RMC es una publicación del Departamento de Ciencias de la Comunicación - Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Cuajimalpa

Formación de comunicadores multimediáticos

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  • Escenarios, reflexiones y preguntas obligadas.
  • El desfase entre los planes de estudio de las instituciones de educación superior y la práctica de la profesión se ha convertido en una constante a lo largo de los años.
  • “Independientemente de las futuras propuestas curriculares de las escuelas de comunicación, deben orientarse hacia acciones pedagógicas creativas y críticas de los medios incluyendo internet”, dice Caridad García.

Fotografía: Rodolfo Angulo @ Cuartoscuro

Por Caridad García Hernández

Publicado originalmente en RMC 131

Hoy resulta fundamental orientar a los futuros profesionales de la comunicación hacia una reflexión más profunda sobre un campo donde pueden convivir distintas formas de procesar, interconectar y retroalimentar información; donde conviven distintos intereses políticos, económicos y socioculturales; donde el público es una multiplicidad de identidades; donde la manera de elaborar mensajes no puede responder a patrones preestablecidos y aprendidos con anticipación, como maneras simplistas de encasillar información y opiniones; donde lo escrito y lo oral pueden encontrar momentos de convivencia sin necesariamente entrar en competencia.

Desde su nacimiento, la ciencia de la comunicación ha tenido grandes responsabilidades entre sus manos. En cada etapa histórica, los comunicadores han jugado roles como informadores, líderes de opinión, productores de bienes culturales, traductores o intérpretes, por mencionar los más éticos, pues también ha sido acusado  –y con justa razón–  de todo lo contrario.

El acelerado avance tecnológico en materia de comunicación y la íntima relación del campo comunicativo con el espacio social y otros campos como el político, el económico y el cultural, han obligado a la constante relación entre los comunicólogos y los comunicadores sobre la práctica profesional1, así como sobre los procesos de producción y distribución de bienes simbólicos. Esto ha reconfigurado los bordes del campo de la comunicación y necesariamente sucede los mismo con los programas curriculares y las prácticas pedagógicas desarrolladas hasta ahora en las escuelas de comunicación.

De estas últimas se espera que jueguen un papel central en toda la dinámica de reajuste y cambio cultural, pues representan el punto de partida pero también de llegada de una espiral de experiencias, necesidades, propuestas… especialmente si se considera a la institución escolar como el engranaje básico de la sociedad.

Sin embargo, el desfase entre los planes de estudio de las instituciones de educación superior y la práctica de la profesión se ha convertido en una constante a lo largo de los años. Hoy en día se sigue considerando que la comunicación atraviesa por una etapa crítica, caracterizada por la concentración de los medios masivos en corporaciones multimedia, identificables además como grupos económicos dominantes mundialmente y la pérdida de credibilidad, producto de su inclinación hacia el periodismo-espectáculo, con todas sus implicaciones.

En consecuencia, la comunicación por Internet no es más alentadora, pues los comunicadores no han sido capaces de generar diferentes procesos de comunicación con características y cualidades distintas, distinguidos por su organización en redes flexibles pero inestables; colectivas pero individuales; virtuales pero reales, construida –de acuerdo con Castells– por un sistema de medios “omnipresentes, interconectados y diversificados, y por la transformación de los cimientos materiales de la vida, el espacio y el tiempo, mediante la constitución de un espacio de flujos y del tiempo atemporal”.

En la incursión por la red a través del mundo, la mirada en la formación académica de comunicadores multimediáticos debe tener en el ángulo que  no se trata exclusivamente de otro medio de comunicación más –tal y como hasta ahora han considerado las grandes corporaciones de medios masivos–, sino como una probable forma de organización social que pretende la globalidad y se extiende por el planeta entero, tal y como en el siglo XX lo logró el capitalismo industrial y el estatismo. Entonces, al igual que ahora, el sacudimiento cultural fue de grandes proporciones: se favoreció la desigualdad social y económica, se explotó la esperanza y la codicia. En ese nuevo mundo, la comunicación jugó un rol fundamental a la par de los grupos de poder produciendo y reproduciendo la cultura socialmente legítima.

Hoy día de nueva cuenta las cosas han cambiado. En el campo de la comunicación las cosas tienen que cambiar. El perfil académico y profesional del comunicador es blanco de fuertes presiones antagónicas. Por un lado, siguiendo a Castells, una sociedad cuya comunicación es el medio de enlace entre la vida política y cultural, obligada a atender la globalidad y el cosmopolitismo, en busca de una individualidad cultural amenazada por fuerzas tecno-económicas. Y por otro lado, de acuerdo con Martín-Barbero,  está el hecho de que, día a día, las empresas comunicativas pierden su perfil político-cultural, transformándose en grandes conglomerados económicos para los cuales el rating es el negocio.

En medio de estas tensiones se visualiza a las escuelas de comunicación como receptoras sensibles de las condiciones que actualmente presenta el campo de la comunicación en la formación de cuadros de profesionistas capaces de interpretar las posiciones objetivas en su entorno profesional y las formas de posicionarse en él.

La educación superior de comunicadores se desarrolla en un microcosmos donde el planteamiento fundamental es encontrar la manera de insertar a la escuela en un escenario comunicativo que igualmente represente, sostiene Martín-Barbero, “experiencia cultural, entorno informacional y espacio educacional difuso y descentrado”, y a la vez continuar con la tarea académica de aprendizaje del saber, desarrollar la disciplina de la reflexión y la responsabilidad que implica el análisis y la crítica, sin que nada de ello signifique renuncia a la creatividad.

Siguiendo a Martín-Barbero, cabe reflexionar en dos vías, una de ida y otra de vuelta. La primera es plantearse los retos de la educación a raíz de los cambios en la tecnología; y la segunda, repensar sobre cuál sería la educación que encuentre cabida en el escenario de los medios.

Las tecnologías de la información y la comunicación representan para la escuela el reto de llenar un vacío cultural entre lo que enseñan los profesores y el entorno en el que los alumnos aprenden. Los mecanismos de socialización entre los jóvenes universitarios son distintos al estar marcados por la presencia de Internet a través de la cual se transmite y circula el saber. Pero también constituye un dispositivo de identificación y expresión de pautas de comportamientos, estilos de vida y patrones de preferencias.

A semejanza de lo sucedido con los comunicadores, los educadores han visto en internet una simple herramienta de modernización técnica que ha sido básicamente utilizada para cubrir una mayor difusión en la transmisión de contenidos educativos; para darle una imagen tecnologizada a los contenidos y para amenizarlos, pero cuyo trasfondo cultural, que define objetivamente la cultura, sigue intacto. Queda claro que esa es la orientación de los intereses objetivos y simbólicos de los grupos dominantes.

Lo realmente esperado es que las escuelas de comunicación, al margen del acostumbrado papel reproduccionista de las instituciones educativas a nivel superior, consideren la necesidad de entrar en relación con la experiencia que significa este proceso de ajuste y campo cultural como elementos estructurales en la composición del campo de la comunicación, donde –coincidiendo con Martín-Barbero–  se observa desterritorialización de identidades, hibridación entre las ciencias y el arte, combinación de distintos tipos de lecturas (escritura y audiovisuales), pues ahí es donde se fincan las posibilidades del comunicador multimediático en la práctica profesional.

Sumergirse en el espacio de la Internet obliga a la educación, antes que nada, a romper con el modelo tradicional de transmisión del saber mediante la memorización para la reproducción. Por el contrario, el profesor ya no es el único depositario del conocimiento y, por lo tanto, será desprovisto de la legitimación por parte del sistema como autoridad de la materia; en un escenario ideal tendría que adoptar el rol de orientador, instructor, guía, facilitador, colaborador… Mientras los alumnos a su vez, de ser receptores de información, a través de internet tendrán en sus manos la posibilidad de construir conocimiento.

Esto implica que las escuelas de comunicación en particular, se adecuen a las nuevas condiciones del campo, a raíz de la introducción de las tecnologías de la información y la comunicación en busca de modelos educativos que permitan al alumno conceptualizar a la comunicación en un sentido más amplio, más allá de los medios como mecánicos instrumentos de masificación, conformismo y consumismo.

Hoy resulta fundamental orientar a los futuros profesionales de la comunicación hacia una reflexión más profunda sobre un campo donde pueden convivir distintas formas de procesar, interconectar y retroalimentar información; donde conviven distintos intereses políticos, económicos y socio-culturales; donde el público es una multiplicidad de identidades; donde la manera de elaborar mensajes no puede responder a patrones preestablecidos y aprendidos con anticipación, como maneras simplistas de encasillar información y opiniones; donde lo escrito y lo oral pueden encontrar momentos de convivencia sin necesariamente entrar en competencia, y como dice Martín-Barbero: “aprovechar tanto la oralidad como experiencia perceptiva y expresiva del mundo, como esa otra cultura de la visualidad electrónica”.

Pero ¿cuál es la percepción de las escuelas de comunicación sobre el panorama abierto de las tecnologías de la información y la comunicación en el campo de la comunicación? ¿Realmente experimentan un proceso de adecuación ante las múltiples reflexiones que en voz alta han planteado los pensadores de la comunicación? Y en dado caso, ¿cómo incorporar a las escuelas de comunicación en esta compleja realidad? ¿Qué acciones pedagógicas han emprendido las escuelas de comunicación en la formación de cuadros profesionales? Por lo tanto, ¿qué tipo de entramado teórico-práctico proponen los planeadores curriculares en comunicación para la generación de planes de estudio que formen académicamente a comunicadores con una visión multimediática?

Estas preguntas llevan a pensar que, independientemente de las futuras propuestas curriculares de las escuelas de comunicación, deben orientarse hacia acciones pedagógicas creativas y críticas de los medios incluyendo internet, de tal manera que el modelo educativo pueda transitar de lo concéntrico, lineal, interesado en la adición de asignaturas como bloques de conocimiento hacia otro modelo más abierto, plural, propositivo y hasta impredecible, donde el encuentro entre la lectura del texto y del hipertexto permita a los estudiantes reflexionar sobre la importancia en la evolución de la lectura.

Por supuesto deberá ser entendida como el acto de penetrar en la información, procesarla y hacer uso de ella como conjunto de nudos (palabras, páginas, imágenes, gráficos, secuencias sonoras y documentos complejos), relacionados por conexiones de tipo reticular no lineales, y donde la mayor parte de las veces la lectura se transforma en escritura, enmarcada en un ecosistema socio-comunicativo. Un ejemplo paradigmático de ello es el papel que jugaron las redes sociales en materia de elecciones (entre otros ejemplos). Vimos durante el proceso electoral 2012 cómo los usuarios (mayoritariamente los jóvenes universitarios) se apropiaron del medio, dándole usos comunicativos distintos: desde meramente informativos o canales de opinión, hasta retablos iconográficos donde se mezclan informaciones, argumentos, expresiones coloquiales y registros visuales. Particularmente este ejemplo es digno de mencionarse pues constituye la síntesis de un verdadero sistema comunicativo que ha culminado, como hemos sido testigos, en manifestaciones en diferentes plazas públicas del país y en movilizaciones políticas.

Dicho entorno hace pensar, ahora más que nunca, en la estrecha relación entre el educador y el comunicador. Y esto no implica la desaparición del educador, sino la evolución de su perfil como comunicador capaz de plantear problemas, diseñar procesos, formular preguntas, estimular curiosidades y coordinar el trabajo colaborativo de sus alumnos sistematizando y organizando experiencias.

Las escuelas de comunicación tienen ante ellas un desafío más: formar académicamente comunicadores multimediáticos cuyo futuro se finca en la capacidad presente de integrar una serie de habilidades que les permitan incorporarse a un campo social-profesional, que en el caso particular del espacio cibernético, conjunta una estructura que a su vez conforma a quienes actúan ahí; la generación de un sistema de valores y de formas de ver acordes a las condiciones del campo; la presencia de agentes sociales en lucha por ampliar su margen de dominio, además de las características y condiciones propias del medio, y del intercambio simbólico inherente a los procesos de comunicación como producto de amplios y complejos fenómenos socioculturales.

 

Nota

1) Para este breve análisis, la práctica periodística se considera como una de las posibilidades de la comunicación. Por lo tanto, cuando se hace referencia a la comunicación como campo, incluye al periodístico y en general, a la producción de mensajes y a la interpretación de procesos comunicativos.

 

Referencias

Castells, M. (2001). La era de la información. El poder de la identidad. Vol. II. México: Siglo XXI.

­———(1999). La era de la información. La sociedad en red. Vol. I. México: Siglo XXI.

Fernández Hermana, L.A. (2000, 28 de noviembre). Periodista multimedia. En Enredando, nº 243. Recuperado de http://www.enre dando.com.

Fernández Hermana, L.A. (2000, 5 de diciembre). Las 6W+2H de los nuevos medios. EnEnredando, nº 244. Recuperado de http://www.enredando.com.

García, C. (2004). La formación académica del comunicador multimediático en la era informacional en México (Tesis doctoral). Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, México.

Martín-Barbero, J. (2001, abril-julio). Los oficios del comunicador. En Renglones, año 16, nº48, pp. 5-22.

 

Doctora en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Comunicación. Profesora investigadora del Departamento de Ciencias de la Comunicación de la UAM Cuajimalpa. Coordinadora de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación. Integrante de los grupos de investigación en “Comunicación educativa”, del cuerpo académico y de “Comunicación educativa y divulgación de la ciencia”.

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  • Sin duda el desafío actual es la preparación de profesionales de la comunicación que puedan incidir en la sociedad a través de los medios, pero ahora también a partir de las redes. La interacción humana, las formas de organización y la capacidad para generar y distribuir información es lo que marca tendencia.
    Interesante la visión del binomio comunicador-educador, desde la comunicación lo entiendo en el sentido de abordar la gran tarea de formación de audiencias críticas y al reto de traer a tierra las redes virtuales.

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