RMC es una publicación del Departamento de Ciencias de la Comunicación - Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Cuajimalpa

Colonialismo académico

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El Océano Atlántico sigue estableciendo barreras en la comunidad científica hispanohablante sobre comunicación. Apenas llega a España lo que se investiga y se publica en América Latina y viceversa. Las revistas y libros no consiguen traspasar las fronteras, salvo algunas excepciones. En la actualidad Internet está propiciando otras aproximaciones.

Las publicaciones sobre comunicación han alcanzado un número elevado de títulos. Varias editoriales españolas y latinoamericanas han apostado por ellas debido al enorme incremento de alumnos en las facultades de Comunicación, al elevado ascenso de profesionales por el aumento de canales y al amplio interés que este campo ha despertado en otros ámbitos del saber y en la sociedad en general. Dentro de estos libros hay muchos orientados a la enseñanza. Como ha ocurrido en otras ciencias, esos manuales permiten acotar determinados terrenos, clarificar el alcance de cada materia y sus relaciones con otras, además de definir conceptos.

Tales aportaciones requieren en general una investigación por parte de los autores debido a que no existen obras precedentes. En otros campos esas publicaciones están descartadas de la contribución a la investigación, pero en el de la comunicación –como ha ocurrido con otros recientes o antiguos donde existen diversos manuales cada uno con enfoque diferente– dichos trabajos son imprescindibles para remarcar la atención sobre cuestiones importantes y precisas, investigar las aportaciones de diversos autores, sistematizar la materia e introducir las metodologías empleadas. Es una fase inicial y de transición. Los manuales siguientes renovarán los conocimientos, pero se construirán sobre bases ya consolidadas.

Antes de iniciar cualquier investigación se requiere conocer las aportaciones efectuadas hasta ese momento. Es el estado de la cuestión. Los manuales aportan la situación de los conocimientos aportados en cada uno de los campos específicos. Cumplido tal requisito, se pasa a la fase siguiente en la que cada conjunto de saberes se desparrama por un sinfín de objetos de investigación con aportaciones de diversas metodologías.

Junto a esos libros, las editoriales han insistido en otros en forma de ensayo o argumentaciones de un conocimiento o como resultado de una investigación o del planteamiento de una teoría destinados a los investigadores. Pero esta orientación, salvo excepciones, apenas tiene alcance.

Los libros, caros ya en el propio territorio por las tiradas bajas de ejemplares, alcanzan precios más elevados en los demás países por los impuestos aduaneros, lo cual frena su compra por parte de profesores e investigadores. No obstante, hay editoriales que siguen apostando por esta difusión mediante la creación de filiales o acuerdos con otras en varios países o buscando ayudas y colaboraciones con instituciones y empresas para que tales libros sean asequibles a los destinatarios. En esos casos, las fundaciones e instituciones cumplen un papel gratificante de difusión. Pero lo que más sigue pesando es la escasa información de los mismos. En contadas ocasiones aparecen en los escaparates de las librerías y apenas hay una sección especializada en el interior o no se incorporan en las reseñas de las revistas.

La difusión logra mayor rapidez en las revistas. Existe una amplia gama de publicaciones sobre comunicación en habla hispana, pero muy centradas en temas y situaciones del propio país o territorios locales, sin planteamientos globales ni de interés general y escasamente presentes en los ámbitos de la comunidad científica internacional que sigue teniendo el inglés como idioma más común.

Resulta preciso fortalecer el reconocimiento del idioma español como recurso de difusión mundial de la investigación de comunicación. Hay autores de habla hispana que para alcanzar mayor difusión buscan denodadamente publicar en las revistas de habla inglesa o francesa. Pero no existe ninguna tendencia de investigadores de dichos idiomas para publicar en las revistas de habla hispana, y hasta que eso no se consiga la lucha y presencia en el ámbito internacional será muy secundaria. Las publicaciones hispanas están llenas de citas anglosajonas y francesas, pero las revistas de habla inglesa y francesa apenas recogen una sola cita de algún artículo en habla hispana. Esta ausencia no es por falta de investigación sino porque no se logran superar las fronteras idiomáticas. Es un colonialismo vigente y que en el área de la comunicación sigue pesando mucho más que en otras.

Las revistas de habla hispana son numerosas y muy dispersas. Todas siguen en planteamientos generales y heterogéneos de la comunicación y, salvo alguna excepción, no se ha alcanzado todavía una especialización temática o de enfoque teórico avanzado. Existen varias en cada país, pero con escasa tirada de ejemplares y, además, apenas salen de las fronteras. Hay bastantes facultades y departamentos que editan una revista, pero no logran suscripciones ni ventas para su mantenimiento. Tiene que ser el impulso económico de alguna institución, generalmente pública, el que las soporte. Los intercambios y envíos gratuitos salen costosos y, en consecuencia, tampoco se llega a las bibliotecas de las facultades y departamentos de otros países. Faltan redes de distribución que las hagan llegar a todos los centros docentes y de investigación en comunicación. Por el contrario, las revistas de varias universidades de Estados Unidos han logrado ser rentables gracias a su comercialización mediante las ventas y, sobre todo, las suscripciones del interior y exterior del país que les da una supervivencia a medio y largo plazos.

Para que las revistas de escritura hispana sean reconocidas internacionalmente, deberán someter los artículos a la correspondiente evaluación de dos o más expertos antes de publicarse, sin que ellos conozcan a los autores y sin que los autores tampoco los reconozcan. Es la manera de dar un juicio valioso sin sometimiento a otros criterios. Aunque muchas revistas introducen Comités de Redacción y Comités Internacionales, son pocas las que realmente someten sus artículos a su evaluación. Se incorporan esos Comités por el prestigio de sus miembros, pero no para que desempeñen funciones evaluadoras. En las revistas de otros campos científicos reconocidas internacionalmente, eso se cumple a rajatabla, mientras que en el campo de la comunicación sólo lo realizan algunas. Hasta que no se consiga este nivel de exigencia tampoco se logrará el reconocimiento por parte de las instituciones evaluadoras de la investigación ni de la comunidad científica internacional.

Durante la última década se ha encontrado en Internet otra manera de difundir los resultados de las investigaciones. Son muchas las revistas que, además de tener su edición en papel, también ofrecen sus contenidos en la Red. Hay otras que han nacido exclusivamente en Internet y que con mayor o menor asiduidad incrementan los números. De ese modo se superan las fronteras y se ponen los resultados de las investigaciones al servicio de todos los investigadores. Pero hay que disponer también de una financiación y no siempre es posible. De ahí que sean muchas las que empiezan y pocas las que se mantienen con la periodicidad comprometida.

La comunidad científica no acaba de reconocer tal sistema de difusión debido a que, mucho más todavía que en las editadas en papel, no hay Comités de selección y, cuando se anuncian, se aprecia que tampoco actúan; es decir, se publica todo lo que llega, lo cual rebaja enormemente la calidad de la revista. Para el reconocimiento científico de las publicaciones en Internet hay que cumplir con los mismos requisitos de evaluación que en las revistas de papel.

Internet ofrece, además, otras oportunidades como las de algunos portales dedicados a resaltar la información de resultados de investigaciones y de los libros y revistas publicados, aunque es una tarea ardua recopilarla por la escasa difusión nacional y trasfronteriza previa de su existencia. Las editoriales deberían poner más empeño en que tales publicaciones llegaran al conocimiento de toda la comunidad de la comunicación, pero en la mayoría de los casos se conforman con depositarlas en determinadas librerías o simplemente con incluirlas en sus catálogos sin más difusión.

Esos portales también aportan información de la agenda de congresos, direcciones de editoriales y otros campos que examinados con detenimiento pueden satisfacer las necesidades de un investigador para conocer los trabajos de otros autores, intercambiarse información u organizar equipos internacionales de investigación usando la Red como recurso de trabajo en común y simultáneo. Es una vía que debería potenciarse y participar en ella para conocer mucho más lo que se investiga en el campo de la comunicación hispanohablante. No obstante, todavía se saca escaso provecho de esas posibilidades.  Esperemos que lo no conseguido por los libros ni por las revistas escritas, se logre por Internet con la rigurosidad científica exigida en cualquier otro campo y además sin océanos que nos distancien.

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