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El territorio de Arauca es una apuesta por la vida

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Un proyecto de autogestión crítica

El presente artículo de análisis, tiene como finalidad identificar en la experiencia de organización y movilización de los habitantes del departamento de Arauca (Colombia) plasmado en el documento Plan de Vida elementos de lo denominado por algunos autores como ‘pluriverso’. Analizando este documento en el que se expone como se pobló este territorio oriental colombiano, los procesos de resistencia de sus habitantes presionados por el abandono estatal y donde también se encuentran los ejes políticos-ideológicos de su cosmovisión como pueblo campesino e indígena Uwa que lo habitan y apropian. Es un esfuerzo por tomar de la praxis la comunidad araucana y entenderlo desde los aportes teóricos que hacen autores como Arturo Escobar y Enrique Dussel en explicar desde un pensamiento crítico latinoamericano el quehacer diario de las comunidades excluidas por el proyecto moderno-colonial-patriarcal.

Foto: Galo Cañas / Cuartoscuro.

Por Wilmar Harley Castillo Amorocho

El departamento de Arauca es una región que es habitada por familias colonas traídas por la necesidad de trabajo y otras desterradas por el conflicto armado entre conservadores y liberales. De la costa –de los departamentos de Santander, Norte de Santander, Caquetá, Cundinamarca, entre otros– llegaron los primeros habitantes abriendo monte para hacerse a un predio y retomar la agricultura. Dese la década de los sesenta, inició este poblamiento del territorio.

Al suplir estas necesidades básicas como tierra, casa, trabajo, surgieron otras a medida que se iba poblando. Es así como en 1972 se desarrolló el primer paro campesino para exigir la construcción de vías de acceso, escuelas y hospitales; además de mejorar las condiciones económicas y materiales de los campesinos para poder subsistir de la agricultura. Tras esta movilización, el gobierno nacional incumplió las exigencias y en 1982 se vuelvió a organizar otro paro local, que exigió el cumplimiento de los acuerdos.

Estos dos episodios convulsionados de Arauca llevan de trasfondo la organización campesina en el INCORA, donde confluían los sectores empobrecidos y clasistas del campo. Los pequeños y medianos campesinos identificaron la desigualdad de beneficios para con ellos, que decidieron “tomarse” el gobierno del INCODER local, para poder ejercer un manejo equitativo de la institución. A partir de esa transformación, surge la COAGROSARARE, la cooperativa campesina que reemplazó al Estado en materia de alimentación, herramientas, inversión social, etc.

Este aspecto organizativo campesino, creó la base para edificar una convivencia entre los habitantes que priorizó el bienestar colectivo; así como también la apropiación del territorio, ya no como una propiedad privada del campesino por su terreno, sino como la concepción y practica de trabajar por el mejoramiento de las condiciones de vida comunitaria, partiendo del uso ético de las riquezas comunes que tiene la naturaleza.

Esto forjó una determinada subjetividad en las personas que viven en la región: una que prioriza el estar bien de todos, el cuidado de la naturaleza, la defensa de esta por medio de procesos organizativos como cooperativa y asociaciones. Se interiorizó la movilización como una herramienta legitima contra el Estado para interlocutar con él. Otro elemento es el permanecer en el territorio, el permitirse ser parte de una localidad como individuos, que pueden utilizar lo que ofrece el medio, correspondiendo con el uso mesurado de los bienes comunes, porque lo colectivo está por encima de lo individual. Además, la articulación con los pueblos indígenas como UWA, y otros pueblos de la región, permite afianzar esta subjetividad.

Nademos en los sustentos políticos-ideológicos del Plan de vida

La experiencia de las comunidades campesinas araucanas puede entenderse como el factor práctico de la propuesta del pluriverso que algunos autores de la teoría decolonial plantean a partir de su convivencia con las comunidades empobrecidas del régimen capitalista. El caso que se trabaja en este artículo evidencia un modelo de vida alterno al capitalismo, que se sustenta en otros valores e intereses. Se dice otros para hacer mención a que se distancia la ideología del mercado y capital.

El plan de vida de las comunidades plantea el afecto, el trabajo, la convivencia y la permanencia como su base político-ideológica del paradigma implantado por años en el territorio. Es así como el primero, el afecto, se basa en la vida en comunidad digna para compartir la vida, recrearla y conocerla. Por lo que el modelo social y económico que se viene materializando debe garantizar el afecto.

El trabajo, por su parte, es la articulación armónica entre la tecnología, la investigación, la cultura y la producción creativa que no reproduzca la explotación del hombre por el hombre ni destrucción de los otros seres vivos. Por el contrario busca que se establezcan relaciones de solidaridad y correspondencia entre las personas con la naturaleza. Por su parte, la convivencia se traduce en la autoconocimiento del individuo, el fortalecimiento del núcleo familiar, la toma de decisiones y construcción de región enclave comunitaria.

Lo anterior camina de la mano con la permanencia en el territorio al buscar la manera de satisfacer las necesidades sociales, el cuidado de la biodiversidad, el reconocimiento de la interculturalidad y equilibrio entre los seres vivos que habitan la región. Observando y analizando conjuntamente estos gruesos pilares del plan de vida, exponen el aspecto propio de ser y habitar la tierra que caracteriza al gran pueblo latinoamericano, o del sur.

Por eso podemos encontrar cómo todo se plantea desde la exterioridad del proyec-to moderno-colonial. Se divorcia de este paradigma sus postulados que forman al sujeto que crece y se relaciona en este territorio local de Colombia. Desde la orilla de la exterioridad, se construyen las relaciones sociales y la visión del mundo que forjan otra manera de relacionarse con otras culturas. Es decir, hay un momento analéctico (Dussel, 1996, p.186) que se puede identificar en esta primera parte, porque desde el rechazo al sistema-mundo capitalista hasta la postura alejado de él (no espacialmente) se entiende la vida y se trabaja por construir un modelo consecuente con el proyecto alternativo de vida, no moderno, ni colonial.

El hecho de que las comunidades fueran conscientes del abandono estatal en el siglo anterior y tomaran la iniciativa de crear ellas mismas las condiciones materiales para su bienestar; siembra en ese periodo el carácter libre y autónomo de esas personas, que protagonizan la historia al crear la suya propia. Vivian en un constante ir y venir del Estado, que en teoría y dentro de la normatividad el territorio araucano hacía parte de Colombia, pero el rostro práctico del Estado no existía porque no cumplía con su deber de velar por el bienestar de los habitantes.

A partir de esa conciencia del estado de abandono, las comunidades interpelan al régimen en su totalidad, son críticos con este y ponen en marcha la praxis transformadora de la condición de opresión, a través de maneras propias y creativas de trabajo, organización comunitaria, convivencia.

Otro rasgo transversal identificado es la toma de decisiones políticas prácticas (Dussel, 1996, p.188), eje sustancial de la política (producción, reproducción y desarrollo de la vida) (Dussel, 2001, p.2001). Porque es en la praxis que se tomaron y siguen tomando decisiones con la intención de preservar las condiciones favorables para los habitantes del territorio. Basados en la percepción básica de no tener ayuda del Estado, y que por el contrario este les afecta gravemente su integridad, decidieron actuar autónomamente para vivir dignamente dentro de las limitaciones generadas por el régimen vigente.

En el orden argumentativo que se viene aplicando en la experiencia del plan de vida, hay que tener en cuenta que las decisiones prácticas tienen dos rumbos, una legitima el orden social vigente y por tal motivo lo reproduce o por construye una obra totalmente ajena al orden social vigente, que desde sus raíces dista en todo. Es decir, crea o no un régimen revolucionario, por eso al tener en cuenta la exterioridad al sistema-mundo capitalista de la historia de estas comunidades llaneras, el régimen que se viene creando corresponde a un sistema-mundo no capitalista.

Aquí la cotidianidad juega un papel importante en la formulación del proyecto en construcción. Porque es cotidiano el trabajo colectivo que se encarga de mantener ese proyecto plasmado en las hojas del plan de vida. Llevado a la práctica a diario, los principios expuestos arriba, exigen esfuerzo de los protagonistas para que si se materialicen, y sean germen de un proyecto mucho más grande que aún no está establecido, pero es la meta a alcanzar.

Con esto iniciamos la poietica (Dussel, 1996, p.191), último elemento transversal del plan de vida. Ya que este elemento presupone aquel proyecto que se piensa desde la exterioridad del sistema vigente, pero que está en construcción permanente y no es una ley o una institución decretada de golpe, sino por el contrario es un proceso en sí su proyección y realización. En el que la evaluación periódica del trabajo invertido va descubriendo nuevos criterios prácticos que se incorporan al proceso. Así mismo, la realidad es una pared con la que se estrella el proyecto, porque el movimiento de las circunstancias locales, nacionales y mundiales anteponen intereses que despiertan conflictos con las comunidades de Arauca, que también obliga a analizar rutas de acción que no estanque el proyecto de vida.

El propósito fundamental del plan de vida del centro oriente, es defender la macro cuenca del Orinoco como eje articulador de las actividades humanas, prácticas culturales diversas, canalizador de proyectos económicos concretos y además es de obligatoria consolidación la relación armónica comunidad-naturaleza. Ya que este bien común natural suministra de agua dulce a la parte oriental de Colombia pues inicia de norte a sur en el rio Arauca hasta el rio Inirida, de oriente a occidente desde la cordillera oriental hasta el río Orinoco. En la parte que corresponde a la República Bolivariana de Venezuela se extiende en la sierra Tapirapeco de la parte sur del Estado Amazonas hasta el rio Pao ubicado en el Estado de Carabobo (OSCO, 2012, p.88).

Los departamentos colombianos que hacen parte de esta macro cuenca son además de Arauca, el Vichada, el Meta, Casanare, Boyacá, Cundinamarca, Santander y Norte de Santander. Esto demuestra la biodiversidad distribuida en esta región en sabanas tropicales, humedales, selvas húmedas y ecosistemas de montañas y el mencionado bien común del agua dulce que se riega por el territorio en variedad de micro cuencas desprendidos de los ríos que bañan la región (OSCO, 2012, p.90).

Teniendo ya este marco geográfico, natural, ecológico y cultural se entiende la necesidad de defender el territorio. No solo por las riquezas naturales que contiene, sino por el sentido estratégico que tiene para el sector multinacional y el contexto mundial actual de explotar los bienes comunes de los países periféricos, como para las comunidades del centro oriente, al asumir que su territorio les garantiza las condiciones para vivir dignamente, pero sin esperar nada del Estado colombiano actual.

La praxis representada en cooperativas, asociaciones y en el movimiento social-popular; así como el discurso construido a partir de la experiencia de movilización y resistencia, aportan a las reflexiones de una filosofía propia latinoamericana. Porque el paradigma que se sustenta en la práctica expuesta hasta aquí expone que la real naturaleza de exclusión y explotación que tiene el proyecto moderno-colonial, delimitando claramente dos sectores en conflicto, la clase explotadora poseedora de riquezas y el pueblo oprimido pero transformador, que ha construido un tejido social propio, capaz de defender el territorio y los procesos organizativos que sustentan ese tejido social.

El mundo llamado Arauca

Han sido varios los avances de organización, movilización, institucionalidad, valores, normatividad e incluso de políticas legítimas, que las comunidades apropian y defienden. Se produjo un posicionamiento de referentes legítimos que ayudan a mejorar la calidad de vida de las personas, como asociaciones, cooperativas, normas de convivencia comunal, entre otras. La fortaleza integral del tejido social ha sostenido sus construcciones históricas desde la llegada de los colonos.

Es por eso, que citando una de las frases de la desaparecida Asociación departamen-tal de Usuarios Campesinos de Arauca “Hemos puesto nuestra casa sobre nada dado que el mundo entero nos pertenece” y esta otra que se encuentra en el Plan de vida “El mundo es nuestro territorio y nuestro territorio es el Centro oriente de Colombia, lo concebimos como el espacio natural y propio donde es posible nuestra vida, por eso lo defendemos con nuestras luchas sociales” (OSCO, 2012, p.73).  Esto respecta a una visión de la vida que abarca todos los ámbitos en los que el ser humano se recree como sujeto.

Referenciábamos arriba la historia de lucha social de las comunidades a raíz del abandono estatal, lo que produjo la tenencia de condiciones mínimas para vivir en una búsqueda constante de dignidad. A partir de la lucha social, campos como el ambiente y territorio, la productividad, la salud, la educación y los Derechos Humanos son construidos desde la praxis de campesinos e indígenas, con enfoques propios, formulación del contexto propio y la puesta en marcha de propuestas trabajadas por las comunidades. El eje de ambiente y territorio como la productividad se han expuesto anteriormente por su carácter estratégico, por lo que en los ejes de educación, salud y Derechos humanos se desprende su importancia fundamental en formar sujetos críticos, transformadores y solidarios; así es como la educación se concibe como la columna vertebral del proceso de cambio, a partir del rescate de las prácticas ancestrales y la memoria histórica, lo que arraiga la identidad en el sujeto y la comunidad.

En las experiencias de fincas agroecológicas que poseen miembros de la comunidad, se reutiliza todo lo que produce la finca incluyendo los desechos orgánicos de la cocina o del cultivo, para crear insumos que ayudan a proteger las plantas de plagas y enfermedades, revitalizar el suelo, brindar de vitaminas y proteínas al cultivo. Estos conocimientos se comparten entre los campesinos que conocen las tradiciones de sus antecesores, complementándolos con los aportes que reciben de otras comunidades. Aquí la falta de recursos para la investigación es una constante, ya que potenciaría ese conjunto de saberes agroecológicos.

Una experiencia que se resalta entre la comunidad de Arauca específicamente, es el “Bachillerato Agrario” que en su momento permitió no solo validar la secundaria a las personas que no pudieron terminar sus estudios para obtener este título, sino que integraba conocimientos en agricultura, soberanía alimentaria, agroecología llevando a la práctica lo que aprendido en este proceso. Vale recordar también que la desaparición del bachillerato agrario se debió a la persecución política y militar que impulsó el ex presidente Álvaro Uribe en este territorio contra el movimiento social.

Fue así como a inicios de este siglo, tanto las comunidades como los procesos organizativos protagonizados por ellas fueron blanco de la represión gubernamental, con la justificación de ser miembros o colaboradores de la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional. Ese oscuro periodo de agudización del terrorismo de Estado inició en el año 2000 hasta el 2008 que terminó la segunda presidencia de Uribe.

Seguidamente, en la salud su enfoque principal es el de prevenir enfermedades que afectan a las personas, pero sin limitarse al suministro de medicamentos o al tratamiento médicos efectivos. Abarca también la necesidad de establecer excelentes relaciones sociales, condiciones óptimas de alimentación, ambientales, económicas, biológicas, sicológicas para que no la salud no se dañe integralmente. El estar bien implica no solo el no tener una enfermedad o el tener el tratamiento adecuado para tratar alguna molestia, incluye el estado de ánimo del sujeto, y para tenerlo equilibrado deben desaparecer las causas que se encuentran en el entorno del ser humano. El poder ser feliz inciden en la salud de la comunidad, según esta concepción.

Continuando con los Derechos humanos, se hace énfasis en la protección del acumulado histórico que se tiene en materia de derechos hoy en día, teniendo en cuenta los diferentes aportes hechos en cada momento de la historia que paulatinamente contribuyen al fortalecimiento institucional-universal de los derechos que tienen todo ser humano. Desde la revolución francesa, la independencia de las colonias españolas y británicas, las declaraciones del siglo pasado después de las guerras mundiales, son insumos que se toman como fuente para reconocer el conjunto de derechos que son violados por diferentes países capitalistas, como los E.E.U.U.

Aunque hace mención a un valor esencial tomado por las comunidades ancestrales de Latinoamérica, el respeto por el otro y a la naturaleza (OSCO, 2012, p.154) como insumo propio, en aras de incluir desde una óptica de lucha social de los pueblos los valores que fundamentaron las diferentes rebeliones en la historia moderna. Por eso la transversalidad de este eje alimenta toda la integralidad del Plan de vida, porque alimenta el trabajo organizativo y de movilización social que busca el equilibrio entre el respeto por la vida en todas sus expresiones con la construcción permanente de un modelo de sociedad totalmente diferente al moderno-colonial.

El sujeto formado en estas condiciones desarrolla un discurso, una visión del mundo y una praxis concreta que retoma la historia de defensa y resistencia del territorio. En sí, se moldea un sujeto crítico de la totalidad capitalista y creador de un orden social diferente, que está en construcción diaria. A partir de la identidad, se arraiga a la cultura campesina o indígena, que se articula a la historia de que tuvo Arauca, los valores del trabajo y el respeto profundo por la vida se apropian, y así todo un relacionamiento con cada espacio y práctica que posee el territorio que tiene el sujeto lo arraiga a un mundo que está en conflicto con otro mundo, cuyo representante inmediato es el Estado colombiano.

Bibliografía

  • Organizaciones sociales Centro Oriente de Colombia (2012). Plan de vida, Equipo Técnico compilador.
  • Dussel, E. (1996). Filosofía de la Liberación. Bogotá, Colombia: Editorial Nueva América.
  • Dussel, E. (2001). Hacia una Filosofía Política Critica. Brouwer, Bilbao: Editorial Desclée.
  • Escobar, A. (2014). Sentipensar con la tierra, nuevas lecturas sobre desarrollo, territorio y diferencia. Medellín, Colombia: Ediciones UNAULA.
  • De Sousa Santos, B. (2010) Descolonizar el saber, reinventar el poder. Montevideo, Uruguay: Ediciones Trilce.

Wilmar Harley Castillo Amorocho Comunicador social-periodista de la Universidad del Tolima, estudiante de la Maestría Gerencia Educativa de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador de la República Bolivariana de Venezuela. Con experiencia en procesos comunicativos con comunidades campesinas y medios radiales comunitarios.

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