Inteligencia artificial

Nuevos senderos

Lograr que las computadoras, a través de un software inteligente, lleguen a comprender lo que es el sentido común de los seres humanos, para traducirlo a principios operativos computacionales, constituye un reto para el científico Henri Lieberman.

Carmen Gómez  Mont

A pesar de los avances de la ciencia y de la tecnología, es un hecho que hasta ahora ninguna computadora puede pensar como lo hace un niño de tres años. Ninguna de ellas es capaz, por ejemplo, de comprender y mucho menos transmitirnos lo que es la base del conocimiento de una sociedad y de una cultura: el sentido común. Éste es justamente el reto que han asumido algunos investigadores del Massachusets Institute of Technology (MIT).

Henri Lieberman es un científico cuya actividad en tal institución se ha centrado en hacer un cruce entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana. Sus investigaciones se dirigen a probar hasta qué punto un software computacional puede responder a las demandas de los usuarios.

Lieberman, quien presentó los avances de su laboratorio en el Centro de Cultura Digital de Telmex el pasado mes de noviembre, nos hizo recordar la batalla que los científicos de la computación han emprendido por comprender cómo piensa el ser humano, y llevar estas lógicas y estructuras mentales a programas computacionales.

El reto para el usuario de la tecnología va más allá de la cultura de “presionar teclas y botones en máquinas”.

A pesar de la creciente facilidad que tenemos para instalar y manejar un software prediseñado por una empresa, aún no sabemos cómo crear uno.

Lieberman habla de la necesidad de que el usuario posea el conocimiento de cómo crear un software para que la computadora llegue realmente a hacer lo que cada uno de nosotros necesita.

Este científico visualiza a la tecnología como flexible y por eso defiende el derecho que el usuario tiene de introducirse al dominio de una tecnología que le permita crear y modificar sus propios programas.

Lieberman parte del supuesto de que, para que una computadora pueda responder a nuestras demandas, primero hay que darle la información, pero también ejemplos para que pueda aprender y saber cómo responder.

Durante su charla, compartió uno de sus retos: lograr que las computadoras, a través de un software inteligente, lleguen a comprender lo que es el sentido común de los seres humanos, para traducirlo a principios operativos computacionales. Una iniciativa que se constituye en un reto enorme para su laboratorio, pues ya no se trata solamente de alimentar con datos y procedimientos lógicos al software, sino con principios sociales y culturales que se vinculan con el sentido común (que en realidad no es tan común en la vida cotidiana). Es en esta perspectiva donde radica la originalidad de su investigación. Pero ¿para qué queremos que una máquina tenga sentido común?

El sentido común  –explicó–  tiene que ver con personas, pero también con culturas. Para hacer posible este procedimiento, primero hay que alimentar a las computadoras con datos y contextos que permitan comprender exactamente dónde radica el sentido común. Este nivel de investigación nos lleva a constatar el grado al que está evolucionando el software, pues se trata de un programa inteligente, capaz de desarrollar un lenguaje natural, semántico, emotivo.

Comprender el sentido común de un japonés o de un chino, es desde luego complicado, pero se podría hacer si se convive a fondo con dichas personas y culturas, pues el sentido común, por lo general, es casi imperceptible. Realmente se necesita de una semántica muy sofisticada para llegar a percibirlo.

Con el software de Lieberman se busca crear una base de datos sobre los diferentes procedimientos con que opera el sentido común de diversas culturas del mundo, a fin de poder trabajar con ellos sobre una base de entendimiento. Por ejemplo, si alguien va a salir a cenar con una persona de otro país, podría de antemano consultar la base de datos de sentido común que tiene su software sobre esa otra cultura de la que todo desconoce, y lograr así un mejor entendimiento.

El sentido común es fundamental para comprender, por ejemplo, la mensajería corta por celulares; se trata también, dice Lieberman, de enseñar a los robots lo que todos ya sabemos y cómo lo hacemos, para que ellos procedan igual o casi igual. Este software es innovador porque más allá de desplegar una serie de operaciones lógicas, lo que hace es traducir una cultura a la otra, a través de principios que tienen que ver con el sentido común de las personas.

En el ámbito de la educación, sus promesas son enormes. Al utilizar tal software, un docente podría saber, antes de iniciar su curso, aquello que supuestamente no saben sus alumnos pero que podrían requerir.

En un mundo globalizado, donde gracias a las telecomunicaciones contactan culturas distantes por primera vez a través de correos electrónicos, celulares, videos y fotografías, nada mejor que contar con un software inteligente que nos ayude a comprender el perfil (a través del sentido común) de nuestro interlocutor localizado a miles de kilómetros de distancia, pero con quien podríamos interactuar en tiempo real-virtual por largos períodos.

Científicos como Herni Lieberman nos recuerdan que la investigación en el MIT por la inteligencia artificial avanza y que la ciencia computacional no abandona la idea inicial que la impulsó: comprender la manera en que el cerebro piensa y opera a través del desarrollo de una inteligencia artificial. ¿Hasta dónde podrán avanzar?

Investigadora. Correo electrónico: cegomo_8@hotmail.com

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