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Las salas de redacción en el siglo XXI y el periodismo de largo aliento

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  • Quizá las redacciones ya no son lo que eran, pero no hay tecnología alguna que sustituya el trabajo en equipo de un grupo de especialistas, imprescindible  para ofrecer a la sociedad la información que necesita para ser libre y autogobernarse.
  • Los ideales del propio García Márquez, “contar historias”, y de Galeano, “dar voz a los que pierden”,  aún son el eje de la labor periodística, aunque cambien los instrumentos, los métodos y las formas.

 

Fotografía: "El País de España" por Esther Vargas @ Flickr

Fotografía: “El País de España” por Esther Vargas @ Flickr

Por Maricarmen Fernández Chapou

Las salas de redacción han poseído a lo largo de la historia algo de mítico y de romántico. Los periodistas de la vieja guardia suelen referirse a ellas como quien recuerda un antiguo amor. Y es que en ellas, al menos hasta hace unos 50 años, se libraron batallas en las que se ha ganado o perdido el valioso honor del respetado periodista. Sin ir muy lejos, este fragmento escrito por Gabriel García Márquez en “El mejor oficio del mundo”, da cuenta de ello:

Hace unos cincuenta años no estaban de moda las escuelas de periodismo. Se aprendía en las salas de redacción, en los talleres de imprenta, en el cafetín de enfrente, en las parrandas de los viernes. Todo el periódico era una fábrica que formaba e informaba sin equívocos, y generaba opinión dentro de un ambiente de participación que mantenía la moral en su puesto. Pues los periodistas andábamos siempre juntos, hacíamos vida común, y éramos tan fanáticos del oficio que no hablábamos de nada distinto que del oficio mismo. El trabajo llevaba consigo una amistad de grupo que inclusive dejaba poco margen para la vida privada. No existían las juntas de redacción institucionales, pero a las cinco de la tarde, sin convocatoria oficial, todo el personal de planta hacía una pausa de respiro en las tensiones del día y confluía a tomar el café en cualquier lugar de la redacción. Era una tertulia abierta donde se discutían en caliente los temas de cada sección y se le daban los toques finales a la edición de mañana. Los que no aprendían en aquellas cátedras ambulatorias y apasionadas de 24 horas diarias, o los que se aburrían de tanto hablar de lo mismo, era porque querían o creían ser periodistas, pero en realidad no lo eran.

Los tiempos han cambiado. Como dice el periodista y escritor uruguayo Eduardo Galeano, ese “mundo mágico de las imprentas, el olor del plomo, el universo del tipógrafo, los cuerpos de letras de hierro y de madera” casi han llegado a su fin:

Un mundo que se ha transformado mucho. El bullicio de las redacciones en las que yo me metí desde chico, el tableteo de las máquinas, el griterío, la humareda de los cigarrillos; eso cambió. Es un mundo más aséptico, ahora te metes en una redacción y parece que estuvieras en un hospital.

Quizá las redacciones ya no son lo que eran, pero no hay tecnología alguna que sustituya el trabajo en equipo de un grupo de especialistas, imprescindible para ofrecer a la sociedad la información que necesita para ser libre y autogobernarse. Los ideales del propio García Márquez, “contar historias”, y de Galeano, “dar voz a los que pierden”, aún son el eje de la labor periodística, aunque cambien los instrumentos, los métodos y las formas.

Así lo entiende, por ejemplo, Germán Castro Caycedo, el más importante periodista de investigación colombiano, quien habla de la pasión reporteril como “la sensibilidad y la observación que crece con la experiencia”, y está  –refiere Marco Lara–  “convencido de que la transformación de la empresa mediática, y en particular la informatización del trabajo del reportero, trajo ‘un cambio radical en la mecánica del oficio, mas no en lo fundamental. Siempre he pensado que el periodismo tiene que ver en forma irremediable con el ser humano, con su medio, su cultura, y por tanto sus sentimientos, sus expectativas, sus historias de vida, sus desafíos”.

Y es que ser periodista tiene también una carga emotiva. Muchos de los grandes del periodismo adoptaron esta profesión como un modo de vida; más aún, como una identidad inseparable de ellos mismos. Hedonistas, apasionados, valientes, intrépidos, osados y hasta héroes son adjetivos adjudicados a los cazadores de noticias.

Pero así como han sido admirados, los reporteros se han ganado en ciertos contextos un gran desprestigio. En la mayoría de los casos, ello ha sido consecuencia del mal uso del micrófono, del abuso del llamado cuarto poder, de la falta de ética y de profesionalismo de algunos miembros del gremio y de un sistema tanto mediático como social deficiente.

Por fortuna, el oficio se ha profesionalizado y cada vez existe una mayor presión hacia medios y periodistas por observar estándares éticos y profesionales estipulados a nivel internacional. Además, la sociedad civil cada vez exige mayor calidad.

 

Sobrevivir y aumentar rendimientos

En su camino hacia la multimediatización, es decir, al incursionar en medios virtuales y electrónicos, las empresas editoras de diarios han tenido que reorganizarse. En lugares como México, ese camino aún es titubeante pues, asienta Marco Lara Klahr, “el reportero de investigación o el que ejerce el periodismo de proximidad, y aquel productor de noticias característico de las sinergias productivas constituyen fuerzas en tensión”. Algunos de los riesgos que corren los periódicos en ese camino los explica así el mismo Lara:

Sobrevivir y aumentar rendimientos exige a las empresas optimizar costos, actualizarse tecnológica, financiera y mercadológicamente, y diversificar sus fuentes de captación publicitaria. Para ello deben contener los salarios de sus periodistas y obtener del trabajo de éstos el mayor volumen posible de subproductos noticiosos (breves y perezosas notas para la versión on line, y en audio o video para los medios electrónicos); privilegiar los contenidos espectaculares sobre los útiles, y estrechar con anunciantes  oficiales o privados  lazos que deriven en connivencias y sumisiones, perniciosas sin duda para el derecho a la información.

Peor aún, el mayor peligro para los diarios es que, al buscar el menor costo y la mayor cantidad de datos y formatos, implique dejar de lado la calidad de los contenidos y los valores profesionales que debiera atender. Esto, en contraposición con la exigencia cada vez más alta del lector participativo, así como de la sociedad civil como nuevo actor en el proceso de producción informativa, ha ocasionado en gran medida la llamada crisis del periódico: “Tal entramado de factores se traduce en pérdida de competitividad de los diarios y explica el desplome de sus tirajes o su desaparición”, advierte Lara Klahr.

Pero ante eso han surgido alternativas más equilibradas que ofrecen un panorama más alentador. Las redacciones integradas, son un ejemplo. Éstas, apropian un proceso multidimensional que, facilitado por la implantación generalizada de las tecnologías digitales de telecomunicación, afecta al ámbito tecnológico, empresarial, profesional y editorial de los medios de comunicación, propiciando la integración de herramientas, espacios, métodos de trabajo y lenguajes anteriormente disgregados de forma que los periodistas elaboran contenidos que se distribuyen a través de múltiples plataformas, mediante lenguajes propios de cada una.

Según el periodista Ramón Salaverría, “el futuro de los medios de comunicación actuales se juega en las redacciones”, y de su adaptación depende el perfil del periodista y de los negocios de la información. Para el autor español, “la oportunidad para reconvertir la organización de las empresas periodísticas del siglo XX en empresas informativas del siglo XXI, es la convergencia periodística”.

Esta reconfiguración de las redacciones de periódicos requiere, en primer  lugar, adaptar las nuevas herramientas multimedia a las tradicionales y hacer que funcionen juntas. En segundo lugar, que el periodista que trabaja en los nuevos grupos multiplataforma tome conciencia del entorno y adapte su perfil profesional, “entendiendo las reglas de la nueva relación con el público, anticipándose a los cambios que se imponen en la estructura interna e interiorizando las claves de la edición multiplataforma”, advierte Salaverría. La flexibilidad laboral y los cambios en cuanto a los espacios y el tiempo son dos rasgos inherentes a la Sociedad de la Información.

 

Un cambio cultural

Se observa, asimismo, una convergencia de tipo cultural, en la que los consumidores también son creadores de contenidos (prosumers, de la unión de producer y consumer). Aquí, como sostiene el investigador Henry Jenkins, estamos ante una “nueva audiencia empoderada por computadoras, teléfonos móviles y aplicaciones interactivas”. Consecuencia de esto es la segmentación de mercados y mayores retos para la calidad de la información que reciben los ciudadanos.

Para algunos teóricos contemporáneos, en la actualidad no se concibe ningún medio de comunicación tradicional que, al margen de su canal de distribución específico, no utilice Internet como soporte para distribuir sus contenidos. El paso del medio lineal al medio en red implica profundas transformaciones en la estructura, la organización, la relación con la audiencia y el propio negocio de los medios de comunicación. No obstante, es fundamental combinar la veteranía profesional con el conocimiento digital, y tender hacia un periodismo integrado.

La digitalización de la producción informativa y la consolidación de internet como medio de comunicación social y soporte de distribución de contenidos han alterado los esquemas de los medios de comunicación tradicionales; sin embargo, los roles del periodista como profesionista con responsabilidad social y ética, y al mismo tiempo como pieza de la dinámica industrial, pueden coexistir “siempre y cuando los criterios de independencia, autonomía y profesionalización estén bien asentados en su ejercicio periodístico, y que, cual sea el medio para el que trabaje, tenga criterios de calidad progresiva y actualización”, resalta Lara Klahr.

La diferencia, sustitución o negociación entre los periodistas profesionales (los veteranos de la investigación) y los reporteros-clon (los multiusos posmodernos, en palabras de Lara), se jugarán en su ejercicio diario: la cobertura de las noticias. Así, como adelanta Marco Lara, ante los tiempos difíciles en el periodismo, “sobrevivirán los reporteros independientes que persistan y se pertrechen con armas para investigar y narrar” la realidad social.

Gabriel García Márquez señala en su reflexión en torno al “mejor oficio del mundo”:

[Hace 50 años] el periódico cabía entonces en tres grandes secciones: Noticias, crónicas y reportajes, y notas editoriales. La sección más delicada y de gran prestigio era la editorial. El cargo más desvalido era el de reportero, que tenía al mismo tiempo la connotación de aprendiz y cargaladrillos. El tiempo y el mismo oficio han demostrado que el sistema nervioso del periodismo circula en realidad en sentido contrario. Doy fe: A los  19 años  siendo el peor estudiante de derecho  empecé mi carrera como redactor de notas editoriales y fui subiendo poco a poco y con mucho trabajo por las escaleras de las diferentes secciones, hasta el máximo nivel de reportero raso”.

En contraste, Ignacio Ramonet dibuja al periodista del siglo XXI de la siguiente forma:

En las webs de noticias on line, los “periodistas del papel” son relevados por una nueva generación de “freelance superexplotados” no menos abusados que los precarios de la prensa escrita. Xavier Ternisien describe así a los nuevos “esclavos de la información”: Media de edad: 30 años. Tez pálida de típico friki, estos drogados de informática se pasan el día delante de la pantalla […]. Hacen jornadas de 12 horas y guardia los fines de semana o las noches. Después de haber hecho estudios más largos que la mayoría de sus mayores y de haber adquirido una considerable experiencia en materia de Internet, esos jóvenes periodistas apenas consiguen un estatus de “operarios de la web”, de “enganchados al teclado”… Pero tienen dos fuertes convicciones: siempre ha habido “galeotes de la información”, y, en este caso, el futuro del periodismo les pertenece.

Y es que los diarios han sufrido también algunos cambios en cuanto a la organización de las noticias en las distintas secciones, sobre todo marcados por el diseño y la fotografía, sin mencionar que el periódico digital presenta cada vez con mayor claridad una personalidad nueva, con una estructura, un lenguaje y una interactividad con los lectores propios.

No obstante, los estándares en la conformación de la prensa siguen siendo  los mismos. El término prensa se refiere a un conjunto muy amplio y heterogéneo de productos informativos; cada publicación se refiere a un ámbito específico de la realidad e intenta tener una personalidad y estilo propio que le identifique y diferencie del resto.

 

Internet y periodismo

La inmediatez, la competitividad y las nuevas maneras de recopilar información están configurando al periodismo actual. La forma de trabajar de los periodistas está cambiando. La Encuesta de medios de PRWeek y PR Newswire 2010 reveló que hay importantes incrementos en el uso de las redes sociales por parte de reporteros con respecto a años anteriores: el 37% de los periodistas tradicionales mantiene una cuenta en Twitter; el 39% manifiesta escribir para algún blog como parte de sus deberes profesionales; el 46% asegura utilizar los blogs para investigar y el 33 % redes sociales.

Es decir, hoy Internet y las herramientas que éste nos brinda se convierte en un factor clave para el desarrollo del periodismo, ya sea como una fuente de información o como una herramienta útil para generarla.

A través de la red se distribuyen en la actualidad miles de fuentes susceptibles de contener información útil para los periodistas: páginas web, bases de datos, obras de referencia, informes técnicos y científicos, y nuevos sistemas de obtención de información como los foros o el correo electrónico. Aunque para muchos las redes sociales son espacios de entretenimiento, para el profesional de la información se están convirtiendo en una herramienta de investigación.

Esto ha permitido establecer conexiones con sus fuentes y conseguir información de una manera más rápida y, en muchas ocasiones, sin salir de la redacción. Asimismo, blogs, Facebook y Twitter marcan tendencias en la agenda informativa, por lo que suelen ser utilizados para medir el pulso de la opinión pública y las tendencias temáticas. Muchas veces de esos foros surgen pistas que el periodista puede seguir en su búsqueda de la noticia.

Todos los días se registran 300 mil nuevos usuarios en Twitter. También, son generados 55 millones de tuits en menos de 24 horas en todo el mundo y 20% de los habitantes en Venezuela ya se han sumado a esta red, según se corroboró en Chirp, conferencia anual de Twitter. Se trata de un torrente de información, de datos y testimonios que son publicados día a día en 140 caracteres y que comienzan a tener relevancia en la profesión del periodista.

Pero entre tanta información, ¿es Twitter realmente una herramienta útil en el medio periodístico? Para el periodista español y Consultor en Organización e Integración de Redacciones, Toni Piqué, Twitter se ha convertido en un elemento práctico y mandatorio a la hora de realizar una investigación:

Es una herramienta colosal para el reporteo, para el trabajo con las fuentes. Al menos permite al periodista publicar información con inmediatez a los hechos y tener a mucha gente ayudándole en la fase de reporteo. La capacidad del periodista se multiplica con Twitter.

Como en el caso de las fuentes tradicionales, el uso de este tipo de fuentes de información debe también estar regido por las normas de verificación, responsabilidad social y ética periodística. Al ser un campo abierto a cantidades colosales de información y opinión de origen muy diverso, el periodista debe tener la competencia profesional para discernir los rumores de las noticias o las fuentes fiables de las que no lo son, así como cuidar con mayor ahínco la veracidad de los datos que obtiene por estas vías.

Si bien herramientas como Twitter tienen límites  –140 caracteres es poco para explicar o analizar un asunto–, pueden ser recursos que ayuden con eficacia al periodista en su labor. Tampoco la cercanía entre evento y publicación garantiza la precisión. Como toda herramienta, se puede usar bien o mal.

Otra ventaja de las redes sociales en el periodismo es invitar a los usuarios a participar y convertirse en fuente para investigaciones periodísticas. Además, permite trabajos colaborativos con resultados interesantes, como es el caso de Reporting Networks, del medio digital ProPublica, que realiza investigaciones de denuncia en Estados Unidos:

Un mayor acceso a más información –sostienen Reddick y King–  sólo puede llevar a un mejor periodismo. “[…] Lejos de reducir el papel del reportero al de filtro de la información, la explosión del acceso a un amplio rango de fuente hace que su rol como informador tenga más valor. Los periodistas podrán desarrollar historias mucho más rápido. Y sobre todo, los reporteros serán los únicos en situación de sintetizar la información, proveniente de tantas y dispares vías, que sea relevante para sus lectores.

De este modo, incorporar fuentes virtuales al trabajo del periodista representa grandes retos que exigen preparación, capacitación y sobre todo, profesionalismo. No obstante, hay que reconocer que pueden ser utilizadas para un mejor y más profundo trabajo informativo.

 

Referencias

García Márquez, G. (1996) El mejor oficio del mundo. Discurso ante la 52ª Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), Los Ángeles, EE.UU., 7 octubre 1996. www.fnpi.org/fileadmin/documentos/imagenes/…de…/elmejor.pdf

Lara Klahr, M. (2005). Diarismo. México: E.

Ramonet, I (2011). La explosión del periodismo. Madrid: Clave Intelectual.

PRWeek/PR Newswire Media Survey (2010): Recuperado el 30 de septiembre de 2001 de http://multivu.prnewswire.com/mnr/prnewswire/43321/

Franco, C. (2010) “Los periodistas potencian el uso de las redes sociales”. Recuperado el 1 de octubre de 2012. http://www.tendencias22.net/Los-periodistas-potencian-el-uso-de-las-redes-sociales_a4462.html

Profesora investigadora del Tecnológico de Monterrey, campus Ciudad de México.

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