El periodista, en un hilo

  • Tiempos nuevos que tienen una receta vieja: El que paga manda.
  • Los medios de comunicación en los comicios electorales del año 2000.
"Dinero". Rafa Otero @Flickr

«Dinero». Rafa Otero @Flickr

Por Jorge Meléndez Preciado

Publicado originalmente en RMC 74

¡Llegó el dinero!

Era marzo del 2000. Faltaban cuatro largos meses para los comicios presidenciales. La popularidad de Francisco Labastida iba notoriamente a la baja. Por más que sus asesores decían: “la estrategia es permitir un descenso para luego repuntar”, se notaban nerviosos, desesperados. Máxime que en los medios ya no había tanta propaganda en su favor de manera directa o por interpósita persona. En diferentes radiodifusoras, incluso, se decía que no darían más crédito al PRI, ya que de perder las elecciones no pagaría sus adeudos. En ocasiones anteriores, al conseguir el máximo puesto de la nación el candidato del partidazo, de muy diversas maneras, se ponía a mano con los dueños de estaciones que habían dado facilidades, lo mismo al liquidar sus facturas que al otorgarles nuevas concesiones en donde se podía. Pero en esta ocasión era diferente. La contienda estaba muy cerrada y Vicente Fox llevaba paso ganador. La conductora de un informativo me dijo entonces: 

De la que nos libramos. Como ya no fluye el dinero priista a la emisora, no habrá necesidad de entrevistar a diferentes personajes, incluidos abogados e intelectuales, que aparentemente son neutrales pero en el fondo son piezas del ajedrez gubernamental a favor de Pancho.

De esa manera me enteré que, como en el caso de las gacetillas sin una distinción específica, en radio muchas conversaciones son pagadas: mera propaganda. Hay que ponerle el balón a modo al interrogado para que dispare a plenitud y pueda meter el gol. Pero la independencia duró poco. Un mes después, por arte de magia, fluyó nuevamente la lana. Volvieron las añejas prácticas de soslayar o darle un espacio limitado a la oposición en programas aparentemente informativos y reforzar, a como diera lugar, los puntos de vista de quienes estaban en favor del sistema.

¿Sería que los desvíos en PEMEX posibilitaron los recursos para intentar reposicionar a Francisco en el ánimo popular? Tal vez. El resultado, todos lo sabemos: ni así logró triunfar quien dejó ir 30 puntos de ventaja por arrogancia, mala campaña, desbarajuste en su equipo o por ser un perfecto fracasado (Madrazo dixit). Pero lo importante es notar que la imparcialidad radiofónica no siempre existe.

 

Intocables

Se ha dicho en varios foros: Hoy los ricos, más que los políticos, son los intocables. Ello lo observamos en la mayoría de los diarios. Trate usted de atacar a Carlos Salinas cotidianamente. Intente decir que Slim hace mal sus negocios cada día. Pretenda señalar a Roberto Hernández y se las verá ante los juzgados, por más que éste pierda la demanda. Propóngase señalar las equivocaciones mundiales de Roberto González Barrera y verá lo que sucede. La lista no es muy larga pero sí muy efectiva. Cuando menos eso dicen algunos compañeros, los más audaces y combativos, quienes junto con los moneros han sufrido rechazo a sus trabajos, porque, en el caso de los reporteros, no hay verificación de sus fuentes. No obstante que en muchas ocasiones existan documentos probatorios al respecto. Y es que las cuestiones perniciosas del llamado neoliberalismo no hay que buscarlas solamente en los índices de mortalidad, desempleo, drogadicción, delincuencia, prostitución infantil y pobreza extrema, sino en un capítulo que no hemos explorado: la limitación en las libertades de expresión respecto a los negocios de unos cuantos. Es más: algunos de estos santos barones son hoy quienes no sólo aparecen en las páginas de sociales –donde siguen acaparando la atención– sino en los grupos altruistas para el apoyo a la infancia desvalida, la rehabilitación del Centro Histórico, el estudio del tránsito a la democracia y hasta el desarrollo de medios de difusión. Tiempos nuevos que tienen una receta vieja: El que paga manda.

 

…Y dijo adiós

Relata un compañero de tareas que en la reunión estuvieron los conductores de los noticiarios más importantes: Ana María Lomelí y Ramón Fregoso, Jorge Zarza y Ana Winocour, Pablo Latapí y Lily Téllez, desde luego, Javier Alatorre y Rosa María de Castro. El jefe llegó enojado. Se había proyectado en la estación una investigación que hizo esta última donde una maquiladora era criticada. Amigos cercanos le reclamaron por esa noticia que los desprestigiaba. Reclamó, the boss, de mala forma. Incluso subió el tono de la voz y hasta dejó escapar algunos exabruptos.

Todos estaban muy serios: espantados. No esperaban algo parecido. Se suponía que la Fuerza Informativa no tenía amarres, era libre realmente. Pero no. Entonces se escuchó algo que nadie esperaba: “No acepto ese trato. Renuncio”. Palabras dichas con firmeza, categóricas, sin esperar que hubiera rectificación.

Rosa María de Castro tomó sus pertenencias y la salida. Luego, por extrañas razones, hubo una baja importante en la cúpula. Pero el incidente demuestra que el periodista trabaja en un hilo. Sabe qué día empieza pero jamás cuándo termina un ciclo. El cuento anterior puede variar, pero la realidad es más categórica que la misma muerte.

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