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Valentina Alazraki en el Vaticano

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  • La periodista lleva toda una vida como corresponsal de Televisa en Roma.

  • Ha mantenido contacto cercano con los altas jerarcas de la Iglesia Católica.
Valentina Alazraki – Foto: FIL Guadalajara @ Flickr

Valentina Alazraki – Foto: FIL Guadalajara @ Flickr

Por José Luis Esquivel Hernández

Si alguien tiene méritos para noticiar la sucesión papal y hablar de las informaciones más sorprendentes que emergen desde el Vaticano, es Valentina Alazraki. Lleva toda una vida como corresponsal de Televisa en Roma y ha mantenido contacto cercano con los altas jerarcas de la Iglesia Católica. Además fue la periodista predilecta de Juan Pablo II, a quien acompañó en innumerables viajes alrededor del mundo.

Jovencita aún, a punto de cumplir los 17 años de edad, Valentina fue un día a ver a Jacobo Zabludovsky, quien por el año 1970 había comenzado a recultar personas que pudieran conformar por primera vez la red de corresponsales de Televisa en las ciudades más importantes donde pudieran ocurrir hechos de interés para ser relatados en el programa “24 Horas” que empezaba su emisión nocturna.

Benito Alazraki, mi amigo” –platica Jacobo–, “me llamó por teléfono y me dijo que su ex esposa se regresaba a vivir a Roma y se llevaba con ella a su hija Valentina, a quien me recomendaba por si acaso había un trabajo para ella en la llamada Ciudad Eterna”.

Zabludovski comenta, con esa gracia que caracteriza sus charlas, que ese año de 1970 recibió a la señora y a su hija Valentina en quien descubrió un carisma muy especial reflejado en su mirada y en todo su rostro de niña bonita, por lo cual no dudó en hacerla debutar como periodista, a pesar de no haber trabajado nunca en un periódico.

“¿Qué sabes hacer?”, le pregunté -comenta Jacobo todavía satisfecho de aquella gran contratación.

“Nada” -fue la respuesta seca de Valentina -según Jacobo, quien no tuvo empacho en aceptar que era lo mejor en ese tiempo en que él deseaba periodistas sin los vicios de los periodistas viejos, sin referirse necesariamente a la cuestión ética de la corrupción, sino a las rutinas y deformaciones que muchas veces van anclándose en la tarea cotiodiana de los veteranos.

“Muy bien” -le dije yo-, y continúa Zabludovsky su anécdota: “Pero debes hablar algún idioma más que el español. Y entonces ella me hizo saber que no se le dificultaba el italiano, el inglés y el francés, lo que me dio pie para darle la noticia que no esperaba: Vas a ser corresponsal de Televisa en Roma”.

“¿Y qué es eso?” -dijo con asombro Valentina.

Entonces Jacobo recurrió al conocido principio que enrumbó por el periodismo al enorme escritor inglés Mark Twain y que éste escuchó de su primer director al ir a buscar trabajo de reportero, y con ciertas variantes del original  principio periodístico, le recomendó a Alazraki: “Sal a la calle, mira lo que pasa y escucha lo que más te llama la atención. Lo escribes en una libreta y luego me lo cuentas por teléfono”.

Jacobo expresa todavía hoy, en el 2013, que tenía fundada confianza en el trabajo de quien iba a dar plena cobertura a las noticias que más les interesan a muchos mexicanos, por ser este país tan católico y ser el Vaticano el Estado donde reside el líder de la Iglesia Católica, más todo lo que ocurriera en la ciudad de Roma y sus alrededores.

Valentina, entonces, se sumó a los corresponsales en Madrid (Joaquín Peláez, que hacía programas infantiles para la TV española), en Washington (Yolanda Sánchez, que trabajaba entonces para el PRI en Estados Unidos), en Nueva York (Jesús Hermida, que conoció a Jacobo en la primera elección presidencial de Richard Nixon) y de Argentina.

Pero esta hermosa mujer fue más allá del simple papel de “ver, oír y contar” del reportero rutinario y poco a poco empezó a escalar la cumbre del periodismo internacional al grado de llegar a ser la presidenta de la Asociación de Corresponsales en el Vaticano, y cuando Karol Woltiwa fue electo como Juan Pablo II en octubre de 1978, fue de las primeras que supo de su visita a México en enero de 1979, cuando antes los Papas no viajaban y menos a América.

A partir de ahí los bonos profesionales de Valentina Alazraki crecieron como la espuma, y al dejar Jacobo Zabludovsky su programa “24 Horas” en enero de 1998 y luego de despedirse de Televisa, se pensaba en un cambio en la corresponsalía en el Vaticano pero ella retomó con más vigor su labor informativa y consolidó su presencia ahí donde había empezado a hacer sus “pininos” para la TV mexicana.

Y hasta la fecha sigue siendo referente obligado en el campo informativo internacional pues ha volcado sus reportajes y entrevistas -sus vivencias en general- en libros amenos y obras de consulta cuando se trata de conocer los hechos más sobresaliente en el Vaticano y con los Papas Juan Pablo II o Benedicto XVI.

Por eso el nombre de Valentina Alazraki está asociado al revuelo de noticias que ha traído el nuevo relevo papal, con motivo de la renuncia sorpresiva y sorpredente del alemán Joseph Ratiznger a la sede vaticana. Y ella, con un dejo de sorpresa también, simplemente está feliz a donde la ha llevado el periodismo y no deja de cantar: “¡Cómo han pasado los años!”…

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  • Pingback: Bitacoras.com()

  • Pedro Pablo Villegas Yepes

    Esperemos que la elección del nuevo Papa, limpie un poco los escándalos que se han destapado en los últimos año en los jerarca de la iglesia católica

    <seorimícuaro

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