras y avisos de lo que puede suceder si tratamos de conducir hacia adelante manteniendo la mirada en el retrovisor. Por  ello es justo que esa ética basada en un ideal de construcción compartida y comunitaria, se vuelva más que necesaria.

Hasta ahora, la historia ha demostrado que por más que algunos hayan intentado incidir con fines específicos o hasta con ciertos intereses comerciales en el ciberespacio, el usuario siempre ha logrado modificarlos y adaptar esos elementos a su propia dinámica. Así pues, sin caer en optimismos reduccionistas, es posible afirmar que la construcción siempre inacabada de ese espacio está en manos del usuario al entender que su esfera de responsabilidad va más allá de su persona, mientras pone su talento en mantener la posibilidad de que los demás continúen explorando, nutriendo y disfrutando ese gran entorno digital.

 

Notas

1) Véase: José Aranguren, Ética.

2) Según Aranguren, la comprensión de morada resurge en el siglo XX a raíz de que Heidegger equiparara ontología con ética al manifestar que la ética es el pensar que afirma la morada del hombre en ser.

3) Aranguren, Ética, 21.

4) Javier Zubiri, en Aranguren, Ética, 22.

5) Ordóñez, Ciencia, tecnología e historia: relaciones y diferencias, 55-56.

6) Véase: Edgar Morin, Los siete saberes necesarios para la educación del futuro.

7) Ibid, 85.

8) Estos tres sitios representan una visión puramente nuestra que consideramos representativa tanto en aspectos sociales como comerciales, pues también Internet nos ha enseñado a que no puede haber categorizaciones tan exactas; sin embargo, y afortunadamente, este tipo de proyectos abundan cada vez más y van desde cuestiones político-sociales, como Wikileaks, hasta activistas con fines muy claros, como Anonymous, sin olvidar a los sitios de ventas en las que los usuarios construyen su prestigio fundamentados en las relaciones con sus pares. La cuestión, es el empoderamiento del usuario; la posibilidad sólo suya de incidir en el proyecto y en el Internet mismo; y aunque esto podría ser una ilusión, lo cierto es que experiencias como el tsunami de Japón del año pasado, los movimientos juveniles en los países del norte de África  iniciados en 2010, el movimiento #yosoy132 o el emblemático caso de la bloguera cubana Yoani Sánchez, dejan ver esa identificación y disposición fundamentada en ideas y materializada en acciones de usuarios comunes y que utilizaron estos medios como forma de hacer saber, de convocar y de organizar.

9) Wittgenstein, Conferencia de ética, 38-39.

10) Véase: http://es.wikipedia.org/wiki/GNU Fecha de consulta: 8 de octubre de 2012.

11) Disponible en: http://www.gnu.org/gnu/manifesto.es.html Fecha de consulta: 8 de octubre de 2012.

12) Véase: http://es.wikipedia.org/wiki/Wikipedia:Acerca_de Fecha de consulta: 8 de octubre de 2012.

13) Véase: https://www.google.com.mx/intl/es/about/company/ Fecha de consulta: 8 de octubre de 2012.

14) Véase: https://www.google.com.mx/intl/es/about/company/facts/culture/ Fecha de consulta: 8 de octubre de 2012.

 

Bibliografía

Aranguren, José. Ética. Madrid: Alianza, 1979.

Cassin, Barbara. Googléame. Bs As: FCE, 2008.

McLuhan, Marshall. Comprender los medios de comunicación. Las extensiones del ser humano. Barcelona: Paidós, 1996.

Morin, Edgar. Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. México: UNESCO, 1999.

Ordóñez, Javier. Ciencia y tecnología e historia: relaciones y diferencias. México: Ariel-ITESM, 2001

Toffler, Alvin. La Tercera Ola. Bogotá: Edinal, 1981.

Savater, Fernando. Invitación a la ética. Barcelona: Anagrama, 1998.

Wittgenstein, Ludwig. Conferencia de ética. Barcelona: Paidós, 1989.

 

*Doctor en Estudios Humanísticos y director de la Carrera en Ciencias de la Comunicación en el ITESM Campus Estado de México.
**Doctor en Ciencias Sociales. Director del Proyecto Internet en el ITESM.

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