De satélites y sus implicaciones

Mariano Cebrián Herreros

Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid. Correo electrónico: marceb@ccinf.ucm.es

La  política  espacial  suele  estar  connotada  a  situaciones  de  guerra,  choque  de  galaxias,  satélites  de  espionaje  y  otros  elementos amenazantes  desde  las  alturas.  Al  contrario  de  esta  imagen  negativa,  emerge  otra  sobre  el uso  del  espacio  para  la  expansión  de  diversas modalidades  generales  y  particulares  de  comunicación  e  información  aplicadas  al  desarrollo  social.

El espacio aéreo se ha convertido en un ámbito estratégico de observatorios, comunicaciones, investigación para el desarrollo y también para el control, unas veces como espionaje y otras como seguridad para las sociedades. Precisamente frente a la concepción de los satélites, como el napal ideológico, es imprescindible reforzar la idea de las posibilidades de otras aplicaciones beneficiosas para la sociedad.

La política espacial está imbricada plenamente en los sistemas comunicativos e informativos en sus dimensiones tecnológicas, económicas, políticas y sociales. Es una política vinculada con las de estos campos por sus condicionamientos, repercusiones y aportaciones. La Unión Europea quiere estar presente en este espacio y para ello ha trazado también su propia política espacial.

El 26 de mayo de 2007, los 27 países de la Unión Europea acordaron un nuevo componente de sus políticas de comunicación. Se trata de la creación de la Política Espacial Europea en conexión con cada uno de los países miembros, además de Suiza y Noruega, y la Agencia Espacial Europea. Hasta ahora cada grupo actuaba de manera aislada e independiente. Se espera que con esta vinculación de fuerzas se fomenten otras sinergias que vayan en beneficio de todos los ciudadanos. La Agencia Espacial Europea cuenta ya con una experiencia de 30 años en el mundo de los satélites. Es la empresa lanzadera de los cohetes Ariane y una potencia económica superior incluso que la de la Unión Europea, ya que trabaja con un presupuesto anual de más de tres mil millones de euros.

El acuerdo sustenta una política orientada al uso de los satélites para diversas aplicaciones. En este nuevo planteamiento, las comunicaciones se ubican en un contexto más amplio y se supera la concepción restrictiva de la comunicación social. Esta política abarca todas las dimensiones espaciales, entre las cuales sobresalen las aplicaciones y desarrollo de las comunicaciones, la vigilancia del medio ambiente, los transportes y la seguridad, todas ellas con gran sacudida social.

Es una política que no nace por una iniciativa innovadora, sino por una respuesta a los avances de otros países que tratan de implantar su hegemonía sobre el espacio global. Según los datos difundidos por algunos medios, del 2000 al 2005, Estados Unidos lanzó 38% de los satélites; Rusia y Ucrania, 20% y los países emergentes como China e India alcanzaron 7% y 3%, respectivamente. La Unión Europea afronta la situación para defenderse, contrarrestar y promover una política espacial común. Hasta ahora, la Unión Europea apenas ha destinado 20% de lo que dedica Estados Unidos a las aplicaciones sociales de los satélites, pero con tal acuerdo se refuerza una concepción del espacio como elemento básico para el desarrollo conjunto de la Unión y particularmente de los países firmantes.

A pesar de estas diferencias en el desarrollo espacial, la Unión Europea ocupa un campo importante en el mercado mundial debido a que controla 40% del material necesario para la construcción de los satélites. La política espacial no sólo se refiere al uso y aplicaciones de los satélites, sino también al segmento terrestre que hace posible tanto el lanzamiento como el mantenimiento y seguimiento, así como a todo lo vinculado a estos aspectos: industria de fabricación de cohetes, satélites y otros equipos, análisis y explotación de la información obtenida y compraventa de servicios.

Lo relevante de todo ello no son las cifras, sino lo que se impone por encima de ellas, como es el control del espacio global para diversas actividades. Son planteamientos basados en el modelo deseado de sociedad. Frente a un modelo de control y hegemonía por las fuerzas controladoras del Estado o congregación de Estados para su permanencia en el dominio del propio y de otros países, surge el modelo que pretende llevar los beneficios de tal desarrollo directamente a los ciudadanos. El primero es un modelo de poder político y económico, el segundo es un modelo de apoyo y solidaridad ciudadana.

Con el acuerdo se pretende potenciar el sistema europeo de navegación por satélite, Galileo, concebido como un desarrollo propio de la Unión para la puesta en órbita de 30 satélites al estilo del GPS de Estados Unidos, aunque durante los últimos meses se ha visto frenado por diversas circunstancias. Ahora la Comisión Europea pretende inyectar unos dos mil 400 millones de euros para una mayor aceleración del proceso y una ampliación de sus funciones más allá de las aplicaciones a la ubicación de puntos y seguimiento de recorridos para los transportes y de orientaciones para los usuarios individuales.

También se quiere abarcar el amplio campo del servicio de información sobre medio ambiente y seguridad ciudadana con el proyecto GMES y el desarrollo satelital de los diversos sectores de la comunicación social, empresarial e institucional.

La política espacial común concierne, asimismo, a todo lo relacionado con la defensa de la Unión Europea y de sus países. Es un objetivo al que se ha opuesto reiteradamente el Reino Unido. Pero con la nueva orientación ofrecida por otros países para la aplicación a otras actividades relacionadas con la seguridad como la lucha contra las mafias, el terrorismo, el tráfico de drogas e inmigración ilegal, se ha conseguido que al final firmaran el acuerdo todos los países miembros. Esta modificación de enfoque ha sido resaltada por diversos representantes de los países como justificación de la fuerte inversión. La Unión Europea, como institución pública, contempló destinar al I+D del sector mil 435 millones de euros para el período 2007-2013. Frente a esta inversión, Estados Unidos dedica 12 mil 637 millones de euros en aplicaciones civiles y 15 mil 610 millones de euros en las militares.

El acuerdo rompe con una concepción del espacio como lugar de control militar para dinamizar otros usos. Se pasa a una visión nueva en la que los aspectos militares quedan contextualizados en otras dimensiones concernientes a la vida diaria de los ciudadanos. No todo lo que hay en el espacio es información y armamento militar, sino también poderes para el desarrollo de los pueblos. La cuestión radica en que no todos los países o consorcios de países pueden disponer de ese potencial para estar presentes en el espacio. De ahí que la nueva situación haya que verla también como un incremento de las desigualdades entre los pueblos y las personas. Quien domina el espacio, controla en gran medida la sociedad.

El relieve de este campo lo ponen de manifiesto algunos datos. Hay fuentes que señalan que ese sector mueve más de 90 mil millones de euros y que tiene un crecimiento anual superior a 7%. En particular, en Europa, durante 2005 se facturaron cuatro mil 400 millones de euros y se daba empleo a unas 28 mil personas. La Agencia Espacial Europea pronostica, a partir de la realidad actual y de su evolución, que para 2025 se alcanzará un volumen de 400 mil millones de euros. Si bien estos datos hay que tomarlos con cautela, especialmente cuando son a tan largo plazo, revelan la importancia del sector.

Asistimos al creciente valor otorgado al dominio del espacio como encrucijada de todas las dimensiones comunicativas: militares, empresariales, sociales, culturales. A la importancia dada en el campo de la comunicación social a los satélites, hay que añadir la relevancia de otros procesos comunicativos que se generan en la sociedad y que han encontrado en los satélites unas aplicaciones más amplias. Tampoco se trata ya de una concepción del espacio como algo propio de cada país. Se olvida que desde el espacio lejano, más allá de los límites aéreos propios establecidos para cada país, se tiene una capacidad para cubrir otros países y que si se enlazan varios satélites puede mantenerse una cobertura del globo terráqueo sin que pueda acusarse de que se invade el territorio particular de un país.

Por tanto, lo que se dilucida en esta cuestión es la hegemonía sobre el espacio por las grandes potencias y que va más allá del espacio aéreo que le corresponde a cada país, lo cual aumenta el control de algunos sin contrarresto posible de otros y se pierde, en consecuencia, un pluralismo enriquecedor para todos. Quien domina el espacio dispone de una información en todas sus variables sobre los demás, muy provechosa para usos propios, mientras el resto apenas sabe nada sobre el controlador.

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