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¿La ética periodística se enseña o se aprehende?

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Libreta de Apuntes

  • Consideraciones reflexivas
  • ¿Qué es más factible: enseñarla o aprenderla o aprehenderla?
  • “A través de la docencia, el tema de la ética periodística se conoce partiendo de los conceptos y la revisión filosófica. Pero aprender debiera ser “aprehender”: apropiarse de la información para hacerla conocimiento”, dice Omar Raúl Martínez.
Fotografía: "Ética..." de Eire @ Flickr

Fotografía: “Ética…” de Eire @ Flickr

Si por sus implicaciones humanas y políticas, la ética periodística resulta un tema espinoso y complejo para medios e informadores, cuando se habla de la pertinencia de incorporarlo en los programas de estudio de las licenciaturas en comunicación, las suspicacias no se hacen esperar: ¿es posible “enseñar” ética en las universidades? Entendiéndola como un conjunto de valores y principios o marcos de actuación deseables que buscan estimular el bien común y la responsabilidad en el quehacer profesional de un informador, ¿qué es más factible: enseñarla o aprenderla o aprehenderla?

Enseñar, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, es aportar reglas o preceptos para la instrucción; “es indicar, dar señas de algo”; “mostrar o exponer algo, para que sea visto y apreciado”. De acuerdo con el modelo tradicional, mientras que el maestro es el responsable de la enseñanza, en el alumno observamos el proceso del aprendizaje. A través de éste las personas, con el estímulo de un agente externo (profesor), pueden transformar su conducta tras la apropiación de conocimientos y habilidades e incluso de nuevas percepciones del mundo o actitudes.

Si enseñar atañe a un proceso bidireccional y vertical en el que el docente comparte contenidos a otra persona a fin de inducir su formación, aprender es una ejercicio individual movido por la intersubjetividad y que se abre a la aprehensión de conocimientos. El aprendizaje es, dice Noemi Galeano, “una actividad de reconstrucción de los saberes de una cultura”. El docente, en su calidad de facilitador, actúa como mediador entre las informaciones académicas y la actividad constructiva que despliegan los alumnos para asimilarlas.

Aprender se vincula con la necesidad de saber analizar la realidad, resolver problemas, pensar críticamente, aplicar técnicas para el logro de un fin, conocer para transformar el entorno, aprovechar contenidos para el autoconocimiento y la convivencia, así como para el descubrimiento de otras realidades. Por ello, aprender trasciende la captación o acumulación de datos e información o de paradigmas teóricos: es la aprehensión de valores, de conocimientos, de visiones y lecturas del mundo. A partir de esa apropiación, observamos la realidad de otra manera, y entonces podemos estar dispuestos a transformarla. En tal contexto, aprender –dice Fernando Bárcena– no es sólo “explicitar o constatar la verdad de lo recibido, sino reconstruirlo, modificarlo, recrearlo en uno, para que nos cambie”. Y añade:

Es difícil enseñar. Pero es necesario “dejar aprender”, dar libertad de aprender. Y esto sólo es posible si lo que decimos, si lo que hacemos, si lo que callamos, da a pensar al aprendiz. Para ello hay que abandonar toda pretensión de dominar al otro, al aprendiz, en el marco de una acción, la nuestra, que pretende expresarse como tal acción, pero que no deja de ser más que una técnica de dominio y de control de la realidad del otro.

El aprendizaje real camina rumbo a la comprensión generada a partir del conocimiento aprehendido, es decir: articulando, reconstruyendo saberes e información.

 

Enseñar y aprender ética

Alguna vez preguntaron a Fernando Savater hasta qué punto era posible explicar o enseñar ética a personas que no han leído a Kant, Spinoza, Nietzsche ni a ninguno de los autores indispensables. El autor español respondió que estaríamos perdidos si, para tener la idea de una vida recta, una convivencia justa, solidaria y digna, era indispensable leer a tantos autores importantes. Lo importante, añadió, es ofrecer “baremos de humanidad, de racionalidad y de semejanza entre nosotros”. Es decir, impulsar pautas axiológicas que permitan compartir “principios elementales”, tales como el de la autonomía, la cooperación y la “vocación de participar en la vida pública”. Porque “si los políticos son corruptos, lo son porque nosotros dejamos que lo sean, porque fracasamos en nuestra propia tarea política que es el elegirles, sustituirles, controlarles, vigilarles”.

En esta tesitura, aprender ética y filosofía implica apropiarse y tener la capacidad de dudar, reflexionar, y fundamentalmente de conocer, descubrir o diseñar “modelos para explicar o comprender la realidad por la realidad misma”, asegura Jorge González Sánchez.

Pero aprender ética va más allá del entendimiento de las teorías filosóficas, de la abstracción de valores y de los ingentes problemas contemporáneos. Porque, sin soslayar marcos de análisis o nociones teóricas, aprender ética es conocer y, ante todo, aprehender propuestas axiológicas o pautas éticas que abran camino a explicaciones de la realidad o al encuentro de soluciones en conflictos profesionales. En lugar de memorizar conceptos, es mas útil aprender a comprender, analizar y diseccionar realidades inmediatas. Dicho de otra forma: se pueden enseñar temas y proponer modelos valóricos, pero si éstos carecen de asideros vivenciales, se difuminan en teoricismos o formulaciones conceptuales. Siempre será necesario un anclaje reflexivo que vincule a las personas con su propia práctica profesional. En tal sentido es oportuno retomar a Savater quien propone trascender la ética como reflexión teórica y convertirla en práctica imprescindible:

Los profesores de ética lo único que hacemos es facilitar el acceso a obras, temas, formas de controversia. Aunque no existiéramos los profesores de ética, ésta seguiría existiendo, y la necesidad de aplicar criterios éticos y de reflexionar sobre lo que es mejor para vivir seguiría existiendo. La pregunta de la ética es cómo vivir. De modo que la ética académica quedará más o menos encerrada en los círculos profesorales académicos; pero la ética vivida, la respuesta a cómo vivir, esa pregunta se la hace incluso quien no tiene la menor idea de qué significa la palabra ética.

 

Aprender ética periodística

A través de la docencia, el tema de la ética periodística se conoce partiendo de los conceptos y la revisión filosófica. Pero aprender debiera ser “aprehender”: apropiarse de la información para hacerla conocimiento. Apropiarse ha de significar no sólo almacenar datos e información sino también “vivir”, encarnar lo que se ha racionalizado. Además de ofrecer información y conocimientos, en temas éticos se hace exigible ofrecer parámetros axiológicos.

Si la ética son preciados valores o virtudes arraigados como principios editoriales que tienden a orientar la práctica periodística, ¿cómo es posible “aprenderla” y promoverla cuando los medios no procuran la recurrencia o estímulo de comportamientos deseables o convenientes para elevar su calidad profesional y su sentido de responsabilidad frente la audiencia?

Aunque puede resultar harto discutible “enseñar” ética periodística habida cuenta que dicho concepto supone una apropiación individual de valores y principios personales y profesionales, lo cierto es que sí es posible incentivar la construcción de la conciencia ética a nivel individual y colectivo (que en realidad llamaríamos autorregulación). Así, más que enseñarse, la ética periodística puede aprenderse y aprehenderse (apropiarse de conocimiento vivencial e intelectual) a través de:

  1. El cuestionamiento y la disección observadora del entorno.
  2. El análisis y la crítica de los hechos y los actores sociales.
  3. El rescate y desmenuzamiento de prototipos o modelos de valores en acción.
  4. La promoción de la reflexión y el debate sobre casos paradigmáticos.
  5. La exploración y discusión grupales de temas, problemas y dilemas comunes.
  6. El estímulo, promoción y respaldo a pensar, discutir y actuar de acuerdo con un soporte deontológico.
  7. La autorrevisión o introspección de valores, principios y aspiraciones personales.

Los anteriores son algunos caminos no para “enseñar” ética sino para acercarse y aprender del ejercicio comunicacional y aprehender éticamente de:

  1. La experiencia propia,
  2. La memoria de las experiencias de otros,
  3. El consejo de quien más sabe,
  4. El análisis axiológico desde la perspectiva de la academia, y
  5. La revisión de lo que cada quien piensa, cree, siente y valora ante nuevas circunstancias.

Fuentes

Fernando Savater, “¿De qué sirve la ética para los jóvenes? La educación es el momento adecuado de la ética”… Universidad Simón Bolívar (Caracas, Venezuela), En Ética y ciudadanía, Caracas: Monte Ávila, 1999. Tomado de http://www.analitica. com/bitblioteca/savater/education_etica.asp

Jorge González Sánchez, “Aprender Filosofia y Ética”. Tomado de http://ixtliaf.blogspot.com/2010/02/aprender-filosofia-y-etica.html

Fernando Bárcena Orbe, “El aprendizaje como acontecimiento ético. Sobre las formas del aprender”. Universidad Complutense de Madrid. Departamento de Teoría e Historia de la Educación. Madrid, España. Enrahunar Núm. 31, 2000. pp. 9-33.

Silvia Noemi Galeano Báez, “El docente, la enseñanza y su formación ética”. Tomado de: http://www.monografias.com/trabajos69/docente-enseanza-formacion-etica/docente-enseanza-formacion-etica.shtml

Hector Zagal y Jose Galindo M., Ética para adolescentes posmodernos, Publicaciones Cruz O, México DF, 2007

Fischer Robert, Valores para pensar, Ediciones Obelisco, Barcelona, España, 2006.

 

Profesor e investigador de la UAM Cuajimalpa. Director de RMC.

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