RMC es una publicación del Departamento de Ciencias de la Comunicación - Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Cuajimalpa

El oficio de investigador de la comunicación

Descargar artículo:
  • Voces y perspectivas desde las Ciencias de la Comunicación
  • Vicente Castellanos entrevistó a Fátima Fernández, Raúl Trejo Delarbre y Enrique Sánchez Ruiz
  • Para leer dichos diálogos, adquiere la RMC #129 en formato impreso o Kindle Ebook.

Fotografía de Kate Ter Haar @ Flickr

Investigar en ciencias de la comunicación es una actividad intelectual que comparte métodos de trabajo con el resto de la indagación científica y, en particular, con la proveniente de las ciencias sociales y las humanidades. Se trata de una forma de generar conocimiento en los marcos de instituciones, normas, presupuestos y tradiciones de estudios, que se aceptan con el fin de proponer explicaciones y evidencias sobre cierta realidad.

Por Vicente Castellanos Cerda

Publicado originalmente en la RMC 129

Disponible a la venta como Kindle Ebook

La ciencia se valora por sus resultados y en nuestros tiempos los hallazgos, en sus versiones más acabadas y profesionales, toman forma de un artículo de investigación o un libro que suelen estar dedicados a los propios pares en primer lugar y, luego, a aquellos estudiantes que deben aprender a pensar su entorno con cierta autonomía y lucidez en el marco de teorías sociales y comunicativas.

En más de medio siglo, las ciencias de la comunicación han dado cuenta de fenómenos de interacción humana y transmisión de información en coordenadas históricas determinadas por ciertos contextos culturales. Este gran tema ha sido tratado de múltiples maneras, pero se ha seguido más o menos un mismo patrón al momento de trabajar con aquello que hemos nombrado como problema de investigación: lectura-problematización-escritura-trabajo de campo o reflexión analítica-resultado (artículo o libro).

Precisamente este proceso de trabajo, dada las presiones institucionales por “mostrar resultados”, se ha invisibilizado a pesar de ser el motor de la indagación científica.

El trabajo invisible se queda en el escritorio, en los apuntes del procesador de textos, en el bloc de notas de campo o en el registro icónico que una persona, interesada en dar a conocer con rigor y respaldo teórico, utiliza como auxiliar de la memoria y del pensamiento científico para hablar de cierto fenómeno de interacción comunicativa. En tal trayecto invisible, la investigación se construye con cierto orden, mucha creatividad y un sinfín de manías personales a tal grado que es importante preguntarse cómo un proceso tan personal pueda dar resultados precisos y generar consensos en comunidades de estudiosos.

Como se trata de un trabajo cuyo sustento radica en la lectura y la escritura, recuerda al oficio del escritor; tal vez pase igual con el gremio de los periodistas: las angustias producidas por una idea que no termina de completarse, un dato que niega un presupuesto teórico, e incluso, una narrativa que a veces no es tan clara como para facilitar la comprensión de aquello de lo que se quiere hablar.

¿Por qué investiga usted? Tal pregunta suele responderse regularmente igual, a la vez que siempre diferente, tal y como lo han hecho los escritores en su búsqueda inacabada de aprender, explicar y reflexionar, pues sólo se puede entender el mundo si se le investiga y escribe.

Si bien los resultados de la indagación científica se comunican en círculos profesionales muy rigurosos, lo cierto es que el trabajo invisible de la investigación tiene mucho de oficio, de labor artesanal, la cual se perfecciona con el uso y el tiempo. “Ese investigador tiene oficio” es una frase que esclarece intereses personales, pasiones y sentimientos, así como formas de trabajo individual que los investigadores y las investigadoras de las ciencias de la comunicación han construido como método propio de trabajo.

En el oficio lo que cuenta es la experiencia, no sólo la acumulada, aunque también es  valiosísima la novel por espontánea, porque sólo mediante el recorrido accidentado de un camino –digamos heurístico–, es posible alcanzar explicaciones menos ingenuas de la realidad, o bien, más relevantes para conocer un poco más de la sociedad en la que vivimos. En el trayecto, algunas mujeres y algunos hombres que en nuestro país se dedican a la investigación científica de la comunicación, tomaron decisiones, tuvieron muchos aciertos y no menos yerros, pero sin duda, los recorridos han sido productivos y satisfactorios porque se ha aprendido algo más de aquello que en un primer momento era tan sólo una inquietud o una idea vaga.

Al final del camino, el poder expresar una tesis de modo preciso y contundente es consecuencia de “echar a andar” el oficio de la investigación.

¿Ese camino se puede enseñar? Tal vez sólo señalar, pues la experiencia de todo recorrido es forzosamente particular. Sin embargo, existen puntos comunes en los que conviene detenerse y reflexionar para conocer las decisiones que llevaron a una persona a hacerse de un estilo de investigación a partir de los temas y las perspectivas teóricas que ha elegido.

La bibliografía para aprender a investigar ha dado como resultado una extensa lista de métodos, metodologías, teorías y conceptos, que explican y dan cierto tratamiento experto a los estudios de la comunicación en nuestro país. Esta literatura centra su interés en el conocimiento y práctica del método científico, así como en la aplicación de un sinnúmero de instrumentos de búsqueda y tratamiento de la información. Se cumple, básicamente, con una finalidad pedagógica de enseñar a investigar mediante la apropiación de contenidos y no forzosamente a partir de la propia experiencia de indagación.

Sugerencias sobre cómo redactar reportes de investigación, plantear un protocolo y desarrollar un trabajo de campo, constituyen tópicos comunes en estas publicaciones. Al mismo tiempo, se han formulado un número considerable de estrategias de aprendizaje que han permitido al estudiante generar esquemas de pensamiento y estructuras argumentativas apegadas al rigor científico y al compromiso social.

 

Comprender para cambiar

Así se ha aprendido que el estudioso de las ciencias de la comunicación es una persona con una particular perspectiva de los fenómenos sociales derivada de la relación tripartita entre a) un modo de pensar: el científico;  b) una preocupación: la sociedad; y c) una perspectiva teórica: la de las ciencias de la comunicación.

No obstante, hacen faltan documentos que den cuenta del proceso de la investigación encarnado en mujeres y hombres que siguen diferentes estrategias para generar conocimientos. No sólo estrategias teóricas o metodológicas, sino sobre todo aquellas relacionadas con las obsesiones, preocupaciones y acciones cotidianas que derivan en un estilo de investigar.

Difundir los diversos estilos de investigación que a la larga hacen oficio, es el objetivo que ha ganado mi interés para  desarrollar una serie de entrevistas a investigadoras e investigadores de la comunicación a lo largo del país, tres de las cuales se presentan como adelanto editorial en las siguientes páginas de la RMC. He buscado comprender la investigación desde su oficio del día a día para dar cuenta de los tinos, obstáculos y paranoias que se producen a lo largo de un particular recorrido heurístico.

Pero, ¿por qué un grupo de personas, aun reducido en nuestro campo de estudio, se dedica a la investigación científica? Las motivaciones superan por mucho eso que ambiguamente hemos llamado vocación. Se investiga, así lo han expresado en las entrevistas, por inconformidad, sea con el entorno inmediato, sea con las explicaciones que se dan de la realidad. Problemas, situaciones y fenómenos de comunicación inquietan a estas personas inconformes y por eso se meten de lleno en su análisis y comprensión.

Comprender para cambiar, parece ser una especie de principio que calma un poco el espíritu rebelde de la investigación, pero tal es el malestar que se adopta como un estilo vida caracterizado por la duda y el cuestionamiento permanentes. Preguntarse acerca de la interacción comunicativa y dudar con conocimiento de causa, constituye el primer paso del trabajo de investigación para, en un segundo momento, dudar nuevamente, incluso de nuestras propias explicaciones.

A la frase: “Y si los cosas no fueran así”, se puede agregar otra para caracterizar la constante inquietud y rebeldía del oficio del investigador: “Y si las explicaciones sobre tal o cual fenómeno no fueran así”. Esta permanente puesta en duda es uno de los ejes sobre los cuales las personas entrevistadas comentan acerca de su experiencia en un oficio que siempre tiene anclajes al inicio pero nunca llegadas definitivas.

Otros puntos en común de las entrevistas son temáticos. Resulta conveniente detenerse en varios de ellos y en el modo en que cada una de estas personas ha tejido su experiencia según decisiones y manías personales. Se parte de la idea de que el talento para la investigación está relacionado con los motivos para dedicarse a esta actividad profesional que por fortuna tiene como principal desafío el de aprender a pensar.

También interesa conocer de este trayecto las condiciones psicológicas y ambientales para iniciar, desarrollar y concluir una investigación, en las que se destaca dos puntos nodales: el momento en que una idea recurrente se convierte en un problema de investigación, y cómo a lo largo de ese proceso interviene el pensamiento creativo en la construcción de ideas propias y novedosas. Se trata de conocer el paso que da una persona ilustrada para convertirse en una persona ilustre, o más simple, saber cómo una investigadora o investigador posee ya un pensamiento maduro y autónomo. Se resaltan las manías de cada entrevistado o entrevistada pues son los comportamientos propios del oficio y del estilo personal, y ahí no hay manual de investigación que dé cuenta de ellos, sólo se pueden conocer a pregunta expresa.

Para dar cuenta del cierre de la investigación, se ha decidido acentuar la utilidad y repercusión social del nuevo saber en cuestión. Es importante entender para qué o para quién se genera conocimiento en México y en el mundo. Por eso, se les ha preguntado acerca de sus particularidades en los temas y tratamientos elegidos, pues hay quienes han incidido en el escenario de la política o de los medios, otros en el campo propiamente científico y de formación de nuevos investigadores, así como los interesados en indagar la amplia y difusa articulación entre cultura y sociedad.

La última petición que se les ha hecho en las entrevistas, ha sido que definan su estilo de investigar como corolario que condense una especie de metacrítica autorreflexiva sobre el recorrido de un oficio individual en su procedimiento y muy institucionalizado en sus resultados.

Así, pues, en el presente número de RMC se han incluido sólo tres de casi una veintena de entrevistas que próximamente estarán disponibles en una publicación más amplia. Mientras tanto, se comparten tres experiencias como testimonio de este noble oficio encarnado en mujeres y hombres que con gran responsabilidad se dedican a pensar, explicar y proponer, en los marcos estrictos de generación de conocimiento, ideas novedosas acerca de nuestro tiempo.

Profesor e investigador del Departamento de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Cuajimalpa.

Para continuar leyendo las entrevistas, adquiere la RMC #129
A la venta en librerías La Jornada, Gandhi, Fondo de Cultura Económica y las principales escuelas de comunicación en el D.F.
Disponible a la venta en formato Kindle Ebook.
Descargar artículo:
  • Pingback: Bitacoras.com()

  • Yeral

    ¡¡¡Interesante!!! 

  • Erikasandovalcastellanos

    Me recordó momentos de del proceso de la realización de mi tesis 

A %d blogueros les gusta esto: