Fernando Mejía Barquera
Rigor y gozo en el estudio de los medios

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No. 153-154 / enero-diciembre 2024 / ensayo
colaboración invitada

Raúl Trejo Delarbre

INSTITUTO DE INVESTIGACIONES SOCIALES (UNAM)


La tesis de licenciatura de Fernando Mejía fue tan documentada, rigurosa y extensa que se volvió mito. La industria de la radio y la televisión y la política del Estado mexicano (orígenes y desarrollo) , presentada en 1981, plantea desde entonces el que sería, sin demérito de otros, el tema central en sus trabajos de investigación.

Fernando era un entusiasta y gozoso consumidor de medios de comunicación. Miró televisión y escuchó la radio disfrutando contenidos que le acompañaron siempre, pero detestaba la abusiva utilización mercantil que han perpetrado los empresarios que acaparan frecuencias y recursos de radiodifusión. Debido a la estructura, la legislación y la concentración de tales medios, sus propietarios alcanzaron en México un desmedido poder político. Explicaba Mejía en aquella tesis:

la actual estructura sobre la que operan la radio y la televisión permite a las fracciones monopolistas de la burguesía difundir su discurso político-ideológico en condiciones de infinita superioridad, en cuanto a número de receptores, con respecto a cualquier otra fuerza política del país (1981: 10).

Si esos medios no estuvieran dominados por intereses empresariales, la sociedad tendría en ellos la posibilidad de expresarse, sugería aquel entonces joven licenciado en comunicación. Enfatizaba:

Para las fuerzas democráticas y revolucionarias, acceder a estos medios, de los cuales han estado tradicionalmente marginadas, resulta imprescindible para presentar sus proyectos al conjunto de la sociedad de una manera más libre y amplia, confrontándoles públicamente con los de las otras fuerzas, lo cual les otorgaría la posibilidad de influir en un número mayor de personas”.

No había una política de Estado para la radiodifusión. Lo que había, eran intereses privados cobijados por el Estado.

Aquella investigación, aclaraba su autor, no era una historia de la televisión y la radio mexicanas y ni siquiera de las acciones del Estado en la radiodifusión. Su propósito era rastrear y describir la política del Estado respecto de la industria privada en televisión y radio, desde la construcción del marco legal hasta prerrogativas económicas y, desde luego, la asignación de concesiones (1981: 21). Mejía escribió esa investigación, como haría con el resto de sus libros, apoyado en una profusa recopilación hemerográfica. También encontró documentos fundamentales en el Ramo Presidentes del Archivo General de la Nación.

La tesis de Fernando Mejía, dirigida por Fátima Fernández Christlieb, ha sido, por más de cuatro décadas, referencia indispensable para conocer la historia de nuestra radiodifusión. En una entrevista con Mejía, para Radio Educación, el profesor y periodista Jorge Meléndez le comentó que Fátima Fernández aseguraba, en aquellos años: “es la mejor tesis que he visto en toda mi vida”. Ella respalda tal afirmación y me dice en un mensaje, al recordar a su ex alumno Mejía Barquera:

Me impresionaba el trabajo de revisión exhaustiva de cada uno de los ramos, de cada presidente, en el Archivo General de la Nación. Cuando vi el resultado, efectivamente dije eso… Para mí fue un referente muy importante por la profundidad y la contundencia de los datos.

Lo mismo podemos decir muchos de quienes, desde entonces, nos acercamos al trabajo de Mejía Barquera.

En esos años no existían la información en línea, ni la digitalización, que tanto nos ayudan, aunque también nos abruman hoy en día. La tesis de Mejía fue fotocopiada hasta seguramente fatigar el millar de páginas que la integran. Actualmente, la multicitada tesis se encuentra en el repositorio digital de la UNAM, pero incompleta. En 1989, una parte de la tesis fue publicada por la Fundación Manuel Buendía con el título La industria de la Radio y la Televisión y la política del estado mexicano (1920 – 1960) . Allí se reúnen, en apretadas 200 páginas, unas 550 de las páginas de la tesis original. En ese libro, seguramente forzado por requerimientos editoriales, pero también por el constante afán de revisar sus propios textos, Mejía recortó y ajustó el documento inicial. El libro ganó en precisión y prescindió del rimbombante aparato crítico de inspiración marxista que tenía la tesis, pero perdió puntualizaciones y a veces largas e interesantes citas. Menciono solamente una: el capítulo V de la tesis, que es el capítulo 3 del libro, reconstruye la discusión que había, al finalizar el gobierno del general Lázaro Cárdenas, sobre la legislación que podría establecerse para la radio. En la prensa de la época se dice que también es preciso tomar en cuenta la opinión de quienes escuchan la radio y se plantea la posibilidad de crear una Asociación Nacional de Radioyentes. Ese es uno de los segmentos que no aparecen en el libro.

El libro editado por la Fundación Buendía contiene, con ajustes como esos, los primeros ocho capítulos de la tesis. Se trata de la historia de la radiodifusión mexicana desde los años 20, por supuesto del siglo pasado, hasta 1960. Mejía esperaba publicar un segundo volumen que comprendería el periodo de 1960 a 1988. Él había llegado en su tesis hasta 1980 y se proponía actualizar esa historia. Ese segundo volumen nunca fue publicado. Pero, peor todavía, en el repositorio de tesis de la UNAM solamente se encuentra el primero de los dos tomos de ese trabajo recepcional. Es decir, la mitad de esa investigación de Fernando no está disponible, además de que el único tomo publicado por la Fundación Buendía es casi imposible de conseguir.

La prosa minuciosa y la exhaustividad con la que rastreaba los datos de sus indagaciones eran inversamente proporcionales a la timidez y la sencillez de Fernando. Quienes no lo conocían, podían confundir esos rasgos con brusquedad, o desconfianza. El suyo fue, de manera sostenida, un trabajo académico riguroso y consistente. Pero él, a diferencia de la vanidad y la autocomplacencia que predominan en nuestras esferas académicas, era de una irritante modestia. Durante mucho tiempo, he lamentado que Fernando no encontrase una plaza académica en la UNAM o en la UAM. Celebro que la Universidad Autónoma de la Ciudad de México lo haya cobijado y se haya beneficiado de su magisterio generoso y su investigación meticulosa.

Con frecuencia deploré la reticencia de Fernando Mejía para gestionar, insistir y regatear, como a menudo hace falta, a fin de promover su propio trabajo académico. En 1985, la Universidad Autónoma Metropolitana organizó un diagnóstico de la comunicación en México con una docena de monografías sobre distintos medios. Fernando Mejía escribió La televisión en México, un documento de 165 páginas, además de anexos, que describe la infraestructura técnica en la que se apoyaba ese medio: el espectro radioeléctrico y sus bandas, la red federal de microondas, tarifas de conducción de señales, aspectos básicos de la legislación, régimen fiscal, estructura de la propiedad privada, las televisoras del gobierno y de las universidades. Cuando la UAM dijo que no podría publicar aquellos textos, algunos de sus autores se los llevaron a otros sitios. Hasta donde tengo entendido, esa detallada radiografía que Fernando Mejía hizo de la televisión mexicana quedó inédita.

Lo mismo sucedió durante varios años con el espléndido trabajo El soundtrack de la vida cotidiana. Radio y música popular en México D.F. , que presentó como tesis de maestría, en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, el 7 de septiembre de 2006. Tengo la certeza de que Fernando disfrutó enormemente la preparación de ese libro que rastrea la historia, pero sobre todo la programación, de las radiodifusoras en la capital del país. La radio experimental en los años 20, las estrellas de los años 30, el bolero y los primeros grupos radiofónicos en los 40, las estaciones disqueras y los atisbos del Rock and roll en los 50, la radio juvenil en los años 60, la represión del rock en los 70, la radio grupera del fin de siglo y más adelante la radio hablada, la radio digital y por internet, son descritas sin que el rigor del investigador desplace al entusiasmo del radioescucha.

Ameno, además de preciso, este magnífico libro de Fernando Mejía, intitulado El soundtrack de la vida cotidiana. Cien años de radio y música popular en la Ciudad de México (2021) , transitó por años de una editorial a otra, hasta que fue publicado por la FES Acatlán gracias a la generosidad de Virginia Medina Ávila, que encabeza allí el Seminario Permanente de Estudios de la Radio. La edición es especialmente atractiva porque incluye docenas de fotografías de cantantes, músicos, compositores, locutores y otros personajes que protagonizaron las variadas etapas de la radio mexicana. Esas imágenes forman parte del archivo fotográfico del diario El Nacional. Cuando ese diario desapareció en 1998, aquellas fotos, venturosamente, fueron recibidas por el hoy llamado Instituto de Estudios Históricos de las Revoluciones de México.

Aunque inicialmente no sabía en donde se encontraban, Fernando Mejía ya conocía esas fotos porque fueron catalogadas mientras él mismo hacía una investigación sobre la historia de ese diario. Las especialistas encargadas de identificar a los personajes registrados en esas imágenes (Cristina Félix y Adriana Sabugal) a menudo le consultaban porque sus indagaciones en la prensa de espectáculos, así como su enterada afición por la música popular, le permitían conocer mucho de esos temas.

Un diario de contrastes, tomo III de la serie “El Nacional en la historia de México”, fue la estupenda contribución de Mejía a ese proyecto en 1991. Allí se relata el desarrollo del periódico en el tramo 1953-1964 (los gobiernos de Adolfo Ruiz Cortines y Adolfo López Mateos). Además de vocero del gobierno, El Nacional fue un espacio de discusión y creación culturales. En la Revista mexicana de cultura comenzaron a publicar autores que destacarían a fines de la década de 1950 y ya en los años sesenta. Junto con esa apertura cultural, Mejía resalta la dureza política del periódico que no admitía concesiones a opiniones discrepantes. No se queda allí. Ese libro es un fascinante retrato de época, con episodios deportivos, de nota roja y espectáculos y, desde luego, acerca de la radio.

Allí mismo, Fernando Mejía recabó material para uno de sus mejores y quizá el más desconocido de sus libros: Fútbol mexicano. Glorias y tragedias (1929-1992), de 1993. Para acotar ese amplísimo periodo, Mejía describe fundamentalmente momentos destacados, algunos de bienaventuranza y no pocos de desdicha, en los partidos internacionales del futbol mexicano. Muchos de esos episodios son complementados con notas aparecidas en El Nacional y, todos ellos, con fotografías del mencionado archivo histórico. Entre muchos otros pasajes, el autor describe con gusto el nacimiento del Atlante, el equipo del que era seguidor.

El prólogo de este libro es uno de los pocos textos en donde Mejía escribe en primera persona. Después de recordar la primera vez que, de niño, llegó a un estadio de fútbol, dice:

Todos los que hemos visto y jugado fútbol por muchos años tenemos recuerdos y sabemos de leyendas, de hazañas que nunca presenciamos pero que nos fueron transmitidas de generación en generación. Tenemos los sentidos y la memoria llenos de fútbol (además, naturalmente, de muchas otras cosas). Quedaron para siempre en nuestra respectiva cabeza imágenes de goles, de grandes jugadas, nombres de equipos y cracks; guardamos en nuestra piel la sensación que produce tocar el balón con los pies, con la cabeza o con las manos; la sensación de colocarse unos tacos y una camiseta; recordamos los síntomas y el dolor que acompañan a un tirón muscular, un calambre, un esguince o una lesión de ligamentos; y nuestro olfato registra de inmediato el olor a yerba mojada y a linimento que es para un jugador de fútbol lo que el olor a papel y tinta para un periodista(1993: 12).

En El Nacional, en el Suplemento Política, Fernando Mejía se hizo cargo de la columna “Imágenes” en julio de 1989. Entre esa fecha y octubre de 1992, escribió 79 textos con comentarios de actualidad sobre asuntos políticos, jurídicos, técnicos y desde luego sociales de los medios de comunicación. Además, entre mayo de 1990 y octubre de 1992, trabajó la columna “Días de radio” para el suplemento Dominical del mismo periódico. También colaboró en la sección de Espectáculos de ese diario.

A diferencia del tratamiento que el periodismo mexicano acostumbra dar a los medios, llevando la información de esos temas a las páginas de frivolidades o finanzas, Mejía hizo un periodismo especializado con la precisión de sus trabajos académicos. Entre marzo de 1999 y septiembre de 2000 mantuvo la columna “Intermedios” en el semanario etcétera y siguió colaborando con esa publicación cuando se volvió mensual. Escribió con frecuencia en la Revista Mexicana de Comunicación y en Zócalo. Ese periodismo especializado, enriqueció también las páginas de La Crónica de Hoy y, hasta agosto de 2018, de Milenio en donde aparecía su columna “Cambio de frecuencia”. En las colaboraciones de Mejía en la prensa se puede advertir su evolución como periodista de opinión con una constante capacidad para documentar, desde perspectivas analíticas, los acontecimientos de actualidad en los medios.

En todas esas publicaciones, sin soslayar sus posiciones críticas, Fernando Mejía invariablemente privilegió los datos: siempre, obsesiva, pulcramente, siempre el dato.

Con ese estilo, Mejía publicó también en revistas académicas. Esa obra, igual que sus artículos de prensa, se encuentra dispersa. En 1980, la revista Estudios del tercer mundo publicó “La política del Estado mexicano en radio y televisión y la alternativa de la izquierda” en el cual, después de recapitular decisiones del Estado favorables a las empresas de radiodifusión, organizó propuestas de diversos grupos que van desde mantener esa situación, hasta nacionalizar la televisión y la radio. En 1987, aparece en El Cotidiano el texto “Frecuencias radiales y democracia” que relata experiencias de radiodifusoras no comerciales ni de gobierno. A pesar de la opacidad que había en la información sobre adjudicación de frecuencias en México, ese texto proporcionó la cantidad de radiodifusoras de AM y FM en cada estado de la República.

En aquellos años los datos y documentos sobre las concesiones de radiodifusión eran secretos. No existía información completa, ni siquiera de cuántas estaciones de televisión y radio había en el país. Los empresarios difundían unas cifras, el gobierno otras y siempre fragmentarias. Supuestamente, los títulos de concesión tenían que publicarse en el Diario Oficial, pero los ejemplares en donde habían aparecido eran inconseguibles. Un día, Fernando me sorprendió con una fotocopia del Diario Oficial en donde había aparecido la concesión del Canal 5. La guardé como una joya. Ese documento permitía comprobar que la concesión estaba por terminar y los ciudadanos interesados podían exigir que no fuera renovada, o que el gobierno estableciera condiciones para ello. Ante la desinformación en ese tema, los esfuerzos de Mejía para poner en números la cantidad de estaciones concesionadas, entre otros datos, eran especialmente meritorios.

Paradójicamente, la Secretaría de Gobernación, que era parte del gobierno que ocultaba aquellos datos, patrocinó la publicación, entre 1992 y 1993, de una revista de notoria calidad: Intermedios. Fernando formó parte del Consejo Editorial y publicó allí tres textos amplios. “El mercado del video en México” anticipó el interés que Mejía desarrolló más tarde en un libro sobre ese asunto. La posibilidad para grabar videos con cámaras portátiles, pero además de reproducir películas en videocaseteras, abrió nuevas opciones tanto para la creación como para el consumo audiovisuales. “Radio digital y televisión de alta definición en México”, escrito junto con el también estudioso de los medios Gabriel Sosa Plata, explora nuevas capacidades que ofrece la digitalización de los medios electrónicos y se adelanta a las discusiones que habría sobre los modelos técnicos que México podría adoptar en ese cambio. “Televisión por cable: una visión global” relata la evolución de ese medio, especialmente en nuestro país, con todo y la diversificación de contenidos que implica. Mejía se interesó en la posibilidad de que, a través del cable, los televidentes puedan interactuar con los emisores de programas de televisión.

La búsqueda y el estudio del dato destaca también en las contribuciones de Fernando Mejía en libros colectivos que sólo menciono aquí sin comentar sus contenidos. Seguramente, se me escapan algunos de esos títulos. Su detallada “Cronología”, es el capítulo más citado del libro Televisa. El quinto poder (1985). “Impuestos y tarifas, los recursos de la nación a bajo precio”, en Las redes de Televisa (1988) precisaba, con datos muy difíciles de conseguir en esos tiempos distantes de cualquier transparencia, la situación fiscal del consorcio. “La administración del espectro radioeléctrico en México” en Perfiles del cuadrante. Experiencias de la radio (1989) documentó la disparidad y denunció la opacidad en la distribución de frecuencias. “Telecomunicaciones: ¿Modernización o privatización?” en Medios, democracia, fines (1990), subrayaba que el crecimiento de las redes de comunicación y telemáticas tenía que estar acompañado de una amplia discusión nacional. “Del Canal 4 a Televisa”, en Apuntes para una historia de la televisión mexicana (1998), describe en 70 páginas el desarrollo y la situación de esa empresa; allí mismo, la cronología “De la televisión mexicana” recoge fechas clave sobre el mismo tema. “Televisión y política”, en un tomo adicional de Apuntes para una historia de la televisión mexicana, examina esa resbaladiza relación que incluye coberturas oficialistas, uso de comicidad con fines políticos y acciones de censura. En ese mismo libro, “Televisión y deporte” amalgama con entretenida erudición esos dos temas que tanto le importaban a Mejía. “De la radio ad líbitum a la radio institucional” en Radio Educación. La historia reciente. Testimonios y remembranzas (2008), describe la historia de esa emisora a través de sus directores; en el mismo libro, “Tecnología y humanismo: los desafíos de Radio Educación” enumera necesidades tecnológicas de la radio pública, pero, también, condiciones para que se acerque a sus públicos. “La Ley Televisa y la radio en México”, que forma parte de La “Ley Televisa” y la lucha por el poder en México (2009) recuerda por qué aquella contrarreforma, a la postre fallida, afectaba no sólo a la televisión, sino también a la radio.

El 2023 se publicó Historias viejas y nuevas. El Instituto Mexicano de la Radio (1983-1994). Escrito por encargo del IMER, también este libro apareció con gran demora y, eso, gracias a que la actual administración del instituto supo de su existencia y gestionó su edición.

Sobre ese tema, circula en línea una “Historia mínima de la radio mexicana (1920-1996)” que, según varios autores, forma parte de un libro colectivo[2], aparentemente no publicado. También hay una “Historia mínima de la televisión mexicana (1928-1996)” que al parecer apareció en 2007 en una revista académica ya inexistente[3].

Fernando Mejía Barquera escribió acerca de la historia de la prensa y el desarrollo de la televisión y también dejó registro de su afición por el cine, pero el medio al que se consagró con más intensidad fue la radio. Reconstruyó la historia, clasificó su programación, explicó circunstancias jurídicas y técnicas, describió el desarrollo de la radio pública y, cuando hizo falta, la defendió. Sabía que la radio tiene cada vez menos escuchas, pero insistía en la necesidad de no descuidar la calidad de sus contenidos.

En un ensayo publicado en la revista etcétera en enero de 2020, nuestro autor se refirió, sin ambages, a “la radio abierta –la vieja y querida radio–”. Tal expresión mostraba la identificación de Mejía con ese medio, pero, también, el reconocimiento de sus limitaciones. Escribió:

ante el crecimiento de plataformas donde puede escucharse audio con lenguaje radiofónico o música continua, la radio abierta sufrirá un paulatino descenso en su audiencia hasta convertirse en una más de esas plataformas dentro de la convergencia tecnológica. Hoy todavía es la plataforma con mayor alcance masivo inmediato para escuchar audio, pero no sabemos si dentro de algunos lustros pierda ese liderazgo y sea sustituida en el primer lugar de audiencia por las plataformas digitales surgidas con el desarrollo de internet (2020).

De allí, su inquietud para que la radio pública reaccionara frente a tan peliagudo escenario:

Esto, por supuesto, tiene que ser tomado en cuenta por las empresas e instituciones públicas que participan en el ámbito de la radiodifusión; una empresa de radio o una emisora pública ya no puede ser entendida solamente como una radiodifusora de señal abierta y tampoco puede entender el ámbito digital como un complemento a sus transmisiones por el espectro radioeléctrico. La convergencia tiene que ser vista como una totalidad que exige transmitir por todas las plataformas posibles los contenidos producidos por las empresas e instituciones radiofónicas (Ibid).

Fernando Mejía, además, coordinó el libro El video en México, que apareció en 1995. Se trata de una crónica analítica del desarrollo de ese medio, o ese formato, también repleta de fechas, cifras y declaraciones puntuales. El libro fue escrito, y/o investigado, por siete autores y no se menciona quién lo coordinó. Aparecen de manera alfabética los nombres de seis de ellos y al final, fuera de ese orden, el de Fernando Mejía Barquera. No sé por qué omitió su papel como coordinador de esa obra, pero no me extraña. Su modestia, y repito el término porque no hay otro para designar esa mezcla de reserva, mesura e insoportable circunspección respecto de sí mismo, hacía que Fernando Mejía fuese una suerte de monje cartujo en el campo de la investigación de la comunicación. Sus colegas, respetamos siempre esa decisión suya para evitar reflectores. El protagonismo que buscaba era para sus indagaciones y análisis. Ahora que la UACM anuncia, en homenaje a Fernando Mejía Barquera, una cátedra que llevará su nombre, ojalá que su trabajo pueda ser inventariado y concentrado en beneficio del estudio de los medios.

Hace algo más de dos años, en octubre de 2021, le entregaron a Fernando Mejía el Premio José Vasconcelos al Mérito en la Radio Pública que otorga Radio Educación. Al recibirlo, antes de ofrecer una breve alocución acerca de los compromisos de la radio pública, Fernando dijo: “Los reconocimientos me ponen nervioso. Son motivo de conflicto” [4]. Estoy seguro de que él no hubiera querido este homenaje. Se lo merece él, pero también se lo merecen sus amigos, sus colegas, desde luego su familia.


Notas

  1. El 13 de febrero de 2024 presenté una versión resumida de este texto en el homenaje a Fernando Mejía Barquera, en el Instituto Mexicano de la Radio, organizado por el propio IMER, la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Fernando Mejía falleció el 2 de diciembre de 2023.
  2. En varios artículos y tesis, ese texto aparece citado como parte de: Miguel Ángel Sánchez de Armas (coord.). Apuntes para una historia de la radio mexicana. Revista Mexicana de Comunicación y Televisa. En otras, se anota que es un libro sin publicar.
  3. La revista era Escenarios y convergencias, y era editada por el Centro de Estudios de Comunicación y Cultura de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla.
  4. Radio Educación, “Ceremonia conmemorativa 97 años de sonoridad alternativa y vanguardia cultural”. Evento realizado el 30 de noviembre de 2021. Video disponible en https://www.facebook.com/radioeducacion/videos/301585915169519/

Fuentes

  • Mejía Barquera, F. (1980). La política del Estado mexicano en radio y televisión y la alternativa de la izquierda. Estudios del Tercer Mundo,(3), 29-50.
  • Mejía Barquera, F. (1981). La industria de la radio y la televisión y la política del Estado mexicano (orígenes y desarrollo) (Tesis de licenciatura). Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Nacional Autónoma de México.
  • Mejía Barquera, F. (1985). Cronología. En Televisa. El quinto poder (pp. 19-39). Claves Latinoamericanas.
  • Mejía Barquera, F. (1988). Impuestos y tarifas, los recursos de la nación a bajo precio. En Las redes de Televisa (pp. 189-217). Claves Latinoamericanas.
  • Mejía Barquera, F. (1989). La administración del espectro radioeléctrico en México. (La necesidad de una redistribución democrática de las frecuencias). En M. A. Rebeil, A. R. Alva de la Selva, & I. Rodríguez Zárate, Perfiles del cuadrante. Experiencias de la radio (pp. 286-297). Trillas.
  • Mejía Barquera, F. (1990). Telecomunicaciones: ¿Modernización o privatización? En Varios autores, Medios, democracia, fines (pp. 217-231). Notimex y UNAM.
  • Mejía Barquera, F. (2021). El soundtrack de la vida cotidiana. Cien años de radio y música popular en la Ciudad de México. UNAM.
  • Mejía Barquera, F. (1991). Un diario de contrastes. Tomo III de El Nacional en la Historia de México.
  • Mejía Barquera, F. (1992). El mercado del video en México. Intermedios, (3), 38-47.
  • Mejía Barquera, F. Sosa Plata, G. (1992). Radio digital y televisión de alta definición en México. Intermedios, (5), 36-47.
  • Mejía Barquera, F. (1993). Futbol mexicano. Glorias y tragedias (1929-1992). El Nacional.
  • Mejía Barquera, F. (1993). Televisión por cable: una visión global. Intermedios, (8), 36-51.
  • Ávila Jiménez, Mejía Barquera, F. (1995). El video en México. SEP e Interlínea.
  • Mejía Barquera, F. (1998). Del Canal 4 a Televisa. En M. A. Sánchez de Armas (Coord.), Apuntes para una historia de la televisión mexicana (pp. 19-98). Revista Mexicana de Comunicación y Televisa.
  • Mejía Barquera, F. (1998). De la televisión mexicana (cronología). En M. A. Sánchez de Armas (Coord.), Apuntes para una historia de la televisión mexicana (pp. 521-554). Revista Mexicana de Comunicación y Televisa.
  • Mejía Barquera, F. (1999). Televisión y política. En M. A. Sánchez de Armas & M. del P. Ramírez (Coords.), Apuntes para una historia de la televisión mexicana II (pp. 21-66). Revista Mexicana de Comunicación y Televisa.
  • Mejía Barquera, F. (1999). Televisión y deporte. En M. A. Sánchez de Armas & M. del P. Ramírez (Coords.), Apuntes para una historia de la televisión mexicana II (pp. 167-233). Revista Mexicana de Comunicación y Televisa.
  • Mejía Barquera, F. (2007). Historia mínima de la televisión mexicana (1928-1996). Escenarios y convergencias, Revista del Centro de Estudios de Comunicación y Cultura de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, (No. 1), 26 pp. Recuperado de: https://www.academia.edu/39465960/Revista_de_Comunicación_y_Cultura_Historia_mínima_de_la_televisión_mexicana_1928_1996
  • Mejía Barquera, F. (2008). De la radio ad líbitum a la radio institucional. En G. Sosa Plata (Coord.), Radio Educación. La historia reciente. Testimonios y remembranzas (pp. 207-243). Radio Educación.
  • Mejía Barquera, F. (2008). Tecnología y humanismo: los desafíos de Radio Educación. En G. Sosa Plata (Coord.), Radio Educación. La historia reciente. Testimonios y remembranzas (pp. 245-261). Radio Educación.
  • Mejía Barquera, F. (2009). La Ley Televisa y la radio en México. En J. Esteinou Madrid & A. R. Alva de la Selva (Coords.), La “Ley Televisa” y la lucha por el poder en México (pp. 353-383). Fundación Ebert, UAM X y otras instituciones.
  • Mejía Barquera, F. (2020, enero 23). Radio en México: presente y futuro en la convergencia digital. etcétera. Recuperado de https://etcetera.com.mx/ensayos/radio-mexico-presente-futuro-convergencia-digital/
  • Mejía Barquera, F. (2023). Historias viejas y nuevas. El Instituto Mexicano de la Radio (1983-1994). FCE e IMER.