Las fotografías pierden interés por el desgaste de la reproductividad

Entrevista con Fabio Bucciarelli

No. 146-147 / Invierno 2020-2021 / Entrevista

Constanza Mazzotti

UNIVERSIDAD IBEROAMERICANA

El 17 de julio de 2017, en pleno verano, un taxi dejaba una visita frente a un vigilante quien, apenas separando la mirada de su lectura, señaló con un ademán el camino hacia el fondo de Docks Dora, una construcción realizada en 1914 junto a las vías del tren, que entonces funcionaba como resguardo de mercancía en el norte de Turín, Italia. Las bodegas, separadas por un terreno de ruidosas piedrecillas, aparecían una a una entre locales de ropa y restaurantes. La última, enmarcada hasta el fondo por un cintillo rojo como cajita de zapatos en un ambiente de principios del siglo XX, albergaba la factory.

Allí se hallaba la sombra de quien fue un aburrido ingeniero en sus veintes; uno que soñaba con tener algún día una vida emocionante fuera de las telecomunicaciones. Delante de todos los presentes, él preguntó en seco a quien había viajado 10 mil 134 kilómetros para saludarlo:

—¿Y tú qué haces aquí?

—Es broma, ¿verdad?— Volteé a ver a su asistente y me devolvió una sonrisa cómplice.

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Fabio Bucciarelli, aquel ingeniero aburrido, es ahora uno de los fotoperiodistas más galardonados a nivel mundial. Ha recibido en distintas ocasiones el premio World Press Photo en la categoría de noticias por su trabajo en Siria Battle to death (2013) y, recientemente, por su trabajo en Chile intitulado Chile: The Rebellion Against Neoliberalism (2020). En 2013, recibió la medalla de oro Robert Capa por su trabajo en Alepo, Siria. En distintos años ha recibido el premio POYi por historia noticiosa hasta que, en 2019, fue nombrado fotógrafo del año por su cobertura en Gaza y la frontera entre Estados Unidos y México. Asimismo, ha obtenido en 2020 el premio Visa d’Or, Visa d’or News, de “Visa pour l’Image” de Perpiñán, Francia, por el trabajo realizado en Bérgamo, Italia, sobre la pandemia del coronavirus.

Actualmente, cubre la pandemia de Covid-19 al norte de Italia, en Lombardía. Su trabajo sobre una de las regiones europeas más golpeadas por el coronavirus durante el comienzo de la contingencia, la cual sumaba 3 mil 299 decesos hasta el 30 de marzo, puede verse en el New York Times y en L’Espresso. A principios de diciembre, la zona lombarda ha reportado más de 24 mil víctimas de la enfermedad.

En 2017, Fabio regresaba de la capital romana después de registrar un movimiento fascista creciente en Italia y Europa. Antes de ello, el fundador de MeMo Magazine (Memo-Mag), un medio para fotoperiodistas freelance, estaba sentado en una silla giratoria y quería saber las intenciones de la entrevista.

En 2015, Bucciarelli cofundó la cooperativa MeMo (MEmory in MOtion). Se trata de un medio cooperativo de trabajo horizontal pensado para desarrollar historias desde el fotoperiodismo freelance. Este medio constituye un espacio creado para albergar exposiciones del fotoperiodismo actual en recintos de arte así como en en aplicaciones web. De un trabajo grupal, compuesto principalmente por cinco integrantes más como Manu Brabo, Diego Ibarra, Guillem Valle y José Colón, se desplegaron exposiciones alrededor del mundo tales como Mare Nostrum: Guerra y éxodo en el Mediterráneo.

El trabajo fotoperiodístico que se generó en el colectivo de Me-Mo rompió con los estatutos y mecanismos generales de producción tradicional del fotoperiodismo. Es una suerte de grupo de fotoperiodistas independientes que busca su propia voz. Sus integrantes comenzaron a publicar de manera sistemática en ferias de arte internacional, así como a llenar portadas de periódicos.

—¿Me puedes contar sobre la historia de Muamar el Gadafi?

Fabio tomó una cerveza del local contiguo a la fábrica.

—¿No te la conté? Bueno, pues; ¿de cómo llegué a conseguir la imagen? Una foto es la de Gadafi y la otra es del hijo […]—, respondió y se puso cómodo en su mesa de trabajo.

La versión de la fotografía de Fabio sobre Gadafi, en blanco y negro, es distinta de la imagen más difundida y creada por agencias internacionales. El día de la muerte del ex dictador, el fotógrafo emprendió, como de costumbre, el mismo viaje que hacia diariamente perdido en los horizontes del desierto libio. Una ida y vuelta repartida en 120 kilómetros desconectado de internet, detenido en la instantaneidad de las redes donde lo único que escuchaba a diario eran rumores; rumores que afirmaban que Gadafi estaba muerto y que estuvieron cerca de impedir la confección de la imagen que haría despegar la carrera de Fabio.

“¿Oye, quieres ver a Gadafi?” Lo sorprendió una voz que parecía distinta a los rumores que circundaban a diario. Fabio respondió que sí. Eran las 9:30 horas y pensó que no había “nada qué perder” ante un rumor más. En el camino a Misrata, los 120 kilómetros ya tan familiares fueron la antesala del ansiado encuentro.

“De repente me doy la vuelta”, dice Fabio, “cojo a una compañera, doy otra vuelta y entramos a un lugar con un tío con camisa y encobijado; era… ¡un colchón con el cuerpo Gadafi!”

Fabio Bucciarelli se puso a hacer fotos. Tuvo cinco minutos con el cuerpo inerte del ahora ex dictador antes de que llegaran varias personas y se lo llevaran a un sitio donde dejarían entrar a las agencias internacionales para fotografiarlo hasta un día después.

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El colectivo MeMo se dedicó a construir una mirada autoral fuera de los medios de comunicación tradicionales y generó sus propios modos de producción, circulación y comercialización de fotoperiodismo freelance. Esto llevaría a Manu Brabo, Guillem Valle, Diego Ibarra, José Colón y al propio Fabio a reflexionar en repetidas ocasiones sobre qué es hacer fotoperiodismo emitiendo una opinión sobre el acontecimiento. Al respecto, Fabio reflexiona cuando se le pregunta sobre la fotografía en blanco y negro de Gadafi:

—Esta foto es fuerte porque es como…; no sé; esta mano que entra cambia totalmente el discurso de la imagen, le da un sentido de cariño a la historia, a la historia de la humanidad, a la muerte, al afecto. El discurso de la mano que entra le cambia totalmente el sentido a la imagen. Si le he tomado a Gadafi tal foto esa mano le da cariño, le da una emoción más fuerte. Da un sentido diferente de la muerte.

La fotografía que Fabio Buccirelli realizó sobre Muamar el Gadafi hizo que su carrera despegara. Si bien es una imagen que no ganó prestigio dentro de las premiaciones a las que el trabajo del fotógrafo generalmente tiene acceso, logró, por otro lado, forjar el incio de una carrera llena de éxitos. Un ejemplo de ello es la publicación del libro L’odore della guerra, escrito a cuatro manos con Stefano Citati, editor del Fatto Quotidiano.

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—Entonces, ¿qué sería lo que hace diferente a MeMo Magazine desde el discurso y la narrativa en relación con los de las agencias?

Ante la pregunta, Fabio responde que “todo”. Y dibuja las diferencias entre el trabajo de las agencias y el trabajo particular del medio que ayudó a cofundar.

-—Si yo trabajo para una agencia, te puedo mandar cinco imágenes de lo que pasa hoy. Estas imágenes van a un servidor. La agencia tiene contratos con medios que tienen acceso al servidor, como un periódico, que toma las imágenes que van a acompañar un texto. Ahí no hay forma de tener una narrativa. El discurso es diferente cuando tú creas un storytelling; es decir, cuando quieres contar algo.

Sobre el trabajo de edición, Fabio comenta que trabajan como curadores en mancuerna con los galeristas. De esa forma es que el colectivo ha tenido fotorreporteros invitados como sucedió en la exposición intitulada Evidence, en 2012, realizada en la Galería Piedicastello en Trento, Italia, sobre la crisis en Birmania, Sudán del Sur, Irán, Libia y Siria. También así montaron la MeMo Exhibition en Pont Saint-Martin, Italia, en 2015. El trabajo constó de alrededor de setenta fotos, cinco fotógrafos de MeMo más tres fotorreporteros que hicieron la edición en común.

Fabio comenta que, con las fotos impresas en un formato pequeño, hicieron la edición para crear un discurso:

—Básicamente, tú tienes una idea y luego a través de la imagen tú intentas explicar esa idea y dejar al mismo tiempo que el lector pueda hacerse una propia y entrar en el discurso. También lo hicimos en la edición de Mare Nostrum en el Madrid Photo Fest de 2018.

Sobre la fuerza de la imagen, el fotógrafo comenta que el espectador va perdiendo el interés por el desgaste de la reproductividad y saturación de la misma.

En 2015, Fabio Bucciarelli decidió tomar un descanso para comenzar a pensar en cómo desarrollar otro lenguaje que acompañara el discurso periodístico autoral con un discurso emotivo más artístico, menos de prueba de evidencia. En sus palabras:

—Si ves una imagen de Siria, “eso es lo que pasa”; si ves una imagen de The Dream, te deja a ti los espacios para meterte en la imagen y vivir la imagen según tu memoria. Así que me he tomado ese tiempo y luego he seguido. El último año he estado en Libia, Sudán, Irlanda, Europa, pero he dejado un poco la pizarra para otras ideas que… nada; aquí están.

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Fotografía de Fabio Bucciarelli de la serie The Libyan War, 2011.
Fuente: www.fabiobucciarelli.com