La historia de Don Susanito Peñafiel y Somellera

Cinea­dic­tos

José Alfredo Flo­res Rocha

Cola­bo­ra­dor de la publi­ca­ción Cinea­dic­tos que edita la FES– Acatlán

En este 2008 se llevó a cabo la cere­mo­nia número 50; Pedro Armen­dá­riz, el pre­si­dente de la Aca­de­mia Mexi­cana de Artes y Cien­cias Cine­ma­to­grá­fi­cas, fue el encar­gado de ini­ciar el evento. La pre­sen­cia de Andrés Bus­ta­mante como pre­sen­ta­dor marcó el carác­ter rela­jado de la entrega, e incluso el dis­curso de apoyo a la pro­duc­ción nacio­nal se sin­tió poco enérgico.

Entre los pre­mia­dos estu­vie­ron la actriz Sil­via Pinal por su tra­yec­to­ria de más de medio siglo en la pan­ta­lla grande (Ariel de Oro); el escri­tor Vicente Leñero, quien reci­bió la Meda­lla Sal­va­dor Tosacno por su tra­bajo como escri­tor y guio­nista; el Ariel Hono­ra­rio de Oro fue para Fer­nando Mora­les Ortiz por haber sido pio­nero en esta aso­cia­ción. Se recordó, ade­más, a los que ya se fue­ron, como el dra­ma­turgo Emi­lio Car­ba­llido y la actriz Ale­jan­dra Meyer.

Tuvo como invi­ta­dos musi­ca­les a Car­los Prieto, Lila Downs, Ely Gue­rra y Mal­dita Vecin­dad. Entre las pelí­cu­las gana­do­ras estu­vie­ron Luz Silen­ciosa, de Car­los Rey­ga­das, con cinco Arie­les; Kiló­me­tro 31 con cinco tam­bién; La Leyenda de la Nahuala por único y Mejor Lar­go­me­traje Ani­mado; Par­pa­dos azu­les, de Ernesto Con­tre­ras, por ser la Mejor Ópera Prima; la cinta argen­tina XXY con­si­guió el Ariel por Mejor Pelí­cula iberoamericana.

Los Arie­les de Mejor Actor y Mejor Actriz fue­ron para Jorge Zárate por Dos abra­zos e Irene Azuela por Que­mar las naves, pelí­cula que tam­bién reci­bió otro reco­no­ci­miento por Mejor Música Ori­gi­nal, de los com­po­si­to­res Joselo Ran­gel y Ale­jan­dro Gia­co­mán. Mien­tras, la cinta de Paul Leduc El Cobra­dor úni­ca­mente se llevó el reco­no­ci­miento al Mejor Guión Adaptado.

Al final, a pesar de haber que­dado de mani­fiesto, con esta entrega de Arie­les, que el 2007 no fue un buen año para el cine nacio­nal, no cabe duda que hay pro­duc­cio­nes rea­li­za­das con cali­dad que han sido reco­no­ci­das en diver­sos fes­ti­va­les a nivel inter­na­cio­nal, por lo que la Aca­de­mia Mexi­cana de Cien­cias y Artes Cine­ma­to­grá­fi­cas y los crea­ti­vos deben tra­ba­jar para res­ca­tar y for­ta­le­cer la indus­tria fíl­mica en nues­tro país a fin de que el público mexi­cano regrese a las salas y vea lo Made in Mexico.

Para 1925 Joa­quín Par­davé era ya un actor reco­no­cido den­tro del medio artís­tico nacio­nal, sin embargo, su con­sa­gra­ción como actor se da durante la lla­mada “época de oro” del cine mexi­cano, lo que le per­mi­tió ser diri­gido por figu­ras de la talla de Fer­nando de Fuen­tes, Juan Bus­ti­llo Oro, Julio Bra­cho y Emi­lio “el indio” Fer­nán­dez y alter­nar con acto­res como Pedro Infante, Sara Gar­cía, Mario Moreno “Can­tin­flas”, Marga López y los her­ma­nos Soler.

Men­ción aparte merece su pro­lí­fica tra­yec­to­ria como com­po­si­tor de temas musi­ca­les, entre los que des­ta­can los títu­los: Ven­ta­nita morada, Negra con­sen­tida, Cho­lita, Flo­re­cita de retana, Qué bonito par de oji­tos, Bésame en la boca, Pen­jamo, La Pan­chita, sin dejar de men­cio­nar Car­men y, desde luego, su éxito más sonado en la radio comer­cial Varita de nardo, que se con­vir­tió pronto en uno de los temas más popu­la­res. Entre sus inter­pre­tes más reco­no­ci­dos estu­vie­ron Juan Arvizu, Guty Cár­de­nas, Emi­lio Tuero, Luis G. Rol­dán y Lola Beltrán.

Dada su ver­sa­ti­li­dad, Joa­quín Par­davé es con­si­de­rado como un ejem­plo atí­pico den­tro del ambiente artís­tico nacio­nal, una espe­cie de Cha­plin muy a la mexi­cana, que lo mismo actuaba, se auto­di­ri­gia, escri­bía y com­po­nía temas musi­ca­les, pero fue sin duda su desen­vol­vi­miento den­tro de los esce­na­rios tea­tra­les y cine­ma­to­grá­fi­cos, lo que le ganó el reco­no­ci­miento no sólo de la cri­tica espe­cia­li­zada, sino tam­bién de las mayorías.

Su par­ti­ci­pa­ción en alre­de­dor de 62 lar­go­me­tra­jes lo con­vir­tió en uno de los acto­res más que­ri­dos y entra­ña­bles de que se tenga memo­ria den­tro de la cine­ma­to­gra­fía nacio­nal, esto, gra­cias a su inigua­la­ble “chispa” y su cali­dad que lo llevó a inter­pre­tar pape­les, no sólo de corte cómico, sino tam­bién melo­dra­má­tico. Entre sus pelí­cu­las más des­ta­ca­das están: Viaje redondo (1919), El Águila y el nopal (1929), Agui­las frente al Sol (1932), La San­dunga (1937), La tía de las mucha­chas (1938); En tiem­pos de Don Por­fi­rio (1939), Ahí está el deta­lle (1940), Ay que tiem­pos señor don Simón (1941), México de mis recuer­dos (1943), en la cual inter­preta al entra­ña­ble Don Susa­nito Peña­fiel y Some­llera, que se con­vir­tió en uno de los per­so­na­jes más emble­má­ti­cos de la cine­ma­to­gra­fía nacio­nal y en ícono popu­lar de la pri­mera mitad del siglo XX.

México de mis recuer­dos está cata­lo­gada por la cri­tica espe­cia­li­zada den­tro de las 100 mejo­res pelí­cu­las mexi­ca­nas que se han fil­mado. Este lar­go­me­traje llevó a la con­sa­gra­ción defi­ni­tiva a Joquin Par­davé como un actor de época; otras de sus cin­tas que goza­ron de gran éxito son: Los hijos de don Venan­cio (1944), La niña de mis ojos (1946), El casto Susano (1952), Repor­taje (1953), en la cual fue diri­gido por Emi­lio “El Indio Fer­nán­dez, El mil amo­res (1954) y Club de seño­ri­tas (1955).

Joa­quín Par­davé es, qui­zás, junto con Ger­mán Val­dés “Tin­tan”, uno de los artis­tas más com-pletos, ver­sá­ti­les y pro­lí­fi­cos que haya dado nues­tros país a lo largo de su his­to­ria tea­tral y cinema-tográfica, por lo que, aún en los albo­res del siglo XXI, siguen siendo un refe­rente obli­gado para las nue­vas gene­ra­cio­nes de acto­res y cineas­tas mexi­ca­nos dedi­ca­dos a la come­dia y al entretenimiento.

El artículo ante­rior se publicó ori­gi­nal­mente en Cinea­dic­tos
y debe de citarse de la siguiente forma:

Flo­res Rocha, José Alfredo, “La his­to­ria de Don Susa­nito Peña­fiel y Some­llera”,
en Cinea­dic­tos, Num. 72, abril, 2008.