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Granados Chapa: Sus últimos textos sobre medios

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  • Granados Chapa y su cercanía con la academia

Fotografía: Miguel Ángel Granados Chapa – Por Jorge Tirzo para RMC

Recientemente perdimos, antes de tiempo, a uno de los mexicanos que más y mejor le han seguido la pista al devenir de los medios informativos en los últimos cincuenta años:  Miguel Ángel Granados. Hasta el final. Resultan sorprendentes dos de sus últimos textos más de carácter académico que periodístico. Ambos fueron escritos en el último año de su vida.

Por Fátima Fernández Christlieb

Publicado originalmente en RMC 129

Disponible a la venta en formato Kindle Ebook

Los leo y los releo y me duele su ausencia. Podía una no verlo o no hablar con él por semanas o meses, pero era evidente que ahí estaba y que el rencuentro sería tan cálido y cercano como durante tantas décadas.

Lo conocí siendo estudiante de comunicación: me dirigió la tesis de licenciatura, fue mi sinodal en esos duros exámenes de oposición que la universidad exigía en los años setenta y ochenta para avanzar en la carrera académica, y fue mi maestro cada vez que mis preguntas o dudas quedaban resueltas.

Hoy nos queda su obra y su espíritu. En materia de comunicación, la colección de sus textos es descomunal: abarca por lo menos 40 años. Los que escribió en los años setenta fueron compilados en un libro que llevó por título Examen de la Comunicación en México1, en el que toca temas tan variados como los medios públicos, los comics, el derecho a la información, McLuhan o una amplia y detallada bibliografía mexicana de periodismo. Los correspondientes a los años ochenta y noventa, así como los escritos en la primera década del presente siglo, se encuentran en publicaciones muy diversas y habría que compilarlos. Por lo pronto, presento unos breves comentarios a los que creo son sus últimos textos no periodísticos publicados en 2011.


El primero es un sorprendente ensayo dedicado a Francisco Zarco y que fue escrito para una antología sobre el gran periodista del siglo XIX, misma que publicarála Fundaciónpara las Letras Mexicanas en coedición conla UNAMy el FCE2. ¿Por qué resulta sorprendente? Primero porque sus dotes de historiador quedan plenamente evidenciadas. Su paso por el doctorado en historia fortaleció su atención a las fuentes, su cuidado por el detalle, su análisis preciso. Además, el texto sorprende porque, sin decirlo, Granados va encontrando paralelismos entre su propia vida y la de Zarco. Transcribe fragmentos en los que parece verse reflejado:

A mí se me ha hecho ese ataque y debo decir que nunca he prescindido de mi independencia y que soy tan independiente aquí como en el periódico del que soy redactor en jefe.3

En otro momento dice:

Zarco, que no era sólo un opinante, un articulista, sino lo que hoy podríamos considerar un reportero político, un columnista del ramo, siguió paso a paso el proceso de dimisión.4

Más adelante Granados se retrata a sí mismo citando a Zarco:

Nos proponemos dar cuenta en nuestro periódico de todo cuanto pase en el Congreso, refiriendo simplemente la verdad y emitiendo al propio tiempo nuestro parecer en todas las cuestiones de que se ocupen los legisladores.5

El interés de Granados por hacer crónica parlamentaria data de décadas atrás. Iba ala Cámarade Diputados cada vez que la ocasión era propicia y sus ocupaciones se lo permitían. En esta tarea Zarco era un referente indudable.

A principios de los años setenta, Carlos Fuentes afirmó que Julio Scherer era “el Zarco del siglo XX”.6 Si uno sigue con detenimiento el escrito de Granados sobre Zarco y si uno observa con cuidado la actuación política de éste, resulta claro que quien resulta más cercano al liberal del XIX es Granados, más que Scherer. No únicamente en lo que toca a la convicción de ambos sobre el trabajo parlamentario o el ejercicio del poder, sino en cuanto a la equidad de miras sobre el país.

Granados se despide de sus lectores con esperanza de que renazca la vida y que el espíritu impulse a la música y otras artes y ciencias que “permitan a nuestro país escapar de la pudrición que no es destino inexorable. Sé que es un deseo pueril, ingenuo, pero en él creo, pues he visto que esa mutación se concrete”.7 Sin la cercanía de la muerte, Zarco expresa deseos semejantes sobre el país:

[…] necesitamos seguir en todo el verdadero espíritu de la democracia […] debemos reformar todo aquello que le sea contrario, que debemos procurar adelantar y siempre adelantar, a fin de que la libertad y la igualdad no sean sólo meras palabras escritas en las constituciones.8

Otro texto postrero de Granados, escrito también en 2011, es el que aparece con el título “Medios de comunicación: responsabilidad social frente a la nación”9, presentado en una conferencia magistral enla Universidad Autónomade Nuevo León. En los párrafos iniciales se percibe, entre líneas, la conciencia de su enfermedad terminal y se comporta de manera especialmente generosa con los regiomontanos a quien debe algo, sean conocimientos, como en el caso de Alfonso Reyes o sea amistad como ocurre con la cálida mención a Horacio Guajardo “el mayor de mis amigos” como lo llama Miguel Ángel.10

Una vez terminada esta introducción, el autor entra al tema de la responsabilidad de los medios de cara a las necesidades del país. Comienza por hacer referencia a los fallidos intentos por actualizar la legislación de medios para mencionar que en vez de leyes han brotado esfuerzos desiguales de autorregulación concretados en3 algunos códigos de ética y en defensorías de lectores, radioescuchas y televidentes. Sin embargo, afirma Granados, en estos últimos casos no es posible realizar una medición entre los contenidos de los medios y los valores defendidos en los documentos que pretenden actuar en favor de las audiencias.

Ante la violencia que ha acompañado al crimen organizado y su combate, Granados transcribe los puntos principales de dos acuerdos firmados sobre el tema. Uno, el Acuerdo Nacional porla Seguridad,la Justiciayla Legalidadfirmado el 22 de agosto de2008, através del cual los medios convocados por el gobierno se comprometieron a incrementar contenidos que fomenten la cultura de la legalidad, así como la de la seguridad y la denuncia. Granados lamenta que casi ninguno de los medios cumplió con los compromisos de evitar apología del delito, de respetar la dignidad de las víctimas, de evitar la información que ponga en riesgo la seguridad de familiares de las víctimas, de establecer criterios que definan los casos en que se publique información sin atribuirla a reporteros para proteger su seguridad.

El otro acuerdo mencionado por Granados Chapa es el suscrito el 24 de marzo de 2011 cuyo objetivo fue poner especial atención en la cobertura informativa de la violencia, tomando postura en contra de ésta. Explícitamente el documento alerta a los medios sobre la posibilidad de convertirse en voceros involuntarios de la delincuencia organizada, les solicita dimensionar adecuadamente la información, a poner atención en el momento de atribuir responsabilidades sobre hechos de violencia, así como a no prejuzgar culpables, a cuidar a las víctimas y a los menores de edad, a alentar la denuncia ciudadana. Igualmente el acuerdo invita a cada medio a buscar medidas para proteger a sus periodistas, a solidarizarse ante cualquier amenaza contra reporteros y medios y a no interferir en el combate a la delincuencia.

Granados es crítico de este acuerdo. Sobre él afirma:

Despide un cierto olor a dirigismo, contrario a la naturaleza de mandamientos éticos […]. Proponer la homogeneidad de los mensajes atenta contra la pluralidad y diversidad que caracterizan a una sociedad abierta. El riesgo se acrecienta porque el decálogo incluye la creación de un órgano ciudadano de observación que lleve a cabo reportes periódicos sobre el apego de los medios a los criterios editoriales del acuerdo. Un observatorio así puede erigirse en mecanismo inquisitorial.11

En este tema, como en muchos otros sobre los que Miguel Ángel Granados se pronunció a lo largo de su vida, tengo la personal percepción, discutida con él en numerosas ocasiones, de que su apoyo o su rechazo a determinada medida dependían de dónde procediera. Con ciertos funcionarios públicos o instituciones dijeran lo que dijeran o hicieran lo que hicieran, él estaba en total desacuerdo y con otras personalidades de la política solía emitir su coincidencia más por afecto o simpatía que por la naturaleza de la declaración o el hecho. Aunque también, y abundan los ejemplos, hubo casos en que la crítica y el apoyo se alternaban.

Sobre esta cuestión tengo presente una fuerte y respetuosa discusión con él respecto a Gastón García Cantú. Cuando éste murió, Miguel Ángel fue implacable en su columna, nunca le perdonó que hubiera regresado a escribir al periódico Excélsior, cuando había sido uno de los que salió con Scherer en julio de 1976. A mí tampoco me parecía muy atinada la decisión, no me gustó, pero García Cantú había sido mi maestro, mi coordinador en el Centro de Estudios Políticos de la FCPyS de la UNAM y como tal se había sentado a leer y corregir, página por página, mi tesis de Licenciatura para publicarla. Además recordaba yo las largas y fascinantes conversaciones sobre historia de México en la casa del maestro y siempre le estuve agradecida. Podía apreciar los claroscuros de su conducta y me era imposible descalificarlo de golpe, como lo había hecho Granados. Éste era, con distintos actores y sobre diferentes temas, un punto polémico. Como si el telón de fondo fueran los amigos versus los enemigos o un asunto de buenos y malos cuando mi convicción era, y sigue siendo, que todos somos al mismo tiempo luz y oscuridad, bien y mal, ceguera y lucidez, caos y orden: complejidad humana, pues. Extraño esas conversaciones en las que cada quien argumentaba con vehemencia pero no permitíamos que se filtrara el enojo.

Al término de este segundo ensayo, escrito por Miguel Ángel entre abril y mayo del 2011, sorprende que se adentre en un tema de coyuntura: Internet y las redes sociales. Advierte, eso sí, su poca experiencia en el asunto:

Confieso que en referencia a este fenómeno padezco más perplejidades que poseo respuestas, porque ni siquiera se me aparece como bien definida su naturaleza.12

Hecha la aclaración se pregunta si los usuarios de las redes sociales tienen responsabilidad ante la nación. No responde con contundencia, apenas se adentra en el problema: “El gran milagro puede ser también la gran maldición”. Y con ello cierra éste, uno de los últimos ensayos de su vida.

Miguel Ángel Granados Chapa estuvo cerca de la academia mientras ésta estuvo cerca de la realidad. En la medida en que los sistemas de evaluación de las universidades exigían crecientemente verter los resultados de investigación en revistas arbitradas e indizadas, la distancia entre el referente empírico que él representaba y las teorizaciones de los profesores fue aumentando. Granados no era un teórico. Era un abogado, un licenciado en periodismo y un casi doctor en historia que reflexionaba sobre el acontecer nacional y lo hacía con los datos duros que el país le proporcionaba a través de su ejercicio periodístico. Fue siempre, sin embargo, muy escuchado por los académicos. Estaba al día y desbordaba entusiasmo cuando era invitado a conferencias y mesas redondas. Su descomunal memoria le permitía ir hilvanando historias de hechos por él presenciados o recordados, con ellas sorprendía a los estudiantes que apenas se asomaban a los temas del presente.

Ciertamente perdimos, antes de tiempo, a uno de los mexicanos que más y mejor le han seguido la pista al devenir de los medios informativos en los últimos cincuenta años.

 

Notas

1) Publicado por Ediciones El Caballito, colección Fragua Mexicana. Primera Edición julio 1980, México D.F.

2) Como homenaje a Miguel Ángel Granadosla UNAMadelanta la publicación de su texto en el número 93 dela Revistadela Universidadde México, correspondiente a noviembre 2011.

3) Pág. 8 Revista dela Universidadde México, núm. 93, nov. 2011.

4) Pág. 9 ídem

5) Págs. 11 y 12, ídem.

6) Tiempo Mexicano, Joaquín Mortiz, 1971, pág. 181, primera edición.

7) Periódico Reforma, 14 octubre 2011, pág. 13.

8) Pág. 6, revista dela Universidadde México, Núm. 93.

9) Publicado en el libro Cambiar México con participación social, coordinado por Esthela Gutiérrez y coeditado por Siglo XXI, UANL yla LXIlegislatura del Senado de la república, México D.F. 2011.

10) Ídem, pág. 316.

11) Ídem. Pág. 322.

12) Ídem. Pág. 323.

 

Profesora e investigadora dela FCPyS  dela UNAM.

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