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El periodismo de Wikileaks

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  • La labor de Wikileaks de difundir filtraciones no es algo nuevo, asegura Mariano Cebrián.
  • “El periodismo de Wikileaks no es de investigación, sino de publicación de las filtraciones que llegan de fuera gracias a la colaboración de otras organizaciones y personas”, dice.

Julian Assange – Fotografía de Espen Moe @ Flickr

Por Mariano Cebrián Herreros

Wikileaks ha irrumpido como una gran innovación del periodismo en Internet, aunque no faltan sectores que niegan que su información constituya periodismo. Personalmente no tengo ninguna duda al respecto. Es un periodismo dedicado a la exhibición de filtraciones de documentos recibidos de diversas fuentes a las que se les garantiza, mediante secreto profesional, su anonimato. Su objetivo es presentar materiales políticos, económicos o históricos en los que se revela la comisión de injusticias, de delitos, corrupciones políticas y económicas o actividades exentas de una mínima ética. No es algo nuevo.

El periodismo ha contado históricamente con las filtraciones como fuentes de información. Fueron las desencadenantes del caso Watergate, un asunto nacido de la fuente “garganta profunda” y que a partir de las filtraciones se investigaron y publicaron los abusos corruptos del poder hasta conseguir la dimisión del Presidente de Estados Unidos Richard Nixon.

El debate se ha centrado ahora, por lo escandaloso y espectacular, en los más de 251 mil cables confidenciales de las Embajadas de Estados Unidos en diversos países en los que se informa sobre cómo observan los embajadores a los gobiernos y la realidad de los países en los que están ubicados. Son documentos secretos pertenecientes al Departamento de Estado norteamericano y que alguien se los ha filtrado a la organización Wikileaks. Es una información que se añade a otras anteriores como la del vídeo de los asesinatos militares de decenas de personas en Bagdad, los documentos de la guerra de Afganistán o los de la guerra de Irak. Y se anuncia que se expondrán las informaciones de dos mil cuentas bancarias envueltas en evasión de capitales y otros delitos de personas con grandes fortunas, según la filtración de un ex banquero suizo que entregó al director de Wikileaks dos discos duros con todos los detalles de los contenidos.

Por tanto, la actividad de Wikileaks no es algo esporádico sino continuo. Es más: el canal árabe de televisión Al Jazeera, siguiendo la estela de Wikileaks, ha puesto en funcionamiento, a principios de enero de este año, el portal Al Jazeera Transparent Unit (AJTU) para ofrecer filtraciones de informaciones. También el diario The New York Times ha anunciado que creará una unidad para que los seguidores envíen archivos sin que quede registrado ningún dato personal al apostar también por el anonimato de la fuente primaria.

La innovación y la originalidad del periodismo de Wikileaks es ofrecer los documentos completos referidos a unos hechos e informes sin interpretaciones, ni contextualizaciones, aunque para facilitar las búsquedas los organiza por temas, fechas y otros índices e incorpora enlaces de unos documentos con otros que guarden alguna vinculación. Es un periodismo transparente frente a la opacidad de las fuentes que ponen todos los obstáculos posibles para que la sociedad no conozca lo que hacen los políticos, empresarios y grandes organizaciones corruptas en provecho propio y en detrimento de la sociedad.

Se trata de un periodismo documental con doble orientación. Por un lado, dirigido a la sociedad para que cada internauta pueda elegir e interpretar y, por otro lado, a los medios para que les sirva de fuente y que luego den el tratamiento pertinente. Los documentos se han ofrecido a cinco grandes periódicos de referencia prestigiosa para cubrir idiomas y ámbitos territoriales amplios, los cuales han sido publicados simultáneamente: The New York Times, The Guardian, Le Monde, Der Spiegel y El País.

Cada medio ha afrontado la información como lo hace con cualquier otra fuente: ha elegido la de mayor interés según su territorio y línea editorial, la ha contrastado con otras fuentes implicadas, la han valorado, interpretado y contextualizado. Los demás medios tradicionales y cibermedios se han hecho eco de la difusión y, dentro de un intenso sistema mediático competitivo, han atacado a los medios seleccionados y, a la vez, han aprovechado la información o la excusa del ataque para vender también la información a sus seguidores. Es el tratamiento propio del periodismo tradicional. Wikileaks se queda en el papel de la exposición, de la exhibición, del contacto directo con la sociedad y, además, incita a que cada medio realice la interpretación que considere oportuna.

Su planteamiento es también auténtico periodismo al estar basado en informaciones veraces, con garantía de la autenticidad de documentos, de interés general y de gran transcendencia para la sociedad. Nadie ha cuestionado hasta ahora la autenticidad de los documentos que se ofrecen en la web de Wkileaks. No se publica todo lo que llega sino que existe un trabajo previo de comprobación de su validez y de su rigurosidad como se ha efectuado en todo periodismo de calidad para no arriesgar la credibilidad. La prueba de su interés general radica en que los medios tradicionales y los cibermedios han redifundido las aportaciones de los diversos asuntos  presentados.

Estamos viendo la expansión del periodismo de filtraciones que, en muchas ocasiones, se ha confundido de manera interesada con el periodismo de investigación. Gran parte del periodismo que se ha autodenominado de investigación ha consistido en propalar informaciones y datos como si fueran obtenidos por el esfuerzo investigador del medio de comunicación o por un periodista cuando realmente se trataba de un soplo o del envío de la documentación secreta por alguien disgustado con la entidad a la que pertenece, o que le ha expulsado, con objeto de denunciar a los responsables de la misma por los abusos cometidos. En periodismo se ha rechazado generalmente la información de fuentes anónimas, pero ha servido a los periodistas para sospechar que detrás de la denuncia podría haber un fondo de corrupción, de engaños a la sociedad o de delitos de todo tipo.

Por esa razón, a partir de la información recibida, el periodista inicia sus propias indagaciones para apreciar lo que hay de validez o falsedad detrás de tales denuncias. Ello ha dado origen al gran periodismo de investigación. Pero este proceso de auténtica investigación, sea cual sea el origen que la provoca, no debe confundirse con la información secreta que llega a las redacciones y se publica. Aquél sí es periodismo de investigación, mientras que éste es sólo de difusión de filtraciones. El periodismo de Wikileaks no es de investigación, sino de publicación de las filtraciones que llegan de fuera gracias a la colaboración de otras organizaciones y personas.

Este periodismo descubre unas urdidumbres que, de ser conocidas en el momento en que se realizaron, habrían sido suficientes para obligar a dimitir a políticos o a abandonar sus cargos a dirigentes empresariales. Junto a estos documentos existen otros sin gran transcendencia, en muchos casos porque ya son conocidos por otras vías y, en otros, por su falta de relevancia. Es un periodismo que ya no se detiene en diferenciar entre unos hechos y otros sino que abarca el conjunto de la información filtrada. Ofrece los documentos en bruto,  todos, sin discriminación, a diferencia de lo que es habitual en el periodismo tradicional. Quien discrimina ahora es la propia sociedad que visita la web o los medios de comunicación al interesarse por unos o por otros, según el país y el público al que se dirigen.

Se ha acusado a este periodismo de hurgar en asuntos privados como suele hacer el periodismo del corazón o de sociedad. Pero este periodismo no se centra en la intromisión en la intimidad de las personas, sino en hechos de gran relevancia política, económica, social que encubren abusos, aprovechamientos, chantajes y todas las modalidades de corrupción. Recoge las actividades, los informes elaborados por representantes públicos de un país que reflejan su visión respecto de los representantes públicos de otros países y se trasladan al Departamento de Estado para que éste pueda plantear su política internacional. Son documentos declarados secretos para sustentar las estrategias del país en el ámbito internacional o en cada uno de los países con los que mantiene una relación. Pero este secreto deben guardarlo los responsables públicos del organismo correspondiente. La función de los medios y de los periodistas es la de servir a la sociedad, no mediante la ocultación de la información obtenida de sus fuentes, sino mediante su publicación, aunque, eso sí, con la responsabilidad profesional exigida éticamente según las repercusiones y daños que pueda causar.

Ni en los documentos diplomáticos, ni en otros de los publicados, se habla de asuntos personales privados, sino del pensamiento e interpretaciones que efectúan los embajadores respecto del país en el que se encuentran, de sus gobiernos y de otras personalidades. Lo que se debate en el fondo es sobre las formas de control y de presión mediante la información. Es un periodismo que cumple con una de las grandes funciones de los medios como es la de ser vigilantes, en representación de la sociedad a la que sirven, de los gobiernos, sectores económicos y demás organizaciones y comportamientos de personalidades públicas para delatar sus prácticas abusivas. La mejor prueba de esta actitud es la persecución que ha emprendido Estados Unidos contra el director de Wikileaks, Julian Assange, es decir, no contra quienes han cometido los abusos sino contra el mensajero como ya es habitual en este tipo de reyertas.

Estamos ante unos desarrollos e innovaciones del periodismo que la investigación nos irá guiando sobre sus tendencias. Mientras tanto, se observa que la  acelerada expansión del periodismo hacia otros ámbitos, otras concepciones y otros agentes, introduce también nuevas vinculaciones entre los medios tradicionales y los cibermedios.

Wikileaks ha logrado mayor transcendencia política y popular gracias a los medios tradicionales y éstos se han aprovechado de su forma de ofrecer documentos íntegros para seleccionar y resaltar lo que consideran de mayor interés y transcendencia. Se ha criticado que el modo de ofrecer información por Wikileaks no es periodismo. Pero se olvida que los propios medios tradicionales, y en especial los periódicos, remiten a sus propios espacios digitales para que los seguidores amplíen la información mediante la consulta de los documentos completos. No estamos ante medios opuestos sino ante el fomento de nuevas sinergias periodísticas.

 

Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid

Correo: marceb@ccinf.ucm.es

Publicado originalmente en RMC #125

Ejemplar completo disponible para descarga como Kindle ebook

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