Periodismo productivo

  • Radiodifusoras que apuestan a su promoción están dispuestos a invertir cantidades exorbitantes de dinero o, tal vez, padre e hijo son socios del negocio.
  • Los nuevos tiempos requieren de poner atención más en la información que en la Presidencia de la República o en las opiniones de los secretarios de Estado.
    Fotografía: "Radio y Televisión de Aguascalientes fortalece su propuesta informativa" por Gobierno de Aguascalientes@ Flickr

    Fotografía: «Radio y Televisión de Aguascalientes fortalece su propuesta informativa» por Gobierno de Aguascalientes@ Flickr

Por Jorge Meléndez Preciado

Publicado originalmente en RMC 73

El padre tiene más de 150 millones de dólares. El hijo, la tercera parte. Ambos, que estuvieron años en la televisión, hoy conducen sendos programas de radio. En septiembre pasado, según las estimaciones de INRA, el primero tiene 0.08 de las preferencias en su momento más importante y el segundo 0.14, es decir: una cantidad de radioescuchas muy limitada, casi en los últimos lugares de una tabla de 56 emisoras en el cuadrante capitalino.

La publicidad en anuncios espectaculares y en planas completas de diarios afamados –del hombre de las gafas–, y de revistas y periódicos –en el caso del cachorro–, son impresionantes. Todas las semanas hay, cuando menos, dos por medio. En ocasiones con un costo mayor a los cien mil pesos por inserción. Los radiodifusores que apuestan a su promoción están dispuestos a invertir cantidades exorbitantes de dinero o, tal vez, padre e hijo son socios del negocio. Aunque, a estas alturas, la publicidad sirve de poco si se carece de credibilidad. Algo que se gana esforzadamente, con atención al público, siendo plural, aceptando que los tiempos nuevos requieren de poner atención más en la información que en la Presidencia de la República o en las opiniones de los secretarios de Estado.

Hace poco, el joven de la familia entrevistó largamente al secretario encargado de sacar adelante el nuevo aeropuerto que se construirá en Texcoco, Estado de México. El informador censuró a los diputados porque no entendían el nuevo gobierno, ponían obstáculos a las obras vitales del país y ni siquiera hacían bien su trabajo. Todo porque, dijo un conocedor del asunto, los miembros de esa familia, hoy muy críticos de la oligarquía televisiva a la que sirvieron sin chistar, desean una concesión radiofónica. Para ello, nada mejor que servir a quienes próximamente otorgarán las licencias respectivas.

El más añejo fue el vocero, siempre puntual y oficioso, de los mandatarios en turno. Nunca se perdió en las dudas. Más bien tuvo las certezas de que sirviendo al poder y denigrando a la oposición se avanza.

Como es lógico, hay un periodismo productivo. Tanto que permite amasar grandes fortunas, seguir en la jugada y, lo mejor, tener planes para hacer el trabajo de siempre: la información sesgada.

¿Nuevos tiempos?

 

Tapeteros

Les dicen Luxor y Mojok. Como si fueran dos tapetes que pudieran ser utilizados para que los pisaran los afamados. Ellos se han quejado. Sus medios también. Dicen, unos y otros, que en realidad la tarea de esos reporteros es conseguir las primicias en Los Pinos. Lugar, indudablemente, donde se producen informaciones trascendentes, de primer nivel.

Mucho se ha hablado de Woodward y Bernstein. Ambos, lejos de quedar bien con el inquilino de la Casa Blanca, lo desafiaron. Historia controversial porque algunos dicen que en realidad fue una jugada de la CIA y el FBI contra Nixon. Aunque otros, como Ben Bradlee, en su libro La vida de un periodista (Ediciones El País), relata que la batalla de la prensa es siempre descubrir las maniobras e intolerancias del poder. Pero, manejo político o enfrentamiento con el gobierno, lo que deja la enseñanza de Watergate es que el reportero no debe ser nunca el confidente, el correveidile, el cercano de los mandatarios. Más bien debe utilizar sus fuentes para ver qué descubre, en dónde se teje la alfombra en lugar de ser la misma.

Periodo difícil el de los que están en la Presidencia. Las giras, las relaciones, las cercanías van mellando el ánimo, haciendo dudar la mano que empuña la pluma, distorsionando la visión de lo que realmente sucede. La lejanía del príncipe es indispensable para el crítico, decía con razón Octavio Paz. Aunque él en sus días postreros se sentara complacido con Ernesto Zedillo o, antes, aceptara que Carlos Salinas le diera posibilidades de influir en el Conaculta. Si eso le ocurrió al Premio Nobel, la situación de los tecleadores es más difícil: compleja. Pero justamente de eso se trata: evitar la contaminación que producen el poder y los poderosos.

 

Encuestología

—Bueno, señor Ortiz, le hablamos para decirle que hoy la encuesta del canal va a ser sobre la popularidad de Vicente Fox. Sobre todo luego de que esos medios, que publican babosadas, se dedican a la mala leche y no paran de criticarlo. Por lo tanto afine sus estrategias.

—Gracias, Emilio Salinas, estaré al tanto y pondré en acción los mecanismos necesarios.

Cada noche, hay para todos los gustos en los programas informativos de la pantalla chica. Pero en ocasiones resultan sorprendentes. Mientras las encuestas de diarios y empresas de opinión muestran que la popularidad presidencial va en descenso,  con un deterioro de 15 a 20 puntos, en las televisoras –que siguen concesionadas y pueden ser sancionadas incluso con la pérdida de su permiso–  la aceptación de esta administración va de 80 a 85 por ciento de los que supuestamente hablan para dar su opinión.

El teórico Giovanni Sartori, de visita en la República Mexicana, dijo que tal tipo de sondeos tienen un sesgo de 20 a 50 por ciento y su credibilidad es casi nula. Pero lo que no sabe el politólogo es que muchas veces hay mano negra de las autoridades. Cuando menos eso afirma una fuente confiable de las oficinas de comunicación gubernamental.

También, dice el mensajero, hay envío de emilios o correos electrónicos a quienes son muy críticos de las actuales políticas oficiales y lo manifiestan en sus escritos. ¿Será?

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