¿Es posible una inteligencia artificial intercultural?

No. 156-157 / julio 2025-junio 2026 / ensayo

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Israel Tonatiuh Lay Arellano

UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE GUADALAJARA

Resumen. El presente trabajo reflexiona sobre la incorporación de la inteligencia artificial generativa como un campo de diálogo entre saberes, en donde la cosmovisión indígena y la innovación digital puede n reconocerse no sólo como una herramienta tecnológica, sino como un pilar de integración y equidad. Incorporar a la IA en estos contextos, implica reconocer el valor del conocimiento comunitario, fomentar la autonomía tecnológica y garantizar la participación activa de los pueblos originarios en la creación de soluciones que respondan a sus propias realidades. En este sentido, la IA se convierte en una oportunidad para fortalecer la autodeterminación cultural y promover una transformación social y digital. Sin embargo, ¿es esto posible? Este ensayo esboza algunas ideas buscando, más que certezas, provocar un debate sobre este tema.

Abstract. This paper reflects on the incorporation of generative Artificial Intelligence as a field of dialogue between different forms of knowledge, where Indigenous worldviews and digital innovation can meet in an ethical and equitable manner, rather than merely as a technological tool. Integrating AI in these contexts entails recognizing the value of community-based knowledge, fostering technological autonomy, and ensuring the active participation of Indigenous peoples in the creation of solutions that respond to their own realities, including the gaps that generate vulnerabilities among the inhabitants of Indigenous communities. In this sense, AI becomes an opportunity to strengthen cultural self-determination and to promote social and digital transformation. However, is this possible? This essay outlines some ideas that seek, rather than certainties, to provoke debate on this issue.


En los últimos años, la inteligencia artificial se ha consolidado como una de las tecnologías más transformadoras del siglo XXI; pero, ¿a qué le llamamos inteligencia artificial? María Vanina Martínez, citando a McCarthy, la define a la como un sistema digital[1] que fue “creado por intervención humana que [piensa] o actúa como lo hacen los humanos, o como nosotros esperamos que los humanos piensen y actúen” ( 2024: 8).

Bajo este contexto, se denomina inteligencia artificial generativa (IAG) , al conjunto de métodos y aplicaciones que son capaces de generar contenido como textos, imágenes, música y otros, con una autonomía cada vez mayor y con características aparentemente indistinguibles de las que produciría un ser humano. En el ámbito educativo, se ve un camino con varias posibilidades de éxito en su uso toda vez que, como herramienta docente, permite producir recursos con una mayor disposición para aprender. Construye contenidos y experiencias personalizadas al interés del alumnado, con un enfoque pedagógico e interactivo (Casar, 2023); mientras que, de igual manera, para el estudiante se convierte en una herramienta para la co-construcción de conocimiento.

El uso de esta tecnología ha estado fuertemente centrado en visiones urbanas y tecnocráticas[2] del conocimiento. ¿Qué lugar ocupan los pueblos originarios en este diálogo sobre la inteligencia artificial? ¿E n qué momento se toman en cuenta los saberes de las comunidades indígenas? Desde esta perspectiva, sugiero reflexionar sobre la posibilidad de un abordaje intercultural y el uso de la IAG , desde las cosmovisiones indígenas y sus formas de transmitir el conocimiento, que enriquezca el diseño, la ética y el uso de la tecnología.

Sin embargo, el desafío trascendental es la brecha digital desde dos dimensiones: la de primer orden, que hace referencia a las diferencias de acceso; y la de segundo orden, que se centra en el uso y aprovechamiento eficiente de la tecnología digital. En este sentido, las comunidades indígenas en México enfrentan diferentes niveles de acceso de acuerdo con su contexto geográfico; esto es, desde el tipo de cobertura de servicios de telecomunicaciones en zonas rurales o aisladas; y, por otra parte, en las políticas públicas y programas de alfabetización digital adaptado a sus realidades lingüísticas y educativas. Esto evidencia la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO [2025]), cuando expone que, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) , en el país “todavía más de 20 millones de personas no usan internet, 11 millones no lo usan porque no saben cómo, y principalmente en zonas rurales, donde vive gran parte de los pueblos indígenas” (párr. 6).

Para avanzar hacia una inteligencia artificial que pueda incluir a los pueblos indígenas y sus culturas, la IA necesitaría ser utilizada de una manera que respete y valore sus conocimientos; es decir, tener un enfoque cultural (Mamani y Quispe, 2022). El desafío de las brechas digitales no implica sólo el acceso a la tecnología y la conexión a internet , sino que se refiere también a la búsqueda de la eliminación de las faltas de habilidades digitales, ya que ese desconocimiento impide aprovechar los beneficios de la tecnología digital; o bien, de evadir los riesgos que conlleva su uso (García, 2020).

¿En qué medida las comunidades indígenas han tenido acceso a procesos de formación que les permitan comprender y apropiarse de la inteligencia artificial desde sus propias cosmovisiones? Estas situaciones se exhiben como una “capa de vulnerabilidad en cascada” (Luna en Villeda y Contreras, 2020 : 92 ); entendiéndose como un entramado de desigualdades desde una dimensión económica, una marginación territorial; en general, en una brecha social que desencadena en otras formas de vulnerabilidad tales como “la exclusión educativa, la precariedad digital o la pérdida de saberes comunitarios”, reduciendo su participación.

En cuanto al tema de lo escolar, desde 2012 Sylvia Schmelkes resaltaba dos importantes asimetrías educativas en las cuales se visibilizaba discrepancia; por un lado, como ya se ha venido señalando, no solamente es la falta de infraestructura tecnológica, sino la falta de acceso y de permanencia en la escuela para las niñas, niños y jóvenes indígenas. En segundo lugar, la valorativa; es decir , el cómo las personas no-indígenas o mestizos, se consideran parte de una cultura superior, limitando las interacciones entre culturas.

Y no solamente eso, paradójicamente en México, con la finalidad de llevar la educación a todos los niños y niñas del país, a finales de 1963, la Secretaría de Educación Pública (SEP) ofertó una modalidad educativa bilingüe en el sistema educativo básico para los pueblos indígenas, cuando tendrían que ser todos los ciudadanos quienes deberían conocer toda la riqueza cultural de su país, no solamente los habitantes de los pueblos originarios (Reyes, 2021). De hecho, al migrar a espacios urbanos para una mejor calidad de vida, poblaciones originarias han modificado sus conductas, su forma de vestir y hasta su lengua para no sufrir discriminación. Es por ello que, Schmelkes propuso una educación intercultural para toda la población y para que todas las personas, indígenas y no-indígenas, reconozcan la importancia de los aportes de las diversas culturas que viven y conviven en el país, y para aprender valores y respeto entre todos (Schmelkes, 2012).

No obstante, Covarrubias (En Dietz, 2025: 12), resalta que no debería confundirse la educación intercultural con los estudios interculturales, pues parece que en ocasiones los manejan como sinónimos cuando no lo son . Los estudios interculturales radican más en “sistemas de salud, a los sistemas de procuración de justicia y a los medios de comunicación masivos, entre otros. Por lo tanto, los estudios interculturales abarcan tanto lo gubernamental como lo autonómico o lo comunitario”. En cambio, cuando se habla de educación intercultural, su orientación está en lo educativo, en lo que atañe a “las instituciones, organizaciones y académicos para promover el análisis y la incidencia de la interculturalidad en la educación formal”.

El enfoque de los estudios interculturales y de la educación intercultural consiste en analizar situaciones de desigualdad y unir esfuerzos para minimizar esas diferencias, puesto que no significa que una cultura frente a otra sea desigual, sino que se distingan entre ellas y que haya mucho por aprender. Para ello, se necesita una propuesta transformadora de la sociedad en que la ciudadanía desarrolle esa capacidad para aprender a vivir y convivir entre culturas, aprovechando esa diversidad (Dietz, 2025).

Considerando esto, “la Inteligencia Artificial tiene el potencial para mejorar significativamente la vida de los pueblos indígenas” (Mamani y Quispe, 2022: 149), a través de proyectos emergentes que digitalicen sus lenguas originarias o desarrollen colecciones de textos lingüísticos comunitarios, para reconocer la diversidad epistemológica y cultural de los pueblos, respetando sus derechos, su autonomía cultural y conocimientos tradicionales, su cosmovisión; y sobre todo, promoviendo “el diálogo, la inclusión y la participación activa de las comunidades indígenas para garantizar un enfoque ético y equitativo en el desarrollo y uso de la IA. Solo así se podrá aprovechar plenamente los beneficios de esta tecnología sin comprometer la integridad y el bienestar” de los pueblos indígenas, con un enfoque en su preservación y protección.

La inteligencia artificial generativa puede ser tanto una herramienta de inclusión y exclusión como de diálogo. Su potencial dependería de la capacidad de la sociedad de crear puentes entre la tecnología y los conocimientos de los pueblos originarios. No obstante, para lograr esto, se requiere una co-creación tecnológica intercultural. Esto implica involucrar a las comunidades indígenas a participar, respetando sus principios de autonomía, consentimiento informado y protección de conocimientos colectivos.

Un abordaje intercultural no solo ampliaría los horizontes éticos de la inteligencia artificial, sino que también permitiría repensar qué significa la convergencia entre los saberes de los pueblos indígenas, una oportunidad para construir una tecnología y crear el diálogo para aprender a vivir y convivir entre las diversas culturas que persisten en el país.

La inteligencias artificiales generativas se alimentan de la interacción con el usuario, del intercambio de ideas, de preguntas, de formas de pensamiento, entre otros tipos de permuta. Esto propiciará que la propia IA pueda expandir esta parte de su cultura y cosmovisión pues, al igual que con cualquier consumidor, con cada vez mayor puntualidad, especificidad y sencillez en el “diálogo”, reconocerá y sabrá interactuar con mayor habilidad y conocimiento intercultural.


Notas

  1. Conjunto de programas o aplicaciones que ejecutan acciones desde una computadora o cualquier dispositivo móvil digital como es un teléfono móvil, un reloj inteligente, o una tableta.

  2. De acuerdo a Navarro y Mena (2022): “El paradigma tecnocrático se podría conceptualizar como aquella visión de mundo donde las realizaciones de la ciencia permiten resolver los problemas de la humanidad desde el criterio confiable y absoluto de los técnicos” (p.59).


Fuentes