La docencia se nutre de la experiencia con los estudiantes. Entrevista con Lauro Zavala

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No. 151-152 / 2023 / Entrevista

Revista Mexicana de Comunicación

UNIVERSIDAD AUTÓNOMA METROPOLITANA, UNIDAD CUAJIMALPA


Lauro Zavala ha sido docente de comunicación, semiótica y literatura por más 40 años. En ese tiempo no sólo ha trabajado con varias generaciones de estudiantes, incluyendo algunos integrantes del actual Comité Editorial de la Revista Mexicana de Comunicación, sino que ha diseñado más de 120 modelos para analizar cine, literatura, fotografía, narrativa gráfica, intertextualidad y traducción intersemiótica con el fin de que constituyeran herramientas para la docencia de muy distintas materias de comunicación. Es autor de Elementos del discurso cinematográfico (UAM-X, 2003), el cual recibió el Premio al Libro de Texto en la Universidad Autónoma Metropolitana y suma varias ediciones. Los productos didácticos de su labor, los cuales se encuentran en su sitio de internet, son para su autor modelos que “surgen de la experiencia de docencia y regresan a ella”.

—En mi caso—profundiza—, la investigación que realizo siempre se deriva del trabajo de docencia, al tratar de cubrir una necesidad práctica. Y la investigación termina regresando al espacio de la docencia. Es un círculo que se nutre continuamente.

Con una trayectoria que suma 62 libros, de los cuales 25 son autorías individuales, sobre las distintas formas de la narración, en particular el microrelato y el metarelato, las teorías literaria, semiótica y cinematográfica, así como antologías literarias o manuales de análisis, Zavala considera que actualmente ocurren procesos de cambio de paradigmas en la educación. Uno proviene de la práctica común de acercarse al cine con fines pedagógicos; el otro se manifestó con la irrupción de la reciente pandemia y la necesidad de trasladar la docencia al medio digital.

—Tal vez podemos empezar por conversar sobre sus primeras experiencias de docencia.

—Cualquier docente tiene como referente inevitable su propia experiencia como estudiante. Cuando se imparte una clase por primera vez, el nuevo docente trata de asimilar sus mejores experiencias como estudiante y trata de evitar lo que considera como los errores de sus propios profesores. La primera vez que impartí docencia fue cuando estaba estudiando el segundo año de la licenciatura en Comunicación Social en la UAM Xochimilco, en 1977. En ese momento, por unos días, mis compañeros se rebelaron frente a los profesores que nos estaban dando clase, pues sentían que no avanzábamos mucho. Y en una especie de asamblea, mis compañeros me pidieron que yo les explicara algunos principios de semiótica y análisis textual precisamente para elaborar los trabajos de curso.

»Esa experiencia fue muy gratificante para mí y para mis compañeros pues el trabajo final fue muy bien recibido por los profesores a pesar de haber sido resultado de una especie de rebelión. Con esa experiencia confirmé la idea que tenía desde los siete años, cuando en mi familia nos visitaba del extranjero un amigo de mis papás, que era un profesor chicano. Era el Dr. Ramón Ruiz, profesor de Historia de México en la Universidad de San Diego, que en ese momento estaba escribiendo una biografía de Emiliano Zapata. Él mismo tenía la piel morena, era muy alto y tenía grandes bigotes. Sus bromas de sobremesa sobre la historia de México nos hacían reír a todos, y yo pensé que quería dedicarme a algo similar a lo que él hacía. Es decir, pensé que yo quería ser profesor universitario y ser apreciado por los estudiantes.

»Cuando yo estudiaba el tercer año de la licenciatura ya había publicado varios artículos sobre cine y literatura en la Revista de la Universidad de México (UNAM) y tenía dos años de escribir cada semana una columna de reseñas de libros de teoría literaria en un suplemento cultural. En ese momento recibí la invitación para impartir un curso de redacción para los estudiantes del primer semestre de la licenciatura en Diseño Gráfico de la Escuela Nacional de Artes Plásticas. El primer día de clases los estudiantes (que pensaron que yo era otro estudiante más, pues tenía casi la misma edad que ellos) me dijeron que habían elegido esa carrera, entre otras razones, porque no les gustaba escribir. Entonces les di dos opciones: llenar un cuaderno de ejercicios de ortografía y redacción o asistir al curso para comprobar la utilidad de la redacción en el campo del diseño gráfico. Y para esto último, durante todo el semestre llevé a la clase diseños de todo tipo: portadas de discos, libros y revistas, carteles, ilustraciones, narrativa gráfica y caricaturas políticas. Y diseñé un modelo de análisis para reconstruir el proceso de creación y analizar las características de cada diseño. Al ver muy distintos tipos de materiales gráficos, la experiencia fue muy buena para ellos y para mí.

Lauro Zavala impartió el curso Redacción para Diseño en 1979. Cinco años después cursó un Doctorado en Letras en El Colegio de México. Desde entonces ha impartido más de 200 cursos sobre distintas materias de comunicación en poco más de 80 universidades del país y del extranjero. Ahora trabaja en la Línea de Teoría y Análisis Cinematográfico del Doctorado en Humanidades de la UAM Xochimilco.

—¿Cómo fue su primera experiencia en la docencia de análisis cinematográfico?

—Al terminar ese primer curso de Redacción para Diseño, me ofrecieron los cursos de semiótica y teoría de la comunicación, lo que me permitió aprender muchas otras cosas. Cuando se imparte un curso se aprende mucho más que cuando se toma un curso. Cada vez que imparto un curso utilizo una bibliografía distinta, pues para mí es una oportunidad para aprender algo nuevo y actualizar lo que ya conozco.

»El siguiente semestre me ofrecieron impartir el curso de Cine de 8mm y 16mm, pero en ese momento no había equipo de producción en la escuela, así que convertí ese curso en un Taller de Análisis Cinematográfico. Cada semana yo cargaba las películas de 16mm desde Ciudad Universitaria, en Copilco, hasta la ENAP, en Xochitepec, viajando en el transporte colectivo. El diseño del modelo para analizar una película me llevó siete años, pero ha sido la matriz para diseñar otros modelos de análisis. Cuando estaba estudiando el doctorado decidí elaborar un modelo para analizar un cuento literario, y ese modelo lo elaboré en una tarde.

»Impartir cursos de Análisis Cinematográfico es una experiencia muy recomendable para cualquier profesor de comunicación, considerando la complejidad estructural del lenguaje audiovisual y su enorme poder pedagógico. Por cierto, durante la pandemia los colegas de psicología me invitaron a impartir un curso sobre psiquiatría a través del cine, para lo cual utilicé el libro de Wedding y Niemiec en el que analizan mil 200 películas sobre temas de psiquiatría. Hay una literatura abundante (más de mil títulos) para el empleo del cine como herramienta pedagógica en todas las disciplinas del conocimiento. En el campo del cine como herramienta didáctica está ocurriendo un cambio de paradigma, pues se empieza a considerar que cualquier experiencia pedagógica podría llegar a ser tan absorbente y efectiva como la experiencia de ver una película.

»Cuando terminé la licenciatura empecé a dar clases en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, y en la Facultad de Filosofía y Letras de la misma UNAM, hasta que empecé a estudiar el doctorado. Esa experiencia de docencia fue formidable, pues pude impartir una docena de materias de comunicación en un lapso de tres años, en el sistema de Universidad Abierta.

—¿Hay algún secreto para hacer interesante lo que parece que a nadie le interesa? Por ejemplo, ¿asignaturas por las que usted tiene mucho entusiasmo como semiótica, retórica o teoría del cine?

—Creo que cuando alguien decide dedicarse a la docencia y la investigación, es porque estas actividades le resultan apasionantes. El semiólogo italiano Umberto Eco decía que un buen profesor es alguien que muestra de manera accesible lo que parece inaccesible. Y eso se aplica a los libros que escribió él mismo; no sólo sus libros de semiótica, sino también sus novelas, que son objeto de estudio desde numerosas disciplinas.

»Una clave de esta experiencia de docencia se encuentra en la dimensión narrativa del conocimiento. A todos nos gusta contar historias y que nos cuenten buenas historias. La narración es una forma de dar sentido al caos de la experiencia, y un curso (especialmente si es un curso de Comunicación) es una oportunidad para conocer, compartir y estudiar toda clase de historias: la historia de la disciplina, las historias de vida de los mismos comunicadores y los comunicólogos, la historia de lo que ocurre cada día en los medios, en las redes, en la vida pública y en todas las formas de comunicación. Un comunicador es un narrador, y un comunicólogo es un narratólogo por naturaleza.

»Hay otras estrategias didácticas que pertenecen a la tradición analítica, frente a la tradición continental, y que son muy útiles en la práctica docente. Desde esta perspectiva, creo que es recomendable lo siguiente: dar preferencia al estudio de casos para llegar al estudio de la teoría; emplear materiales breves, incluso aforísticos, para acceder a los grandes tratados y las disquisiciones enciclopédicas; finalmente, utilizar recursos gráficos como infografías, mapas y materiales audiovisuales para facilitar el acceso a los materiales textuales. Sobre todo, propiciar que cada estudiante descubra su propio campo de interés, pues de eso depende que se comprometa con su propia formación profesional.

—En su experiencia de docencia ha impartido cursos y ha escrito libros sobre cine, cuento, minificción, narrativa gráfica, semiótica, procesos editoriales y espacios museográficos. ¿Cómo organiza estos cursos para que resulten experiencias de aprendizaje para todos los estudiantes?

—Creo que, para hablar del interés que pueden tener todas las materias que uno imparte, es necesario partir de la idea de que cada curso sea de interés para todos los estudiantes que están inscritos. Es decir que un curso ideal parte del nivel en el que se encuentra el estudiante más rezagado del grupo, para que alcance al resto, y al mismo tiempo el curso despierta el interés del estudiante más avanzado, pues éste siempre puede facilitar el avance de sus compañeros. En este punto hay que señalar que una de las mejores estrategias que un docente puede aprovechar para mejorar su clase consiste en escuchar las recomendaciones de los estudiantes, quienes aprecian mejor que nadie los aciertos y observan muy claramente los errores, ya que ambos pueden pasar desapercibidos para el docente.

—¿Cómo condensaría la experiencia de docencia en algunas recomendaciones concretas para cualquier docente de comunicación?

—Creo que no sólo aprendemos de las observaciones que hacen los estudiantes sobre la docencia, sino que también aprendemos de los otros docentes. Sin embargo, todavía no tenemos la costumbre de compartir las experiencias que ocurren en las aulas de los otros. Quisiera mencionar algunas cosas que he aprendido sobre la docencia a partir de un trabajo de prueba y error. La mejor forma de aprender una práctica docente es cometiendo errores que pueden ser evitados en las siguientes ocasiones. Creo que estas diez estrategias pueden contribuir a una práctica docente efectiva en los cursos de comunicación y en muchos otros cursos.

»Uno: calendario de trabajo. Antes de iniciar el curso, además de la elaboración y actualización del programa, es conveniente diseñar un calendario de las actividades que se van a realizar en cada sesión, y prever la distribución del tiempo que se dedicará a cada actividad en cada clase. Este calendario, que es necesario entregar a los estudiantes el primer día de clases, está acompañado por los materiales que se van a utilizar (bibliografía en PDF enviada a los estudiantes de antemano, Power points elaborados por el profesor, infografías sobre la materia, estudios de caso, etc.). En este documento se señalan con claridad los criterios de calificación de las actividades y los trabajos del curso.

»Dos: notas de curso. Este material, también entregado a los estudiantes el primer día del curso, contiene notas de una o dos páginas cada una donde se condensan modelos de análisis, instrucciones de trabajo, el programa del curso, el calendario de actividades, estudios de caso, un glosario temático, una bibliografía comentada, una filmografía recomendada, una sitiografía y otros recursos digitales disponibles en las redes y otros materiales.

»Tres: secuencias seleccionadas. El empleo de secuencias audiovisuales grabadas antes de la clase es una herramienta muy útil para acompañar las actividades de cualquier curso. Al ser proyectadas durante una clase se convierten en una herramienta pedagógica insustituible, y que produce un efecto educativo permanente, cualquiera que sea la materia.

»Cuatro: aula invertida. Este concepto pedagógico fue muy bien aprovechado durante la pandemia. Consiste en que la mayor parte de los ejercicios de aprendizaje se realizan fuera de la clase, es decir, cuando el estudiante realiza ejercicios por su cuenta, a partir de sus propios intereses en relación con el curso y siguiendo los lineamientos presentados por el docente. De esta manera, el tiempo de la clase se ocupa en la presentación y discusión de estos ejercicios frente al el resto del grupo. Por ejemplo, en un curso sobre Análisis Cinematográfico, el docente proyecta secuencias de cine para mostrar un modelo de análisis, y los estudiantes replican este modelo al inicio de la siguiente clase con la proyección de una secuencia elegida por cada uno de ellos. Y al terminar el curso cada alumno elabora un Glosario con ejemplos de otras películas. Un estudiante siempre aprende mejor cuando pone en práctica lo que ha observado en clase. Por otra parte, en el posgrado se estudian problemas de teoría, historia y análisis. Y a partir de los textos en discusión, en cada sesión los estudiantes presentan ejercicios de análisis con estrategias diseñadas por ellos mismos.

»Cinco: grabación a distancia. Los recursos tecnológicos permiten grabar las sesiones de cada clase y subirlas a alguna plataforma disponible para todos los estudiantes inscritos (o cualquier persona interesada), lo que facilita que los estudiantes escuchen una discusión o una explicación cuantas veces sea necesario.

»Seis: bibliografía digitalizada. Antes de iniciar el curso se puede enviar la bibliografía disponible en formato digital o subirla a una plataforma de acceso abierto. Ahora hay sitios como Library Genesis donde se tiene acceso a miles de títulos académicos de forma gratuita.

»Siete: plataforma digital. La bibliografía digitalizada, el programa de actividades, el calendario de trabajo y las notas de curso se pueden alojar en una plataforma. Esto puede ser un Drive que será utilizado durante todo el curso. Ahí mismo se pueden subir las instrucciones para las actividades programadas y los ejercicios y trabajos finales de todos los estudiantes a lo largo del curso.

»Ocho: evaluación del docente por los alumnos. Al terminar el curso y antes de entregar calificaciones, es conveniente dedicar la última sesión a evaluar el mismo curso. Para ello es conveniente enumerar cada uno de los elementos específicos del curso impartido para recibir comentarios sobre la pertinencia y utilidad de cada uno de estos recursos (calendario, notas de curso, secuencias seleccionadas, ejercicios fuera de clase, discusiones en grupo, etc.).

»Nueve: recomendaciones de los estudiantes. Es en este momento, al recibir las recomendaciones de los alumnos, cuando el docente aprende de sus errores y se prepara para incorporar algunas de estas observaciones en su siguiente curso.

»Diez: bitácora de docencia e investigación. Es conveniente llevar un registro de lo que se puede utilizar en el siguiente curso y de lo que más tarde será el tema de un trabajo de investigación, derivado de la experiencia de docencia.

—Al principio de esta conversación, mencionó la relación que existe entre docencia e investigación. ¿Las prácticas de docencia y de investigación se han modificado después de la pandemia?

—Creo que sí. Parece haberse producido el inicio de un cambio de paradigma en las prácticas de la docencia universitaria, pero también en la investigación y la difusión del conocimiento, precisamente al haberse generalizado el trabajo a distancia. En la investigación se ha incrementado geométricamente la práctica de los congresos con participación híbrida o completamente a distancia, así como la organización de conversatorios con geolocalización múltiple de los participantes. Éste es el caso de los foros académicos realizados precisamente durante la pandemia, y que tienen una enorme utilidad en las prácticas universitarias. Por ejemplo, ya se puede participar en la presentación de libros en las ferias internacionales, como la Feria de Frankfurt, sin necesidad de viajar al país sede.

»También se han multiplicado los webinarios de investigación, muchos de ellos dedicados a la investigación sobre la docencia o al estudio de campos interdisciplinarios como, por ejemplo, los ciclos de conferencias a distancia sobre cine y arquitectura, que organiza el IPN. Y también se han multiplicado las redes de posgrados a distancia.

En el ámbito de la docencia, nos hemos familiarizado con cursos, conferencias y diplomados de carácter intercontinental que son enriquecidos, por ejemplo, con la transmisión a través de las redes sociodigitales de experiencias profesionales in situ. Además, empieza a generalizarse la impartición de asesorías en tiempo diferido.

Zavala también refiere al ámbito de la difusión del conocimiento; sobre todo, destaca la creación de reservorios audiovisuales de conferencias, presentaciones de libros, conversatorios, webinarios y foros académicos. Recuerda, al respecto, su participación durante la pandemia en más de 100 actividades académicas a distancia. De hecho, señala que tiene grabaciones de todas esas conferencias. Algunas, también, están en su sitio web.

—La actividad académica realizada a distancia elimina los problemas técnicos del trabajo presencial en disciplinas específicas de la comunicación; por ejemplo: el análisis cinematográfico. Esto se debe a que desaparece el inconveniente de contar con equipo disfuncional, la presencia de interrupciones imprevistas o, incluso, el ruido de los pasillos. El trabajo a distancia estimula el empleo del aula invertida donde el estudiante toma la iniciativa de su proceso formativo y propicia el intercambio académico de carácter nacional e internacional.

»Además, la actividad de docencia a distancia reduce la huella de carbono al evitar el uso del transporte público y privado. Por eso, creo que las condiciones experimentadas durante la pandemia han propiciado el empleo de recursos de trabajo a distancia que permiten multiplicar, intensificar y hacer más eficientes las actividades cotidianas de investigación, docencia y difusión de la cultura, lo que significa un notable cambio de paradigma en el trabajo académico.