RMC es una publicación del Departamento de Ciencias de la Comunicación - Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Cuajimalpa

Periodistas consentidos

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  • Algunos periodistas aceptan regalos de los políticos sin darse cuenta de las dobles intenciones que puede esconder.
  • Quienes lo hacen alegan que si los dueños de los medios lo hacen, ¿por qué ellos no?
  • “En este oficio, como en todos los órdenes de la vida, primero está la dignidad y es mejor morir pobres antes que prostituirse”.
Fotografía: "Prensa Vendida I" por Crudx Punk @ Flickr

Fotografía: “Prensa Vendida I” por Crudx Punk @ Flickr

Por José Luis Esquivel Hernández

El gremio de los periodistas siempre ha tenido un imán especial entre los gobernantes y políticos ventajosos quienes tratan de congraciarse con quienes en tiempos antiguos se les llamaba cronistas, “reporters” o “tundeteclas”.

Algunos periodistas muchas veces se han sentido parte del sistema de beneficios oficiales al aceptar (cuando no reclamar) atenciones y obsequios que no les corresponden, sin darse cuenta que aquellos que les otorgan dichas atenciones y obsequios lo hacen con una doble intención: primero que nada ser favorecidos en los medios masivos ante  la opinión pública y después ser considerados benefactores debido a la idea de abandono y miseria en que suponen está todo profesional de las noticias.

Durante décadas los periodistas viajaban (y supongo que en algunos casos lo siguen haciendo) con cargo al erario durante las gira de trabajo de los políticos que se desplazaban inclusive al extranjero, y abundan anécdotas de las francachelas y desórdenes de que eran protagonistas gracias a la “generosidad” de los jefes de prensa.

Todavía hoy existen funcionarios del sector público y privado que ven a los periodistas como “muertos de hambre”, y hay periodistas que les gusta que así los traten cuando ven la posibilidad de alimentos, vales de gasolina, boletos de avión, pagos de hoteles caros, reparto de laptops, celulares y, sobre todo, dinero. Mucho dinero. ¡Qué lástima!…

Los que se prestan a este intercambio de favores alegan que si sus patrones (los dueños de los medios) lo hacen con concesiones y prerrogativas de todo tipo, ¿por qué ellos no? Es decir, si los de arriba sacan ventaja sin ser periodistas, éstos están más que justificados porque los avala su trabajo y la necesidad económica por sus pobres salarios.

Por eso no es de extrañar que ahora veamos a gobernadores de algunos Estados del país promoviendo dádivas a periodistas, como el gobernador de Guerrero, Ángel Eladio Aguirre Rivero, quien ha presumido que su administración aumentó recursos del fondo de apoyo para este gremio de informadores de 500 mil a 5 millones de pesos.

“No puede ser que los periodistas no tengan un patrimonio. Cuando yo llegué a la administración estatal, el fondo tenía tan sólo 500 mil pesos; hoy el fondo asciende a 5 millones y lo vamos a seguir ampliando”, sentenció el priista-perredista.

“Me da muchísimo gusto entregar hoy 28 viviendas en las diferentes regiones del Estado”, exclamó el gobernador de Guerrero en la clausura del noveno Congreso Nacional de la Federación de Asociaciones de Periodistas Mexicanos, A. C. celebrado en Ixtapa Zihuatanejo.

Pero también el gobierno de Baja California aprobó hace poco fondos especiales (6.1 millones de pesos) para apoyar a periodistas que considere apropiados en la compra de casas, automóviles y servicios turísticos, lo que ha hecho imitar esta iniciativa a los del Partido Verde en Aguascalientes al proponer que las autoridades respectivas creen, igualmente, un fondo que contribuya a ayudar a los reporteros en sus requerimientos económicos más urgentes.

Chihuahua y Veracruz no se han quedado atrás en los fondos de bienestar para mejorar las condiciones de vida de un grupo “tan vulnerable”, de acuerdo con la percepción de tantos políticos que, así, tratan de quitar la responsabilidad a los dueños de los medios de cumplir con su obligación de salarios profesionales dignos a sus trabajadores, sin que tenga que mediar el gobierno como trató de hacerlo en su momento el presidente Carlos Salinas de Gortari en 1990, a quien imitó en junio de 1992 el también priísta José Francisco Ruiz Massieu  cuando presidía el poder ejecutivo en Guerrero. El deber es del que contrata no de los políticos.

Sin embargo, además de relevar de su deber a los patrones que lucran con los medios masivos y que de esta manera se sientan en sus laureles para regatear hasta el seguro de vida a su gente, también hay que leer detrás de estas iniciativas populistas el compromiso que se establece entre el que da y el que recibe con el riesgo de pérdida brutal de independencia en el trabajo de los comunicadores que se deben a la opinión pública en un menester tan delicado como el de difundir la verdad de los hechos y las declaraciones sin cortapisas ni manipulaciones.

Esperemos que los colegas beneficiados así salgan de la miseria en que los ven los políticos, pero que no se vendan por un plato de lentejas. Porque en este oficio, como en todos los órdenes de la vida, primero está la dignidad y es mejor morir pobres antes que prostituirse.

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