La Academia Mexicana de la Lengua

“No obe­de­ce­mos cie­ga­mente los dic­ta­dos que pro­vie­nen de España”

Por Car­men Gar­cía Bermejo

La Aca­de­mia Mexi­cana de la Len­gua ha cum­plido 135 años de su fun­da­ción. Luego de ser corres­pon­diente con la Real Aca­de­mia Espa­ñola y de insis­tir en su eman­ci­pa­ción del viejo con­ti­nente, ahora, se enfrenta al reto de con­so­li­darse para pro­te­ger, desa­rro­llar y enri­que­cer el idioma espa­ñol que se habla en el país y ganar una fuerte pre­sen­cia en la vida nacional.

Esta­ble­cer cuál es el uso correcto del idioma espa­ñol siem­pre ha cau­sado polé­mica, debido a que es una len­gua viva que se enri­quece y retro­ali­menta a la par de la evo­lu­ción de las socie­da­des. Y no es para menos. Se cal­cula que en el mundo 450 millo­nes de per­so­nas hablan espa­ñol, lo cual lo con­vierte en el cuarto idioma más amplio del pla­neta. Tan sólo en Amé­rica Latina son 250 millo­nes de his­pa­noha­blan­tes, de los cua­les en México hay poco más de 100 millo­nes, ade­más de ser el país que posee 11 fami­lias lin­güís­ti­cas, 68 idio­mas indí­ge­nas y 364 varian­tes dia­lec­ta­les. Una rica diver­si­dad cultural.

La pre­ser­va­ción, defensa y cul­tivo del espa­ñol se desa­rro­lló en México desde fina­les del siglo XVIII. Pero una vez alcan­zada la inde­pen­den­cia polí­tica de España, sur­gió la Aca­de­mia de la Len­gua (1835), cuyos fun­da­do­res se ocu­pa­ron de los asun­tos lin­güís­ti­cos y enri­que­cie­ron nota­ble­mente la biblio­gra­fía mexi­cana sobre la mate­ria. Para 1870, la Real Aca­de­mia Espa­ñola de la Len­gua deter­minó cons­ti­tuir aca­de­mias ame­ri­ca­nas corres­pon­dien­tes cuyos fines coin­ci­dían con los que, desde su crea­ción, había tenido la fun­dada en México. Así, en 1875 se inau­gura la Aca­de­mia Mexi­cana Corres­pon­diente de la Espa­ñola en casa de su pri­mer biblio­te­ca­rio y direc­tor Ale­jan­dro Arango y Escan­dón, ubi­cada en la anti­gua calle de Medi­nas número 6 (hoy Repú­blica de Cuba No. 86), en la ciu­dad de México. La mesa direc­tiva tam­bién fue inte­grada por Joa­quín Gar­cía Icaz­bal­ceta (secre­ta­rio), Manuel Peredo (cen­sor) y José María Roa Bár­cena (tesorero).

A lo largo de sus 135 años de vida, a la Aca­de­mia han per­te­ne­cido más de tres cen­te­na­res de escri­to­res, lin­güis­tas, filó­lo­gos, gra­má­ti­cos, filó­so­fos, ensa­yis­tas, comu­ni­có­lo­gos, juris­con­sul­tos, dra­ma­tur­gos, his­to­ria­do­res y cien­tí­fi­cos, como Manuel Orozco y Berra, Justo Sie­rra, Igna­cio Mon­tes de Oca, Fede­rico Gam­boa, Luis Gon­zá­lez Obre­gón, Manuel José Othón, Enri­que Gon­zá­lez Mar­tí­nez, Anto­nio Caso, Julio Torri, Ángel María Gari­bay, José Juan Tablada, Car­los Pelli­cer, Alfonso Reyes, José Goros­tiza, José Vas­con­ce­los, Jaime Torres Bodet, Sal­va­dor Novo, Juan Rulfo, Igna­cio Ber­nal, Edmundo O’Gorman, Octa­vio Paz, Elsa Ceci­lia Frost, José Luis Mar­tí­nez, Ernesto de la Torre Villar, Eula­lio Ferrer y Alí Chumacero.

 

Pau­la­tino desarrollo

Ya en el siglo XX, la Aca­de­mia Mexi­cana orga­nizó, en 1951, el pri­mer con­greso inter­na­cio­nal de Aca­de­mias, del cual sur­gi­ría la Aso­cia­ción de Aca­de­mias de la Len­gua Espa­ñola con 19 paí­ses. Dos años des­pués, en 1952, el gobierno mexi­cano con­ce­dió un patri­mo­nio en fidei­co­miso a la Aca­de­mia Mexi­cana, la cual se cons­ti­tuyó enton­ces como aso­cia­ción civil. Hasta enton­ces, había care­cido de un domi­ci­lio ofi­cial, pero en 1956 adqui­rió en pro­pie­dad la casa número 66 de la calle de Don­ce­les, donde man­ten­dría su sede hasta 2002.

En su casa de Don­ce­les con­taba con la Biblio­teca Alberto Macías Carreño, creada con el fondo de ori­gen que había sido colec­ción par­ti­cu­lar de Ale­jan­dro Qui­jano, la cual fue adqui­rida por el gobierno y cedido a la Aca­de­mia. Ahora este acervo está con­for­mado por 25 mil volú­me­nes enri­que­cido con obras de los pro­pios aca­dé­mi­cos o sobre ellos y cons­ti­tuye la más com­pleta colec­ción espe­cia­li­zada en la mate­ria. En su sede, la Aca­de­mia tam­bién abrió un museo, cuya colec­ción com­prende autó­gra­fos, retra­tos y obje­tos de aca­dé­mi­cos des­a­pa­re­ci­dos dona­dos por par­ti­cu­la­res y a la cola­bo­ra­ción de algu­nas ins­ti­tu­cio­nes públi­cas. Ahora, tanto la biblio­teca como el muso per­ma­ne­cen en bodega por­que en la nueva sede de la Aca­de­mia no hay espa­cio para desplegarlos.

Desde sus inicios, en 1986, la Aca­de­mia ha publi­cado sus Memo­rias, como tes­ti­gos de la impor­tante labor que rea­liza. De 1981 a 1982 se publi­ca­ron tres núme­ros del Bole­tín de la Aca­de­mia Mexi­cana. Y en 1997 saca a la luz el Índice de mexi­ca­nis­mos y, en 2001, el Dic­cio­na­rio breve de mexi­ca­nis­mos, obra pre­pa­rada por el aca­dé­mico Guido Gómez de Silva.

Es hasta el 11 de diciem­bre de 2001 cuando la Aca­de­mia Mexi­cana Corres­pon­diente de la Espa­ñola cam­bió su nom­bre por el de Aca­de­mia Mexi­cana de la Len­gua. En ese mismo año, par­ti­cipó en la vigé­simo segunda edi­ción del Dic­cio­na­rio de la len­gua espa­ñola y des­pués, en el Dic­cio­na­rio pan­his­pá­nico de dudas (2005); en el Dic­cio­na­rio del estu­diante (2005) y su edi­ción espe­cial para Lati­noa­mé­rica; en el Dic­cio­na­rio prác­tico del estu­diante (2007); en el Dic­cio­na­rio esen­cial de la len­gua espa­ñola (2006), así como en el Dic­cio­na­rio de ame­ri­ca­nis­mos (2010) y en la nueva Orto­gra­fía y el Dic­cio­na­rio his­tó­rico de la len­gua espa­ñola; en la edi­ción de la Nueva gra­má­tica, cuyo texto básico fue apro­bado por las 22 aca­de­mias en marzo de 2007 y publi­cado en 2009, con una ver­sión manual en 2010; en las tareas per­ma­nen­tes de puesta al día del Dic­cio­na­rio pan­his­pá­nico de dudas, y en la pre­pa­ra­ción de la vigé­simo ter­cera edi­ción del Dic­cio­na­rio de la Real Aca­de­mia de España.

En la actua­li­dad, la Aca­de­mia Mexi­cana de la Len­gua (AML) está for­mada por 36 aca­dé­mi­cos nume­ra­rios, 24 corres­pon­dien­tes y cua­tro aca­dé­mi­cos hono­ra­rios. La direc­ción de sus acti­vi­da­des está a cargo de una Mesa Direc­tiva, com­puesta de un direc­tor, un direc­tor adjunto, un secre­ta­rio, un cen­sor esta­tu­ta­rio, un bibliotecario-archivero y un teso­rero. Los car­gos en la mesa direc­tiva son hono­rí­fi­cos, no hay retri­bu­ción económica.

Como aso­cia­ción civil, los ingre­sos que obtiene son a tra­vés de diver­sos medios: los que la Aca­de­mia ges­tiona ante la Cámara de Dipu­tados cada año (2 millo­nes para 2011); los recur­sos que soli­cita a el Cona­culta, a tra­vés de pro­yecto pre­sen­tado; las dona­cio­nes e ingre­sos pro­pios por la renta de la Casa de Don­ce­les 66 (Renta a la Edi­to­rial Jus), venta de rea­li­za­ción de tra­ba­jos y las rega­lías por la venta de, por ejem­plo, el Dic­cio­na­rios de Mexi­ca­nis­mos.

A prin­ci­pios de 2001, se cons­ti­tuyó la Fun­da­ción pro Aca­de­mia Mexi­cana de la Len­gua, enti­dad pri­vada pre­si­dida por Ale­jan­dro Buri­llo Azcá­rraga (Grupo Pegasso), y diri­gida por Clau­dia Gómez Haro. Este orga­nismo le entregó en como­dato (2002) a la AML una nueva casa ubi­cada en el número 76 de la calle de Liver­pool, colo­nia Juá­rez, que se ha con­ver­tido en su nueva sede. Pero, ade­más, men­sual­mente le pro­por­ciona un dona­tivo (aun­que no se sabe de cuánto) para apo­yar las fun­cio­nes de la Aca­de­mia. Asi­mismo, la Fun­da­ción Miguel Ale­mán AC le otorga ayu­das en becas para los aca­dé­mi­cos y apo­yos de coedición.

Aun­que se des­co­noce el motivo de su deci­sión, en la his­to­ria reciente de la AML se regis­tran dos renun­cias sig­ni­fi­ca­ti­vas: la de Rubén Boni­faz Nuño, quien fuera electo el 19 de agosto de 1962, tomó pose­sión el 30 de agosto de 1963 y dimi­tió el 26 de julio de 1996. Gabriel Zaid, fue ele­gido el 20 de marzo de 1986, tomó pose­sión el 14 de sep­tiem­bre de 1989 y renun­ció el 25 de noviem­bre de 2002.

 

Cam­bios de timón

En su sesión ple­na­ria del pasado 10 de febrero, la AML eli­gió como su décimo sexto direc­tor, por un periodo de cua­tro años, al filó­sofo y poeta Jaime Labas­tida para suce­der a José G. Moreno de Alba. Él toma pose­sión de su cargo en un momento polé­mico donde escri­to­res y filó­lo­gos han expre­sado sus crí­ti­cas hacia el recién edi­tado Dic­cio­na­rio de Mexi­ca­nis­mos y por la nueva orto­gra­fía razo­nada de la len­gua espa­ñola apro­bada en la reunión de la Aso­cia­ción de Aca­de­mias de la Len­gua Espa­ñola, rea­li­zada en Gua­da­la­jara a fina­les de noviem­bre del año pasado.

Labas­tida explica en entre­vista que la Aca­de­mia tiene bien defi­ni­dos sus obje­ti­vos en sus esta­tu­tos. Pero aún puede ren­dir muchí­simo más a la socie­dad mexicana:

–La AML tiene más de 135 años de haber sido fun­dada y debe tener una pre­sen­cia muy fuerte en la vida nacio­nal. Esto debe hacer que la Aca­de­mia salga a la calle y pro­teja, desa­rro­lle y se enri­quezca de la len­gua materna que nos es pro­pia. En México hay caren­cias desde el punto de vista de la ense­ñanza del espa­ñol: la gente lee poco y lee mal; escribe poco y escribe mal. Hace uno años se esta­ble­ció la Fun­da­ción del Espa­ñol Urgente (Fun­deu) –que en mi carác­ter de direc­tor de la AML pre­sido– y con­si­dero que es urgente revi­ta­li­zarla, darle recur­sos para la enorme can­ti­dad de con­sul­tas sobre el uso correcto del espa­ñol que se le hacen. Pero no sólo eso. La Aca­de­mia está fun­dada y a ella han per­te­ne­cido los mejo­res lite­ra­tos del país que han escrito, fun­da­men­tal­mente, en espa­ñol, lo han enri­que­cido y han hecho apor­ta­cio­nes a la len­gua espa­ñola y a la lite­ra­tura mundial.

El tam­bién autor de Elo­gios de la luz y de la sobra añade que así como todas las len­guas ame­rin­dias y el espa­ñol han sido reco­no­ci­das en el país como len­guas nacio­na­les se esta­blezca que hay una len­gua oficial:

México carece de esto –afirma-. De hecho, la len­gua ofi­cial es el espa­ñol, pero no de dere­cho. Bueno, ¿por qué no reco­no­cer lo que es de hecho? Con el reco­no­ci­miento jurí­dico del espa­ñol, se podrían deri­var fun­cio­nes más espe­cí­fi­cas para la Aca­de­mia Mexi­cana de la Lengua.”

Otro de los pro­yec­tos que Labas­tida pla­nea rea­li­zar es fun­dar, con la con­tri­bu­ción de la AML, el Ins­ti­tuto Alfonso Reyes para ense­ñar la cul­tura, la len­gua espa­ñola y los idio­mas de nues­tro país fuera de México, al igual que exis­ten el Ins­ti­tuto Dante Alighieri para ense­ñar el ita­liano, el IFAL para el fran­cés, el Ins­ti­tuto Goethe para ense­ñar la cul­tura y la len­gua ale­ma­nas, el Ins­ti­tuto Cer­van­tes para ense­ñar el espa­ñol penin­su­lar, el Ins­ti­tuto Camus para el portugués:

Éste –sub­raya– es uno de los pro­pó­si­tos que tengo, así como revi­ta­li­zar Fun­deu. Ade­más, durante la ges­tión de José Moreno de Alva en la AML se crea­ron dos comi­sio­nes: Lexi­co­gra­fía y de Con­sul­tas, antes las con­sul­tas las res­pon­día el secre­ta­rio y ahora hay una comi­sión espe­cí­fica dedi­cada a esto. Pero esas con­sul­tas deben darse a cono­cer de una manera más amplia. Por ejem­plo, la comi­sión de Lexi­co­gra­fía ha hecho dos apor­ta­cio­nes que la gente ape­nas empieza a valo­rar por­que es la pri­mera oca­sión que la Aca­de­mia logra eso: la rea­li­za­ción del Dic­cio­na­rio de Mexi­ca­nis­mos, que para su segunda edi­ción va a ser revi­sado, corre­gido y aumen­tado, y el Dic­cio­na­rio esco­lar.”

El tam­bién direc­tor de la edi­to­rial Siglo XXI resalta que es la pri­mera vez que una aca­de­mia que no es la Real Aca­de­mia Espa­ñola (RAE) hace un dic­cio­na­rio de este tipo que sirve de modelo a las 21 res­tan­tes aca­de­mias para hacer sus dic­cio­na­rios regionales:

Ante­rior­mente –apunta-, todos los dic­cio­na­rios esco­la­res los ha hecho la RAE. Es un orgu­llo lo que ahora ha rea­li­zado la Mexi­cana de la Len­gua. No hace­mos más por­que no tene­mos recur­sos. Pero esta­mos empe­ña­dos en ello. Es una apor­ta­ción fuerte y un signo de inde­pen­den­cia. Ahora, esta­mos a la espera de que la SEP esta­blezca los recur­sos sufi­cien­tes para hacer una gran edi­ción. Tene­mos la pro­mesa de Alonso Lujam­bio, titu­lar de la SEP, de entre­gar este dic­cio­na­rio a los alum­nos de pri­mer año de secun­da­ria en todo el país, como si fuera un libro de texto gratuito.”

 

Las til­des y los puntos

Al pre­gun­tarle la suje­ción a la que está expuesta la Aca­de­mia Mexi­cana de la Len­gua en rela­ción a los dic­ta­dos de la RAE, Labas­tida hace énfa­sis y asegura:

La AML no obe­dece a la Espa­ñola. Por el con­tra­rio, a ins­tan­cias de México y espe­cí­fi­ca­mente de la AML se con­vocó al pri­mer con­greso inter­na­cio­nal de las Aca­de­mias, en 1951, antes no exis­tía una Aso­cia­ción de Aca­de­mias de la Len­gua Espa­ñola. Aquí hay que sub­ra­yar el carác­ter deli­be­rado que México tuvo con esa reunión: antes la rela­ción era de cada aca­de­mia con la Real Aca­de­mia Espa­ñola. Éra­mos corres­pon­dien­tes de ella. En la actua­li­dad se le reco­noce como la her­mana mayor, pero ya no decide ella por sí sola. Ahora los acuer­dos se toman por con­senso en asam­blea, en con­gre­sos y en comi­sio­nes inter­dis­ci­pli­na­rias de la Aso­cia­ción. La rela­ción es com­ple­ta­mente dis­tinta. Cuando en 1951 se hizo el con­greso, la única aca­de­mia que no acu­dió fue la espa­ñola por­que se los prohi­bió Franco y México no tenía rela­cio­nes con España. A par­tir de ahí sur­gió otro tipo de vínculo.”

–Enton­ces, ¿por qué no se opuso a lo recién plan­teado por la RAE para esta­ble­cer la nueva orto­gra­fía razo­nada de la len­gua espa­ñola?, se le pre­gunta al escritor.

–Quiero resal­tar que fui­mos la única Aca­de­mia, de las 22 exis­ten­tes, que nos opu­si­mos a la eli­mi­na­ción de las til­des dia­crí­ti­cos, de los acen­tos en los demos­tra­ti­vos y en el sólo adver­bial. Dimos razo­nes téc­ni­cas para ello. Entre­ga­mos el argu­mento no a la RAE sino a la Aso­cia­ción de Aca­de­mias, donde está incluida la RAE. Pero en la reunión pre­via al encuen­tro de Gua­da­la­jara 2010, la mayo­ría de las aca­de­mias votó a favor de que fue­ran supri­mi­dos. Ahí ganó la mayo­ría. Ya estando en Gua­da­la­jara y ante la polé­mica sus­ci­tada, la RAE dio mar­cha atrás a su pro­puesta. Ahora no hay una norma orto­grá­fica en ese sen­tido, se puede usar como sea. Lo cual es un con­tra­sen­tido por­que la orto­gra­fía es la única parte de la gra­má­tica que tiene carác­ter de normatividad.

Labas­tida indica que a raíz de esa desa­zón, en México se van a seguir usando los acen­tos dia­crí­ti­cos y en España no; aquí se usará el punto des­pués de las cen­te­nas y antes de los deci­ma­les, mien­tras que los espa­ño­les van a uti­li­zar la coma:

Esto es –reitera-, no obe­de­ce­mos de manera irra­cio­nal y ciega lo que dicta la Real Aca­de­mia. Antes, las dis­po­si­cio­nes se esta­ble­cían en la RAE, el dic­cio­na­rio lo hacían ellos y regis­tra­ban como lo correcto, lo hablado en el cen­tro de España; es decir, en Madrid. Pero eso ha cam­biado. Si se revi­san las edi­cio­nes más recien­tes del dic­cio­na­rio de la RAE se encuen­tra con una enorme can­ti­dad de mexi­ca­nis­mos. En la edi­ción ante­rior apor­ta­mos más de 2 mil mexi­ca­nis­mos y, ahora, con todas las crí­ti­cas que se le quie­ran hacer al Dic­cio­na­rio de Mexi­ca­nis­mos, con­si­dero que es un tra­bajo mag­ní­fico y que puede ser perfectible.”

 

Pasan las déca­das y nada

La reali­dad es que en el pleno de direc­to­res y pre­si­den­tes de la Aso­cia­ción de Aca­de­mias de la Len­gua Espa­ñola –reuni­dos en Gua­da­la­jara a fina­les de noviem­bre de 2010– acor­da­ron, por una­ni­mi­dad, que la “y” pase a lla­marse “ye” y no “i griega”, y que los dis­tin­tos nom­bres de la “v” se uni­fi­quen en “uve” y que la “ch” y la “ll” dejen de ser letras del alfa­beto. Desde antes de esa reunión, escri­to­res incluso per­te­ne­cien­tes a la Real Aca­de­mia Espa­ñola, como Javier Marías y Arturo Pérez-Reverte mani­fes­ta­ron cate­gó­ri­ca­mente su desacuerdo ante tales cam­bios. En tanto, el escri­tor Fer­nando Vallejo rechazó que, por ejem­plo, la “v” pase en toda His­pa­noa­mé­rica a lla­marse “uve”, como se le deno­mina en España y enton­ces dijo: “No puede ser ‘uve’ por­que enton­ces en oca­sio­nes se escribe algo dis­tinto a lo que se escu­cha. Por ejem­plo el nom­bre del banco BBVA. Si yo lo escu­cho, dele­trea­ría ‘b’, luego ‘b’, luego ‘u’, luego ‘b’ y luego ‘a’”.

En México son varios los filó­lo­gos y lite­ra­tos que tam­bién alza­ron su voz, no sólo por los cam­bios a las reglas orto­grá­fi­cas, sino a la edi­ción del nuevo Dic­cio­na­rio de Mexi­ca­nis­mos. Uno de los más agu­dos crí­ti­cos que ha disec­cio­nado la nueva edi­ción de la Real Aca­de­mia Espa­ñola (RAE) es el poeta Juan Domingo Argüe­lles, quien mani­fiesta en entre­vista el des­con­trol que le causa este tipo de deter­mi­na­cio­nes que se toman para, supues­ta­mente, emplear de forma correcta el español.

–La ver­dad me ima­gino –indica Argüe­lles– que la RAE actúa como si fuera la FIFA y el país que está en desacuerdo lo des­a­fi­lian o lo des­oyen. A esa Aca­de­mia ingre­sa­ron per­so­nas rela­ti­va­mente jóve­nes como Javier Marías y Pérez Reverte que, por supuesto, no pode­mos decir que sean igno­ran­tes o de dere­cha. Lo asom­broso es que un aca­dé­mico dice estar en desacuerdo con cier­tas reglas de su pro­pia con­gre­ga­ción. ¿Qué no par­ti­ci­pa­ron en la redac­ción del dic­cio­na­rio? El deta­lle está en que, al ser un tra­bajo hono­rí­fico, sólo des­ti­nan una parte de su tiempo. Si la gente de las aca­de­mias tuviera una remu­ne­ra­ción, como socie­dad podría­mos exi­gir­les que trabajaran.

El poeta advierte que cada edi­ción del dic­cio­na­rio gene­ral de la RAE tarda en salir entre ocho y diez años, cómo pue­den irse tan­tos errores.

–La edi­ción del dic­cio­na­rio esen­cial de la RAE que he estado comen­tando en EL FINANCIERO –apunta Argüe­lles– ya trae un ade­lanto de las nove­da­des que con­ten­drá la nueva edi­ción. Si ese dic­cio­na­rio es el más ade­lan­tado, pues es un desas­tre. Lo raro es que teniendo tan­tos años para revi­sarlo, bas­ta­ría con que a cada aca­dé­mico le tocara una parte para revi­sarlo para ir puliendo las defi­ni­cio­nes. Pero, al pare­cer, no fun­ciona así por­que siguen apa­re­ciendo los mis­mos erro­res, las mis­mas obser­va­cio­nes que les hizo Raúl Prieto (Nikito Nipongo) hace 40 años siguen apa­re­ciendo como si nadie les hubiera dicho jamás nada. Han pasado las déca­das y no han avan­zado mucho. Es más: cada vez tiene más erro­res garra­fa­les por­que hay mexi­ca­nis­mos que están mal defi­ni­dos. Por ejem­plo, la pala­bra Cha­lupa, dicen que se trata de una tor­ti­lla de maíz grande y gruesa, cuando en reali­dad una cha­lupa no tiene que ver con esas carac­te­rís­ti­cas. Cuando uno halla estas defi­ni­cio­nes, se pre­gunta: ¿Quién se las dio?, tuvo que ser la Aca­de­mia Mexi­cana de la Len­gua. Esto tam­bién revela que los aca­dé­mi­cos, por lo regu­lar, nunca van al mer­cado o salen a la calle. Y, eso, es esen­cial por­que los mexi­ca­nis­mos son pala­bras que usa popu­lar­mente la gente.

 

Adver­bio o adjetivo

Existe un extenso docu­mento donde la Aca­de­mia Mexi­cana de la Len­gua res­pon­dió a la con­sulta hecha por el equipo de Espa­ñol al Día, de la Real Aca­de­mia Espa­ñola, en torno a la modi­fi­ca­ción de la regla orto­grá­fica sobre el uso del acento dia­crí­tico en el sólo adver­bial y en los demos­tra­ti­vos sus­tan­ti­vos. La pro­puesta para la nueva edi­ción de la Orto­gra­fía, aduce seis pun­tos para la supre­sión defi­ni­tiva de la tilde.

Ésta es tan sólo una de las seis res­pues­tas que le da la Aca­de­mia Mexi­cana de la Len­gua y así mos­trar su oposición:

–La RAE señala que la tilde dia­crí­tica tiene como fun­ción en el sis­tema acen­tual del espa­ñol dis­tin­guir entre homó­gra­fos tóni­cos y áto­nos. Así, se escri­ben con tilde dia­crí­tica cier­tas pala­bras tóni­cas que coin­ci­den en su forma con pala­bras áto­nas de dis­tinto sig­ni­fi­cado y cate­go­ría gra­ma­ti­cal (dé, forma del verbo dar, frente a de, pre­po­si­ción; él, pro­nom­bre per­so­nal, frente a el, artículo, etcé­tera). La opo­si­ción tonicidad/atonicidad es un requi­sito básico para la apli­ca­ción de la tilde dia­crí­tica. Esa opo­si­ción no se pro­duce en el caso de solo y los demos­tra­ti­vos, ya que estas pala­bras son cate­gó­ri­ca­mente tóni­cas en todas sus fun­cio­nes (como adje­ti­vos deter­mi­na­ti­vos o como pro­nom­bres, en el caso de los demos­tra­ti­vos; como adver­bio o adje­tivo, en el caso de solo).

Ante este argu­mento la AML con­si­dera que la tilde dia­crí­tica es aque­lla que per­mite dis­tin­guir, por lo gene­ral, pala­bras per­te­ne­cien­tes a dife­ren­tes cate­go­rías gra­ma­ti­ca­les que tie­nen, sin embargo, idén­tica forma. Los demos­tra­ti­vos han sido cla­si­fi­ca­dos en las gra­má­ti­cas del espa­ñol como pro­nom­bres, debido a que his­tó­ri­ca­mente están empa­ren­ta­dos con los pro­nom­bres per­so­na­les y cons­ti­tu­yen un para­digma cerrado como éstos. De acuerdo con su fun­cio­na­miento y sus pro­pie­da­des com­bi­na­to­rias, los demos­tra­ti­vos pue­den ejer­cer las fun­cio­nes pro­pias del sus­tan­tivo o del adje­tivo. Por lo tanto, sin­tác­ti­ca­mente, per­te­ne­cen a cate­go­rías gra­ma­ti­ca­les dis­tin­tas. Los demos­tra­ti­vos adje­ti­vos son depen­dien­tes del núcleo al que pre­ce­den y, por su fun­cio­na­miento, deli­nean el sin­tagma nomi­nal al iden­ti­fi­carlo y situarlo den­tro del con­texto de la enun­cia­ción: esta casa, este libro, aquel niño. Por su parte, los demos­tra­ti­vos sus­tan­ti­vos son por sí solos el núcleo del sin­tagma nomi­nal, pues no nece­sita apo­yarse en un ele­mento adya­cente. Por su fun­cio­na­miento iden­ti­fi­can y ubi­can una deter­mi­nada enti­dad en el con­texto: éste es mi padre; quiero ésta; he visto aquél.

 

Este repor­taje se publicó en la Sec­ción Cul­tu­ral del perió­dico El Finan­ciero, el miér­co­les 9 de marzo de 2011; p.p. 42 y 43