“Cuando las palabras articulan lo que antes era inarticulable, lo que se toleraba antes en una sociedad se vuelve intolerable”, Amanda L. Petersen

No. 146 / julio-diciembre 2020 / reseña

Arturo Becerra

UNIVERSIDAD NACIONAL AUTÓNOMA DE MÉXICO

La violencia de género y lo visual: Espantar los fantasmas del silencio
Amanda L. Petersen
Foro Internacional de Análisis Cinematográfico (FACINE), 2020.

80%Las recientes protestas contra las violencias machistas se han concentrado cada vez más en aspectos visuales. En la conferencia “La violencia de género y lo visual: Espantar los fantasmas del silencio” de la décima edición del Foro Internacional de Análisis Cinematográfico (FACINE), celebrado en Tijuana del 1 al 5 de septiembre, Amanda L. Petersen señaló que estos actos visuales también son narrativos y que pueden constituir un llamado a modificar la cultura de la violencia de género.

La profesora del Departamento de Lenguas, Culturas y Literaturas de la Universidad de San Diego abordó los discursos sobre violencia de género que históricamente han sido silenciados, pero que recientemente se han visibilizado por medio de movimientos de grupos feministas en textos literarios, y en textos no tradicionales difundidos en Twitter, campañas hashtag y grafitis que intentan romper el silencio impuesto por medio de la violencia. Por ello, examinó grafitis y campañas como #MiPrimerAcoso y #SiMeMatan. Este tipo de expresiones son las que parten de una categoría de producción cultural que se denomina antifeminicidista.

Amanda L. Petersen ha publicado artículos acerca de las protestas contra la violencia de género en medios digitales en México y acerca de la enseñanza de género en Latinoamérica. Además, ha realizado trabajos sobre escritoras como Elena Garro y María Luisa Puga. Durante la conferencia, señaló que su trabajo se enfoca en la manera en que el discurso y las representaciones de la violencia de género se han presentado en una manera fantasmal, porque han sido silenciadas y suprimidas a través de la historia: “Estas obras que yo trato no discuten espectros literales ni fantasmas literales, sino que implementan una estética espectral o lo espectral como una manera de enfocarse en lo no dicho, en lo callado, en lo ausente y lo no articulado”.

Pensar el feminicidio

“Un crimen de odio que consiste en el asesinato de una mujer por el hecho de ser una mujer” es considerado feminicidio. Dicha definición aparecía en una de las pintas de las marchas feministas de 2019 en la Ciudad de México. Empero, para Petersen, la definición de Julia Monárrez es mejor para fines académicos ya que agrega que un feminicidio revela una dimensión sistemática; un acto institucional que nunca representa un hecho aislado.

El concepto de feminicidio pide que las violencias perpetradas contra cuerpos femeninos identificados como mujeres sean vistas en una red de poderes estructurales. Urge que miremos las dimensiones institucionales y sistemáticas de la violencia de género. Po ello, Petersen sugurió mirar este tipo de crímenes como un producto del fracaso de la sociedad que revela la violencia sistemática e institucional porque produce múltiples fuerzas de violencia de género, discriminación y de asalto que llegan hasta el asesinato de mujeres por el simple hecho de ser mujeres o identificarse como tales.

Mediante la presentación de una cronología, la especialista en literatura latinoamericana señaló que 1993 fue el año que permitió identificar los casos de feminicidios de Ciudad Juárez. En 1995 surgió la frase “Ni una menos” de la activista juarense Susana Chávez, quien fue asesinada en 2011. Sin embargo, a pesar de dichos señalamientos y esfuerzos por visibilizar el problema de la violencia contra la mujer, fue hasta el año 2005 que colectivos feministas, protestas y hashtags tomaron relevancia. Incluso, los esfuerzos llegaron a la industria editorial como fue el caso del hashtag #RopaSucia de la poeta Marcela Guerrero.

En un hecho con trascendencia para el movimiento feminista, en el 2016 llegó la denominada “Primavera Violeta”. Ésta representó un incentivo de fortaleza respecto del activismo feminista porque lo proyectó el aspecto visual con mayor vigor por medio de protestas precedidas por campañas de hashtags. Así, aparecieron en México el hashtag #MiPrimerAcoso, que ya tenía fuerza en Brasil, y #VivasNosQueremos, surgido en Argentina. En ese tenor, el 2017 resultaría ser un año clave para las campañas hashtag, pues nació el movimiento Me Too, cuya trascendencia obedece al impacto global generado a través del hashtag del mismo nombre como eje del movimiento contra la violencia sexual y de género.

Para hablar de la violencia de género

Amanda L. Petersen comentó que también hay trampas o complicaciones a la hora de hablar de la violencia de género porque se busca abordarla sin glorificarla y sin volver a dramatizar a través de la narración o de estereotipos que culpen a la víctima; cuestión que muchas veces ocurre en los medios de comunicación. Se busca resolver la narración de una manera sencilla sin identificar ni nombrar los fallos del sistema.

Esta situación también da cabida a la interseccionalidad; es decir, las distintas posiciones de las mujeres sobre quiénes cuentan como víctimas importantes del feminicidio, qué vidas son más importantes, qué vidas merecen el duelo o el luto colectivo. En este contexto, los movimientos feministas comenzaron a emplear el hashtag #SiMeMatan, cuya carga simbólica era fuerte puesto que se trató de un esfuerzo por ponerse en el lugar de la víctima porque suele ser tachada y culpada por alguna razón. Un ejemplo del mismo es “#SiMeMatan es porque me gusta salir de noche y tomar mucha cerveza…”. En dicho caso, Petersen señaló que se puede culpar a la víctima porque sale de noche y porque toma alcohol antes de señalar al verdadero responsable.

El hashtag #MiPrimerAcoso es un ejemplo evidente de lo que la doctora señala como “momentos espectrales” para denominar a aquellos instantes que rompen tabúes o denuncian por primera vez experiencias de violencia sexual. Son situaciones que, a través de lo visual, rompen el silencio, revelan discursos que han sido acallados por lo que tipifican como espectrales. Por ello, es el momento de articular o nombrar algo que antes no se podía por edad, inmadurez o falta de conocimiento.

En marzo de 2019 las marchas en México se hicieron más visuales por medio de manifestaciones convocadas a través de Twitter y de grafitis en monumentos emblemáticos de la ciudad. El mundo volteó a ver lo que sucedía y ese tipo de protestas se fortaleció. Aunque esto no evitó que fuera el año más violento en cuanto a los feminicidios en el país.

Para Petersen, estos actos visuales transforman los monumentos nacionales en antimonumentos y conforman una llamada de alerta de género nacional por la que activistas y colectivos de mujeres inciden para que los turistas tengan que presenciar las cosas borradas de esta sociedad. En los medios era difícil no ver el escándalo que ocasionó el daño a dichas estructuras, la toma de este espacio público, al convertirlo con grafitis y símbolos contra la violencia, y declarar específicamente que la violencia es un fenómeno sistemático, institucional: un México feminicida. Así, deja de ser un monumento nacional y se convierte en un monumento a la crítica de lo que es un sistema y una patria rota. La conferencista también señaló la manera en que el gobierno realizó un gran esfuerzo para prevenir estos momentos simbólicos al proteger monumentos más que atacar el problema.

Otro de los momentos más audiovisuales aludido por la especialista en género fue el que generó el colectivo “Las Tesis” de Chile con la representación “un violador en tu camino”. Este performance logró réplicas en varias partes del mundo y causó gran impacto visual al señalar con el dedo al culpable al tiempo de enunciar la frase “el violador eres tú” para aludir al sistema de gobierno o al sistema patriarcal.

Por tanto, la doctora Amanda L. Petersen insistió en eludir los estereotipos demasiado recurridos en las narraciones y no hablar de actos aislados pues éstos reflejan un problema sistemático. A raíz de las protestas y los hashtags, se están contando mini historias, la cuales antes eran silenciadas, que están llenando una biblioteca fantasmal; concepto que retoma de Rebecca Solnit, quien dice que si pudiera contar y darle voz a todos los testimonios que han sido silenciados a través de la historia, tendríamos las bibliotecas más grandes del mundo. Estos actos son narrativos e invitan a renovar el contrato social y cambiar los patrones culturales de la violencia de género: “Cuando las palabras articulan lo que antes era inarticulable, lo que se toleraba antes en una sociedad se vuelve intolerable”.