Inteligencia Artificial, hiperconcentración y geopolítica

No. 156-157 / julio 2025-junio 2026 / ensayo
colaboración invitada

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César Augusto Rodríguez Cano

UNIVERSIDAD AUTÓNOMA METROPOLITANA, UNIDAD CUAJIMALPA


Su uso es más frecuente entre hombres que entre mujeres y está creciendo exponencialmente en países no anglosajones. Se utiliza principalmente para consultas no relacionadas con actividades laborales, aunque quienes lo emplean para trabajo suelen tener un mayor nivel educativo y ocupar puestos mejor remunerados. Las tres actividades más realizadas son guía práctica, búsqueda de información y escritura.

Estos hallazgos derivan de un estudio académico interno sobre ChatGPT, la plataforma conversacional de OpenAI, pionera a nivel mundial. El principal descubrimiento es que esta tecnología ya genera valor económico en empleos basados primordialmente en la generación de conocimiento, gracias a su auxilio en la toma de decisiones (Chatterji et al., 2025).

Entre las actividades más realizadas se encuentran prácticas relacionadas con diversos campos del saber como traducción, edición, escritura, docencia, informática, programación, psicología, matemáticas y fotografía. En la habilidad más demandada, la escritura, las categorías se dividen en edición o crítica de un texto, comunicación o escritura personal, traducción, generación de argumentos o resúmenes, y escritura de ficción.

Si bien se trata de un estudio exclusivo de ChatGPT, lo que impide su generalización sobre el uso de la inteligencia artificial conversacional en su conjunto, los resultados ilustran la inserción de estas tecnologías en la vida cotidiana de miles de personas.

Aunque se ha utilizado como término de moda en los meses recientes, lo cierto es que este tipo de inteligencia artificial sustenta plataformas lo suficientemente confiables para realizar tanto actividades generales como tareas concretas. El propio buscador Google ha incorporado a su tradicional repertorio de opciones la opción “Modo IA” que, según sus propias palabras, “es una nueva forma de buscar información que utiliza inteligencia artificial para proporcionar respuestas integrales en lugar de una lista de enlaces” (Google, 2025). Esto garantiza el uso de inteligencia artificial generativa en cualquier navegador, dado que suele ser el buscador preestablecido en computadoras, tabletas y celulares. Otras empresas posicionadas en la innovación reciente son DeepSeek, Gemini, Claude, Mistral, Copilot, Perplexity, Grok o Llama.

Pero lo más llamativo de estas plataformas inteligentes es cómo se han transversalizado en las diferentes actividades profesionales. Por ejemplo, una búsqueda del término “Inteligencia Artificial” en el periódico El País, versión México, revela cómo ha revolucionado los tiempos y costes en el sector jurídico,  representa una ventaja estratégica en cuestiones de seguridad, es utilizada por la Real Academia de la Lengua (RAE) para identificar neologismos y puede emplearse para luchar contra la desinformación (El País, 2025).

En un ejercicio metacognitivo, al preguntarle a DeepSeek en qué actividades la IA ha generado procedimientos beneficiosos para la humanidad, reconocidos por gremios de expertos, menciona principalmente los siguientes: ciencia e investigación, salud y medicina, justicia, sostenibilidad y ecología, y servicios y comercio. Como principal hito, destaca el premio Nobel por el descubrimiento de las estructuras de las proteínas de los seres vivos, realizado mediante la plataforma AlphaFold, propiedad de Google, que ya posibilita toda una nueva generación de fármacos en ciernes. También menciona el caso de ClimateNet, un conjunto de datos abierto etiquetado por expertos y una arquitectura de aprendizaje profundo para el análisis de alta precisión de fenómenos meteorológicos extremos (DeepSeek, 2025).

En síntesis, el impacto de la inteligencia artificial, entendida como un fenómeno tecnológico de vanguardia científica basado en la eficiencia computacional para el procesamiento y otorgamiento de información, ha llegado a nuestras vidas con un remarcado aliento.

Un mercado concentrado

Si bien las plataformas de Inteligencia Artificial son cada vez más comunes en Internet, la configuración del sistema geoeconómico global ha generado dos tendencias de concentración que amenazan la diversidad. La primera es el valor económico adquirido por las principales corporaciones, con recursos que las podrían llevar a dominar este nuevo giro computacional en las actividades sociales. La segunda es el enfrentamiento cada vez más evidente entre dos polos de poder político: Estados Unidos y China.

En el primer escenario, es posible analizar el mercado de valores estadounidense, donde la economía ha dado un vuelco sostenido por este nuevo boom tecnológico —que algunos llaman burbuja, en tanto las empresas del sector tienen que demostrar que son económicamente sostenibles—. Entre las cinco principales empresas privadas, es decir, aquellas que aún no han lanzado su oferta pública inicial, se encuentran tres de inteligencia artificial: OpenAI, Anthropic y xAI, que lideran respectivamente las plataformas ChatGPT, Claude y Grok. El valor de estas compañías es estratosférico: 500 mil millones, 241 mil millones y 97 mil millones de dólares, respectivamente (Yahoo Finance, 2025). El caso de OpenAI es significativo porque supera a cualquier otra empresa privada creada hasta la fecha antes de su oferta pública, incluso a Facebook o ByteDance (dueña de TikTok) en su momento.

A esto se suma que las empresas públicas asociadas a la inteligencia artificial, conocidas como ‘las siete magníficas’ o MAGS 7 (Nvidia, Apple, Alphabet, Microsoft, Amazon, Meta y Tesla), tienen un valor combinado de aproximadamente 20 trillones de dólares, una parte significativa de todo el mercado estadounidense (Roundhill Investments, 2025).

Esta tendencia muestra a un grupo privilegiado de actores que estarán en condiciones de convertirse en la principal infraestructura de la Inteligencia Artificial en el mundo anglosajón, de la misma manera que lo han hecho las plataformas de Internet (Van Dijck, Poell y de Waal, 2018). Estos actores reúnen tres elementos indispensables para su consolidación: 1) centros de datos, a la par de la iniciativa Stargate apoyada por el gobierno estadounidense; 2) innovaciones en hardware, como los chips Blackwell, y 3) el posicionamiento del software en los dispositivos más vendidos del mundo.

En términos geopolíticos, sin embargo, hay que señalar que existe una contraparte: China. Con un modelo de gobierno particular conocido como capitalismo de Estado y, de acuerdo con los propios empresarios estadounidenses, a pesar de las restricciones a la exportación de chips avanzados y otras innovaciones occidentales como parte de la guerra comercial que sostienen, ese país “está a nanosegundos detrás de EU en la carrera de la IA”, como ha expuesto el CEO de Nvidia, Jensen Huang (Deutsche Welle, 2025). Entre las principales empresas chinas, además de DeepSeek, destacan Baidu, Alibaba, Tencent, Horizon y los llamados ‘seis tigres’ de la IA: Zhipu AI, Moonshot AI, MiniMax, Baichuan Intelligence, StepFun y 01.AI (Nguyen, 2025), sin mencionar con detalle su dominio en cuanto al refinamiento de los minerales críticos para las tecnologías digitales.

Es decir, la lucha por la primacía tecnológica no es solo una cuestión de finanzas, sino también de control geopolítico. Esto se debe principalmente a que está en juego un enorme mercado global de información sobre las actividades cotidianas y profesionales de millones de usuarios, así como de los sectores público, privado y civil en prácticamente todos los países del planeta. Dicho control conlleva un enorme banco de datos sensibles y explotables para beneficio económico y político.

Dispositivos epistémicos

Entender las plataformas de inteligencia artificial implica analizarlas desde diferentes ángulos. En términos económicos, se trata de corporaciones multimillonarias con cuotas significativas del mercado global; en el ámbito político, son actores clave del control geoestratégico internacional. Sin embargo, hay mucho más en juego. Estas plataformas también pueden entenderse como dispositivos epistémicos: piezas discursivas de un enorme entramado de control y homogeneización cultural, dado su potencial para instaurar prácticas cotidianas en toda una gama de saberes profesionales y cotidianos.

Las iniciativas europeas y de otras latitudes contrastan con los nulos esfuerzos latinoamericanos por generar sus propios centros de datos y plataformas de esta índole. Esto no es solamente una cuestión de valores políticos, sino de atención a una disyuntiva crucial: soberanía o dependencia tecnológica. La lucha por una diversidad geográfica, política, económica e interseccional que aliente la ecología epistémica en el campo de la IA es una consigna imperante. Esto es particularmente urgente ante la amenaza de una concentración cada vez más acentuada en mega-corporaciones que, conforme pasa el tiempo, adquieren más poder económico y, con ello, una performatividad preocupante frente a autonomías cada vez más asediadas en los diferentes campos sociales.

Si con la Web 2.0 y la llamada arquitectura de la participación se posibilitó un enorme mercado de amistades, deseos y opiniones, la era automatizada prefigura la mercantilización de un número aún mayor de actividades humanas tanto profesionales como sociales. Como ha señalado el ensayista Juan Villoro, en los entornos en línea —y, añadimos ahora, con la IA— la lectura posibilita un juego de espejos: al mismo tiempo que permite leer, también permite ser leídos (2024).

En el contexto mexicano, entre las estrategias que se deben impulsar para hacer frente a esta sujeción estructural se encuentran:

a) Fomentar una apropiación crítica de estas plataformas, mediante alfabetización digital tanto formal como no formal para estudiantes y ciudadanos en general.

b) Alentar marcos normativos y de regulación para empresas extranjeras bajo un enfoque de derechos digitales, que prioricen la privacidad, las libertades políticas en línea y la protección de datos y metadatos.

c) Sentar las bases para implementar un plan nacional de adopción de las inteligencias artificiales en el sector público y apoyo a sectores que fomenten la innovación científica, la protección de información sensible y la soberanía tecnológica. El objetivo es acompañar el proceso de adopción al mismo tiempo que se reduce la dependencia.

Si bien se entiende que la inteligencia artificial no es un fenómeno totalizante de todas las prácticas culturales, quedar al margen de una revolución tecnológica como la actual es una cuestión de seguridad nacional. El riesgo es permitir que se acentúe un proceso de cibermediatización donde la hipervigilancia, ya sea china o estadounidense, sea la norma.


Fuentes