RMC es una publicación del Departamento de Ciencias de la Comunicación - Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Cuajimalpa

Contribución al debate de los contenidos televisivos

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  • Campañas de crítica a Televisa han proliferado en los últimos años sin modificar los niveles de audiencia.
  • #YoSoy132, el empresario Simón Charaf y la periodista Carmen Aristegui son algunos de sus principales críticos.
  • “Hace aproximadamente una década, en el marco de una de las tantas discusiones sobre la legislación de los medios, se propuso la creación de un órgano supervisor de los contenidos televisivos con ciertas atribuciones. Un órgano ciudadano que pusiera de manifiesto la calidad de los contenidos del medio. Quizá la idea debiera rescatarse, como una contribución a largo plazo a la concientización de las audiencias”, dice Benassini.

 

Fotografía: "#OcupaTelevisa GDL" por Marte Merlos @ Flickr

Fotografía: “#OcupaTelevisa GDL” por Marte Merlos @ Flickr

Por Claudia Benassini 

Hace poco más de un año se inició en redes sociales una campaña en contra de Televisa. Una de las cabezas visibles es el empresario Simón Charaf quien, a raíz de un litigio con la empresa, organizó una campaña de denuncia a través de Internet y redes sociales, que incluye además una persistente invitación a no ver los contenidos de la empresa de Emilio Azcárraga Jean. La campaña y sus promotores se volvieron más consistentes durante las campañas presidenciales por el participación atribuida a Televisa en la llegada de Enrique Peña Nieto a la presidencia de la República. En este proceso el movimiento estudiantil #YoSoy132 tuvo también un papel importante, tanto por los cercos y plantones organizados en torno de las instalaciones de Chapultepec y San Ángel, como por sumarse a la campaña: no a la programación de Televisa. Los ánimos se han exacerbado a partir de mediados de julio, cuando a un grupo de 18 mexicanos le fue confiscada en Nicaragua una importante suma de dólares. El punto fue que manejaban unas camionetas con el logo de Televisa y, al menos una parte de los detenidos, portaba uniformes e identificaciones que los acreditaban como empleados de la empresa. El tema recibió amplia cobertura en el espacio matutino de Carmen Aristegui y en repetidas ocasiones fue desmentido por Joaquín López Dóriga, conductor del noticiero estelar del “canal de las estrellas”.

“Televisa te idiotiza”, “No veas Televisa porque manipula la realidad”, “Narco-Televisa” y variaciones sobre estas frases son repetidas cotidianamente a través de la red social Twitter. Asimismo López Dóriga, Carlos Loret de Mola y Adela Micha son ridiculizados en una caricatura como las “mascotas” domesticadas de Emilio Azcárraga. No deja de ser paradójico que, en este escenario virtual, las seis cuentas que tiene Televisa en Twitter publican mensajes sobre sus actividades, simulando no percatarse de la campaña que descalifica a la empresa que unifica a estas cuentas. Asimismo, son insuficientes los reporteros y aficionados a la programación de Televisa para contrarrestar estas críticas. Podrá argumentarse que este escenario está mucho en función del Time Line individual; de acuerdo, pero sin duda pesa más la crítica a los contenidos que los comentarios a su favor. Cabe añadir que los espacios informativos son el blanco más importante de esta campaña.

En este contexto, llama la atención el hecho de que, si mencionamos a reporteros y/o aficionados a la programación de Televisa, hablamos también de conocedores de sus contenidos. Unos más que otros, unos con más profesionalismo que otros. Pero lo cierto es que, sobre todo a ciertas horas del día los ánimos se calientan. Ni siquiera podemos hablar de una polarización porque son más las críticas que las opiniones favorables. Dicho de otra manera, los comentarios sobre la programación de Televisa –incluidas las críticas- provienen de quienes se exponen a sus contenidos. La campaña de rechazo e invitación a no ver la programación no menciona programas ni presenta evidencias de que es producto de una mirada crítica a los contenidos del consorcio. “No necesito ver la televisión para afirmar que es una porquería”, sostienen con orgullo quienes incluso se presentan en foros y espacios legislativos, académicos y educativos. Los asistentes suelen aplaudir rabiosamente esta posición, cuando únicamente evidencia ignorancia y desconocimiento del medio al que se critica. Se trata pues, de juicios de valor plagados de sentido común.

Sin embargo, la campaña en contra de Televisa parece no haber hecho mella en sus ganancias. Los datos semanales dan cuenta de que el rating de su programación no ha disminuido de manera importante. Sin embargo, llama la atención el hecho de que López Dóriga no haya contrarrestado la argumentación de Aristegui a propósito de los hechos ocurridos en Nicaragua. La percepción de una parte de la población es que la empresa de Azcárraga estaría participando en actividades ilícitas relacionadas con el tráfico de drogas a Centro y Sudamérica. Pero, reiteramos, el rating de la programación de Televisa permanece inamovible. Unos puntos arriba y/o unos puntos abajo pero es probable que estos altibajos no alarmen a sus directivos.

El problema es que esta campaña tiene efectos contraproducentes en otro sentido. Quienes atacan a Televisa lo hacen con poco conocimiento de causa y distraen la atención de asuntos más importantes: la excesiva concentración en el espectro radioeléctrico, las alianzas con grupos particularmente mediáticos con fines de expansión dentro y fuera del país; su papel en el vacío legal en materia de medios de comunicación y telecomunicaciones son algunos de estos asuntos. Asuntos tan importantes como la discusión sobre sus contenidos. Hay mucho que opinar al respecto, además de que es un debate necesarios. Un debate que requiere el conocimiento del tema para fundamentar la crítica y cuestionar a la empresa desde sus producciones. Un debate que, en suma exige que los televidentes conozcamos los contenidos y podamos contribuir a una discusión que se ha postergado durante varios años.

En otras palabras, las campañas de satanización en contra de Televisa no han cumplido con su propósito: alejar a la población de sus contenidos. Porque, en medio de la arrogancia con que lanzan su diatriba, muestran su ignorancia en materia del impacto que su campaña podría tener en las audiencias. Ninguno, porque están fundamentadas en la teoría de la aguja hipodérmica, formulada durante la primera mitad de la década de 1940, que supone el inmediato cambio de actitudes por parte de las audiencias. Porque no toman en cuenta las mediaciones que están en juego en la exposición a los contenidos televisivos. Y porque, a final de cuentas, los críticos sólo conocen superficialmente el tema que quieren atacar. Y esta actitud, insistimos, distrae de una crítica fundamentada que busque concientizar a las audiencias sobre los contenidos del medio. En este contexto, si bien la campaña ha girado en torno a Televisa, el debate sobre la televisión no debe excluir a Televisión Azteca, al Canal 28, llamado la tercera cadena, al canal 52 y a las producciones nacionales que circulan a través de los sistemas de paga. A final de cuentas, sobre todo en algunos géneros los contenidos no varían sustancialmente.

Una reflexión final. Hace aproximadamente una década, en el marco de una de las tantas discusiones sobre la legislación de los medios, se propuso la creación de un órgano supervisor de los contenidos televisivos con ciertas atribuciones. Un órgano ciudadano que pusiera de manifiesto la calidad de los contenidos del medio. Quizá la idea debiera rescatarse, como una contribución a largo plazo a la concientización de las audiencias. A largo plazo porque las percepciones sobre los contenidos televisivos no van a modificarse de un plumazo. Pero quizá ya es tiempo de pensar en instancias que contribuyan a la educación de las audiencias desde diversos espacios.  Desde otra perspectiva, un debate serio sobre los contenidos televisivos es urgente en los ámbitos arriba citados, sobre todo el académico y el legislativo. Cuestionar los contenidos a priori y sin conocimiento de causa nos distrae de estas tareas fundamentales en las que debiera participar la ciudadanía en diversos espacios, aprovechando además el auge de las redes sociales.

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