RMC es una publicación del Departamento de Ciencias de la Comunicación - Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Cuajimalpa

Investigar para saber de primera mano: Entrevista con Fátima Fernández Christlieb

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  • “Yo sentí el gusanito de la investigación desde la licenciatura”, dice Fernández
  • Es profesora titular de tiempo completo adscrita a la carrera de Comunicación en la Facultadde Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
  • La entrevista de Vicente Castellanos pertenece a una serie sobre los investigadores de la comunicación en México.

Fátima Fernández Christlieb – Fotografía: UNAM

Por Vicente Castellanos

Publicado originalmente en la RMC 129

Disponible a la venta como Kindle Ebook 

“Los métodos casan mucho con las personalidades, con los temperamentos, con las propias historias”, asegura la doctora Fátima Fernandez Christlieb y añade: “Yo no sigo recetas ni en mi vida, ni en la investigación, y he visto gente que dice: es que así es porque de esa manera lo dijo fulanito y no te vayas a salir de su esquema. Si yo hubiera seguido una receta, sería una maquinita mal fabricada. El método lo entendí como un camino para desentrañar una realidad, y hay muchos caminos, unos más afines a mi modo de ser y otros menos afines en mi forma de vida que es bastante dispersa”.

—-Vicente Castellanos: ¿Por qué investigar?

Yo sentí el gusanito de la investigación desde la licenciatura. Creo que tengo una de las características que a mi juicio debe tener todo investigador o tiene por definición, que es la curiosidad, ganas de saber más sobre algo.

Yo me recuerdo tomando muchas materias, particularmente dos: Legislación de los medios y Televisión, donde yo estaba inquieta por el tema. Hay que aclarar que eran épocas en que estaba la discusión sobre los tiempos fiscales en los medios. El profesor de la materia era abogado de Televisa, hablaba de eso y razones personales que a veces se entreveran en la vida de los investigadores.

Un hermano de mi madre acababa de ser presidente del Partido Acción Nacional. Ese dirigente, Adolfo Christlieb Ibarrola, me dijo un día: “Oye, ¿tú que piensas de esas medidas que están ahorita por aprobarse?”  Yo sabía. Llegué a la escuela, pregunté y me di cuenta de que era un tema áspero, entonces dije: “¡Yo tengo que saber más!”. En el momento que le entré a ese tema, que se convirtió en mi tesis de Licenciatura, sentí vértigo, sentí ganas de saber más. El primer planteamiento que hice, fue: ¿qué está pasando aquí? ¿Qué dicen otros actores políticos de lo que está ocurriendo? Entonces me fui a investigar sobre los periódicos.

El punto es: ¿Por qué investigar? Porque investigar para mí era saber de primera mano algo. Esto también se cruza con historias personales: yo tenía un papá y una mamá muy distintos, opinaban diferente sobre tantas cosas, eran tan diferentes que eso me obligó a preguntarme ¿y yo qué pienso?  Y creo que aprendí a pensar por mí misma muy tempranamente.

En el momento que entré a la carrera, ésta era una licenciatura muy nueva, era la época en que ya había acabado la etapa de los comunicadores filósofos. Mi generación era muy ávida de saber y el campo estaba virgen. Los pocos investigadores de la comunicación eran los recién salidos, por ejemplo Raúl Cremoux.

En la misma década que salí de la escuela fundamosla Asociación Mexicanade Investigadores dela Comunicación, o sea, ya sabíamos que había que investigar y sabíamos que había que juntar al gremio para poder incidir en la realidad, que era otra cosa que me viene también un poco de familia.

Yo me formé mucho a la luz de ese espíritu de contribución con los más desposeídos, un poco “cristianón”, medio mesiánico del que me despojé apenas entré ala UNAM. Yovenía de escuela particular,la Iberoamericana, saqué un poco de experiencia en el estudio y saqué el título y saqué el marido; pero cuando acabé dije: “Bueno, ¿y la realidad nacional dónde está?”

Me di cuenta de que en cinco años de carrera, yo no había aprendido casi nada del país. Me vine ala UNAMa estudiar sociología como segunda carrera, y aquí era la época del marxismo recalcitrante, de los comités de lucha; el 68 no estaba muy lejos y el 71 me tocó apenas puse un pie aquí. Entonces vi muertos y ¡ah caray!, pensé, la cosa está más seria de lo que uno piensa. Quería entender esa realidad que me estaba circundando, y no veía otra forma de ganarme la vida que ésa.

Nótese que eran épocas en que todos los comunicólogos de las universidades que tenían la carrera, salían con trabajo, porque no había gente que manejara los medios con más profesionalismo. Otra cosa interesante: yo no tuve ni un sólo profesor comunicólogo porque no existían.  Eran abogados o  periodistas de oficio. Uno de ellos por ejemplo, el de Novedades, Héctor Dávalos, me dijo: “oiga véngase pa‘ca, váyase usted a reportear”. “No, yo cómo voy a reportear  –le dije–, yo quiero saber más de todo esto”. Y fue así como caí enla Facultad de Ciencias Políticas y Sociales dela UNAM donde había centros de investigación recién formados. Empecé a trabajar aquí teniendo otras ofertas de trabajo, o sea, me quedaba claro que la vida es muy compleja.

 

—¿Qué tan de acuerdo estarías en creer que la investigación está vinculada con aquello que nos afecta emocionalmente?

—Creo que en mi caso está estrechamente vinculada: no tengo ninguna duda. Pienso también que hay temperamentos, caracteres y biografías. A mí me gustó mucho cuando entré ala UNAM: todas esas posturas del investigador, el que el académico tiene que involucrarse con el cambio social, había que dar la vida por la investigación.

Hace mucho fui presidenta de la AMIC, cuando no había cumplido 30 años, y conocí a los españoles, todos los discípulos de Miguel de Moragas y uno de ellos, Emilio Prado, me dijo: “Léete este libro que acabo de hacer”. Se llamaba Cómo fabricar noticias o una cosa así, y tenía una frase que se me quedó muy grabada, que decía: “La objetividad no existe porque sería ausencia de mediación”. Entonces uno está mediando entre la realidad y el trabajo académico.

 

El sello personal

Desposeerme, desvincularme es casi imposible. Hay gente que lo intenta y dice hacerlo, pero finalmente en la elección del propio método ya hay una involucración personal. Tiene uno que cuidarse, evidentemente, y yo batallo mucho con que mis deseos, mis percepciones, mi ángulo de visión, mi interpretación de los hechos no sea la que predomine en la descripción de la realidad, pero es muy difícil desvincularse de lo que uno es; seríamos objetivos si el objeto de estudio fuera otro; no habría remedio si estuviéramos midiendo partículas atómicas en un acelerador en el instituto de física; así es el método y por eso son tan distintas las áreas.

Nosotros nos carcajeamos de eso que inventó el SNI (Sistema Nacional de Investigadores) sobre “cuánta gente te ha citado”,  pero ellos no, porque si te citan es que aportaste al conocimiento de ese dato duro casi no objetable. Finalmente es mucho más fácil tener consensos sobre lo que es el dato duro y por dónde va la investigación.

Cuando veo procesos como el que vivimos todos en el Canal del Congreso a partir de enero de 2006, o lo que pasó en el Senado de la Repúblicacon la Ley Televisa, por ejemplo, es muy difícil separar la parte racional de lo que emocionalmente puedes tú describir o puedes desentrañar: hay siempre una zona en que no es desvinculable el asunto. La personalidad, la materia prima, en síntesis, la historia personal, la biografía de cada quien, va dándole un estilo al investigador.

 

—En ese sentido, ¿cuándo una idea recurrente se convierte en tema de investigación y cómo lo problematizas?

—Te voy a decir cuál es la idea recurrente. La idea recurrente es en mi caso (cómo uno va, cómo construye uno, es algo que en la historia de las ideas está muy documentado): ¿Cómo construye uno su forma de percibir el mundo? ¿Cómo construye uno sus categorías y sus conceptos? ¿Cómo se acerca uno a ciertos autores y descarta otros? ¿Cómo privilegia uno ciertas cosas en su vida y descarta otras?

En la vida se van pasando cosas; por ejemplo, soy la mayor de 10 hermanos: eso me marcó; y tener un papá y una mamá distintos a mí siempre me generó curiosidad: ¿por qué pienso cómo pienso?  Y hace tiempo que me inquieta todo esto.

Tengo dos currículos paralelos: uno muy identificable, muy claro, porque es el que está aquí enla UNAM, de que he dado clases y escrito libros, o sea, sobre el doctorado, la maestría y todo eso. Pero tengo otro currículo de muchas cosas que a mí me interesan, y desde hace como 10 años le dedico mucho tiempo, mucha energía y mucha lana. Ahorita ya tengo una formación bastante consistente en lo que los psicólogos llamarían métodos psicoterapéuticos –unos oficiales, otros alternativos–, que responden al hecho de que a mí me ha costado mucho entenderme y entender mi vida. Yo tomé decisiones fuertes, fuertes, sobre la maternidad, sobre el matrimonio, sobre formas de vida cotidiana que me costaron mucho, o sea: sufrí, no la pasé bien y cuando acababa de tomar la decisión yo decía: bueno, qué pasó, por qué lo hice; y a estas alturas de mi vida, tengo muy claro qué pasó, de dónde vino, cómo fue, pero me he allegado de muchos métodos.

¿Cuándo un tema recurrente se vuelve tema de investigación? Yo me he dado cuenta de que, con el correr de los años enla Facultad, he ido entreverando estas cosas que me inquietan, siempre respetando los contenidos de la materia. Aplico la teoría de la comunicación a cuestiones muy concretas. Mi tema: “¿cómo estamos hechos, por qué pensamos lo que pensamos?”, se va entreverando con el tema de investigación. El caso es que paulatinamente, sin que uno decida la fecha concreta, el tema ya te atacó, ya se volvió ese interés recurrente y con el que sueñas, ya se volvió materia para dar en las clases y se volvió un tema de investigación.

 

—Ahora, cuando ya estás con el tema de investigación, tienes que empezar a leer, a informarte, a recopilar información, a escribir. ¿Cómo lo haces? ¿Tienes una disciplina estricta? ¿Haces fichas? Platica sobre tu método de trabajo hasta la conclusión de una investigación que en nuestra área queda muy claro, generalmente se ve concretizada en un artículo, en un libro, en una investigación de campo, pero que al  final tiene un reporte escrito.

—En la tesis del Doctorado, por ejemplo, había temas de toda la vida: los medios y la responsabilidad de los medios. Yo soy como muy aterrizada, no puedo hacer cosas teóricas, teóricas teóricas, porque esa es la pura masturbación intelectual y eso, pues, está padre de vez en cuando pero… como la vida cotidiana me gusta, entonces los temas ya andan por ahí flotando.

Ahora, los autores son importantes porque en una investigación ni modo que empieces de cero. No me digas que no hay nadie que haya escrito sobre eso. Los autores que yo he elegido dicen mucho.  (Mientras arreglaba mi biblioteca, el otro día me percaté de cuántos autores tengo su obra casi completa y de qué otros autores no tengo nada, o tengo un libro que me dejó un profesor u otro que tuve que leer porque algún colega me lo regaló o lo que sea, pero que no son mis favoritos).  ¿Qué autores son mis predilectos? Aquellos que son buscadores en el terreno de la vida: esos me encantan, me seducen, me ganan y estoy con ellos. Los que trabajan con todo su cuerpo, la panza y las vísceras y se involucran con el corazón que es una víscera y lo amalgaman con la cabeza y que se cuidan mucho de ser serios en su conceptualización: esos me encantan.

En el caso de la tesis de Doctorado me encontré un autor alemán, Norbert Elias. Él es un tipo cuyos papás son asesinados en Auswitch y se queda 10 años varado sin poder hacer nada; empieza siendo boxeador y después psicoterapeuta, ¡órale!, y después de eso vuelve a la obra sociológica; es un tipo fijado en algo, él quiere desentrañar el holocausto: por qué sus padres mueren así en una Alemania que él concebía como un país desarrollado culturalmente, cómo puede pasar eso; entonces arma toda una visión del hombre y la sociedad. Bueno, ese tipo de autores me gustan. Aunque también de repente los dejo porque luego uno ya no les encuentra más, ya no dan más o se vuelven muy técnicos en ciertas cosas.

Si la gente no está viva  y en búsqueda constante a mí no me gusta; los muy sistemáticos y muy racionales y multicitados, tampoco. A veces yo he visto que algunos se ponen de moda y entonces todos en una generación los leyeron por eso; ahora me doy cuenta de cómo la gente se va formando de determinada manera y cómo los autores en una comunidad, en un sector del campo, son los bien vistos por una generación también.

 

Mirada ecléctica

Yo no tengo tanto ese problema porque como venía de un funcionalismo en la Iberoy entré a la época del marxismo grueso en la UNAM, entonces me sentía realmente ignorante y leí muchísimo, pero afortunadamente le entré a Marx por las obras históricas: la lucha de clases, la guerra civil…  Entonces me cayó bien y luego había cosas de las que no entendía nada y las fui dejando. Cuando veía yo las tesis de mis colegas hechas sobre medios de comunicación y las puntas de la hegemonía, dije: “¿qué es eso y cómo se aterriza en este México?”  Y  como no lograba el aterrizaje, los dejaba. No tengo ese problema de casarme  con una corriente: yo soy bastante ecléctica en ese sentido. Sin embargo, dando por hecho que desconozco muchas cosas, mientras más lee uno y se da cuenta de cómo las comunidades se van formando bajo ciertos autores, hay que saber por lo menos quién es; si tú no sabes quién es Thompson o quién es Bourdieu, estás fuera. Pero no quiere decir que haya que casarse  con ellos: todo mundo habla de ellos, pero sí hay que saber por dónde.

Los métodos casan mucho con las personalidades, con los temperamentos, con las propias historias. Yo no sigo recetas ni en mi vida, ni en la investigación, y he visto gente que dice: es que así es porque de esa manera lo dijo fulanito y no te vayas a salir de su esquema. Si yo hubiera seguido una receta, sería una maquinita mal fabricada. El método lo entendí como un camino para desentrañar una realidad, y hay muchos caminos, unos más afines a mi modo de ser y otros menos afines en mi forma de vida que es bastante dispersa, yo diría. Si me siento atraída por muchos temas, los métodos han sido de manera parecida. No soporto una rigidez que deje fuera cosas que yo considero centrales. Mi trabajo ha sido como un ir agarrando de donde me siento cómoda, tanto de autor como de método y de forma de redacción. Yo no soy gente de muchos libros: soy gente de un libro cada diez años. Me cuesta mucho concluir las cosas, porque ¡se me antojan tantas!

Recuerdo, y nunca se me va a olvidar, un profesor de metodología durante el primer año de la carrera. Acabábamos de entrar y dijo: “Van a escribir en una escaletita o un modelito y van a poner qué hacen de lunes a viernes, sábado y domingo, y si alguno tiene algunas cosas que no le caben en el modelo, pues lo apuntan”. Todos acabaron, lo entregaron y yo lloraba. No podía salir, porque no podía meter todo y así es mi vida: no puedo meter todo lo que yo quisiera.  Batallo mucho cada día para poder compaginar las distintas cosas que debo con las que no debo y me encantan. Hay gente que no tiene ese problema. Yo he visto: son muy sistemáticos, muy ordenados, entregan a tiempo y cinco días antes ya entregaron el texto; yo lo hago cinco minutos antes.

 

—Ya que tocaste los autores y los métodos, me parece importante hacer la siguiente pregunta: ¿Cómo pasas de ser una mujer ilustrada, a ser una mujer ilustre, o cómo se pasa de ser erudito a ser sabio?

—Aquí depende qué entiendas por sabio.

 

—En qué momento dejo de pensar por ellos, por los autores…

—Yo creo que la mayoría o un porcentaje muy alto no hacen esa separación. De hecho yo tengo que inhibir algo. Uno de mis hermanos me dice: oye suprime por favor la primera persona del singular, pues la usas mucho para muchas cosas que no deberías. Entonces digo: sí es cierto, porque hay lugares donde no entra. Creo que en general mi generación fue educada para inhibir la primera persona del singular; en cambio se usa un “nosotros” que yo no sé usar.

Considero que muy tempranamente, por las mismas circunstancias, aprendí a pensar en ciertas cosas por mí misma. A mí me sirvió mucho cambiar de universidad y de carrera. Yo soy alguien que se mueve en muchos ambientes distintos, los cuales me enriquecen mucho. He aprendido a verme, a tomar distancia,  a observar dónde coincido,  dónde hay una diferencia total, y me doy cuenta de que distintos ámbitos me han alimentado como distintos aspectos de mi ser.

Yo no me considero erudita para nada.

 

—Pero se espera que un investigador sea erudito. Hay ciertos niveles de erudición que uno tiene que demostrar incluso en sus publicaciones. Si no la tienes estás fuera de la jugada, y a veces esa erudición es suficiente para ser considerado un investigador, y quizás eso sea insuficiente.

—Yo también pienso que es insuficiente. Por ejemplo, cuando hice la tesis de Doctorado escribí un capítulo especial para los cinco doctores que me iban a examinar y estaba cuajado de erudiciones. O sea era como para decirles: no crean que no me van a dar chance de entrar al gremio de los doctores. Y cuando terminó el examen profesional tiré a la basura ese capítulo e hice una introducción para la gente. Yo me ubico en este segundo terreno.

 

—Pero ¿por qué lo haces, qué es lo que hay en esa escritura y qué no hay en la otra?

—Hay momentos en la vida académica de un investigador en que  debe presentarse como un erudito: ahí están de prueba los exámenes profesionales, donde a veces el único que sale revolcado es el chavo dictaminado porque estamos frente a los colegas y familiares diciendo: yo sé más que tú; es ese el juego y a mí esos juegos me chocan.

Cada día estoy más tranquila en la academia, pese a que no estoy en el Sistema Nacional de Investigadores ni tengo nivel último del Programa de Primas al Desempeño del Personal Académico de Tiempo Completo dela UNAMporque vives para reportar, vives para circunscribirte a…, y vives para jugar reglas del juego que a mí no me gustan. Yo no sé cuándo voy a dejar la academia, tengo un papá de 92 años que apenas el año pasado sacamos de ella; era decano dela Facultadde Arquitectura, y tengo una mamá que es bióloga, que tiene 82 años y está activísima; el “coco” les sigue funcionando porque dan clases. Digo, pues yo no puedo dejar esto.

 

Manías y creatividad

Yo gozo a los alumnos cuando están recién llegados porque pueden leer y estudiar. En la academia hay reglas del juego. Afortunadamente a unos les va muy bien y a otros no nos va tan bien, pero todo mundo trata de cumplirlas porque es la forma de seguir viviendo de esto.

 

—¿Tienes alguna manía personal y que te haya dado buenos resultados en la investigación?

—Tengo varias. En mi biblioteca los libros de repente se empiezan a inflar, porque todo lo que tiene que ver con el tema lo recorto y lo pego ahí. Recorto mucho periódico: es una manía. El otro día me dijo Oscar, mi esposo: “Oye, ¿no será una adicción?” Pues a lo mejor sí porque desde que entré a la carrera, empecé a recortar periódicos. Recortarlos y archivarlos en libros me ha dado buenos resultados.

Otra manía y que no me gusta es juntar documentos. Junto muchos. Mira: hace 22 años que está aquel paquete sin abrir. ¿Entonces para qué coleccioné tanto documento? Hay que tener todos los documentos que se pueda en el momento de redactar algo, ya después a volar; pero tengo muchos “por si acaso”. Es una manía: juntar y juntar cosas. Papeles por si acaso, y no me gusta. Son manías que vienen de la personalidad; hasta compré unas cajas de plástico grueso, les puse nombre con un rotulador y tengo por ejemplo: “Calderón. Primer año de gobierno. Radio y televisión”.

Otra manía que es más bien forma de trabajo o de organización del material, es que tengo una gran mesa y atrás tengo otra y la silla es giratoria; cuando voy a empezar a trabajar por ejemplo, el IFAI, me pregunto qué es la transparencia, de dónde viene la ley, la parte legal, la conceptual, los autores que me parece que son buenos y que hay que leer, mis notas personales, todo eso lo ordeno en filas, y es muy útil; lo malo es cuando se empalman tres cosas.  ¡Ah! Por ejemplo a la muchacha le digo: “No, los papeles yo los ordeno, los libros usted, esos allá, nada más no me los desacomode, están acomodados perfectamente”; pero el otro día llega una muchacha y me dice: “Ay, ya se los dejé rebien, señora, por colores”. Me reí, me agarró en una etapa de madurez, pero la hubiera “matado”.

Después, ¿qué cuenta más? La verdad, la verdad, creo que no lo que dice el autor, sino lo que digo yo. Uso la intuición: es un elemento al que recurro. Aquí hay un texto que acabo de hacer sobre la Ley Televisa; me fui hasta los años treinta; Fernando Mejía Barquera, que hizo un trabajo de hormiga en el Archivo General de la Nación, sacó todo lo que Mújica le propuso a Cárdenas; yo lo leo y con la intuición deduzco que el Tigre Azcárraga conoció esto, pero no tengo manera de probarlo, nadie me lo va a decir: no obstante, sí  tengo aquí que en 1930 él tenía la cadena dela W y en el 39 habla dela Q, y esto que tengo, lo hace Mújica en el 36 y había ciertos antecedentes de vinculación con el poder y esto fue muy público. ¡Claro que lo conoció! Pero el historiador diría: ¿dónde está la prueba documental? No la tengo, pero si uno ve y observa en la vida cotidiana cómo se dan ciertas cosas, entonces puede regresar para atrás y afirmar.

Un historiador ortodoxo me diría: falta la evidencia empírica. Pues a mí para hacer esa afirmación no me hace falta y yo la lanzo. Hay gente que por su propia formación, ese elemento no entra en la investigación, porque le enseñaron que mientras no estén los pelos de la burra  en la mano, pues no puedes hacer la afirmación. Yo sí la hago, pero no estoy inventando nada, me estoy basando en un contexto histórico y estoy amalgamándolo con lo que me consta en la vida cotidiana.

 

—Vamos a hablar sobre la creatividad del investigador, porque me parece que es uno de los temas olvidados. La investigación es rigurosa, científica, apegada al método, pero nunca hablamos de la creatividad. ¿Cuál sería para ti el vínculo entre creatividad e investigación?

—Primero: me parece que las ciencias sociales durante muchos años pelearon por parecerse a las ciencias naturales y tenemos muchas pruebas a nuestro alrededor. Yo me formé  enla UNAMcon muchos autores sobre el método científico. ¿Y qué era eso?: el traslado de ciertos métodos que funcionaban en la física, la química y la biología a las ciencias sociales, desconociendo que el objeto de estudio es otro y que el sujeto que está haciendo la investigación también tiene una vida. Paulatinamente y a cuentagotas hay autores que van hablando de eso.

Creo que de las cosas por las que no subsiste la creatividad, es que el trabajo es muy individual. Si se llegara a poner en práctica, lo que ahorita son buenos deseos en las universidades, el trabajo colectivo e interdisciplinario, aunado al tema de la creatividad, eso redituaría positivamente en las ciencias sociales. Colectivamente estamos de acuerdo en que es un ingrediente que ayuda, pues en el mundo en el cual nos movemos hay muchísima creatividad.

En ciencias sociales es más complejo el asunto porque no es nada más una buena idea: es ver que esto se da en la realidad. Si conjuntamos tipos de trabajo donde veamos que la creatividad de un personaje puede ser sostenida por la racionalidad de otro elemento del grupo al cual pertenece y hacemos real trabajo de equipo, podemos llegar a algo muy interesante a partir de la realidad. La creatividad sería tener la habilidad de descubrir procesos que se dan en la propia realidad. No es un invento quimérico, tiene sustento en la realidad; es decir, sería incorporar este respeto por la realidad y saber distinguir que estos elementos están presentes también y deberían estar en la investigación.

 

—Me gustaría hablar de cómo se cierra una investigación. Uno hace una investigación pensando en que algo aporta y generalmente ofrece un nuevo conocimiento. ¿Estás de acuerdo?

—Hablando por mi experiencia, yo ahora vengo de discutir un texto que empecé a trabajar a los 20 años de edad. Ese tema no puedo darlo por cerrado porque corresponde a una realidad cambiante. Hay quien dice: “hasta aquí llegué”, y a ratos me dan ganas de hacerlo también, pero reconozco que hay que ver qué elementos nuevos se le agregan; me da cierta curiosidad saber qué puede seguir pasando con el tema.

 

Amor por los alumnos

—¿Y después de la investigación qué sigue?

—Si tú elegiste un tema complejo y vivo, no se acaba nunca. Si elegiste la descripción de una silla, ya no hay nada qué decir. Si uno escoge una realidad compleja, no puede dejar de interesarte el tema. Si escogiste algo sumamente acotado que quedó fuera de la realidad social, pues sí se te acabó. No es mi caso; estoy viendo la misma realidad de hace 10 o 20 años desde otro ángulo; entonces no se agota.

Yo no sé quién pueda decir: ya acabé con esa investigación. Sería un trabajo padrísimo: a ver cuánta gente ha cambiado de investigación y cuánta gente sigue ordeñando la misma vaca. Ahora, con qué ángulos.

 

—Sí, porque el tema de la creatividad tendría que ver con la circularidad…

—Si es circular y se cierra el círculo, es espiral y va para arriba, pues nunca se va a terminar.

Yo le seguí la pista cuando era estudiante de comunicación al primer Tigre  Azcárraga; me acuerdo que no existía más que uno.

Esa realidad elegida hace muchos años, y que además se va sucediendo por generaciones, me hace plantear hipótesis distintas. Cuando regreso a releer, lo veo distinto y digo “¡Ay güey! ¿Por qué no vi esto? Y estaba subrayado y no lo pude ver ¡Ah!” Porque yo no era la misma y creo estar mucho más cerca de una mirada más compleja.

En la medida en que me he acercado a ciertas preguntas: ¿quién soy y a dónde voy?, ¿qué huecos traía yo y por qué no pude llevar la vida como era?, ¿por qué no me relajaba? ¡Ah! Todo eso me ha ayudado a mí para ver de otra forma el mismo objeto de estudio. Además, otra cosa que también voy sintiendo es que no tengo escala; bueno, uno a los 20 años la tiene; yo decía: quiero hacer la maestría, quiero hacer el doctorado, quiero hacer un libro. Y cuando ya hiciste la maestría, el doctorado, el libro… dices: ¿y ahora qué sigue?

Yo no quiero escalar puestos: ya no voy por eso. Hubo un momento en que, siendo directora general en Secretaría de Gobernación y mi jefe aspiraba gobernar el Estado de México, se me planteóla Subsecretaría. Enel momento dices: Claro, y el escalafón sigue. Pero si tú no quieres eso, no. Entonces dije No, y era para siempre ese No.

¿Qué quiero? Incrementar mi conciencia, mi diversión, mi capacidad para desentrañar la complejidad de la vida, el amor  —en los temas no metemos el amor—. Yo siento que ahorita tengo mucho más amor por mis alumnos, que el que tenía hace 20 años. Pero a estos chavos de hoy, los miro con mucha claridad, porque los valores me han trastocado y, por ende, se trastoca mi jerarquía en la docencia y en la investigación: es un asunto de seres humanos, pues.

 

—Aquí hago una pregunta particular. Hay una frase dentro de los estatutos de la AMIC que casi casi te la puedo atribuir, que es la “incidencia social”. Tú siempre has tenido un vínculo entre estas posibilidades que ofrece la política de incidir socialmente y la academia. ¿Cómo ha sido este paso, cómo lo has sentido, cómo lo has sufrido? Decías que tienes una apuesta política también para que aquello que se estaba investigando incida socialmente.

—Desde hace mucho sentía tener mucha atracción hacia la vida académica como vida de tiempo completo. Simultáneamente sentía el vértigo por la política y por el periodismo.

En ninguna de las tres áreas soy de tiempo completo. Tengo  formalmente tiempo completo en la universidad, pero no soy de tiempo completo: he andado en varios asuntos. Siempre he cumplido con la Universidad, pero le he entregado mucha energía  –sin ser periodista de tiempo completo– al periodismo. En cuanto a la política, crecí yendo a mítines y con una muy fuerte capacitación política prematura, por parte de mi madre; fui politizada muy rápido y esa veta también me acompaña. Ahora, ¿qué he tenido que hacer? Pues “campechanear” un poco.

Y creo, hasta donde me conozco, que ya no voy a incursionar en la política, y lo del periodismo no se me da mucho aunque muy de vez en cuando escribo cositas y ya. Creo que mi vida está agarrando respeto a lo que yo soy: mucho más armonía, mucho más balance, mucho más sentido del humor que antes. En el pasado había que hacer la tarea y sacar 10. Hoy ya no me interesa sacar 10. Disfruto más la vida y ya.

 

—¿Qué tipo de investigadora eres?

—No produzco mucho, cuido lo que produzco, prefiero no entregar el artículo o retirarlo si me doy cuenta que chafeó; pero cuando doy una opinión, la pienso dos veces antes de soltarla. Me exijo mucho a mí misma. Creo que tiendo hacia lo interdisciplinario más que al trabajo puro del campo.

Me doy cuenta de que me gusta mucho la parte histórica de los asuntos y la parte que tiene de ciencia política; a veces incursiono en el ámbito sociológico. O sea: más bien soy como multidisciplinaria y poco ortodoxa; me cuestan mucho las reglas; por ejemplo, cómo hay que citar a los autores: ¿el método Thompson u otro?  Eso me pone de mal humor porque tanta rigidez me cuesta, me cuesta…

Pues ya. Ah bueno, empiezo muchas cosas que no acabo, muchas. Tengo un mueblecito con cajoneras llenas de textos como si tuviera yo tres vidas.

(Vicente Castellanos)

 

Fátima Fernández Christlieb

Profesora titular de tiempo completo adscrita a la carrera de Comunicación en la Facultadde Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Obtuvoel grado de Licenciada en Ciencias y Técnicas de la Informaciónpor la Universidad Iberoamericana, después obtuvo los grados de maestría y doctorado en Sociología por la UNAM. Miembrodel Sistema Nacional de Investigadores. Entre sus libros publicados se encuentran: Los medios de difusión masiva en México, La Radio Mexicana: centro y regiones, Avatares del Teléfono en México y La Responsabilidad de los Medios de Comunicación. La doctora Fátima Fernández Christlieb fue fundadora y primera presidenta dela Asociación Mexicana de Investigadores dela Comunicación y es  miembro a titulo personal del Consejo Nacional parala Enseñanza yla Investigación de las Ciencias dela Comunicación.

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