Silencios visuales como acción de lo político

Una mirada a la reconfiguración de las manifestaciones estéticas contemporáneas

No. 146-147 / Invierno 2020-2021 / Ensayo

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José Luis Sánchez Ramírez

UNIVERSIDAD AUTÓNOMA METROPOLITIANA, XOCHIMILCO

Resumen: Este texto parte de la postura de que los silencios son una práctica social. Aunque se ejecuten de forma individual, éstos significan siempre en colectividad al complementarse con la mirada del espectador. En los últimos años ha habido una oleada de manifestaciones estéticas contemporáneas que utilizan los silencios visuales como acción de lo político en el espacio público. Reconocemos estos silencios a través de lo que Mirzoeff (2003) señala como cultura visual como aquel lugar donde se crean y discuten los significados; es decir, desde la experiencia del acontecimiento, de estructuras de significado socialmente constituidas que proponen diferentes redes de significaciones e interés comunes por actores, espectadores y fenómenos colectivos particulares.

Abstract: Starting from the position that silences are a social practice and although they are executed individually, they always mean collectively as they are complemented by the spectator’s gaze. In recent years there has been a wave of contemporary aesthetic manifestations that use visual silences as an action of the political in public space. We recognize these silences through what Mirzoeff (2003) points out as visual culture, referring to that place where meanings are created and discussed, that is, from the experience of the event, of socially constituted of meaning structures that propose different networks of meanings and common interest for actors, spectators and particular collective phenomena.

Lenguaje y silencio

Reconocemos que el lenguaje es una capacidad del ser humano para expresarse por medio de la palabra que nos permite comunicarnos y reconocernos en el otro. Sin embargo, el logos no es exclusivamente el vehículo de la expresividad y la comunicación; por un lado, su uso desmedido puede llegar a un punto de vacuidad de significado en circunstancias específicas; por otro lado, la privatización de los espacios públicos arrastra consigo a la palabra y como consecuencia no permite que gran parte de los ciudadanos se exprese abierta o libremente. Cohen (2015: 8-9) menciona que “nuestro lenguaje parece haber llegado a un punto de parálisis en el que prácticamente ya no hay nada que decir; lo hemos desgastado”. Ante esto, buscamos otras formas de expresividad y comunicación, una de ellas es el silencio.

Si bien conocemos los silencios acústicos que en el discurso suelen pensarse como un significante vacío, como la nada o la ausencia, éstos son signos cargados de expresividad independiente. En la mayoría de los casos, los silencios se han visto como mutismo, acto de callar e invisibilidad antagónica del sonido, de la oralidad y de lo tangible ya sea de forma voluntaria o impuesta. Steiner (2003: 72) afirma que “el silencio es una alternativa. Cuando en la polis las palabras están llenas de salvajismo y de mentira, nada más resonante que el poema no escrito”.

Los silencios transmiten, comunican; son información, significan. Steiner (2003: 28) menciona que “vivimos dentro del acto del discurso… pero hay modalidades de la realidad intelectual y sensual que no se fundamentan en el lenguaje, sino en otras fuerzas comunicativas, como la imagen o la nota musical.” Así, el silencio como expresividad del lenguaje tiene gamas y matices ilimitados e inabarcables que constituyen interpretaciones que dependerán del reconocimiento y decodificación de cada individuo.

Resulta importante estudiar los silencios, más allá del sonido, en las estéticas visuales como acción de lo político; es decir, mirar la propia experiencia del silencio de otra manera. Es precisamente desde ahí que entendemos lo visual “como un lugar donde se crean y discuten los significados” (Mirzoeff, 2003: 24) desde la experiencia social del acontecimiento.

Silencios visuales

El silencio que encontramos como comunicación y acontecimiento visual, o bien como “interacción del signo visual donde las partes constituyentes no están definidas por el medio, sino por la interacción entre el espectador y lo que mira u observa” (Mirzoeff, 2003: 34), visualiza y da sentido a la existencia a partir de la experiencia colectiva. De este modo, su significación no es un signo lingüístico, sino un signo semiológico que se caracteriza por la diferencia y repetición en un sistema de exclusiones y relaciones que crean sentido en colectividad.

Sabemos que el sujeto que habla se expresa con las palabras y, al expresarse también en silencio, lleva al pensamiento más allá de los límites para reclamar su reconocimiento e identificación. Tal es el caso de la reaparición, a finales de 2012, del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en una marcha silenciosa con el puño en alto en distintas ciudades chiapanecas. El uso del silencio dentro de las marchas se hizo visible conforme fueron recorriendo las calles y avenidas. Fue un silencio en movimiento que no se detenía y que dejó una imagen como antecedente en la memoria colectiva de los participantes y de los observadores; de los que caminan y de los que se quedan. La marcha marcó el registro de una nueva ruta que busca la permanencia y la realización de los deseos; en este caso, de las demandas básicas del EZLN: trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz.

El silencio no se limita a una sola práctica e interpretación. De acuerdo con Barthes (1993: 246), “los objetos no transmiten solamente informaciones, sino también sistemas estructurales de signos, es decir, esencialmente sistemas de diferencias, oposiciones y contrastes”. Por lo tanto, no hay dos tipos de silencio idénticos. El silencio es polisémico. Nunca se presenta de una misma forma ya que es una acción que puede surgir intempestivamente y provocar asombro al no haber lenguaje oral de por medio. Sin embargo, éste se puede volver un blanco fácil si la estrategia se convierte en habitual y ordinaria.

Un aspecto importante es que, al analizar el silencio, se debe entender que nos referimos a silencios en plural porque son múltiples las prácticas, formas, modalidades y contextos en los que estas acciones se llevan a cabo. Algunas de ellas las encontramos como imagen, lenguaje y elemento de comunicación dialógica, siempre en una interacción social que da sentido a las conversaciones intersubjetivas para su entendimiento, fluidez y orden sistemático.

A lo largo de la historia, los movimientos sociales se han manifestado de diferentes formas para ser escuchados y muchos de ellos han sido ignorados. En Latinoamérica, una de las formas de manifestación durante las dictaduras en países como Argentina y Chile fue el “arte-acción”, activismo artístico o performance. De Gracia (2009: 1) las caracteriza como “prácticas que históricamente han sido ignoradas, rechazadas y desvalorizadas, tanto por el sistema institucional del arte como por un entorno social poco receptivo a propuestas potencialmente subversivas”; es decir, como estrategias de resistencia que visibilizan los problemas sociales. Así también,

la deshumanización impuesta por el neoliberalismo y su modelo de exclusión social afectan a gran parte de Latinoamérica en los noventa, y esto se traduce en estrategias estéticas que para fines de la década van a reinstalar el discurso del “arte-acción” en el escenario urbano, siendo incorporadas en forma creciente por la comunidad para ser utilizadas en sus luchas y reclamos (de Gracia, 2009: 6).

Si el activismo artístico logra abolir la distancia sujeto-objeto es, ni más ni menos, porque utiliza los silencios en la práctica. Los estereotipos sociales del artista, del activista y del espectador involucrados en un proyecto común se diluyen y transforman el imaginario colectivo predeterminado. Encontramos las características de la colectividad a través de la experiencia y la creación de vínculos. Esto hace que los silencios visuales se visibilicen y reconozcan como acción de lo político.

Dentro del proceso de reconocimiento que he identificado con respecto a las particularidades de los silencios visuales, a lo largo de la investigación se han intercalado distintos casos como acción de lo político. He observado silencios estéticos que van más allá de la razón ya que intensifican las pasiones y pertenecen al orden de lo afectivo y la sensibilidad. Como la imagen de la cuna llena de flores que fue entregada en las oficinas de Pfizer en Manhattan contra el alto precio de la vacuna para neumonía el 27 de abril de 2016: la cuna como signo representaba la infancia, la niñez, la vulnerabilidad;las flores eran signo de belleza y esperanza de un porvenir adulto saludable.

De acuerdo con Zorraquín (2003: 300), “la apertura del silencio determina el acontecimiento estético”. Por lo que llamamos silencios estéticos a los que han sido utilizados de forma voluntaria como inspiración para dar sentido y creación artística a distintas expresiones humanas. Algunos de ellos son las imágenes de los silencios visuales. Estos tipos de silencio se llevan a cabo en plena autonomía y libertad racional del individuo; es decir, a partir del silencio se busca la significación de lo que cada uno de los artistas quiere comunicar y transmitir como una experiencia estética colectiva, pública, plural, sensible de creación, disruptiva y, por lo tanto, política.

No obstante, bajo este panorama transdisciplinario también se presentan silencios por imposición: de dominio y censura de toda expresión, como manipulación, privatización y silenciación (Grijelmo, 2012) de la información que buscan someter y dominar el espacio público a través de la violencia, la tortura y la mordaza. Algunas reacciones del Estado para disolver las organizaciones sociales recurren a la represión policial, así como la criminalización y penalización de la protesta social. Una de estas formas es la Ley Orgánica de Seguridad Ciudadana (LOSC), mejor conocida como Ley Mordaza, aprobada en España en 2015, que coacciona la libertad de expresión y los derechos de reunión pacífica y de información.

Por otro lado, la saturación de ruido y bullicio visual estridente hacen que los silencios sean actos de insurrección. Es por eso que su estudio y reconocimiento puede ayudar a la reflexión y entendimiento de los procesos, así como de las distintas realidades en diferentes latitudes y contextos donde los silencios visuales como acción de lo político se manifiesten debido a que los individuos o autores creadores los practican libremente dentro del espacio público. En junio de 2013, en Estambul, Turquía, se llevó a cabo un silencio visual debido a la represión. Varias personas se plantaron en la plaza Taksim sin moverse y en silencio. Fue así como surgió “Ciudadanos en Pie” para demostrar rechazo al gobierno de Recep Tayyip Erdogan. Esta acción inició con una sola persona, Erdem Gündüz, un artista escénico, que dejó su bolsa en el suelo y se quedó quieto, mirando las banderas turcas y el enorme retrato de Atatürk, fundador de la Turquía moderna, al fondo de la plaza.

Este tipo de prácticas e imágenes de los silencios visuales buscan construir sentido a través de su disputa y duración en el tiempo así como en el espacio al instaurar una experiencia colectiva. De esta manera, he identificado a los silencios visuales como acción de lo político a través de las interacciones antagónicas de orden simbólico y en la disputa por la significación y la generación de sentidos en la práctica del uso democrático de la imagen. Existen actos de presencia que se perciben a través de la mirada y que no necesariamente son sonoros percibidos por el oído

así como la música emplea el silencio de un modo real, la pintura o la arquitectura, por ejemplo, pueden sugerirlo de un modo sinestésico: la desnudez, los espacios vacíos, la ausencia de decoración, los fondos blancos o los monocromos equivaldrían a los silencios acústicos (Labraña, 2017: 30).

Los silencios como creación estética se han ido reconfigurando en el arte. Su manifestación, así como su reconocimiento, constituye la creación de lo público en múltiples escenarios de las sociedades contemporáneas que hacen del silencio una transgresión artística que se lleva a cabo en su práctica y técnica representando al silencio dicotómicamente desde lo inteligible-ininteligible para su comprensión, lo visible y lo invisible en lo visual, y lo audible-inaudible en lo sonoro. Esto evidencia claramente las características que se encuentran dentro de los distintos acontecimientos que, al constituir una alternativa de reconocimiento político, son coyunturales y se practican en cualquier lugar geográfico.

Un lugar sin mapear

Los silencios visuales continúan siendo un océano sin mapear; su oleaje va dejando imágenes en las memorias de los espectadores, así como las olas dejan su marca en la arena o en los arrecifes; estos silencios algún día se convertirán en un gran tsunami imparable. Es fundamental comenzar a pensar en otros tipos de silencio, como los visuales, que han sido utilizados como inspiración para dar sentido y creación artística a distintas expresiones humanas como la música, las artes plásticas, escénicas y audiovisuales, o el cine, la pintura, la arquitectura,la poesía y la protesta social.

Los silencios visuales como acción de lo político crean sentido a través de la interacción entre los participantes involucrados. Son modos de ver y prácticas del mirar la experiencia de otra manera. Buscan la afirmación y el reconocimiento, así como la escucha del otro a través de las imágenes y acciones que llevan a cabo en consenso y disputa. Esto implica emprender una organización colectiva previa, involucrando al silencio y la participación de lo político, que ayuda a ampliar el panorama como respaldo para futuros trabajos que inviten a la reflexión sobre el silencio en la comunicación, la estética audiovisual y los movimientos sociales.


Fuentes

  • Barthes, R. (1993). La aventura semiológica. Barcelona: Paidós Comunicación.
  • Cohen, E. (2015). El silencio del nombre. Buenos Aires: Ediciones Godot.
  • De Gracia, S. (2009). “Arte Acción en Latinoamérica: Cuerpo político y estrategias de resistencia”. Revista Malabia: arte, cultura y sociedad. http://revista.escaner.cl/node/1998
  • Grijelmo, Á. (2012). La información del silencio. Cómo se miente contando hechos verdaderos. México: Editorial Taurus.
  • Labraña, M. (2017). Ensayos sobre el silencio. Gestos, mapas y colores. Madrid: Editorial Siruela.
  • Mirzoeff, N. (2003). Una introducción a la cultura visual. Barcelona: Editorial Paidós.
  • Sánchez, J. L. (2019). Los silencios como acción política para la escucha y el reconocimiento. Un aporte conceptual (Tesis de Maestría). México: Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, Ciudad de México.
  • Steiner, G. (2003). Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano. Barcelona: Editorial Gedisa.
  • Zorraquín, M. (2003). “Borges: La palabra silenciosa” en Signos Filosóficos núm. 9, enero-junio, 2003, pp. 299-310.