No. 156-157 / julio 2025-junio 2026 / ensayo
José Luis Vázquez-Luna
UNIVERSIDAD ANÁHUAC MÉXICO
Resumen: Este artículo examina los entornos socioculturales, institucionales y psicológicos que inciden en la generación de desigualdades en el ámbito informativo y digital, y propone un modelo de alfabetización informacional crítica orientado a fortalecer el pensamiento crítico. Sostiene que la alfabetización informacional debe ir más allá del simple manejo de herramientas y enfocándose en la formación de capacidades reflexivas que permitan cuestionar la naturaleza y el poder de la información, así como los modelos de conocimiento hegemónicos. El análisis se fundamenta en conceptos de Habermas (1981), Adorno y Horkheimer (2002), y en estudios contemporáneos sobre la brecha digital (Gómez Navarro et al., 2018; van Dijk, 2020), en una revisión documental de estudios publicados entre 2018 y 2025. Con enfoque crítico, se identifican mecanismos relacionados con la autoeficacia digital, las desigualdades educativas y las limitaciones de las políticas de inclusión tecnológica. Finalmente, propongo un modelo de alfabetización informacional crítica orientado al fortalecimiento de capacidades reflexivas, la participación informada y el empoderamiento de comunidades vulnerables.
Abstract: This article aims to examine the sociocultural and institutional environments that contribute to the creation of inequalities in the information and digital spheres, as well as to propose a model of critical information literacy designed to strengthen critical thinking. It argues that information literacy must go beyond the mere use of tools, focusing instead on the development of reflective skills that enable individuals to question the nature and power of information, as well as hegemonic models of knowledge. The analysis draws on concepts from Habermas (1981) and Adorno and Horkheimer (2002), as well as contemporary studies on the digital divide (Gómez Navarro et al., 2018; van Dijk, 2020), based on a review of literature published between 2018 and 2025. Adopting a critical perspective, the study identifies mechanisms linked to digital self-efficacy, educational inequalities, and the limitations of technological inclusion policies. Finally, I propose a critical information literacy model designed to foster reflective capabilities, informed participation, and the empowerment of vulnerable communities.
La expansión de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) ha transformado radicalmente la forma en que individuos y colectivos acceden, procesan y difunden información. No obstante, estas mismas tecnologías han generado nuevas formas de desigualdad, tanto en términos de acceso físico como en las capacidades necesarias para utilizarlas de manera eficaz y crítica (Gómez Navarro et al., 2018). Este trabajo propone la lectura crítica de la alfabetización informacional, una perspectiva poco desarrollada en América Latina. Incorpora dimensiones psicosociales, socioculturales e institucionales desde la teoría crítica en el abordaje. Este enfoque se diferencia de los modelos centrados exclusivamente en habilidades técnicas o competencias digitales. En contraste, propone comprender la alfabetización como un proceso orientado a la emancipación cognitiva y política de comunidades vulnerables.
En Latinoamérica, varios autores han establecido que la brecha digital no puede limitarse solamente a la disponibilidad de infraestructura tecnológica. Martín-Barbero (1987) mencionó que la apropiación de las tecnologías está condicionada por las mediaciones culturales y propician una participación social diferenciada. En el mismo sentido, Crovi Druetta (2016) planteó que los procesos históricos de la región de exclusión educativa y concentración mediática están relacionados con las desigualdades digitales. En otras investigaciones de México y Brasil han confirmado que los programas de inclusión dan prioridad a la conectividad más que al pensamiento crítico y la alfabetización informacional (Trejo Delarbre, 2022; Bezerra Moraes, 2020). Lo anterior permite tener una discusión desde una realidad del entorno latinoamericano.
Tradicionalmente, la brecha digital se ha definido como la diferencia entre quienes tienen o no acceso a internet. Sin embargo, estudios recientes evidencian que el problema es más profundo: existen desigualdades en la facilidad de uso, en los procesos de apropiación social y en el empoderamiento, las cuales se derivan de estructuras psicológicas, culturales y jurídicas que configuran el ámbito informativo (van Dijk, 2020; Warschauer, 2003).
Este ensayo se fundamenta en la teoría crítica, heredera de la Escuela de Frankfurt, para analizar las condiciones materiales e ideológicas que sustentan la desigualdad digital. Argumenta que, sin un análisis del poder que opera detrás de la producción y circulación de información, cualquier esfuerzo de alfabetización informacional quedará reducido al entrenamiento técnico. Por ello, plantea un enfoque integral de alfabetización informacional crítica que incluya:
- La dimensión metacognitiva, centrada en el desarrollo del pensamiento crítico sobre fuentes, discursos y algoritmos (Rodríguez Mendoza & Zambrano Montes, 2019).
- La dimensión sociopolítica, que desentraña las relaciones de poder en las instituciones mediáticas y educativas (Habermas, 1981).
- La dimensión epistemológica, que cuestiona los modelos de conocimiento hegemónicos y promueve la pluralidad cognitiva (Bourdieu, 1993).
Este artículo ofrece una revisión de los principales aportes teóricos y empíricos sobre entornos de desigualdad informativa y digital, seguida de una propuesta de lineamientos para la alfabetización informacional crítica.
Hacia un modelo de alfabetización digital
El estudio de la brecha digital ha sido criticado por enfocar de forma simple el problema, visto simplemente en tener o no tener, y no considerar la dinámicas sociales y complejidades de las diferentes localidades. Al hacerlo de esta forma, centra el desarrollo básicamente en las carencias de las comunidades, sin tomar en cuenta los entornos y voces locales cuando deben considerarse también los costos de mantenimiento, los costos emocionales y la afectación que sufren las poblaciones para adoptar los avances tecnológicos (Andrade Johnson, 2020).
Para estudiar de forma holística este problema se deben considerar las diferencias estructurales e historias, basadas en edad, raza, clase, educación y género, para establecer quiénes son los beneficiarios de las tecnologías y de qué forma afecta a los grupos marginados. También hay que analizar la intervención del gobierno, pues es necesario contar con un financiamiento para desarrollar la infraestructura de internet, incluir la alfabetización digital en los programas educativos y establecer regulaciones que eviten la discriminación, es decir analizar los factores socioeconómicos y culturales que influyen más allá del simple acceso a la tecnología (Fang, et al., 2019; Skrzypczak, 2025).
Una investigación de Choudhary (2025) sobre la igualdad digital a través de programas de alfabetización digital en la India, menciona algunos de los principales problemas para reducir la brecha digital como la falta de motivación, la diferencia de clases y las dificultades para acceder a la infraestructura, además de la sobre carga de trabajo de los formadores y la apatía del público, el trabajo lo fundamenta desde la teoría del standpoint (punto de vista), desarrollada por Sandra Harding y Nancy Hartsock.
Un metaanálisis realizado por Hurt (2026), titulado The Kids Aren´t Alright; they’re Being Out-Read by the Internet,señala la necesidad de establecer programas de alfabetización mediática en escuelas primarias y secundarias para evitar que los niños sean manipulados, polarizados y abrumados por el contenido.Ofrece recomendaciones para que los educadores y diseñadores curriculares hagan resistencia a la desinformación, a la cultura de clickbait y la comercialización.
En México, la brecha digital se analiza tomando en cuenta las desigualdades culturales en educación, el acceso a la infraestructura y la participación ciudadana. Hay estudios que evidenciaron que los programas de inclusión digital en México le han dado prioridad a la conectividad más que al desarrollo de competencias críticas (Gómez Navarro et al., 2018). Mi ensayo busca sentar las bases para establecer un modelo de alfabetización digital con base en la teoría crítica.
La concentración mediática, la precarización educativa y las asimetrías en la producción del conocimiento, norman la discusión sobre la alfabetización informacional en Latinoamérica. A partir de los planteamientos de Orozco Gómez (1997) y García Canclini (1995) puede argumentarse que situaciones similares se centran en competencias instrumentales y olvidan el razonamiento crítico y los procesos de la transferencia informativa, lo que amplía las brechas digitales reflejando desigualdades culturales históricamente asociadas a la educación, la participación ciudadana y al consumo.
Esta propuesta partió de una búsqueda de fuentes documentales realizada en junio de 2025 en las bases de datos Scopus y Scielo que condujo, inicialmente, a 394 artículos. Una criba posterior redujo a la muestra a 42 trabajos bajo criterios como pertinencia temática, vigencia y revisión por pares. Se trata de documentos que priorizaban enfoques críticos, propuestas pedagógicas y análisis de entornos psicosociales. La revisión permitió identificar patrones teóricos y vacíos metodológicos que fundamentan la propuesta del modelo crítico.
La teoría crítica y la desigualdad digital
La teoría crítica emergió en la década de 1930, en el seno de la Escuela de Frankfurt, con pensadores como Max Horkheimer, Theodor Adorno, Herbert Marcuse y Jürgen Habermas. Su objetivo no fue sólo interpretar el mundo, sino transformarlo al cuestionar las estructuras de poder que generan opresión y alienación. Asimismo, surgió como una respuesta tanto al positivismo como al marxismo ortodoxo, enfocándose en el análisis de las estructuras sociales, culturales y simbólicas que reproducen la dominación (Adorno y Horkheimer, 2002).
Horkheimer (1974) distingue entre la teoría tradicional, que busca describir la realidad de manera objetiva, y la teoría crítica, que incorpora una dimensión ética y política orientada a la emancipación. Por su parte, Jürgen Habermas (1981) extendió este enfoque al estudio de la comunicación y propuso que la interacción discursiva libre de coerción constituye la base de la legitimidad social. No obstante, las Tecnologías de Informacoión y Comunicación (TIC) han introducido nuevas formas de colonización de la acción comunicativa. También advierte que la colonización del mundo de la vida por los sistemas económicos y tecnológicos ha debilitado la esfera pública, reduciendo la comunicación a una lógica instrumental. En este sentido, la alfabetización informacional debe recuperar la dimensión comunicativa y deliberativa del conocimiento (Habermas, 1981).
Desigualdad informativa: más allá de la brecha de acceso
En los años noventa, el término brecha digital se asoció principalmente al acceso físico a la tecnología (van Dijk, 2020). Con el tiempo, DiMaggio y Hargittai (2001) y Warschauer (2003) identificaron una brecha de uso: aún con acceso, no todas las personas adquieren las habilidades necesarias para aprovechar las TIC en su beneficio. Helsper (2021) propone el concepto de desigualdades socio-digitales para enfatizar que no basta la disponibilidad de un dispositivo o conexión, sino que importan la motivación, las competencias sociales y las redes de apoyo.
La alfabetización informacional, entendida como el conjunto de habilidades necesarias para identificar, evaluar y utilizar información de gestión crítica y eficaz, ha evolucionado considerablemente desde sus primeras formulaciones teóricas en las décadas iniciales del siglo XX (Freire, 2005).
Este concepto se encuentra profundamente planteado en la intersección entre habilidades técnicas y competencias cognitivas, en la cual el usuario no sólo accede a la información, sino que también analiza y contextualiza dentro de entornos sociales y tecnológicos específicos.
Poder y modelos de conocimiento dominante
Pierre Bourdieu (1993) describió el campo de la producción cultural como un espacio de lucha simbólica donde se legitiman ciertas formas de conocimiento. En el entorno digital, esta dinámica se intensifica: algoritmos de recomendación, estructuras de monetización de plataformas y políticas de moderación configuran patrones de visibilidad y autoridad. La crítica a estos modelos es fundamental para desarticular las jerarquías epistémicas que marginalizan voces alternativas (Selwyn, 2004).
Entornos de generación de desigualdad informativa y digital
Entorno psicológico
El enfoque psicológico enfatiza procesos cognitivos y afectivos que mediatizan la relación con la información digital. Entre los factores más relevantes se encuentran:
- Autoeficacia digital: creencias sobre la propia capacidad para realizar tareas en línea (Bandura, 1997). Las personas con baja autoeficacia tienden a evitar el uso de recursos digitales complejos, lo cual agrava la desigualdad de habilidades (Gómez Navarro et al., 2018).
- Sesgos cognitivos: heurísticos de confirmación y autoridad que dificultan la detección de desinformación y la reflexión crítica sobre fuentes (Rodríguez Mendoza y Zambrano Montes, 2019). Se toma como válida la información que refuerza o confirma las creencias que tenemos y aceptamos, sin cuestionar, la opinión de personas admiradas o reconocidas por nosotros como autoridades, esto adormece el sentido crítico y da paso a lo que se conoce como cámaras de eco, burbujas informativas y polarización ideológica.
- Ansiedad tecnológica: malestar y miedo asociados a la interacción con TIC, vinculado a experiencias previas negativas o carencia de acompañamiento educativo (van Dijk, 2020).
Estos elementos producen una doble brecha: la de acceso y la de apropiación genuina de entornos informativos, y reproducen la exclusión de personas con menores recursos educativos y emocionales.
Entorno sociocultural
Las desigualdades culturales se manifiestan en capital cultural y lingüístico: la capacidad de interpretar y aprovechar códigos digitales está ligada al nivel educativo y al entorno familiar. Niños y adultos en contextos de mayor privación enfrentan barreras para descifrar lenguajes multimedia y terminologías técnicas (DiMaggio y Hargittai, 2001).
- Redes sociales y capital social: la calidad de las conexiones interpersonales que facilitan el intercambio de información veraz varía según el grupo social. Las comunidades con bajo capital social carecen de referentes confiables y de espacios de deliberación crítica (Warschauer, 2003).
- Normas culturales y valores: concepciones hegemónicas sobre la autoridad y la expertise refuerzan la desconfianza hacia fuentes no tradicionales, limitando el potencial crítico de individuos acostumbrados a estructuras verticales de información (Selwyn, 2004).
En suma, el entorno sociocultural delimita las oportunidades de aprendizaje y cuestionamiento de discursos mediáticos.
Entorno institucional
Las instituciones educativas, mediáticas y políticas configuran la trama normativa e instrumental donde se reproduce la desigualdad:
- Sistemas educativos: frecuentemente orientados al uso instrumental de TIC (herramientas, apps, plataformas) sin revisar sus supuestos epistemológicos ni su impacto sociopolítico. La alfabetización digital queda reducida a manuales de usuario, dejando de lado la dimensión crítica (López-González et al., 2023).
- Medios de comunicación tradicionales y digitales: controlados por conglomerados que reproducen agendas e intereses económicos, limitando la pluralidad informativa y la deliberación pública emancipadora (Habermas, 1981).
- Políticas públicas y reglamentación: iniciativas de inclusión digital a menudo priorizan la cobertura de infraestructura sobre programas de desarrollo de competencias críticas y cívicas en población vulnerable (Gómez Navarro et al., 2018).
Estos entornos institucionales pueden perpetuar una ciudadanización tecnológica asimétrica, donde algunos grupos se convierten en consumidores pasivos y otros en sujetos críticos empoderados.
La alfabetización informacional crítica
La alfabetización informacional tradicional se concentra en habilidades de búsqueda, evaluación y manejo de fuentes (Rodríguez Mendoza y Zambrano Montes, 2019). Sin embargo, un enfoque crítico exige tres dimensiones adicionales:
- Epistemológica: comprensión de la construcción social del conocimiento y capacidad para cuestionar marcos hegemónicos (Bourdieu, 1993).
- Sociopolítica: reconocimiento de las relaciones de poder detrás de la producción y circulación de la información (Habermas, 1981).
- Metacognitiva: reflexión sobre los propios sesgos y estrategias de aprendizaje para fortalecer la autonomía cognitiva (López-Flamarique et al., 2019).
Estrategias pedagógicas
Para hacer frente a la desinformación y reducir la brecha digital, las bibliotecas pueden llevar a cabo una serie de acciones que permitan que sus usuarios vayan más allá del acceso y uso de las tecnologías de información, estas acciones serían organizar cursos y talleres sobre:
- Análisis de casos reales: estudio de campañas de desinformación o de decisiones algorítmicas en redes, identificando actores, intereses y efectos (López-González et al., 2023).
- Debates dirigidos: actividades en las que los estudiantes argumentan sobre políticas de moderación de contenidos o privacidad de datos, evidenciando tensiones éticas y económicas (Selwyn, 2004).
- Diarios reflexivos: registros personales donde se analicen descubrimientos de fuentes, evolución de criterios y reconocimiento de sesgos propios (Rodríguez Mendoza y Zambrano Montes, 2019).
Una alfabetización crítica implica también cuestionar los modelos hegemónicos de conocimiento que privilegian la racionalidad occidental, científica y tecnocrática. Es necesario abrir espacio a epistemologías distintas a las anglosajonas, saberes ancestrales, experiencias comunitarias y perspectivas interseccionales.
Esto requiere una transformación profunda de los currículos educativos, los medios de comunicación y las políticas públicas, orientada a la justicia cognitiva y la democratización del conocimiento.
Rol del investigador y del educador
Desde la teoría crítica, el investigador asume un papel normativo: no basta describir la desigualdad, sino aportar a su transformación. El bibliotecario debe co-construir saberes con l@s partícipes, promoviendo espacios de discusión horizontal y reconociendo la diversidad epistemológica de grupos históricamente silenciados (Habermas, 1981).
Ampliar los alcances de la alfabetización
La desigualdad digital no sólo se explica por la falta de acceso a herramientas tecnológicas, sino también por la interacción de diversos entornos que condicionan la relación de las personas con la información y los entornos digitales.
La revisión evidenció que factores psicológicos asociados a la tecnología son una preocupación por parte de los investigadores, además hay factores adicionales que determinan la relación de las personas con la información: la autoeficacia digital, la ansiedad tecnológica y los sesgos cognitivos. Estos elementos afectan principalmente a los grupos con oportunidades educativas limitadas que frenan el desarrollo del pensamiento crítico que les permita combatir la desinformación.
La diferencia en el capital cultural y las relaciones familiares disminuyen la posibilidad de apropiarse de la tecnología. El acceso a internet no garantiza analizar los contenidos ni a participar en determinados espacios. Por otra parte, los programas institucionales sobre alfabetización siguen privilegiando la conectividad y la infraestructura como elemento principal sin considerar la formación reflexiva de las personas y el análisis crítico de la información.
La revisión muestra que son menos los estudios que analizan las relaciones de poder, las desigualdades epistemológicas y la hegemonía informativa desde perspectivas críticas.
Es necesario que los programas de alfabetización se consideren más allá del mero acceso a la infraestructura y se consideren dimensiones cognitivas, socioculturales e institucionales.
Construir alianzas bajo un enfoque crítico
Los hallazgos muestran que el modelo de alfabetización informacional crítica se diferencia de los marcos tradicionales como el desarrollado por la UNESCO (2005), el cual tiene fundamento en competencias técnicas y éticas, o el de la American Library Association (ALA), centrado en habilidades de búsqueda y evaluación. No cabe duda que estos modelos han sido fundamentales, pero no han considerado el análisis de las relaciones de poder y los marcos epistemológicos que configuran el acceso y uso de la información. El enfoque crítico, en cambio, propone incorporar dimensiones metacognitivas, sociopolíticas y epistemológicas que permitan un mayor entendimiento de la profunda desigualdad informativa.
Van Dijk (2020) hace énfasis en las desigualdades en el uso, acceso y la forma de apropiarse de la tecnología. Los estudios revisados sugieren que los niveles de desigualdad están afectados por factores epistemológicos y cognitivos, que tradicionalmente son tomados con menor atención cuando se habla de la inclusión digital.
El abordaje integral de los entornos psicológico, sociocultural e institucional revela que la desigualdad informativa no es un déficit técnico, sino un fenómeno estructural. Instrumentalizar la alfabetización informacional sin incorporar reflexiones sobre poder y conocimiento dominante reproduce el statu quo. En contraste, un enfoque crítico político empodera a sujetos y colectivos para negociar y reconfigurar las reglas de producción y acceso a la información digital. Sin embargo, este modelo enfrenta retos de implementación:
- Resistencia institucional: currículos rígidos y prioridades de mercado dificultan la inclusión de contenidos críticos en la educación formal.
- Desigualdades de recursos humanos: requiere docentes y bibliotecarios formados en teoría crítica y competencias informacionales avanzadas.
- Brechas de sostenibilidad: proyectos piloto de alfabetización crítica suelen depender de financiamiento temporal y carecen de escalabilidad (Gómez Navarro et al., 2018).
Para superar estos obstáculos, se proponen alianzas entre academia, bibliotecas, sociedad civil y organismos gubernamentales, orientadas a diseñar políticas de largo plazo y a desarrollar redes de apoyo intersectoriales.
Experimentar con los modelos pedagógicos
Desde la teoría crítica, la desigualdad informativa y digital se comprende como un proceso multifacético donde intervienen factores psicosociales, culturales y normativos. Los lineamientos aquí expuestos pueden orientar la creación de programas educativos y políticas públicas que contribuyan a una ciudadanía digital más equitativa y democrática. Futuros estudios deberían evaluar experimentalmente los modelos pedagógicos propuestos, medir su impacto en comunidades vulnerables y analizar los efectos de marcos regulatorios alternativos en la redistribución del poder informativo.
También se identificaron tres entornos clave que reproducen la desigualdad digital: el psicológico (autoeficacia, sesgos, ansiedad), el sociocultural (capital lingüístico, redes sociales, normas) y el institucional (educación, medios, políticas públicas). Estos hallazgos marcan un camino hacia el fortalecimiento cognitivo y político.
Como sugerencia para futuros estudios propongo realizar investigaciones experimentales, con enfoque mixto, que analicen si el modelo de alfabetización crítica en comunidades vulnerables tiene un impacto significativo. Las competencias informacionales pueden abordarse de modo cuantitativo y, desde lo cualitativo, acercarse a los procesos de reflexión. También recomiendo estudiar los marcos regulatorios alternativos que promuevan la redistribución del poder informativo y la justicia cognitiva.
Fuentes
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