La Academia Mexicana de la Lengua

“No obedecemos ciegamente los dictados que provienen de España”

Por Carmen García Bermejo

La Academia Mexicana de la Lengua ha cumplido 135 años de su fundación. Luego de ser correspondiente con la Real Academia Española y de insistir en su emancipación del viejo continente, ahora, se enfrenta al reto de consolidarse para proteger, desarrollar y enriquecer el idioma español que se habla en el país y ganar una fuerte presencia en la vida nacional.

Establecer cuál es el uso correcto del idioma español siempre ha causado polémica, debido a que es una lengua viva que se enriquece y retroalimenta a la par de la evolución de las sociedades. Y no es para menos. Se calcula que en el mundo 450 millones de personas hablan español, lo cual lo convierte en el cuarto idioma más amplio del planeta. Tan sólo en América Latina son 250 millones de hispanohablantes, de los cuales en México hay poco más de 100 millones, además de ser el país que posee 11 familias lingüísticas, 68 idiomas indígenas y 364 variantes dialectales. Una rica diversidad cultural.

La preservación, defensa y cultivo del español se desarrolló en México desde finales del siglo XVIII. Pero una vez alcanzada la independencia política de España, surgió la Academia de la Lengua (1835), cuyos fundadores se ocuparon de los asuntos lingüísticos y enriquecieron notablemente la bibliografía mexicana sobre la materia. Para 1870, la Real Academia Española de la Lengua determinó constituir academias americanas correspondientes cuyos fines coincidían con los que, desde su creación, había tenido la fundada en México. Así, en 1875 se inaugura la Academia Mexicana Correspondiente de la Española en casa de su primer bibliotecario y director Alejandro Arango y Escandón, ubicada en la antigua calle de Medinas número 6 (hoy República de Cuba No. 86), en la ciudad de México. La mesa directiva también fue integrada por Joaquín García Icazbalceta (secretario), Manuel Peredo (censor) y José María Roa Bárcena (tesorero).

A lo largo de sus 135 años de vida, a la Academia han pertenecido más de tres centenares de escritores, lingüistas, filólogos, gramáticos, filósofos, ensayistas, comunicólogos, jurisconsultos, dramaturgos, historiadores y científicos, como Manuel Orozco y Berra, Justo Sierra, Ignacio Montes de Oca, Federico Gamboa, Luis González Obregón, Manuel José Othón, Enrique González Martínez, Antonio Caso, Julio Torri, Ángel María Garibay, José Juan Tablada, Carlos Pellicer, Alfonso Reyes, José Gorostiza, José Vasconcelos, Jaime Torres Bodet, Salvador Novo, Juan Rulfo, Ignacio Bernal, Edmundo O’Gorman, Octavio Paz, Elsa Cecilia Frost, José Luis Martínez, Ernesto de la Torre Villar, Eulalio Ferrer y Alí Chumacero.

 

Paulatino desarrollo

Ya en el siglo XX, la Academia Mexicana organizó, en 1951, el primer congreso internacional de Academias, del cual surgiría la Asociación de Academias de la Lengua Española con 19 países. Dos años después, en 1952, el gobierno mexicano concedió un patrimonio en fideicomiso a la Academia Mexicana, la cual se constituyó entonces como asociación civil. Hasta entonces, había carecido de un domicilio oficial, pero en 1956 adquirió en propiedad la casa número 66 de la calle de Donceles, donde mantendría su sede hasta 2002.

En su casa de Donceles contaba con la Biblioteca Alberto Macías Carreño, creada con el fondo de origen que había sido colección particular de Alejandro Quijano, la cual fue adquirida por el gobierno y cedido a la Academia. Ahora este acervo está conformado por 25 mil volúmenes enriquecido con obras de los propios académicos o sobre ellos y constituye la más completa colección especializada en la materia. En su sede, la Academia también abrió un museo, cuya colección comprende autógrafos, retratos y objetos de académicos desaparecidos donados por particulares y a la colaboración de algunas instituciones públicas. Ahora, tanto la biblioteca como el muso permanecen en bodega porque en la nueva sede de la Academia no hay espacio para desplegarlos.

Desde sus inicios, en 1986, la Academia ha publicado sus Memorias, como testigos de la importante labor que realiza. De 1981 a 1982 se publicaron tres números del Boletín de la Academia Mexicana. Y en 1997 saca a la luz el Índice de mexicanismos y, en 2001, el Diccionario breve de mexicanismos, obra preparada por el académico Guido Gómez de Silva.

Es hasta el 11 de diciembre de 2001 cuando la Academia Mexicana Correspondiente de la Española cambió su nombre por el de Academia Mexicana de la Lengua. En ese mismo año, participó en la vigésimo segunda edición del Diccionario de la lengua española y después, en el Diccionario panhispánico de dudas (2005); en el Diccionario del estudiante (2005) y su edición especial para Latinoamérica; en el Diccionario práctico del estudiante (2007); en el Diccionario esencial de la lengua española (2006), así como en el Diccionario de americanismos (2010) y en la nueva Ortografía y el Diccionario histórico de la lengua española; en la edición de la Nueva gramática, cuyo texto básico fue aprobado por las 22 academias en marzo de 2007 y publicado en 2009, con una versión manual en 2010; en las tareas permanentes de puesta al día del Diccionario panhispánico de dudas, y en la preparación de la vigésimo tercera edición del Diccionario de la Real Academia de España.

En la actualidad, la Academia Mexicana de la Lengua (AML) está formada por 36 académicos numerarios, 24 correspondientes y cuatro académicos honorarios. La dirección de sus actividades está a cargo de una Mesa Directiva, compuesta de un director, un director adjunto, un secretario, un censor estatutario, un bibliotecario-archivero y un tesorero. Los cargos en la mesa directiva son honoríficos, no hay retribución económica.

Como asociación civil, los ingresos que obtiene son a través de diversos medios: los que la Academia gestiona ante la Cámara de Diputados cada año (2 millones para 2011); los recursos que solicita a el Conaculta, a través de proyecto presentado; las donaciones e ingresos propios por la renta de la Casa de Donceles 66 (Renta a la Editorial Jus), venta de realización de trabajos y las regalías por la venta de, por ejemplo, el Diccionarios de Mexicanismos.

A principios de 2001, se constituyó la Fundación pro Academia Mexicana de la Lengua, entidad privada presidida por Alejandro Burillo Azcárraga (Grupo Pegasso), y dirigida por Claudia Gómez Haro. Este organismo le entregó en comodato (2002) a la AML una nueva casa ubicada en el número 76 de la calle de Liverpool, colonia Juárez, que se ha convertido en su nueva sede. Pero, además, mensualmente le proporciona un donativo (aunque no se sabe de cuánto) para apoyar las funciones de la Academia. Asimismo, la Fundación Miguel Alemán AC le otorga ayudas en becas para los académicos y apoyos de coedición.

Aunque se desconoce el motivo de su decisión, en la historia reciente de la AML se registran dos renuncias significativas: la de Rubén Bonifaz Nuño, quien fuera electo el 19 de agosto de 1962, tomó posesión el 30 de agosto de 1963 y dimitió el 26 de julio de 1996. Gabriel Zaid, fue elegido el 20 de marzo de 1986, tomó posesión el 14 de septiembre de 1989 y renunció el 25 de noviembre de 2002.

 

Cambios de timón

En su sesión plenaria del pasado 10 de febrero, la AML eligió como su décimo sexto director, por un periodo de cuatro años, al filósofo y poeta Jaime Labastida para suceder a José G. Moreno de Alba. Él toma posesión de su cargo en un momento polémico donde escritores y filólogos han expresado sus críticas hacia el recién editado Diccionario de Mexicanismos y por la nueva ortografía razonada de la lengua española aprobada en la reunión de la Asociación de Academias de la Lengua Española, realizada en Guadalajara a finales de noviembre del año pasado.

Labastida explica en entrevista que la Academia tiene bien definidos sus objetivos en sus estatutos. Pero aún puede rendir muchísimo más a la sociedad mexicana:

-La AML tiene más de 135 años de haber sido fundada y debe tener una presencia muy fuerte en la vida nacional. Esto debe hacer que la Academia salga a la calle y proteja, desarrolle y se enriquezca de la lengua materna que nos es propia. En México hay carencias desde el punto de vista de la enseñanza del español: la gente lee poco y lee mal; escribe poco y escribe mal. Hace uno años se estableció la Fundación del Español Urgente (Fundeu) -que en mi carácter de director de la AML presido- y considero que es urgente revitalizarla, darle recursos para la enorme cantidad de consultas sobre el uso correcto del español que se le hacen. Pero no sólo eso. La Academia está fundada y a ella han pertenecido los mejores literatos del país que han escrito, fundamentalmente, en español, lo han enriquecido y han hecho aportaciones a la lengua española y a la literatura mundial.

El también autor de Elogios de la luz y de la sobra añade que así como todas las lenguas amerindias y el español han sido reconocidas en el país como lenguas nacionales se establezca que hay una lengua oficial:

“México carece de esto -afirma-. De hecho, la lengua oficial es el español, pero no de derecho. Bueno, ¿por qué no reconocer lo que es de hecho? Con el reconocimiento jurídico del español, se podrían derivar funciones más específicas para la Academia Mexicana de la Lengua.”

Otro de los proyectos que Labastida planea realizar es fundar, con la contribución de la AML, el Instituto Alfonso Reyes para enseñar la cultura, la lengua española y los idiomas de nuestro país fuera de México, al igual que existen el Instituto Dante Alighieri para enseñar el italiano, el IFAL para el francés, el Instituto Goethe para enseñar la cultura y la lengua alemanas, el Instituto Cervantes para enseñar el español peninsular, el Instituto Camus para el portugués:

“Éste -subraya- es uno de los propósitos que tengo, así como revitalizar Fundeu. Además, durante la gestión de José Moreno de Alva en la AML se crearon dos comisiones: Lexicografía y de Consultas, antes las consultas las respondía el secretario y ahora hay una comisión específica dedicada a esto. Pero esas consultas deben darse a conocer de una manera más amplia. Por ejemplo, la comisión de Lexicografía ha hecho dos aportaciones que la gente apenas empieza a valorar porque es la primera ocasión que la Academia logra eso: la realización del Diccionario de Mexicanismos, que para su segunda edición va a ser revisado, corregido y aumentado, y el Diccionario escolar.”

El también director de la editorial Siglo XXI resalta que es la primera vez que una academia que no es la Real Academia Española (RAE) hace un diccionario de este tipo que sirve de modelo a las 21 restantes academias para hacer sus diccionarios regionales:

“Anteriormente -apunta-, todos los diccionarios escolares los ha hecho la RAE. Es un orgullo lo que ahora ha realizado la Mexicana de la Lengua. No hacemos más porque no tenemos recursos. Pero estamos empeñados en ello. Es una aportación fuerte y un signo de independencia. Ahora, estamos a la espera de que la SEP establezca los recursos suficientes para hacer una gran edición. Tenemos la promesa de Alonso Lujambio, titular de la SEP, de entregar este diccionario a los alumnos de primer año de secundaria en todo el país, como si fuera un libro de texto gratuito.”

 

Las tildes y los puntos

Al preguntarle la sujeción a la que está expuesta la Academia Mexicana de la Lengua en relación a los dictados de la RAE, Labastida hace énfasis y asegura:

“La AML no obedece a la Española. Por el contrario, a instancias de México y específicamente de la AML se convocó al primer congreso internacional de las Academias, en 1951, antes no existía una Asociación de Academias de la Lengua Española. Aquí hay que subrayar el carácter deliberado que México tuvo con esa reunión: antes la relación era de cada academia con la Real Academia Española. Éramos correspondientes de ella. En la actualidad se le reconoce como la hermana mayor, pero ya no decide ella por sí sola. Ahora los acuerdos se toman por consenso en asamblea, en congresos y en comisiones interdisciplinarias de la Asociación. La relación es completamente distinta. Cuando en 1951 se hizo el congreso, la única academia que no acudió fue la española porque se los prohibió Franco y México no tenía relaciones con España. A partir de ahí surgió otro tipo de vínculo.”

-Entonces, ¿por qué no se opuso a lo recién planteado por la RAE para establecer la nueva ortografía razonada de la lengua española?, se le pregunta al escritor.

-Quiero resaltar que fuimos la única Academia, de las 22 existentes, que nos opusimos a la eliminación de las tildes diacríticos, de los acentos en los demostrativos y en el sólo adverbial. Dimos razones técnicas para ello. Entregamos el argumento no a la RAE sino a la Asociación de Academias, donde está incluida la RAE. Pero en la reunión previa al encuentro de Guadalajara 2010, la mayoría de las academias votó a favor de que fueran suprimidos. Ahí ganó la mayoría. Ya estando en Guadalajara y ante la polémica suscitada, la RAE dio marcha atrás a su propuesta. Ahora no hay una norma ortográfica en ese sentido, se puede usar como sea. Lo cual es un contrasentido porque la ortografía es la única parte de la gramática que tiene carácter de normatividad.

Labastida indica que a raíz de esa desazón, en México se van a seguir usando los acentos diacríticos y en España no; aquí se usará el punto después de las centenas y antes de los decimales, mientras que los españoles van a utilizar la coma:

“Esto es -reitera-, no obedecemos de manera irracional y ciega lo que dicta la Real Academia. Antes, las disposiciones se establecían en la RAE, el diccionario lo hacían ellos y registraban como lo correcto, lo hablado en el centro de España; es decir, en Madrid. Pero eso ha cambiado. Si se revisan las ediciones más recientes del diccionario de la RAE se encuentra con una enorme cantidad de mexicanismos. En la edición anterior aportamos más de 2 mil mexicanismos y, ahora, con todas las críticas que se le quieran hacer al Diccionario de Mexicanismos, considero que es un trabajo magnífico y que puede ser perfectible.”

 

Pasan las décadas y nada

La realidad es que en el pleno de directores y presidentes de la Asociación de Academias de la Lengua Española -reunidos en Guadalajara a finales de noviembre de 2010- acordaron, por unanimidad, que la “y” pase a llamarse “ye” y no “i griega”, y que los distintos nombres de la “v” se unifiquen en “uve” y que la “ch” y la “ll” dejen de ser letras del alfabeto. Desde antes de esa reunión, escritores incluso pertenecientes a la Real Academia Española, como Javier Marías y Arturo Pérez-Reverte manifestaron categóricamente su desacuerdo ante tales cambios. En tanto, el escritor Fernando Vallejo rechazó que, por ejemplo, la “v” pase en toda Hispanoamérica a llamarse “uve”, como se le denomina en España y entonces dijo: “No puede ser ‘uve’ porque entonces en ocasiones se escribe algo distinto a lo que se escucha. Por ejemplo el nombre del banco BBVA. Si yo lo escucho, deletrearía ‘b’, luego ‘b’, luego ‘u’, luego ‘b’ y luego ‘a’”.

En México son varios los filólogos y literatos que también alzaron su voz, no sólo por los cambios a las reglas ortográficas, sino a la edición del nuevo Diccionario de Mexicanismos. Uno de los más agudos críticos que ha diseccionado la nueva edición de la Real Academia Española (RAE) es el poeta Juan Domingo Argüelles, quien manifiesta en entrevista el descontrol que le causa este tipo de determinaciones que se toman para, supuestamente, emplear de forma correcta el español.

-La verdad me imagino -indica Argüelles- que la RAE actúa como si fuera la FIFA y el país que está en desacuerdo lo desafilian o lo desoyen. A esa Academia ingresaron personas relativamente jóvenes como Javier Marías y Pérez Reverte que, por supuesto, no podemos decir que sean ignorantes o de derecha. Lo asombroso es que un académico dice estar en desacuerdo con ciertas reglas de su propia congregación. ¿Qué no participaron en la redacción del diccionario? El detalle está en que, al ser un trabajo honorífico, sólo destinan una parte de su tiempo. Si la gente de las academias tuviera una remuneración, como sociedad podríamos exigirles que trabajaran.

El poeta advierte que cada edición del diccionario general de la RAE tarda en salir entre ocho y diez años, cómo pueden irse tantos errores.

-La edición del diccionario esencial de la RAE que he estado comentando en EL FINANCIERO -apunta Argüelles- ya trae un adelanto de las novedades que contendrá la nueva edición. Si ese diccionario es el más adelantado, pues es un desastre. Lo raro es que teniendo tantos años para revisarlo, bastaría con que a cada académico le tocara una parte para revisarlo para ir puliendo las definiciones. Pero, al parecer, no funciona así porque siguen apareciendo los mismos errores, las mismas observaciones que les hizo Raúl Prieto (Nikito Nipongo) hace 40 años siguen apareciendo como si nadie les hubiera dicho jamás nada. Han pasado las décadas y no han avanzado mucho. Es más: cada vez tiene más errores garrafales porque hay mexicanismos que están mal definidos. Por ejemplo, la palabra Chalupa, dicen que se trata de una tortilla de maíz grande y gruesa, cuando en realidad una chalupa no tiene que ver con esas características. Cuando uno halla estas definiciones, se pregunta: ¿Quién se las dio?, tuvo que ser la Academia Mexicana de la Lengua. Esto también revela que los académicos, por lo regular, nunca van al mercado o salen a la calle. Y, eso, es esencial porque los mexicanismos son palabras que usa popularmente la gente.

 

Adverbio o adjetivo

Existe un extenso documento donde la Academia Mexicana de la Lengua respondió a la consulta hecha por el equipo de Español al Día, de la Real Academia Española, en torno a la modificación de la regla ortográfica sobre el uso del acento diacrítico en el sólo adverbial y en los demostrativos sustantivos. La propuesta para la nueva edición de la Ortografía, aduce seis puntos para la supresión definitiva de la tilde.

Ésta es tan sólo una de las seis respuestas que le da la Academia Mexicana de la Lengua y así mostrar su oposición:

-La RAE señala que la tilde diacrítica tiene como función en el sistema acentual del español distinguir entre homógrafos tónicos y átonos. Así, se escriben con tilde diacrítica ciertas palabras tónicas que coinciden en su forma con palabras átonas de distinto significado y categoría gramatical (dé, forma del verbo dar, frente a de, preposición; él, pronombre personal, frente a el, artículo, etcétera). La oposición tonicidad/atonicidad es un requisito básico para la aplicación de la tilde diacrítica. Esa oposición no se produce en el caso de solo y los demostrativos, ya que estas palabras son categóricamente tónicas en todas sus funciones (como adjetivos determinativos o como pronombres, en el caso de los demostrativos; como adverbio o adjetivo, en el caso de solo).

Ante este argumento la AML considera que la tilde diacrítica es aquella que permite distinguir, por lo general, palabras pertenecientes a diferentes categorías gramaticales que tienen, sin embargo, idéntica forma. Los demostrativos han sido clasificados en las gramáticas del español como pronombres, debido a que históricamente están emparentados con los pronombres personales y constituyen un paradigma cerrado como éstos. De acuerdo con su funcionamiento y sus propiedades combinatorias, los demostrativos pueden ejercer las funciones propias del sustantivo o del adjetivo. Por lo tanto, sintácticamente, pertenecen a categorías gramaticales distintas. Los demostrativos adjetivos son dependientes del núcleo al que preceden y, por su funcionamiento, delinean el sintagma nominal al identificarlo y situarlo dentro del contexto de la enunciación: esta casa, este libro, aquel niño. Por su parte, los demostrativos sustantivos son por sí solos el núcleo del sintagma nominal, pues no necesita apoyarse en un elemento adyacente. Por su funcionamiento identifican y ubican una determinada entidad en el contexto: éste es mi padre; quiero ésta; he visto aquél.

 

Este reportaje se publicó en la Sección Cultural del periódico El Financiero, el miércoles 9 de marzo de 2011; p.p. 42 y 43