Una crisis anunciada

 El futuro de la TV en el siglo XXI

 

La  televisión  se  vuelve  un  tema recurrente  en  la  prensa  mundial.  Este  medio  estructuró  gran  parte  de  las  mentalidades  de  la  segunda  mitad  del  siglo  XX  y  empieza  a  inquietar  a las  grandes  empresas  internacionales  en  torno  al  papel  que  podría  tener  en  el  siglo  XXI  desde  el  punto  de  vista  económico.

 Carmen Gómez Mont

En los países más avanzados, se confirma que los jóvenes están dejando de ver TV al contar con Internet como principal medio de información, entretenimiento y comunicación. Desde tal perspectiva puede decirse que dentro de unas generaciones más, en esos países la televisión podría perder su audiencia.

Si bien es vista ahora por los jóvenes latinoamericanos, ello se debe a que todavía no tienen un acceso barato a las tecnologías digitales móviles. La audiencia televisiva parece estar condicionada a una existencia efímera que anuncia un trágico fin, a menos que la TV se obligue a pensarse por ella misma a partir de la inserción de sus contenidos y formatos en la cultura digital que va más allá del copy and paste en Internet de su programación y de sus programas.

Veamos de cerca algunos fenómenos que parecen relevantes.

Primeramente hay un cambio radical en los jóvenes que parte de  la manera como ven y se ven: cómo se  informan y se comunican. Estas prácticas son diferentes de como lo hacían quienes procedían de la cultura de la televisión. De acuerdo con Javier Marías, hay un incremento en la forma como se consumen las obras de arte en nuestra sociedad: “es un afán por estar al día” que parece no tener reposo. Se trata de una especie de acelerado proceso de consumo que en la mentalidad juvenil responde perfectamente a la elaboración de mensajes cortos,  rápidos, fugaces, pero también al surgimiento de nuevos formatos informativos y audiovisuales con una duración máxima de tres minutos.

Ese vértigo por la velocidad es parte de la cotidianidad de los jóvenes, de su estructura informativa y comunicativa. Por tal razón decimos que hay un cambio en la mentalidad de ver, informar y comunicar. Así, todos aquellos lenguajes mediáticos inscritos en los tiempos largos tienen poca probabilidad de encontrar una escucha en las jóvenes generaciones. Este vivir desde una doble percepción y desde una doble velocidad explica, en parte, la falta de comunicación entre generaciones, pero también el fracaso de gran parte de los programas educativos concebidos a partir de una narrativa más cercana al siglo XIX que al XXI. Si bien es verdad que quienes se forman en el aula deben poseer destrezas para dominar ambos campos, lo cierto es que quienes pertenecen a generaciones previas deberán contar también con las competencias necesarias para dominar el vértigo de la velocidad informativa que domina al siglo XXI.

En segundo lugar, el incremento en la velocidad informativa no encuentra hasta ahora una correspondencia en los formatos televisivos actuales. Programas informativos, telenovelas, entretenimiento, deportes e incluso la misma publicidad, parecen estar inscritos dentro de la lógica de los tiempos largos.

Sin embargo, la televisión lucha por sobrevivir acelerando el ritmo de las imágenes, pero desde una lógica totalmente diferente de como lo hacen los nuevos medios. De ahí su riesgo de fracasar.

En los últimos 30 años, la televisión ha evolucionado en sus formas de recepción, interpretación y uso de las imágenes al reducir la duración de cada plano que va más allá de los diez segundos. Esto quiere decir que el número de planos por minuto ha aumentado de manera vertiginosa del incremento el flujo de imágenes, según Christophe Girard (Le Monde, 24 agosto 2008).

El incremento de esa velocidad no ha respondido a la formación de una nueva mentalidad en los jóvenes, sino a razones puramente comerciales. Ello explica su vacuidad si se compara con el nivel de fascinación que ejercen estas mismas imágenes cuando se traducen a principios digitales e interactivos. Se trata de una velocidad creada para fascinar al telespectador y obligarlo así a permanecer en el canal de una televisora a fin de multiplicar sus ganancias. Nuevamente salta a la vista una lógica comercial que responde al modelo televisivo del siglo XX, pero no al del siglo XXI.

Por tal razón, la mentalidad de las jóvenes generaciones compagina mal con la televisión del siglo XX y encuentra una fascinación con la velocidad que despliegan las tecnologías digitales.

Con o sin plena conciencia de ello, los planos de la televisión se someten a una duración inferior a los diez segundos: ¿puede hablarse bajo esas normas de una televisión educativa y cultural, cuando en este caso, como señala Javier Marías, se requiere de una narrativa larga y pausada?

En tercer lugar, las jóvenes generaciones ya insertas dentro de la tecnología digital dejan de ser espectadores para convertirse en productores de su propia información. Mientras que la televisión difunde, los nuevos medios los invitan a producir ellos mismos y a difundir por canales de amplio espectro nacional e internacional. YouTube ha sido la experiencia que mejor ha colocado a la televisión clásica entre interrogantes para hacer ver a los jóvenes consumidores del audiovisual hasta dónde puede llegar su capacidad de consumir imágenes, pero también de producirlas ellos mismos sin necesidad de contar con un canal de televisión propio.

YouTube no es sino un primer paso para pensar la televisión desde una perspectiva diferente, creando e imaginando nuevos formatos de larga y de corta duración, donde la diversidad de actores y la libertad de expresión quedan en el centro del escenario, mas no una razón económica como parece regir a la televisión del siglo XX.

Finalmente, ¿por qué estos puntos son primordiales? Porque hasta ahora, la televisión no ha podido pensarse desde los cánones de las tecnologías digitales, por más que se hable de la alta definición, que se lleve su programación a la tecnología móvil y se lleve a ciertos principios interactivos la programación deportiva. No se puede hablar de una nueva televisión.

La televisión del siglo XXI deberá ser algo más que el copy and paste que ha caracterizado su presencia en Internet. La tarea aún está pendiente.

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