Las informadoras. Mujeres periodistas en Guadalajara

no. 143 / enero-junio 2019 / reseña

Vicente Castellanos Cerda

UNIVERSIDAD AUTÓNOMA METROPOLITANA, UNIDAD CUAJIMALPA

Las informadoras: mujeres periodistas en Guadalajara
Elvira Hernández Carballido
México, Universidad Autónoma Del Estado de Hidalgo (UAEH), 2018.

80%En el año 2016 tuve la oportunidad de compartir con Elvira el proceso de búsqueda y selección de información del libro que hoy nos ocupa: Las informadoras. Mujeres periodistas en Guadalajara, editado por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, institución en la que trabaja la autora.

En aquellos meses de la primera parte del año, recuerdo que platicábamos lo que dos fuereños hacían en la ciudad de Guadalajara. Yo en una estancia sabática en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, y ella en otra estancia, más breve, en la Universidad de Guadalajara, para hacer una investigación sobre las periodistas en el estado de Jalisco.

Así que unos días Elvira se iba a una biblioteca o tenía una cita con algunas de sus entrevistadas; o bien, con su colega y asesora en el tema, la Dr. María Elena Hernández Ramírez, del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara. Después me platicaba qué había hecho y cómo estas mujeres habían destacado en el periodismo de la región. Yo preguntaba y ella me respondía pero, sobre todo, escribía y escribía.

Siempre cantando y medio hablando sola, a veces pensaba que tanta alegría era sospechosa, se preparaba, como reportera de un matutino, para hacer un trabajo de selección de información que a otros nos lleva meses. Ella lo hizo en días y no podía dejar de reclamarle que ya se iba a una de esas hemerotecas y bibliotecas llenas de polvo y ácaros que a mí me ponen la piel rosada no más de pisarlas. En realidad envidiaba lo rápido con que supera cada etapa de una investigación híbrida, entre lo académico y lo periodístico.

Y éste es el primer dato que quiero destacar del libro. Se trata de un trabajo que desafía a las dos Elviras, como Las dos Fridas se desafiaban y complementaban: la Elvira académica, científica social, frente a la Elvira que trabaja con la velocidad y precisión que da el periodismo. El libro es el resultado de este mestizaje para conocer quiénes son las mujeres periodistas en Guadalajara y cómo realizan su labor periodística. Por ello, la autora escribe este libro en tres capítulos.

En el primero hace un recuento histórico de las mujeres en Jalisco a partir de Doña Beatriz Hernández, fundadora de la ciudad de Guadalajara para después resaltar el papel que han jugado las periodistas en las publicaciones impresas, mujeres escritoras que, en palabras de Elvira, oscilaron entre la poesía y el periodismo: “Aprovecharon las publicaciones de la época para dar a conocer sus poemas o aproximarse a las reflexiones que les provocaba lo que ellas observaban en su momento, en su ambiente o en su cotidianidad” (p. 59).

Después de desarrollar el contexto histórico pertinente, como lo aprendió muy bien al ser estudiante de solo dieces en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM en los años ochenta, Elvira recupera, en el segundo capítulo, el título general del libro: Las informadoras. La académica-periodista desarrolla cinco escenarios para reconstruir la participación de las mujeres en el estado de Jalisco: las colaboradoras en El informador; la lucha por el voto femenino; el reconocimiento de las mujeres en los ámbitos periodísticos y literarios; las primeras egresadas de las universidades en el oficio periodístico y el modo en que ganan espacios en otros medios distintos al impreso. Nombres como Micaela Contreras, Maclovia Valencia, Catalina Vizcaíno o Zoila Rosa Cárdenas continuaron el legado de inteligencia, crítica y resistencia de Sor Juana Inés de la Cruz por ese dominio excepcional de la lengua castellana y esa conciencia histórica de saberse en el mundo que les rodea.

Las informadoras, gracias al trabajo con la escritura creativa y comprometida socialmente, también destacaron como articulistas; es decir, influyeron en la opinión pública. Los temas se ampliaron y a “las pequeñas cosas” sobre la cotidianidad, se les sumaron otras pequeñas cosas propias del pequeño, pero dominante, mundo masculino. Así que la crítica a los partidos, a los gobiernos y sus políticos, tomó matiz de exhibición y denuncia de las estructuras machistas y discriminatorias propias de la esfera pública mexicana.

Elvira, por poner solo un ejemplo, destaca el aporte de Lola Vidrio en la primera parte del siglo pasado. Una periodista que se destacó por su crítica al sistema político nacional y también por su trabajo reporteril como lo recupera Laura Castro Golarte en diciembre de 1994 en El informador: “Lola Vidrio fue reportera, auténtica reportera, de esas que hasta se olvidan de comer para sacar adelante el trabajo sin que importe nada más” (p. 84).

El segundo capítulo, aún en dominio de la Elvira académica, cita la tesis de Laura Tatiana Herrero Morales y Orozco para dar cuenta de la relación prensa-mujeres-participación. En esta última parte, Elvira explica los trayectos de las jóvenes egresadas de las universidades en Jalisco quienes encuentran su vocación de periodistas y se integran a los medios, o bien, documentan y estudian la experiencia de la mujer en el mundo periodístico. Es justo mencionar que Elvira es una investigadora que gusta de citar y referenciar sus trabajos con tesis, textos periodísticos y entrevistas de mujeres. Se aleja de los grandes marcos teóricos provenientes de otros países, para elaborar, en lo que considero, son explicaciones de corte decolonial y antimachista.

En el tercero y último capítulo de este libro de 197 páginas y de un tiraje de mil ejemplares, Elvira deja de lado a la académica y se coloca en su papel de periodista. No es una científica social preguntando a una informante clave; es una colega periodista con deseos de conocer trayectorias personales y profesionales de las mujeres que tienen una actividad periodística que las ha desafiado y a la cual ellas han transformado en beneficio de una sociedad plural, democrática y no machista.

La entrevista es un pretexto para conocer siete diferentes trayectorias de informadoras, en un oficio que requiere de total dedicación, incluso a pesar de la familia; de siempre aprender por cuenta propia acerca de todas las cosas; de quejarse por lo que mal que se paga; de defenderse ante la ofensa machista de colegas, familiares y desconocidos; así como de lograr el éxito en lo que más les gusta hacer y que harían en mil vidas más. Estas mujeres de innata vocación periodísticas son Rosario Bareño Domínguez, Daniela Geomar, Priscila Hernández Flores, Vanesa Robles, Yolanda Zamora, Esperanza Romero y la ya mencionada Laura Castro Goloarte.

Elvira Hernández procura que sus entrevistadas tejan un discurso que hable de ellas como ellas quieren ser escuchadas. Tras una breve pregunta sin planteamientos grandilocuentes o protagonismos de la entrevistadora, cada una de estas periodistas, desarrolla un relato con distancia crítica sobre su trayectoria y aporte. Ser la primera o la única en hacer algo en el periodismo regional es lo que se destaca: la primera jefa de información; la primera reportera de deportes; la que más pregunta, investiga y entrevista; la que ve lo que otros no ven; la del programa cultural en la radio por más de 30 años; la que denuncia e incomoda con pruebas; a la que han censurado pero no callará nunca.

De estas entrevistas me gustaría retomar algunos fragmentos de lo que para estas siete mujeres significa ser periodista.

Rosario Bareño Domínguez:

A mí me gusta que me vean fuerte, que me vean como mujer responsable, primero periodista. He podido hacer reportajes de denuncia, he podido a veces creer que ayudo o transformo cosas (…) Yo lo que disfruto más es haberme ganado una credibilidad en ciertos sectores y en otros a lo mejor no les va a gustar lo que escribo… Simplemente respeto y credibilidad es lo que quiero que vean, tengan y reciba de ellos (pp. 125 y 126).

Daniela Geomar:

Yo no quería ser como las mujeres que entran al deporte a ver el lado humano del futbolista y las llevaban a que los entrevistaran en su casa, con la familia y les preguntaban sobre su forma de vestir, qué pasta dental usaba (…) [Por lo tanto], mi trabajo empieza a especializarse y sobre todo a ser considerado, en el periodismo deportivo, el de una profesional” (pp. 131 y 133).

Priscila Hernández Flores:

¿Puede el periodismo incidir en el cambio social? Concluí que el periodismo por supuesto que podría incidir, bastaba escribir para denunciar (…). ¿Qué mensaje queremos hacer llegar al radioescucha?, lo existencial vende, pero al final solamente queremos hacer llorar o que actúe, que le llegue y no se sienta ajeno a su sociedad, que se palpe como necesario para transformar. Eso quiero, hacer un periodismo de denuncia que no solo conmueva, que provoque (pp. 145 y 148).

Vanesa Robles:

Y sin querer, nunca me di cuenta, en lugar de exponer el suceso noticioso, yo lo narraba (…) Tal vez me gustaba relatar porque me gusta fijarme en cosas que, digamos, algunos compañeros no se fijaban (…) Los reporteros iban a reportear los discursos, tomaban nota de las cifras y la foto del saludo. Yo no podía hacer eso, yo siempre miraba hacia el otro lado, no donde estaba el escenario de tarimas y flores. Volteaba a ver a la gente, sus rostros, su ropa, su mirada, su puño cerrado, su silencio” (p. 156).

Yolanda Zamora:

Esto es el periodismo, esto me permite hacer el periodismo cultural. Gracias a esta profesión puedo verme en el otro, recupero al ser humano, creo profundamente en el rostro del otro para definirte a ti. Por eso, cada día yo me despierto en la mañana diciendo: ‘¿Qué me toca hoy?‘ (p. 168).

Esperanza Romero:

¿Por qué soy periodista? Siempre he sido intolerante a la injusticia. Soy de las que brinca ante los impositivos, ante los que oprimen, ante los que no dejan a las personas ser o hacer. Soy de las que piden explicaciones y que exige. Por eso soy periodista (p. 171).

Laura Castro Golarte:

Yo hago periodismo cívico y no es una etiqueta ni un capricho académico, es un verdadero compromiso, una apuesta por la democracia (…). Soy y seré una periodista crítica, soy subjetiva pero precisa, no me veo nunca callada. El periodismo es mi vocación, mi razón y mi alma. Creo firmemente en el periodismo crítico e independiente (pp. 184 y 186).

Elvira cuida muy bien a lo largo de todo el libro de no rozar límites. Las informadoras son mujeres profesionales en un contexto machista que las margina. No son víctimas ni heroínas; son personas que deben hacer un trabajo doble que los varones no hacen.

A lo largo de los tres capítulos, Elvira también da cuenta de la categoría de género para advertir la desigualdad que existe en diversos espacios sociales por el hecho de ser mujer u hombre. El libro relata dichos y hechos del modo en que el varón se siente amenazado por la presencia pública de las mujeres en una de las actividades más importantes para generar opinión y transformar prácticas sociales que reprimen. Basta este relato de Rosario Bareño para tomar conciencia de cómo el atavismo cultural del macho todavía pretende controlar el cuerpo de la mujer:

En el periódico El informador como mujer no puedes entrar a trabajar y aspirar a ser reportera si te pones pantalón, las reporteras deben usar falda, no minifalda, falda de mujer. Dicen que hay una falda, lo cuentan las mismas reporteras, que se la pasan cuando llegan a la redacción y se la rolan entre todas para que no les llamen la atención, las faldas ya bien sucias pero se las deben poner si desean seguir ahí. Pero el sexismo y la discriminación aparecen por todas partes (pp. 125 y 126).

Es importante mencionar que esta especie de política de control fascista se referencia en varias partes de libro en voz de las entrevistadas. Me pregunto, ¿continúa? Y si continúa ¿por qué?, y si ya ha sido cancelada, ¿qué hizo cambiar de opinión al machismo dominante en ese periódico?

Después de nadar en las turbulentas aguas del periodismo en las que Elvira se mueve muy bien, regresa con una reflexión final de corte académico en la que demuestra que la otra Elvira académica sabe hacer ciencia social de avanzada y extraer conclusiones que generan nuevo conocimiento. De los once enunciados finales, destaco tres ideas sobre las condiciones y los desafíos en los que las informadoras en Jalisco hacen su trabajo periodístico:

1. Madres o no, se esmeran en cubrir sus fuentes, realizar sus investigaciones periodísticas y organizarse para desarrollar otras actividades de su vida, por lo que la doble jornada marca sus decisiones para realizar el trabajo.
2. Advierten que siguen siendo pocas mujeres y que en algunas empresas la discriminación de género está latente, como el hecho de que aún hay fuentes que no pueden cubrir.
3. Ellas prefieren trabajar de modo independiente para armonizar el ejercicio periodístico con su vida familar (p. 188).

Una última reflexión me ha propiciado el modo en que las dos Elviras se disputan el terreno de identidad profesional de nuestra autora. ¿Para quién escribe esta mujer académica-periodista o periodista-académica? Escribe para las mujeres. Para todas aquellas que sienten y padecen discriminación al ser invisibilizadas o violentadas. Escribe para denunciar y para transformar.

Para ello recurre a mujeres ejemplares en la historia, en el periodismo, en la movilización social. Escribe para que las mujeres periodistas se conozcan entre ellas, establece puentes entre unas y otras que tienen en común una profesión en la que realizan el doble o el triple de esfuerzo que los varones y por ello son tenaces y creativas.

También escribe para los investigadores, para que se les quite lo macho y se reconozcan en sus colegas académicas. Para que sus alumnas y alumnos sean una generación menos hipócrita y más libre en sus cuerpos y pensamientos.

Un último reclamo tengo con Elvira y el libro. Me hubiera gustado mucho saber cuál es la relación entre estas mujeres y el periodismo que hacen con el proceso de escritura. Ni la autora ni las entrevistadas explican cómo es que la escritura las acompaña, las empodera y las libera. La escritura periodística, con sus múltiples géneros, matices y estilos, está presente como su herramienta de expresión y trabajo; sin embargo, aparece como un don, no como un proceso sociohistórico de apropiación del lenguaje que permite nombrar la injusticia y la desigualdad, argumentar históricamente la marginación y proponer las razones para denunciar y eliminar el machismo imperante en la práctica periodística de nuestros días.

En suma, me hubiera gustado encontrar una problematización del fenómeno de la escritura en estas mujeres periodistas que de alguna manera diera continuidad a ese impulso por conocer que ya describiera Sor Juan Inés de la Cruz en su famosa Carta a Sor Filotea de la Cruz, o bien, esa necesidad de que se reconozca la presencia inteligente e incómoda de la mujer que piensa y actúa, tal y como también lo escribiera Rosario Castellanos en su poema Entrevista de prensa.

Revisemos ambos a modo de conclusión, o mejor, de continuidad de lo que la lectura de Las informadoras nos permite saber y expresar gracias al ejercicio de la escritura en general y del periodismo en particular.

Sor Juana Inés de la Cruz, fragmento de la “Carta a Sor Filotea de la Cruz” (1692):

¿Qué entendimiento tengo yo, qué estudio, qué materiales, ni qué noticias para eso, sino cuatro bachillerías superficiales? Dejen eso para quien lo entienda, que yo no quiero ruido con el Santo Oficio, que soy ignorante y tiemblo de decir alguna proposición malsonante o torcer la genuina inteligencia de algún lugar. Yo no estudio para escribir, ni menos para enseñar (que fuera en mí desmedida soberbia), sino sólo por ver si con estudiar ignoro menos. Así lo respondo y así lo siento.

El escribir nunca ha sido dictamen propio, sino fuerza ajena; que les pudiera decir con verdad: vosotros me obligastéis. Lo que sí es verdad que no negaré (lo uno porque es notorio a todos, y lo otro porque, aunque sea contra mí, me ha hecho Dios la merced de darme grandísimo amor a la verdad) que desde que me rayó la primera luz de la razón, fue tan vehemente y poderosa la inclinación a las letras, que ni ajenas reprensiones –que he tenido muchas–, ni propias reflejas –que he hecho no pocas–, han bastado a que deje de seguir este natural impulso que Dios puso en mí.

Rosario Castellanos (1972), “Entrevista de prensa” (fragmento):

Pregunta el reportero, con la sagacidad
que le da la destreza de su oficio:
—¿por qué y para qué escribe?

—Pero, señor, es obvio. Porque alguien
(cuando yo era pequeña)
dijo que la gente como yo, no existe.
Porque su cuerpo no proyecta sombra,
porque no arroja peso en la balanza,
porque su nombre es de los que se olvidan.
Y entonces….Pero no, no es tan sencillo.

Escribo porque yo, un día, adolescente,
me incliné ante un espejo y no había nadie.
¿se da cuenta?. El vacío. Y junto a mi los
otros chorreaban importancia.

No, no es envidia. Era algo más grave. Era otra cosa.
¿Comprende usted? Las únicas pasiones
lícitas a esa edad son metafísicas.
No me malinterprete.

Y luego, ya madura, descubrí
que la palabra tiene una virtud:
si es exacta es letal
como lo es un guante envenenado…


Fuentes

  • Castellanos, R. (1972). Poesía no eres tú. México: FCE.
  • Cruz, Sor Juana Inés de la (2014). Sor Filotea y sor Juana: cartas del obispo de Puebla a sor Juana Inés de la Cruz. México: Fondo Editorial Estado de México / Secretaría de Educación del Estado de México.

Publicado: 14/6/2019