7 consejos para reporteros de Justicia y Seguridad

  •  Recomendaciones que, según el periodista Gustavo Castillo García, todo reportero de Justicia y Seguridad debe tomar en cuenta.
  • El listado está hecho con base en una entrevista realizada al también ganador del Premio Nacional de Periodismo 2012.

    Foto: "Saludo a los reporteros" por  JavierLZavala vía @Flickr
    Foto: “Saludo a los reporteros” por JavierLZavala vía @Flickr

Por Elthon García

Te presentamos algunas recomendaciones que, según el periodista de La Jornada, Gustavo Castillo García, todo reportero debe tomar en cuenta ahora que la política de comunicación social de los sectores de Procuración de justicia y de Seguridad nacional es, en sus palabras, “la no información”.

El listado está hecho de acuerdo a una entrevista realizada al también ganador del PNP 2012, publicada en el mismo diario donde labora.

1.-“Siempre ha sido un imperativo que el periodista sea escéptico, que dude de las versiones oficiales. Pero hoy, además, hay que ser más incisivos, más investigadores. Hay que consultar siempre fuentes alternativas, dentro y fuera de las dependencias que cubrimos, hay que contrastar las versiones, publicar las contradicciones”.

2.-Agotar todas las posibilidades para obtener información en los mecanismos gubernamentales de transperencia, a sabiendas de que los resultados no siempre son favorables. “A partir de 2012, ya no se tiene más información que la que da la Secretaría de Gobernación, pero es solo enunciativa.Para obtener más información hay que pedirla a través de sistemas como IFAI , que casi siempre responden diciendo que se consulte determinado enlace. Buscas y no hay nada ahí.”

3.-Es necesario recurrir a las filtraciones y las fuentes reservadas. “Es el único modo para descubrir realidades, frente a esta política de no informar. Si comparamos el número de comunicados de prensa que se emitieron durante la administración de Felipe Calderón contra lo que hay hoy, parecería que la violencia y las organizaciones criminales hubieran desaparecido. Pero eso es cierto solo en el papel.

4.-Hay que indagar mucho más para poder tener medianamente un acercamiento a la realidad. “Te vuelve más escéptico y yo diría también te vuelve más investigador.  Incluso para saber qué preguntar a través de los mecanismos de transparencia.”

5.-El oficio periodístico es cada vez de mayor investigación y la información se obtiene cada vez más en la calle. “En las oficinas de gobierno hoy se concentra toda la información en una sola dependencia que es la que da las conferencias de prensa, pero ésta no tiene la información completa. Aun cuando se habla de transparencia, nunca ha estado tan desértica la oferta de información oficial.”

6.-Se debe publicar las contradicciones en las que incurren las autoridades para aspirar a recibir más información y apertura de su parte. “El sistema de transparencia está fallando, las dependencias hasta se están amparando para no tener que dar información.”

7.-Leer a otros colegas es fundamental. Mexicanos, Javier Valdés, José Reveles. De Colombia, a Alfredo Molano, Juan Carlos Giraldo, Miguel García. “La prensa colombiana aprendió a escribir bajo amenaza. Claro que sirve conocer lo que han hecho porque ellos ya vivieron lo que nosotros estamos experimentando ahora.” 

La historia de un editor: Entrevista con Ignacio Rodríguez Reyna

Ha hecho del género de la crónica una de sus mayores virtudes. Cómo director de Emeequis ha apostado por este género. Bajo su ojo se han hecho las mejores crónicas –y por ello la revista ha ganado cuatro veces el Premio Nacional de Periodismo en Crónica– y estimulado los dotes como cronistas de Alejandro Almazán, Humberto Padgett, Fátima Monterrosa, Dalia Martínez Delgado, entre otros.

Durante sus años de vida, Emeequis sigue en su afán por mostrar historias que develen la dimensión humana. Sus crónicas y reportajes de profundidad son prueba de ello. La variedad de asuntos que han sido motivo de indagaciones periodísticas habla del perfil de la revista y de su director.

Ignacio Rodríguez Reyna - Foto: Cuartoscuro
Ignacio Rodríguez Reyna – Foto: Cuartoscuro

Por Abraham  Gorostieta

Publicado originalmente en RMC #134

Ignacio Rodríguez Reyna es un periodista singular de cuya trayectoria ha hecho una constante búsqueda por los datos precisos que al ser investigados dan pie a muy buenas crónicas y reportajes. El rumbo profesional de Rodríguez Reyna puede rastrearse desde sus tiempos como reportero de La Jornada, El Financiero, Reforma; como editor en Milenio y como director en Larevista y Emeequis.

Ignacio siempre está inquieto. De niño lo fue: “En la primaria, los maestros y el director llamaban a mis padres para decirles los estropicios que había hecho”, cuenta. De joven, uno de sus retos fue decidir qué estudiar pues dudaba entre su vocación  –periodismo–  o su gusto –psicología–. Decidió su destino en un volado: “Águila: Periodismo. Sol: Psicología. Así lo decidí. No sabía qué estudiar y como estaban ya cerrando el límite para entregar la solicitud en el CCH Sur  –dónde estudié–, pues eché el volado y cayó en Sol. Y me metí a estudiar psicología”, nos confiesa.

Sus colegas le reconocen su empeño y tenacidad. Así lo dice el escritor y periodista José Martínez: “Ignacio es un hombre que ejerce un periodismo ético. Es muy talentoso, periodista comprometido, audaz, buen reportero con dotes de editor”. También el doctor Raúl Trejo Delarbre, uno de los investigadores más serios que analiza desde hace varias décadas a los medios de comunicación, opina sobre el director de Emeequis: “Conocí a Ignacio Rodríguez Reyna cuando, muy joven él, era uno de los reporteros en el semanario Punto. Más tarde coincidí con él en La Jornada y seguí su trayectoria en El Universal. Desde entonces me llamó la atención su afán de búsqueda, que se traduciría en el empeño para hacer periodismo de investigación. Esa inquietud ocasionó su salida de El Universal y la fundación de Emeequis, que se ha distinguido por tratar de ir más allá de las apariencias en la cobertura de asuntos públicos”.

 

De la vocación a la profesión

―¿Cómo se inicia en el periodismo?

―De forma casual. Estaba en unas vacaciones y la verdad no tenía mucho qué hacer. No sabía mucho de periodismo. Empecé a trabajar en la prensa antes de estudiarla. Lo primero que recibí fue en un taller de periodismo cultural con Víctor Roura y ahí me tocó sentarme junto a alguien que se veía que era buenísimo, que sabía mucho –me parecía– y yo, que no sabía nada de periodismo, pues ese encuentro  me impactó mucho.

Este chavo hablaba muy bien, tenía conocimiento o por lo menos así me parecía. Al finalizar el taller me le acerqué y le dije: “Oye, yo quiero ser periodista pero no sé nada, recomiéndame unos libros”. Y me recomendó dos obras: Manual de periodismo y Géneros periodísticos de Martín Vivaldi. Este chavo ya era reportero de Excélsior y por lo tanto sabía mucho más que yo.

―¿Dónde fue su primer trabajo?

―Mi primera chamba fue en una revista que se llamaba Pie de página. Me contrató una persona que conocí en ese taller. Mi trabajo consistía en hacer pequeñas fichas bibliográficas de libros. En la oficina tenía un altero de libros de todo tipo –científicos, literatura, historia, política, técnicos, de lo que fuera– para hacer sus fichas. O lo otro, que era una maravilla: irme a las librerías para ver las novedades editoriales. Iba con una libretita a la mesa de novedades de las librerías del Fondo de Cultura Económica que estaba enfrente de Plaza Universidad, de Gandhi o del Sótano y anotaba los títulos y hacía su ficha bibliográfica, pues Pie de página era una revista de libros. Ahí publiqué mi primer texto, el cual me rechazaron como 13 veces hasta que salió. Así empecé.

―¿Cómo llega a La Jornada?

―Uno de los compañeros con los que trabajaba en Pie de página acababa de entrar a La Jornada que aún estaba fundándose. Entonces me comentó: “Oye, por qué no vas y presentas tu examen”. Fui y lo hice para reportero de cultura. De hecho, sé que lo hice bien, saqué buen puntaje pero había gente que llevaba recomendación. No entré pero mi amigo me dice: “Pues ni modo, aunque sea en la mesa de redacción”. Así empecé como corrector de galeras en La Jornada.

En la sección deportiva conocí a Hugo Cheix, entrañable periodista con quien yo platicaba en torno a ciclismo; él sabía de mi conocimiento y pasión sobre el tema por mi padre (Gabino Rodríguez, ciclista olímpico). Un día que no tenía reporteros, me dijo: “Oye, ¿quieres ir a cubrir la Vuelta del Pacífico?”, y le respondí: “Nunca he escrito un reportaje”. Se me quedó mirando y me dijo: “No importa, tú sabes de ciclismo. Mira, tienes que hacer esto y éstas son las instrucciones básicas, pero no te vamos a dar viáticos y es más: tienes que poner de tu dinero para tu boleto. Lo bueno es que el CREA te da dinero para que comas y el alojamiento. Sí quieres, adelante, ahí está la chamba”. Y dije que sí de inmediato y pedí permiso a la mesa de redacción. Cubrí la Vuelta del Pacifico.

 

Reportero freelance

Durante un buen rato Ignacio Rodríguez Reyna trató de conseguir una plaza en La Jornada. Ahí escribió crónicas sobre el terremoto de 1985 que destruyó una parte de la Ciudad de México, sin embargo no consiguió la planta de reportero. Emigró entonces a otros medios de menor impacto como el semanario Punto. Así lo recuerda Ignacio: “Era reportero principiante de un pequeño semanario llamado Punto, al que había llegado buscando una oportunidad para escribir que me había sido negada sistemáticamente en La Jornada, donde me bloquearon desde el sindicato porque yo había apoyado a una planilla contraria a la ganadora. Gané el concurso para ocupar una plaza de auxiliar en la redacción, lo cual me permitiría fungir como reportero, pero congelaron la plaza en dos ocasiones”.

Una vez instalado en Punto, cuyo director era el periodista Benjamín Wong, comenzó a escribir con mucho más frecuencia y a cubrir las elecciones de 1988. El jefe de campaña de Cuauhtémoc Cárdenas, Francisco Javier Obando, le reveló en una entrevista a Ignacio que al recopilar información en sus recorridos –acompañando a su candidato por todo el país– había encontrado demasiadas anomalías y tenía miedo de hacerlas públicas pues el PRI tenía un férreo control de las instituciones de justicia del país. Además estaba siendo amenazado telefónicamente. Denunció a quienes lo estaban siguiendo. Cuenta el propio Ignacio: “Me expresaba su temor a que lo mataran; tenía mucho miedo y me lo transmitió. De hecho, responsabilizó a Luis Martínez Villicaña, entonces gobernador de Michoacán, si algo le llegaba a pasar”.

Rodríguez Reyna hizo un reportaje para publicarse en Punto con la reveladora entrevista y los documentos obtenidos, pero al ver la contundencia del material y revisar los detalles de la historia, el director Benjamín Wong concluyó que era muy arriesgado salir con un texto así. El reportero defendió su trabajo. El director simplemente giraba su cabeza a ambos lados y archivó el reportaje. Punto, como muchas otras en esa época, no tenía un tiraje significativo; por lo tanto, sus ingresos provenían de la pauta publicitaría que provenía del Gobierno Federal. Para el propio Ignacio, ésa fue la razón: “Yo creo que Wong no quería publicarla porque tenía contratos de publicidad con el gobierno de Michoacán”.

Francisco Javier Obando y su asistente personal fueron secuestrados pocos días antes de la elección presidencial de 1988 y un par de días después sus cuerpos aparecieron sin vida. Rodríguez Reyna llevó su historia a La Jornada. Los directores del diario vieron la contundencia del reportaje. Cuenta Ignacio: “Cuando asesinaron a Francisco Javier Obando, quedé paralizado. Me pesó mucho. Y entonces busqué que la publicaran en La Jornada. Miguel Angel Granados Chapa vio el texto y se lo llevó a Carlos Payán. Se publicó con una llamada en primera plana. Eran los días inmediatos a la elección que le robaron a Cuauhtémoc Cárdenas. Pasó más o menos desapercibida, aunque yo me contenté con que se supiera que Obando ya tenía miedo de que lo mataran e identificaba a los posibles asesinos”.

La Procuraduría General de la República, en voz de Renato Sales, llamó al reportero para interrogarlo. La investigación llevaba como tesis principal el asesinato con vínculos delictivos. La autoridad judicial presionó al reportero para hacerlo declarar en ese sentido: “Renato Sales (el padre) quería que yo declarara que Obando me había dicho que tenía miedo de los narcos. Por supuesto, me negué. Me quedó claro que era un asesinato político”. Ignacio Rodríguez Reyna se rehusó a firmar la declaración de su interrogatorio.

 

Sobre el periodismo

―Díganos una definición del oficio de periodista…

―El periodista es una persona enamorada de su profesión: comprometida con la realidad que lo rodea, con el país, con la sociedad, con la localidad. Yo sí creo que somos interlocutores entre la sociedad y el gobierno. Tenemos una tarea importante que cumplir. El periodista es un agente que vibra, se emociona y está comprometido con la realidad del país. Debe ser una persona con un compromiso personal y social.

―¿Cómo se hace un semanario?

―Ante tanta información hay desinformación. La saturación informativa cotidiana impide reflexionar, tener una opinión crítica: impide pensar. La labor de un semanario es tratar de rebasar la superficie y hacer apuestas sin discriminar temas, sin competir con los diarios.

Competir con los diarios implica subirse a coberturas de información sumamente reiterada. Lo que debe hacer un semanario es buscar en el mar de información, temas, preocupaciones en torno a fenómenos que están ocurriendo en la calle, que no son manejados por los diarios y darles una visión, una profundidad, un enfoque fresco, una presentación atractiva, una escritura impecable. Todo ello, por supuesto, sin despegar un ojo de la coyuntura y lo que está ocurriendo en la vida nacional. La idea es ir mucho más allá de lo que sacan los diarios; ésa debe ser la premisa básica de un semanario: estar por encima de los diarios.

―¿Cuáles son los vicios periodísticos en un semanario?

―Seguimos haciendo un periodismo viejo para un México viejo. Un periodismo para un México viejo implica enfoques muy ortodoxos, muy aburridos, sumamente solemnes. También supone una relación desigual con los lectores, una relación unidireccional; es decir, los periodistas se sienten por encima de la audiencia y, por eso, ellos determinan lo que se informa: a los lectores sólo los miran como un elemento pasivo.

Ahora se hace un periodismo para el poder. La mayor parte de lectores de los diarios son políticos, empresarios, grupos que están en el gobierno o entes económicos; se ha dejado de lado al lector común y por eso la lectura de los medios cae, cae, cae. Entonces, ¿qué lee toda esa gente que se siente excluida por los propios medios? Mucha gente lee TVnotas (700 mil). Yo, antes de criticarlos o satanizarlos, me preguntaría: ¿Qué les da TVnotas que no les damos nosotros? ¿Por qué a ellos si los leen y a nosotros –que somos medios más serios– no? ¿En dónde está la falla? ¿Es porque las revistas light cuestan menos? No, igual gente con poco dinero se gasta sus 15, 20, 25 pesos semanales. Mucha gente dice que el país tiene un nivel educativo con muchos rezagos. Es cierto, pero hay 700 mil personas leyendo TVnotas o sea: sí leen. Considero que no les estamos ofreciendo información suficientemente atractiva. A parte de que les damos un periodismo viejo, aburrido, con temas que nos les importan, todavía queremos que gasten su dinero.

Otro vicio es el acartonamiento de los medios. Somos muy aburridos. ¡Como si el mundo fuera aburrido! Yo creo que es al contrario. Si algo tenemos como país es la capacidad para reír. Somos divertidos y eso no se refleja en los medios porque creemos que si somos divertidos ya no somos  ni  hacemos periodismo serio.

―¿Y eso se enseña en las escuelas de comunicación? ¿Qué piensa de los egresados de la carrera de comunicación?

―Uy, para empezar no leen. Pueden hablar dos o más idiomas pero no los utilizan. El trabajo de reportar debe hacerse lo más exhaustivo posible: textos equilibrados. No elaborar un texto para golpear a nadie. Se tienen que reportar los hechos como son, sin consigna de golpear o favorecer. Los egresados tienen que esforzarse en ser profesionales, que sean tenaces, que consigan datos, que busquen, que investiguen la información. En un esquema ideal, creo que se hace muy buen periodismo. Con recursos se pueden hacer grandes cosas, de lo contrario no.

En México, diarios sólidos, fuertes como Reforma, Grupo Milenio, El Universal, no tienen disculpa. Tienen recursos para investigar, para capacitar a sus reporteros, para exigirles que investiguen. Resulta fundamental que la agenda no la marquen los políticos sino que seamos nosotros los que retomemos los temas importantes.

 

El Financiero y Reforma

―¿Por qué sale de Punto?

―Llegó un momento en que estaba harto de Punto, cuyo director se especializaba en humillar y aplastar a los reporteros. Me llegó a decir que “mejor me dedicara a vender Biblias” porque yo no servía para el periodismo. Era muy mezquino.

―¿Cómo entra a El Financiero?

―Como corrector de planas. Hice mi examen y quedé. De hecho, cosa que pocos saben, yo estuve en El Financiero como cuatro años trabajando en los talleres, revisando las planas, en una jornada que normalmente terminaba a las tres o cuatro de la mañana. Era extenuante y muy duro. Cuando Carlos Ramírez era el Jefe de Redacción, le pedí chance de pasarme a su área. La única opción era que hiciera dos tareas: que en la mañana reporteara en fuentes no muy importantes para el periódico (educación, por ejemplo) y que luego de eso llegara a la redacción para tomar por teléfono los adelantos y las notas de los reporteros. Más tarde, tenía que escribir mis notas y en muchas ocasiones quedarme a la guardia de noche. Estuve cerca de un año, que fue cuando me quitaron la guardia y pude dedicarme a reportear.

Ignacio Rodríguez Reyna fue corresponsal del periódico El Financiero cuando era dirigido por don Rogelio Cárdenas. En Los Ángeles, California estudió una maestría en periodismo investigativo en la University of Southern California, donde aprendió a investigar un dato y seguirle la pista. Era lo que bastaba –una pista–  y después de semanas de trabajo ya se contaba con un perfil completo sobre un personaje. Al terminar su maestría regresó a México y de inmediato formó un equipo de investigaciones especiales en El Financiero:

―¿Qué hace a su regreso de Los Ángeles?

―A mi regreso a El Financiero, presenté un proyecto para crear una unidad de reportajes especiales a partir de la experiencia y el conocimiento que adquirí allá. Me dijeron que sí, pero como no había dinero para contratar a gente, los compañeros que no eran queridos en alguna sección u otros que andaban medio sueltos, se incorporaron al equipo. Disfruté mucho esa experiencia. Demostramos que se podían hacer reportajes increíbles, hicimos muchos y eso dio solidez a un periódico que, además, pasaba por uno de sus mejores momentos. Realmente disfruté mucho, aunque no dejaba de haber resistencias de periodistas que cuando yo iba en primaria ya eran reporteros y no veían con agrado que alguien mucho más joven fuera su jefe. Fue una etapa increíble, muy enriquecedora profesionalmente. Duré un par de años al frente de la unidad hasta que me fui a Reforma.

―¿Cómo llega al diario Reforma?

―Luego de coordinar la Unidad de Reportajes Especiales de El Financiero, Raymundo Riva Palacio me invitó a que me integrara a una unidad similar en Reforma. Fue muy atractivo porque en esa área estaban Ciro Gómez Leyva, Rossana Fuentes Beráin, César Romero, Francisco Vidal y Amparo Trejo.

El trabajo de periodismo de investigación que venían haciendo esos reporteros no fue bien visto. A la postre, el director editorial del diario, Ramón Alberto Garza, despidió al editor principal –Raymundo Riva Palacio–, pues los trabajos de ese equipo afectaban los intereses del dueño del diario, Alejandro Junco de la Vega y del propio Garza. Así lo narra John Virtue, en un texto publicado por Pulso del periodismo, llamado “Una riña familiar”, y en donde describe el desenlace de ese grupo de reporteros que le dio tanto impulso a ese impreso:

Cinco trabajos de investigación, concluidos en los últimos meses por el equipo de Reforma no habían sido utilizados. Cuatro de éstos se referían a personas cercanas a Garza, tales como Ricardo Salinas Pliego […]. Garza afirma que sólo se dejaron de publicar tres investigaciones, pues las fuentes utilizadas en ellas eran pobres. Agregó que en uno de los casos, se profundizó más en la investigación y finalmente salió publicada. Sin embargo, Riva Palacio asegura que la historia sobre los amigos empresarios del expresidente Carlos Salinas de Gortari se retuvo durante dos meses y se publicó luego, aunque eliminando el nombre de un banquero de Monterrey, amigo de Garza […]. Pero lo que agravó el asunto y finalmente condujo a la partida de Riva Palacio, fue una investigación sobre lavado de dinero de narcotraficantes, publicada el 19 de febrero. En el artículo se reprodujo una entrevista con Stanley Morris, del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, en Washington, realizada seis meses antes por Ignacio Rodríguez Reyna […] Cuando a través de la embajada de Estados Unidos en México, Morris tuvo noticias de lo publicado, montó en cólera. En el artículo de Reyna se citaban palabras del funcionario estadunidense en las que éste aseguraba que México se había convertido en uno de los centros de “blanqueo” de dinero, y que México estaba muy cerca de convertirse en la nueva Panamá, o de convertirse en un país que se presenta a sí mismo como un lugar para hacer negocios de una manera secreta para camuflajar la fuente de los fondos […] Morris no tardó en enviar sus quejas a Garza y a Alejandro Junco, presidente. Reforma publicó una disculpa en primera página y Rodríguez Reyna fue suspendido de sus funciones durante cinco días.

El área de investigaciones especiales en Reforma se rompió.

 

Milenio y LaRevista

―¿Cómo se integra a Milenio?

―A la salida de Raymundo Riva Palacio y Ciro Gómez Leyva, yo me quedé varios meses, hasta que Ciro Gómez Leyva me invitó a integrarme como coordinador editorial de la revista Milenio, que todavía no existía. La experiencia de crear una publicación desde cero era muy atractiva y acepté la oferta.

―¿Por qué sale del proyecto?

―Mi salida de Milenio tuvo que ver con una apuesta personal. Estaba como director en jefe de la revista y, para mí, era importante consolidarla, había sido tan importante que sirvió para el nacimiento del diario. En la empresa no se consideró así y se puso toda la energía en el diario y se descuidó la revista. Pasó a un segundo, tercer, cuarto plano en recursos y gente;  se le restó atención e importancia y la verdad no me importaba estar en una publicación en la que nadie le echaba ganas y que estaba destinada a la muerte. Decidí ya no formar parte de ese grupo.

De Milenio llega a El Universal, donde haría lo mismo que en El Financiero, Reforma y Milenio: Periodismo de investigación. El dueño del diario, Juan Francisco Ealy Ortiz, le propone hacer una revista que se insertaría en el diario cada semana. El proyecto llevaría por nombre Larevista, la cual duró poco más de dos años bajo la dirección de Ignacio Rodríguez Reyna. En la edición número 81 (de 129 que se publicaron), Rodríguez Reyna dejó la batuta. ¿La razón?: Nuevamente por diferencias de criterios periodísticos entre el director del semanario y el dueño del diario.

En el libro Los Watergates latinoamericanos, los periodistas Fernando Cárdenas y Jorge González narran que Juan Francisco Ealy Ortiz, uno de los representantes de más alto calibre dentro del comité de liderazgo de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y dueño de El Universal, no estaba del todo de acuerdo con los trabajos que venía realizando y publicando Ignacio y su equipo. Así lo escriben:

El equipo de Rodríguez Reyna –en concreto Rodolfo Montes y Daniel Lizárraga– tenían listos dos informes que salpicaban el aspecto bonachón del presidente Vicente Fox, pero que no pudieron ser publicados por órdenes superiores […] El primero de los reportajes, revelaba los permisos de apuestas y salas de sorteo entregados a dedo por el ex secretario de Gobernación, Santiago Creel, que privilegiaban al empresario Olegario Vázquez Raña, hombre de la cuerda de la esposa del presidente, Martha Sahagún. El segundo, prometía una revisión exhaustiva de los “expedientes oficiales muertos”, que investigaban unos negocios paralelos y privados del mandatario durante su periodo presidencial.

Al venir la orden superior de no publicar los textos, Ignacio Rodríguez Reyna renuncia al diario y con él cerca de 30 colaboradores entre reporteros, diseñadores y colaboradores.

―¿Por qué sale de Larevista?

―Mi salida de Larevista fue algo congruente, consecuente. Pocas veces uno tiene en la vida la toma de decisiones que lo comprometan más con uno mismo. Fue eso. Todos los días tomamos decisiones en lo personal y en lo profesional, pero uno debe ser fiel a uno mismo. Pocas veces lo tenemos a nivel profesional. En mi caso estaba encargado de la dirección de Larevista y, como pocas veces, me pareció que ya no podía ejercer el periodismo como lo había hecho o tratado de hacerlo y sería una traición a mí y una traición a los lectores. Esto puede sonar desmesurado, pero también sería una traición a este país y nuestro país ya cambió.

A veces los altos directivos de los medios –más que sus propietarios– no entienden que México ya cambió, que ya no se valen las mismas reglas de antes con el poder. Ya no se vale hacer negocios al amparo del poder o buscar canonjías con el poder. Los dueños y altos directivos de los medios de comunicación no han entendido que somos parte, ahora sí, de un proyecto de Nación. Para lograr eso se necesitan medios que estén comprometidos con los ciudadanos y con los lectores, no con el poder.

 

Emeequis

La treintena de trabajadores que se solidarizaron con Ignacio Rodríguez se aventuraron a formar una publicación independiente y entre todos buscaron accionistas para solventar al nuevo semanario que llevaría el nombre de Emeequis. Así, el primer número de esa nueva empresa vio la luz el 6 de febrero de 2006 y bajo el cabezal una leyenda que decía: “Periodismo indeleble”. Durante los años que lleva de vida este semanario ha acumulado numerosos premios: ha recibido cuatro veces el Premio Nacional de Periodismo en Crónica; Premio Nacional de reportaje sobre biodiversidad 2007; Premio Latinoamericano de periodismo 2007; Premio Latinoamericano de periodismo Biodiversidad 2007; Premio nacional de periodismo cultural Fernando Benítez 2007; en tres ocasiones el Premio nacional de periodismo Rostros de la Discriminación; Primer premio Iberoamericano de periodismo joven 2008, Premio Every Human Has Rights 2008, Premio nacional de periodismo y Literatura 2011, Premio de periodismo Rey de España 2011, Premio Ortega y Gasset de periodismo 2012, entre otros.

Hay un obsesivo afán de Ignacio y de Emeequis por contar historias de ciudadanos, por mostrar rostros y no sólo nombres, por compartir crónicas y no sólo números.

―¿Su revista qué le ofrece al lector?

―El reto es que la gente recupere el gusto por leer y se interese por su país. Que los estudiantes de medicina, historia, sociología, las amas de casa, los comerciantes, obreros, se interesen por su realidad. Ese es nuestro desafío. Si logramos hacerlo, aunque sea un poco, estaremos satisfechos. Hacer que la gente vuelva a sentirse como un ciudadano: hacerle ver que los ciudadanos somos los jefes de los políticos. Que las personas retomen la conciencia de que son ciudadanos y que, como tales, necesitan estar interesados en los asuntos públicos. Tenemos que empezar a articular nuestra ciudadanía, tenemos que reformarnos o reivindicarnos como ciudadanos, y entonces sí exigir rendición de cuentas. Para que, quienes están en el poder, entiendan que no somos un voto más. Somos una sociedad que poco a poco se puede ir organizando para empezar a construir cambios.

Otro reto de Emeequis, y que debiera asumir la mayor parte de los medios de comunicación impresa, es trascender la visión centrista en su cobertura. Nuestro reto es no ser así: cambiar. Me interesa lo que pasa en los estados. Tenemos otro vicio en el periodismo y es que creemos que en el Distrito Federal sale todo, se genera todo. Cuando estuve en Milenio y en Larevista busqué mucho el registro de fenómenos sociales. Casi ningún semanario pone casos sociales en la portada. Nosotros sí. Estamos asumiendo temas nacionales que no son muy frecuentes. Emeequis trata de ser fiel a su idea, a su identidad. Puedes verificar la revista: no hay personajes –casi no– en nuestras portadas.

Las portadas de Emeequis son temas que cruzan el país y tienen un carácter social: discriminación, nuestros muertos, el campo, las problemáticas de los jóvenes, etcétera.

Cada semanario tiene una visión, un enfoque, y en ello no se vale ser mezquinos. Cada uno tiene una apuesta, cada uno tiene su papel y hay espacio para todos. Hay millones de personas que no leen, entonces yo no voy a ir a montarme sobre tal o cual semanario y descalificarlos. Tengo diferencias profesionales en torno a cómo otros hacen su trabajo, pero son discrepancias profesionales. Emeequis es fiel a lo que ha buscado: darle un giro distinto y una identidad muy propia a lo que hacemos. Hacer periodismo de investigación, no superficial, es nuestra vocación. Buscar las historias que hay detrás de ciertas noticias. No hacer periodismo epidérmico.

―¿Cómo director y editor, ¿qué pide a sus reporteros?

―Varias cosas. Excelencia. Que siempre imaginen cómo lo vamos a hacer distinto, atractivo, cómo vamos a enriquecer un tema con nuestros recursos periodísticos. Calidad en el lenguaje, en la estructura, en la forma de ver las cosas, en los ángulos…

―¿Qué es lo que nunca vamos a ver en Emeequis?

―Portadas pagadas nunca las vas a ver. Tampoco materiales disfrazados ni textos que tengan como propósito favorecer o golpear a alguien. No vas a ver que deje de ser un proyecto plural, crítico. Y, espero, que no vean textos de mala calidad.

―¿Qué viene en la segunda etapa de Emeequis?

―Bueno, esperamos la consolidación de una manera de hacer periodismo de alta calidad, fresco, que aborda temas que otros medios desdeñan, y que se apoya fundamentalmente en el periodismo narrativo y en el periodismo de investigación.

Esperamos tener más impacto, más influencia, una mayor fortaleza como empresa, que nos permita hacer un periodismo fresco, elegante, distinto, con rigor y profesionalismo.

Justo en eso es que ahora estamos empeñados.

 

 

Historiador y reportero. Colaborador de RMC y de la revista El Búho.

El eros periodístico de Alfonso Reyes

  • El aporte del Regiomontano Universal en la prensa
  • “La obra de Reyes tendría que ser “lectura obligatoria” para los jóvenes escritores y periodistas. Los estudiantes de literatura y de comunicación pueden revisar esos artículos breves donde surge la voz transparente de Reyes. Enseña a escribir y ahí se aprende su lección”, dice Esquivel.
Alfonso Reyes - Foto: Conaculta
Alfonso Reyes – Foto: Conaculta

Por José Luis Esquivel Hernández

Publicado originalmente en RMC #134

Periodismo es información de actualidad y periodista es aquella persona que investiga la realidad para dar a conocer noticias o interpretarlas y comentarlas en un medio masivo a fin de sobrevivir decorosamente mediante una paga. Siendo así, Alfonso Reyes fue un hombre de la prensa, en su tiempo de apuros económicos, y debido a sus colaboraciones en algunas publicaciones periódicas logró salvar su situación precaria en Madrid. Ergo, Alfonso Reyes es un periodista en sus primeros textos en España, que tienen el sello del oficio con proyección hacia la literatura, ya que ésta fue su vida y su vida fue la literatura, según expresión del crítico Emmanuel Carballo.

El autor de Protagonistas de la Literatura Mexicana no es el único crítico que aporta argumentos para demostrar el eros periodístico del Regiomontano Universal, pues uno de los ensayistas que últimamente ha tratado esa faceta es Arturo Dávila en su obra Alfonso Reyes entre nosotros y, de manera sesgada, también Serge I. Zaïtzeff en Correspondencia entre Alfonso Reyes y Arnaldo Orfila Reynal, 1923-1957, entre otros muchos que citaremos en el presente ensayo.

Sin embargo, para darle el título de Periodista a Alfonso Reyes, muchos estudiosos, e inclusive colegas, lo quieren ver retratado en reportajes de denuncia social o en trabajos que lo hagan ver como la voz de los que no tienen voz, sin reconocer que no solamente el periodismo de compromiso e investigación de fondo valida el carácter de profesional de la noticia, porque hay otros acentos del oficio que lo perfilan como tal, como en los tiempos que le tocó vivir al Regiomontano Universal, hace exactamente un siglo.

Lo que ocurre es que se sigue viendo al periodismo en un nivel mucho menor que el del novelista o escritor de altos vuelos, como se le veía aún en la década de los sesenta  –según afirma Tom Wolfe en El Nuevo Periodismo–, pues durante todo el siglo XX los literatos se habían habituado a un escalafón de estructura muy estable y aparentemente eterna. Era algo así como una estructura de clase según el modelo del siglo XVIII, en el cual uno podía competir sólo con gente de su misma categoría. La clase literaria más elevada la constituían los novelistas. El comediógrafo ocasional o el poeta podían pertenecer a ella, pero antes que nadie estaban los novelistas. Se les consideraba como los únicos escritores creativos: los únicos artistas de la literatura. Tenían el acceso exclusivo al alma del hombre, las emociones profundas, los misterios eternos, y así sucesivamente y etcétera…

La clase media  –continúa Wolfe–  la constituían los “hombres de letras”, los ensayistas literarios, los críticos más autorizados; también podían pertenecer a ella el biógrafo ocasional, el historiador o el científico con aficiones cosmológicas, pero antes que nadie estaban los “hombres de letras”. Su provincia era el análisis, la “intuición”, el ejercicio del intelecto. No se hallaban al mismo nivel que los novelistas, cosa que sabían muy bien, pero eran los prácticos que imperaban en la navegación de la literatura de no-ficción […] La clase inferior la constituían los periodistas, y se hallaban tan bajo de la estructura que apenas si se percibía su existencia. Se les consideraba principalmente como operarios pagados al día que extraían pedazos de información bruta para mejor uso de escritores de mayor “sensibilidad”. En cuanto a los que escribían para las revistas populares y los suplementos dominicales, los llamados escritores independientes, a excepción de unos pocos, ni siquiera formaban parte del escalafón. Eran el lumpenproletariado.

De hecho, un gran amigo y maestro de los miembros del Ateneo de la Juventud en México, el dominicano Pedro Henríquez Ureña, piensa de la misma manera según se desprende de una carta que le envía a Reyes a Madrid el 31 de agosto de 1915, al lamentar:

[El] poco apoyo dado  en América a las doscientas gentes que en cada país nuestro han leído más de trescientos libros […] No tenemos la resistencia española para el trabajo y no tenemos (¡estúpidos!) casas editoriales que nos hagan vivir literariamente (y eso que serían negocio para los editores y para la literatura). Sin casas editoriales no se pueden escribir novelas. Y las novelas son el setenta por ciento de la literatura moderna. Sin teatro no hay drama. Y el drama es el veinte por ciento. Apenas en la Argentina empieza a haber drama.

Así es que bajo estas consideraciones todavía hay quien ve como una herejía llamar periodista a Alfonso Reyes, porque él mismo aspiró a más en el escalafón de la literatura. Vamos a demostrar con documentación contundente y datos precisos de la biografía y escritos de Alfonso Reyes su labor a destajo en el periodismo. Por ello no debe regateársele el título de periodista, en el sentido literal del término, y no solamente por haber publicado en Los Sucesos el 25 de marzo de 1905 “Nuevo estribillo” (parodia de intención política al “Viejo estribillo” de Amado Nervo) y su primer poema “Duda” en El Espectador de Monterrey, a los 16 años de edad.

Tampoco se toma en cuenta, para calificar como periodista a Reyes, sus inicios como poeta en  Savia Moderna, cuando  llega en enero de 1906 a la Ciudad de México y tiene contacto con quienes dirigían esta revista, es decir: Alfonso Cravioto y Luis Castillo Ledón, dando cabida de inmediato el soneto “Mercenario”; pero sí es relevante señalar que al desaparecer esta publicación literaria con la partida a Europa de Cravioto, justo en esas mismas fechas hace su aparición en México el dominicano Pedro Henríquez Ureña, circunstancia importantísima en la vida y obra del eximio escritor, quien emergerá, junto con un grupo de jóvenes  convocados por el arquitecto Jesús T. Acevedo en su taller, como parte del grupo fundador de la Sociedad de Conferencias (antecedente del Ateneo de la Juventud), para abordar los temas más diversos concernientes a la metafísica, la pedagogía, el arte y la poesía.  Y es en 1907 cuando nuestro Alfonso pronuncia tres conferencias, siendo la más importante el discurso con motivo del primer aniversario de la Sociedad de Alumnos de la Escuela Preparatoria. “Esta página –diría más tarde–  fue el punto de partida de mi prosa”. (Su conferencia dedicada a los Poemas rústicos de Manuel José Othón apareció en la editorial Arte y Sabor el 29 de enero de 1910).

 

Genio y figura

El 3 de noviembre de 1909, sus padres, el General Bernardo Reyes y doña Aurelia Ochoa, acompañados de los hijos Otilia y Alejandro, dejan México rumbo a Europa por la franca enemistad hacia el gobernador de Nuevo León de parte del presidente Porfirio Díaz. Y en ese preciso año en que nace el Ateneo de la Juventud, Reyes, a sus 20 años, sigue emparentado con la poesía como antesala de su vocación literaria. Firma artículos en revistas, hexámetros dedicados a Benito Juárez (“Oda a Juárez”, que provoca una reseña de Max Henríquez Ureña en Monterrey News, julio de 1908) y hasta algunos textos ya notables que incluiría después en El Suicida o en Marginalia.  Si acaso sus primeros pasos en este arte tienen  algo de referencia periodística por cuanto se engloban genéricamente en el rubro de la prensa cultural. Pero la noticia, como centro del oficio informativo y de opinión, no se vislumbra todavía.

No todo lo que aparece en los diarios y revistas es periodismo porque abunda la literatura, en sentido estricto, como en estas primeras publicaciones de Reyes, incluida La Revista de América (editada en París entre 1912-914), donde empieza a colaborar al llegar a Francia en agosto de 1913 como parte de la legación de México; pero él, más tarde, al trasladarse por necesidad a España en agosto de 1914, supo periodizar unos hechos noticiosos y comentarlos con absoluta honestidad, además de que encontró en la prensa un modus vivendi  y de sustento familiar en los días difíciles que pasó en Madrid, y luego siguió cultivando otros medios de difusión masiva con la maestría de su prosa poética, una de las mejores que se han escrito en lengua española.

Su propia nieta Alicia Reyes en Genio y Figura de Alfonso Reyes señala:

Durante el año que permanece en la capital francesa, nuestro Alfonso escribe solamente artículos y páginas que se publican en diversas revistas de Europa y de América y que habrán de incorporarse en obras posteriores. Pedro Henríquez Ureña, a la distancia, sigue siendo su mejor maestro.

El mismo Reyes seguramente no pensó ser periodista porque su vocación literaria lo orientaba a alcanzar el estatus de poeta y escritor, pero no le quedó más remedio que asirse, en algunos momentos de su vida, al periodismo. Me apoyo en Emmanuel Carballo, el crítico mexicano que tanto entrevistó y ha estudiado a Reyes, y habla así de sus años en México de 1939 a 1959:

En búsqueda del público que no consiguieron sus libros, don Alfonso colaboró en diarios y revistas, en cadenas de periódicos y estaciones de radio. Para llegar a lectores y auditorios ínfimos, don Alfonso tuvo que bajar el nivel de los artículos y pasar de la literatura a la no-literatura: de mostrar a enseñar.

Ergo,  Alfonso Reyes fue periodista.

Carballo, al interpretar las observaciones generales de Reyes sobre literatura y no-literatura, concluye que para la literatura propiamente dicha el asunto se refiere a la experiencia humana; para la no-literatura a conocimientos especiales. La literatura expresa al hombre en cuanto es hombre a secas: la no literatura en cuanto es teólogo, filósofo, científico, historiador, político. “En el fondo, y fatalmente, don Alfonso era en profundidad de la misma estirpe de (José Joaquín) Fernández de Lizardi”.

Ergo,  el Regiomontano Universal fue periodista.

De hecho también existe la evidencia de los tempranos pasos que dio Alfonso Reyes en este terreno, pues algo tuvo que ver indirectamente en la fundación de El Porvenir, de Monterrey, ya que su amistad con el ilustre poeta y escritor colombiano Porfirio Barba Jacob lo llevó a recomendar a éste con su padre, el gobernador de Nuevo León, General Bernardo Reyes, lo que le permitió al sudamericano establecerse en la urbe regiomontana, hacer carrera en el periodismo aquí desde 1908 en El Espectador que dirigía Ramón Treviño y, finalmente, coincidir con un grupo de políticos nuevoleoneses para dar vida el 31 de enero de 1919 al hoy diario decano de la prensa en la ciudad.

Es cierto que Reyes ya llevaba seis años en Europa y que, salvo retornos intermitentes (como en 1924), regresaría de forma definitiva a su país en 1939 cuando volvió a encontrarse afectuosamente con Barba Jacob.  El escritor mexicano siempre le brindó su apoyo, según consta en las cartas que intercambiaban desde ese año de 1908.

De acuerdo con Humberto Musacchio, los primeros textos de Reyes aparecen en México en Revista Moderna, Argos, Revista de Revistas, Biblos y, contra lo que pudiera creerse, hasta en El Antirreeleccionista. Y más adelante, el investigador asienta:

Los deberes de la legación acaban por alejar a Reyes del periodismo y el poco tiempo de que dispone prefiere dedicarlo a la preparación de sus libros […] Su producción para los periódicos no se detiene y paralelamente sigue con sus libros.

No cabe duda, asimismo, de que el eximio polígrafo, representante de las letras mexicanas y universales, ensayista, poeta, diplomático, traductor, coleccionista de obras de arte, chef y dramaturgo pisó los dinteles del periodismo como necesidad de sobrevivencia, y fue el periodismo el que le tendió la mano en los momentos más difíciles de su vida para foguearse en el arduo camino de las letras que tenía por delante sin imaginar siquiera su alcance.

Paulette Patout, la mejor biógrafa del Regiomontano Universal y Alicia Reyes, con su gran cercanía familiar, dibujan a nuestro paisano en París añorando a sus amigos del Ateneo de la Juventud y lleno de nostalgia por su tierra, pues poco le consuela encontrarse en la capital francesa a dos de sus grandes camaradas del arte: Diego Rivera y Ángel Zárraga, por lo cual intensifica su relación con los hermanos García Calderón para dar salida a su afición escribiendo ensayos en la Revista de América sobre literatura mexicana.

Pero se viene la guerra en Francia, y en México el cambio de gobierno, lo cual trae una sacudida estremecedora en los planes de Reyes, que Paulette Patout refiere así:

Llegado al poder Venustiano Carranza dio de baja en masa a todo el personal diplomático y consular […] Encima estalló la guerra en Francia […] El regreso a México le estaba prohibido por falta de dinero y por las razones familiares que se adivinan. Comprendió que su único recurso era España […] Allá se le abrirían quizás oportunidades de trabajo en la ensñanza y el periodismo.

Ergo,  fue periodista.

 

Vivir del periodismo

Humberto Mussachio en Alfonso Reyes y el Periodismo  también señala que fue en Madrid  donde comenzó de veras su larga y provechosísima carrera de periodista, que lo llevaría a decir que “nada hay comparable al orgullo de contar noticias”, aunque agregaba: “y al alivio de recibirlas”.

El bautizo formal como hombre de prensa  –añade Mussachio– lo tendría durante los difíciles años que pasó en España, donde conoció la pobreza, si bien en disfrute pleno de su libertad, según reflexionaría años más tarde.

El mismo Reyes nos da pie para considerarlo periodista, porque vivió de lo que publicaba en la prensa de su tiempo:

Mi larga permanencia en la Villa y Corte (de Madrid) puede dividirse en dos etapas: la primera, de fines de 1914 a fines de 1919, en que me sostengo exclusivamente de la pluma, en pobreza y libertad.

Poco después se integraría al servicio diplomático.

Cómo no habrá de considerársele a Reyes periodista en Madrid si al  llegar ahí empieza su labor como traductor y trabaja en el Centro de Estudios Históricos, sección Filología, bajo la dirección de Ramón Menéndez Pidal. Además empezó a colaborar en numerosos periódicos y revistas de Europa y América,  como El Heraldo de Cuba y Las Novedades de Nueva York, y, por supuesto, en El Sol, de su amigo José Ortega y Gasset, quien le encarga luego escribir en el semanario España las primeras críticas de cine para un medio español en 1915, cuya huella también en El Imparcial es imborrable bajo el seudónimo de Fósforo. En este último publica junto con su colega del Ateneo, Martín Luis Guzmán, quien llegó a la capital española con su familia en 1915 y a fines de ese año se entera de que Reyes emprende la elaboración de su inolvidable Visión de Anáhuac, editado en 1917 por una modesta casa de Costa Rica, llamada El Convivio.

La crítica cinematográfica une a estos dos grandes mexicanos y los hermana en su labor en la prensa española, que Reyes continúa solo tras de que Martín Luis Guzmán abandona Madrid para ir rumbo a Nueva York y México en enero de 1916, después de escribir su librito La querella de México.

Ergo, Alfonso Reyes es periodista en estos años que sobrevive en Madrid, a partir de agosto de 1914, donde vuelve a encontrarse con el pintor Diego Rivera y aprende también de otro grande del periodismo, José Martínez Ruiz Azorín, consagrado igualmente por sus lauros literarios, igual que Ramón del Valle Inclán, Juan Ramón Jiménez y Miguel de Unamuno, quienes serán parte de los retratos o perfiles que constituirán la primera serie de su libro Simpatías y diferencias (Madrid, 1921).

Martín Luis Guzmán, el también autor de El Águila y la serpiente (1928) y La sombra del caudillo (1929),  en una carta que le envía a Madrid, hacia 1917 le dice a Alfonso Reyes:

¿Recibe usted el dinero de sus crónicas? En El Heraldo trabajo sólo un rato (parte en la tarde; parte en la noche) escribiendo editoriales y otras cosas. He renunciado, por instinto de conservación, a meterme con toda la página final (tal fue el plan primitivo) y sólo me encargo de lo mío. Quizás esto cambie ahora, porque el suplemento está pidiendo a voces una mano inteligente y ésta puedo ser yo. De suerte que no me entero siquiera de la fecha ni la forma en que se publican sus crónicas, tan amables y tan semejantes a nuestra amistad (sin simbolismo).

Recordará usted que desde los abismos de Texas renuncié a la literatura y a los periódicos. Pues bien, si no fuera por ambas cosas casi me moriría de hambre: al fin y al cabo, es nuestro oficio…

Ergo, fue periodista en expresión de su gran amigo y por  eso rescato tan reveladoras palabras reproducidas en El Acto Textual de Fernando Curiel, quien agrega:

Alfonso Reyes, cronista de Madrid, no está por debajo, en nervio y percepción, de Bernal Díaz del Castillo, cronista de Tenochtitlan –el prodigio urbano azteca–  sin olvidar, además, que Reyes parece haber acompañado a Cortés y sus capitanes, aquel día de 1519, según se desprende de Visión de Anáhuac (1917).

Asimismo, debe ponderarse la edición, ese mismo año de 1917, no sólo de El Suicida sino particularmente de Cartones de Madrid  porque fue el primero del año al ir juntando estas notas publicadas en El Heraldo de Cuba y porque constituye un volumen de las impresiones iniciales del autor con una fuerte carga periodística, pues la atención se concentra en lo más pintoresco y novedoso que atrae a los ojos del viajero: el abigarrado mundo callejero, con sus mendigos, pícaros, chulos, majos, estudiantes, lavanderas, aguadoras, en una serie de breves cuadros impresionistas y poemáticos.

Siento especial inclinación –nos dice Reyes–  por los Cartones, porque al escribirlos eran mi única distracción en horas de angustia y por las valiosas amistades que creo deberle. Azorín, ya en trato muy frecuente conmigo, me decía en una de sus preciosas miniaturas epistolares: “…su exquisito libro, esencia de España”. Todas las palabras de Azorín valen oro.

Quizá por eso Fernando Curiel, el autor de El Acto Textual, pone  énfasis en el meollo de nuestra tesis, pues insiste en el carácter periodístico de Reyes, habida cuenta de su habilidad para la crónica, no obstante la connotación literaria e histórica de este género también de la prensa.

Al alborear la década de los veinte –añade Curiel–, Manuel Azaña (escritor y político, tres veces jefe de gobierno y en 1936 Presidente de la república española) se lamentaba: “Madrid está por hacer porque lo hemos pensado poco”. Aclaro que para ese entonces, Reyes ya había pensado mucho, y contribuido a hacer –al tenor de la tesis azañista– a Madrid. Data de los primeros asomos a la ciudad –todavía presa del fango–  una de las visiones de más dilatada fortuna: “El Madrid posible”.

Reposa, la crónica alfonsina matritense, en libros, artículos sueltos, abundantes páginas autobiográficas y la nutrida correspondencia intercambiada con sus pares: los integrantes de la llamada Generación del Ateneo de la Juventud (José Vasconcelos, Julio Torri, Diego Rivera, Pedro Henríquez Ureña, Martín Luis Guzmán). La camarilla –posterior a la modernidad– que acomete la revuelta cultural de la Revolución Mexicana.

Fernando Curiel asienta, igualmente, que la afición (adicción) de Madrid en Alfonso Reyes se debe, sin disputa, a la prolongada estancia peninsular. Dos lustros: de 1914 a 1924. Entre “la guerra y la revolución”, dirá el propio Reyes, citando a Luis Araquistáin. Entre dos épocas literarias, añado yo: la del 98 y (casi) la del 27.

Trátase, para Reyes, del periodo de su cabal madurez humana y artística. Tiempos de pobreza y espera, de soledades y primeros frutos inequívocos. De transtierro, sí, pero también de amistades cuyos deliquios, y destemplanzas, únicamente sofocarían la distancia o la muerte.

En 1924, durante su visita a México, presidió el homenaje del 5 de julio a José Vasconcelos y pronunció un encendido discurso en que recordó:

haber sido buenos camaradas de guerra […] cuando, lejanos y desterrados, vendíamos, tú, en un pueblo de los Estados Unidos, pantalones al por mayor, hechos a máquina, y yo, en Madrid, artículos de periódico al por menor, hechos también a máquina.

Ergo, él mismo se considera periodista en esos primeros años madrileños y lo ratifica a fines de abril de 1929  –como lo registran Musacchio y Valdés Treviño–  al abrir apenas sus maletas en Río de Janeiro como embajador de México en Brasil: “Estoy haciendo notas todos los días: desenvainé mi pluma de periodista otra vez”.

Y es ahí donde deja otra enorme prueba de su afición periodística: la confección de su Correo Literario Monterrey, donde, en el número uno, en junio de 1930, aparece el ensayo sobre las poesías de Porfirio Barba Jacob y éste, agradecido, le escribe, curiosamente, el 9 de febrero de 1931 acaso en alusión al 9 de febrero de 1913, fecha memorable del asesinato del general Bernardo Reyes, a lo que el entonces embajador de México en Brasil le recuerda lo siguiente:

Nunca podré olvidar la sacudida eléctrica que recibí al acercarme a usted el primer día, ni podrá borrarse en mí la señal de nuestra amistad.

Esta singular y valiosa publicación la concibe Reyes al conjuro del recuerdo de Pombo de Ramón Gómez de la Serna e inclusive se remite a una iniciativa similar de Chesterton. Lo cierto es que llegó a ser una verdadera red de comunicación de Reyes con el mundo literario y, a la vez, del mundo literario con Reyes y que se distribuía por varios rumbos del planeta, especialmente en México. Su primera tirada fue de 300 ejemplares que repartió con ayuda de Manuelita Mota, su esposa, y su hijo Alfonso Reyes Mota.

Todavía más: para convencernos del eros periodístico de Alfonso Reyes habría que hacer caso al consejo de José Joaquín Blanco, a pesar de ser uno de los más ácidos críticos que ostenta serias diferencias con el Regiomontano Universal:

La obra de Reyes tendría que ser “lectura obligatoria” para los jóvenes escritores y periodistas. Los estudiantes de literatura y de comunicación pueden revisar esos artículos breves donde surge la voz transparente de Reyes. Enseña a escribir y ahí se aprende su lección. De repente uno se descubre corrigiendo las comas, sintetizando, cortando frases, dando respiración a la prosa, agregando una anécdota de sobremesa, algún comentario agudo que se escuchó en la calle, pensando en el lector: Ahí está Reyes y su magisterio.

Gabriel Zaíd no es menos enfático en el magisterio de don Alfonso:

Después andamos en la calle, libres, sueltos, a la medida de las cosas, sin saber a qué agradecerle ese andar en el día como en nuestro elemento, y nos acordamos de haber leído largamente a Reyes.

 

Bibliografía

Aguirre, Coral, Las cartas sobre la mesa. La relación Borges-Reyes. Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León y UANL, 2009.

Bioy Casares, Adolfo, Borges. Editorial Destino, 2007.

Carballo, Emmanuel, Alfonso Reyes por sí mismo. Universidad Autónoma de Nuevo León, 2008.

Carballo Emmanuel, Protagonistas de la Literatura Mexicana  (sexta edición, Alfaguara, 2005.

Curiel, Fernando, El Acto Textual. Gobierno del Estado de Nuevo León, 1995.

Curiel, Fernando, Diario de Alfonso Reyes (1952-1959). El Colegio de México, 2006.

Dávila, Arturo, Alfonso Reyes entre nosotros. Universidad Autónoma de Nuevo León, 2010.

De la Colina, José, Personerío (del siglo XX mexicano). Universidad Veracruzana, 2005.

Enríquez Perea, Alberto, Alfonso Reyes en los albores del Estado Nuevo Brasileño (1930-1936). El Colegio Nacional, México, 2010.

Enríquez Perea, Alberto, Días de Exilio. Correspondencia entre María Zambrano y Alfonso Reyes (1939-1959). Taurus y El Colegio de México, 2006.

Fel, Claude, La Amistad en el Dolor. Correspondencia entre José Vasconcelos y Alfonso Reyes 1916-1959. El Colegio Nacional, México, 1995.

Alfonso Reyes, Obras Completas, tomo IV. “Despedida a José Vasconcelos”, en Simpatías y diferencias, 5a. serie.

Hiriart, Hugo, El Arte de Perdurar. Almadía, México, 2010.

Musacchio, Humberto, Alfonso Reyes y el Periodismo. Conaculta, México, 2006.

Patout, Paulette, Alfonso Reyes y Francia. El Colegio de México y Gobierno de Nuevo León, 1990.

Perea, Héctor (coordinador), Alfonso Reyes: El sendero entre la vida y la ficción. Gobierno del Estado de Nuevo León, UANL.

Rangel Guerra, Alfonso, Páginas Escogidas 1955-1957. UANL, 1959.

Rangel Guerra, Alfonso, Las Ideas Literarias de Alfonso Reyes. UANL, 1989.

Reyes, Alicia, Genio y Figura de Alfonso Reyes. Producciones al Voleo El Troquel, Monterrey 1989. Reimpresión 1999.

Reyes Ochoa, Alfonso, Cartones de Madrid. Ediciones Hiperión, Madrid, 1988.

Reyes Ochoa, Alfonso, Tertulia de Madrid. Colección Austral, México, primera edición 1949.

Salazar, Humberto, La Crítica Literaria en Monterrey (1880-1980). Universidad Autónoma de Nuevo León, 1995.

Valdés Treviño, Francisco, Alfonso Reyes, diplomático. Universidad Autónoma de Nuevo León, 1997

Wolfe Tom, El Nuevo periodismo, Anagrama, 1977.

Zaitzeff, Serge I., Recados entre Alfonso Reyes y Antonio Castro Leal. El Colegio Nacional, México, 1987.

Zaitzeff, Serge I., Correspondencia 1923-1957: Alfonso Reyes-Arnaldo Orfila. Siglo XXI Editores, México, 2009

 

Profesor en la Facultad de Comunicación de la UANL. Doctor en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid.

Enhanced by Zemanta

Reinventar el periodismo: La prensa de referencia ante las nuevas tecnologías

  • “En la actualidad es como si estuviésemos  dos días después de la invención de la imprenta por Gutemberg. Todo es experimental”, comentó Alan Rusbnidger, director The Guardian, durante la conferencia inaugural de la escuela de Periodismo de Sciences Po en Paris, el 7 de septiembre de 2012.
  • El periodismo ha entrado en una revolución sistémica, como apunta Ignacio Ramonet en su última obra L’explosion du journalisme (Galilée, 2011).
  • Asistimos a una carrera hacia la innovación en que las nuevas tecnologías están marcando un ritmo frenético a la información. Aparecen nuevas versiones de periódicos digitales, nuevas aplicaciones de móviles y de tabletas para adaptarse al lector digital. Y en esta carrera por la innovación hay que reinventar el periodismo. ¿Qué porvenir le espera en este nuevo escenario a la prensa de referencia en un país tan emblemático como Francia?

 

Fotografía: "Silencio Forzado: El Estado, cómplice de la violencia contra la prensa" por jpazkual @ Flickr
Fotografía: “Silencio Forzado: El Estado, cómplice de la violencia contra la prensa” por jpazkual @ Flickr

Por María Santos-Sainz

En los últimos años, la cimentación sobre la que se ha asentado el periodismo del siglo XX se ha resquebrajado debido a la irrupción de Internet con su Web 2.0, los iPhone y los iPads, la caída de la publicidad y su desplazamiento a otros soportes, la competencia de los periódicos gratuitos, los altos costes de producción, el progresivo abandono de la prensa escrita por parte de las jóvenes generaciones y la crisis de confianza de los lectores con los medios.

Sin embargo, no todo es negativo: nuevos proyectos y realidades irrumpen con fuerza en Francia. Un periodismo de calidad se va abriendo paso en Internet.  Periodistas de prestigio están al frente de periódicos online como Médiapart, fundado y dirigido por Edwy Plenel, antiguo responsable de la redacción de Le Monde. En solo cinco años de existencia se ha convertido en toda una referencia por sus revelaciones informativas como por ejemplo en el caso Woerth-Bettencourt o el reciente affaire Cahuzac.

Para buscar nuevas vías de financiación al periodismo online aparecen iniciativas interesantes. En enero de 2011  nació una plataforma1 de donaciones para que los internautas financien diarios digitales, blogs u otros proyectos informativos de Internet, desde un reportaje a la creación de una nueva sección, con la finalidad de desarrollar y auspiciar un periodismo de calidad en Internet. Otros medios se han lanzado a esta nueva moda de financiación (crowfounding) de reportajes, como Mediavox.fr, un portal inaugurado en agosto de 2012. Asímismo se va consolidando un periodismo participativo que renueva viejos cánones como es el caso de diarios digitales como Rue 89 o agoravox. Otro medio pionero en el periodismo ciudadano como lepost.fr (a iniciativa de Le Monde Interactive y el grupo Lagardère) naufragó y cerró el 23 de enero de 2012, entre otras cosas, porque no hubo un riguroso fact cheking respecto a la difusión de los rumores difundidos por los internautas.

En paralelo al despegue de Internet han nacido con éxito proyectos editoriales impresos como la Revista XXI, fundada en 2008, que apuesta por un periodismo de textos largos, donde el reportaje se convierte en protagonista, primando la profundidad y la calidad de la información. Por otra parte, se han multiplicado plataformas de discusión2 que buscan nuevas vías a la crisis de la prensa.

 

Tres revoluciones

En Francia, la crisis de la prensa también responde más a una crisis de tipo estructural y de época que a una crisis derivada tan solo de las dificultades de la crisis económica actual. Hay que añadir a los motivos ya evocados, los elevados costos de producción que tienen los diarios franceses respecto a los de otros países europeos3. La pérdida de lectores ha sido drástica: Le Monde en el ultimo decenio perdió  25% de sus compradores, Le Figaro 12,5% y Libération en 2009, 10%. En realidad tres revoluciones se han acumulado4 en este último decenio:

1. La revolución digital. La irrupción de Internet en el venerable imperio del periodismo escrito de referencia ha sembrado confusión e incertidumbre. La prensa ha pasado de un modelo industrial a un modelo de Redes. En este nuevo sistema, los periodistas ya no tienen la exclusividad de la fuente. El periodista ya no es el único historiador del presente: todo el mundo se ha convertido en media. Hoy la actualidad nos llega también por nuestra Red social (Facebook o Twitter), incluso a veces antes.

La competencia en Internet es tan ardua que incluso los periódicos digitales de la prensa de referencia muestran videos, webdocumentales, diaporamas de fotos, sonido y hasta han contratado jóvenes periodistas para animar redes (community manager).5 Estamos en la era del media global, en un periodismo interactivo 24/7. Para no perder este tren
de alta velocidad tecnológico, cabeceras de la prensa de referencia como Le Monde acaban de crear un departamento llamado “Nouveaux écrans”, capitaneado fundamentalmente por programadores con el fin de explorar nuevas aplicaciones para iPhones e iPads.

2. El descenso drástico del interés de las jóvenes generaciones por lo escrito. La pérdida de lectores de la prensa de referencia prosigue cada día que pasa. La edad media de los lectores de la prensa diaria por Internet en Francia ha pasado de 37 años en el 2000 a 42 años en 2005. La media del lector sobre papel es de 55 años. La versión en papel queda restringida a las élites y a las personas mayores. No hay relevo generacional. Estas cifras muestran el fracaso de la estrategia de los periódicos por conquistar un público joven de 25-35 años.

Las nuevas generaciones se informan por Internet a través de sus ordenadores y cada vez más a través de su móvil, un 46,6% de franceses está equipado con un Smartphone, según Mediametrie, pero no acuden a los diarios digitales de la prensa de referencia. Entre las páginas web más visitadas en Francia, según un estudio de Mediametrie publicado en octubre del 2012, destacan en las primeras posiciones: Google, Facebook, MSN/Windows Live, seguidos de YouTube, Dailymotion, Microsoft, los operadores de móviles Orange, Free, SFR, Wikipedia, Leboncoin, y Yahoo!

De lejos se sitúan la prensa de referencia. El primer diario mas leído en su versión digital es Le Figaro con 8.7 millones de visitantes únicos. Le Monde baja al tercer puesto tras Le Parisien, con 6.8 millones de visitantes únicos. Los periódicos digitales, presentes únicamente por Internet, están todavía hoy lejos del seguimiento de la prensa de referencia. La lista es encabezada por la versión francesa de Huffington Post con 2.1 millones de visitante únicos, delante de Rue 89 con 1.785 millón, Slate (947 000), Atlantico (877 000) y Mediapart (569 000).

Para paliar la deserción de los jóvenes de la prensa de referencia se están desarrollando en Francia políticas educativas destinadas a la “Educación en los medios”, coordinadas por organismos como el Clemi6, con el fin de formar a los futuros ciudadanos en el arte de informarse y que sean exigentes con la calidad de los medios.

3. La caída de los ingresos publicitarios. En Francia, el fenómeno ha sido muy destacado. Podemos hablar de una verdadera hemorragia publicitaria. Los anunciantes ya no financian la información. Han diversificado sus anuncios fuera de los medios (carteles, folletos en los buzones, en el cine, los móviles, en Internet…). Todo ello representa los dos tercios del presupuesto publicitario. “El modelo económico sobre el que se ha erigido la prensa desde hace décadas se desintegra hoy”, afirmaba el entonces director de Le Monde, Eric Fottorino7, tras nuevas ampliaciones de capital para sacar a flote la mítica cabecera.

Numerosos medios de comunicación franceses se han visto obligados, por la caída de los ingresos publicitarios, a realizar recortes draconianos: cierre de corresponsalías en el extranjero; despidos, prejubilaciones, en especial de los periodistas más veteranos y experimentados. Estas restricciones suponen un peligro al abaratar la producción de la información con el riesgo de hacer peligrar la calidad de los contenidos. El precio a pagar puede ser caro, ya que el periodismo de investigación y los grandes reportajes corren el riesgo de verse tambaleados.

En paralelo, hay un deterioro muy grave de las condiciones de trabajo. En este sentido, hay que señalar el incremento de la precarización y proletarización de la profesión periodística. La precarización8 creciente de la profesión viene de la mano del periodismo digital. Un ar-
tículo de Le Monde publicado en mayo de 2009 denunciaba la situación de precariedad que padecen los denominados: Forçats de l’info, también llamados los “pakistaníes de la información” o “pollos en batería”. Con estos términos se refieren a los periodistas treintañe-
ros que trabajan en las redacciones digitales con salarios mínimos. El artículo exponía las diferencias de estatus entre los periodistas de la redacción papel y la redacción digital, pero también se refería a las condiciones difíciles de trabajo: rapidez a ultranza9, la reescritura de las noticias de agencia, etc. La polémica fue inmediata. Han surgido numerosas reacciones del propio colectivo como de sus responsables, asimilados a “negreros”. Unos se defendieron alegando que el retrato respondía más bien a una caricatura y que ese periodismo de googlelización está desapareciendo…

Desde las escuelas de periodismo en Francia se observa con inquietud otro fenómeno que se va confirmando: la profesión tiende al “nomadismo”. Frente a la dificultad de conseguir un contrato fijo, cada vez son más los periodistas jóvenes que acaban abandonando el oficio ya que no se les ofrece ninguna perspectiva estable ni interesante de trabajo.

La crisis de la prensa no es solamente una cuestión de crisis por la buena o mala gestión o por la caída en picado de la publicidad o por el descenso de las ventas. También es una crisis de la oferta de contenidos y sobre todo por la pérdida de confianza del público en los medios. Un público al que se le propone a menudo una información homogénea o de insuficiente calidad (periodismo de low cost), ante la que duda de su objetividad y del respeto a las buenas prácticas profesionales.

Los sondeos anuales realizados por el Instituto de encuestas Sofres y el diario La Croix, siguen mostrando cada año la desconfianza que tienen los franceses hacia la prensa escrita (la radio resulta el medio que goza de mayor credibilidad). Una gran parte de los ciudadanos acusa a los periodistas de falta de independencia frente a las presiones de los poderes político y económico. Y consideran que no se les ha informado con el rigor necesario sobre una actualidad cada vez más compleja y difícil de descifrar. Es verdad que en general también sufren un gran descrédito  otros poderes e instituciones públicas: pero la prensa ha sido una de las principales víctimas de la pérdida de confianza de los ciudadanos.

Para superar la actual crisis, los medios tienen que reflexionar sobre su propio rol y preocuparse de su verdadero capital: el público, los lectores. El dilema reside en que se producen dos búsquedas que no confluyen. Por una parte, los lectores están a la búsqueda de un contenido y un rigor que ya no se les ofrece; por otra parte, la prensa está a la búsqueda de unos lectores que ya no existen… Diversos estudios demuestran que los periódicos que resisten mejor a la crisis son los más exigentes con sus contenidos. Igualmente, los periodistas que permanecerán serán aquellos que demuestren su valor añadido.

 

Reinventar la prensa de calidad

Hasta hace diez años ningún periodista de la prensa escrita de referencia tenía un blog o dirigía entonces un diario digital. Hoy las cosas han cambiado. Algunos de los miembros más influyentes de la prensa de calidad dirigen nuevas cabeceras de la prensa on line. La mayoría provienen de Le Monde y de Libération, donde diversos reajustes les despidieron de sus redacciones.10

Una parte de la batalla del periodismo de mañana se está librando en el frente de Internet. Numerosos analistas subrayan que el futuro de la prensa viene de la mano de Internet, pero más que su acceso por el ordenador, considerado ya como un broncosaurio, por el iPhone o por las tabletas iPad. El desafío sigue siendo el construir un periodismo digital de calidad.11

Entre los que han apostado por el periodismo de investigación y de calidad únicamente on line destaca Médiapart,12 fundado en 2006 por Edwy Plenel, ex-director de la redacción de Le Monde. Y es una apuesta también como modelo económico, ya que hay que abonarse tras el pago de nueve euros mensuales. Con casi 50 mil suscriptores se mantiene en la cuerda floja de modelo de rentabilidad, como la gran mayoría de los medios en Internet.

Entre las apuestas de periodismo digital de calidad destaca también la versión francesa de Slate13, dirigida por Jean-Marie Colombani, ex-director de Le Monde. Otro ejemplo de adaptación numérica: Arrets sur images.14 Su director Daniel Schneidermann, ex columnista de Le Monde y de Libération, trasladó a la red el concepto de programa de televisión que tanto éxito le deparó hasta que se lo suprimieron. Su portal se consagra únicamente al análisis crítico de la información. Desde un principio apostó por la fórmula de pago.

En esta fase de transición que estamos viviendo, en la que viejos modelos mueren y otros nuevos brotan, la irrupción de estos  signos de renovación permiten mantener cierto optimismo. Están naciendo nuevos géneros en Internet15 como el webdocumental. Y aunque hasta la fecha tampoco se ha encontrado un modelo económico que permita su rentabilidad, algunos jóvenes periodistas16 están apostando por ello.

Otro elemento esperanzador es el periodismo participativo que ha irrumpido como un balón de oxigeno para reconquistar el público volatilizado. El periodista baja de su pedestal y entra en interacción con su comunidad de lectores. Este nuevo periodismo participativo tiene su mejor exponente en Rue 8917, un pureplayer de información creado por antiguos periodistas de Libération. Realiza un periodismo a tres bandas entre jóvenes periodistas, expertos y público. Incluso han sacado una versión impresa. Ante la ausencia de modelo económico por Internet, algunos de estos diarios consiguen salir a flote completando sus ingresos con ofertas de formación y otros servicios, como hace Rue 89.

A pesar de este potente despegue de Internet, para las élites políticas y económicas de Francia el periodismo de referencia lo siguen encontrando en la prensa escrita de calidad. La migración del papel a la pantalla no resulta tan rotunda.

Han nacido, además, nuevos proyectos editoriales que gozan de éxito, cuando nadie apostaba nada por ellos. Esta es la historia de una revista trimestral XXI18, lanzada el 17 de enero del 2008 y realizada por ex periodistas de Le Figaro, que han apostado por el periodismo de calidad. Publican reportajes de actualidad, de larga extensión (de 20 a 30 páginas) y con una visión mundial. Con cuatro números al año, tiene una tirada de 40 mil ejemplares. Los modelos que les inspiran son las revistas americanas tipo The New York Times Magazine, The New Yorker o Vanity Faire y la inglesa Granta, de venta en librerías.

Como conclusión, podemos afirmar que con la crisis y el cambio de época que estamos viviendo ciertas formas de periodismo tienden a desaparecer mientras que otras están naciendo. Uno de los desafíos para superar la situación actual de crisis es ganar de nuevo la confianza del público ofreciendo contenidos de calidad. Ante este crítico panorama debiera existir la voluntad de recuperar el buen hacer, el orgullo y la dignidad de la profesión; de volver a lo fundamental, a la esencia del periodismo. Con un “periodismo de orientación” frente a la infobesidad y de profundidad frente a la información low cost.

Para algunos analistas, la prensa de referencia se salvará gracias a un “periodismo aumentado”, como propone Eric Sherer en su libro A-t-on encore besoin des journalistes? Manifeste pour un journalisme augmenté (Puf, 20011). Éste consiste en enriquecer el periodismo de todas las extraordinarias posibilidades dadas por esta revolución de la información digital. Un periodismo de valor añadido, más democrático y donde la nueva función de filtro sea preponderante. Buscar, elegir, verificar, agregar, relacionar acontecimientos entre ellos, darles sentido, contextualizar, son las misiones de nuevo periodista.

Para terminar quizás nos consuele citar el aforismo que nos recuerda que “los aviones no han reemplazado a los barcos”, como la televisión no acabó con la radio. La Internet no tiene por qué terminar con el modelo de exigencia, rigor y calidad, características de la prensa escrita de referencia.

 

Notas

1) http://www.jaimelinfo.com, y http://www.mediavox.fr/

2) Entre los numerosos foros y encuentros destacan: Les entretiens de l’info (http://entretiens.zeblog.com), dirigidos por el investigador Jean-Marie Charon, Information et citoyennet, el colectivo de periodistas ça presse (http://www.capresse.org) o Assises Internacionales du Journalisme (ver http://www.journalisme.com). En Francia la crisis de la prensa escrita se ha convertido en un debate de gran actualidad que ha entrado incluso en la agenda política, ya que incluso provocó en 2009 la convocatoria de los Estados generales de la prensa por parte del Presidente de la Republica, Nicolas Sarkozy. De ahí salieron toda una serie de medidas impuestas por el estado para ayudar a la prensa y que están ayudando a salir a flote en estos tiempos difíciles. Ver http://www.etatsgenerauxdelapresseecrite.fr

3) Respecto a la difusión de la prensa diaria en Europa, Francia se sitúa en el vigésimo lugar por cada 1000 habitantes, según World Press Trenes, AMJ de 2007, con 155 ejemplares vendidos por cada 1000 habitantes.

4) POULET, Bernard, 2009, La fin des journaux et l’avenir de l’information, Paris, Gallimard.

5) “Sur le net, les journalistes se muent en animateurs pour doper les audiences”, Le Monde, 23 de julio de 2009.

6) Centre de liaison de l’enseignement et des médias de l’information. www.clemi.org. Cada año, durante el mes de marzo todos los colegios celebran la “Semana de la prensa”.

7) Eric Fottorino, “A nos lecteurs”, Le Monde, 19 de avril de 2008.

8) ACCARDO, A., (dir.), 1998, Journalistes précaires, Bordeaux, Editions Le Mascaret,.

9) Según el informe publicado en Estados Unidos sobre el estado de los medios de comunicación, titulado: “Proyecto por la Excelencia en el Periodismo 2005” ya se apuntaban nuevas tendencias frente al modelo tradicional de periodismo. Así mientras que antes “los informadores se preocupaban principalmente por la verificación de hechos” ahora está dando paso a “un nuevo modelo en los medios en el cual se da información sin hacer grandes esfuerzos para comprobar su veracidad”. Esto se ve tanto en la televisión por cable y en las tertulias radiofónicas como en los blogs y en los diarios digitales cuya norma es “publicar cualquier cosa y dejar que se compruebe o no después”.

10) Libération, echó a 150 periodistas tras dos planes sociales en 2005 y 2007. Por su parte, Le Monde lanzó dos convocatorias de despidos voluntarios en 2004 y en 2008. El primero eliminó a 35 periodistas de la redacción, y el segundo a 65. Ver la revista Le journaliste, organe du Syndicat national des journalistes. Nº spécial, octobre 2010, pp, 17-18. Le Figaro anuncia en diciembre de 2012 un plan social.

11) Desde el 22 de octubre de 2009 la prensa digital ya tiene un sindicato que les represente: Syndicat de la presse indépendante d’information en ligne. : http://www.spiil.org. Con más de sesenta miembros, el 22 de octubre de 2010 organizaron sus primeras jornadas de balance y debates sobre el futuro de la prensa on line.

12) www.mediapart.fr

13) http://www.slate.fr

14) http://www.arretssurimages.net

15) Flujos RSS, servicios web, blogging, bookmarking, widgets, planet, digg-like, las redes sociales como Facebook, Twitter, etc.

16) Dirigida por jóvenes periodistas la sociedad de producción Honkythonk, situada en París, ha vendido algunos de sus webdocumentales a medios como lemonde.fr. Ver http://www.honkythonk.fr

17) http://www.rue89.fr

18) http://www.leblog21.fr

 

Doctora en Ciencias de la Información y de la comunicación por la Universidad Complutense de Madrid. Es profesora titular de Periodismo en el Institut de Journalisme Bordeaux Aquitaine de la universidad Michel de Montaigne de Burdeos, cuya dirección ha asumido desde 2006 a 2012.  Presidente de CEJER, Chercheurs en Journalisme des Ecoles Reconnues.

Enhanced by Zemanta

Carta a Julio Scherer

Libreta de Apuntes

  • “El periodista escudriña, busca el diálogo, apela al testimonio”

Muchos  lo  admiramos  por  su  trayectoria  y  aportes  profesionales,  y  por  ello,  precisamente,  me  desconcertó  la  forma  como  se  refiere  a  Manuel  Buendía  en  un  breve  apartado  de  su  libro  Historias  de  muerte  y  corrupción  (Grijalbo,  2011).  Primero  reseña  la  época  en  que  lo  conoció  desde  la  secundaria  en  el  Instituto  Bachilleratos  (antecedente  del Patria)  y  más  adelante  escribe  que  “fue  un  periodista  corrupto  como  director  de  La  Prensa  y,  tiempo  después,  un  columnista  sobresaliente  en  la  primera  plana  de  Excélsior”.

Julio Scherer - Foto: Archivo Cuartoscuro
Julio Scherer – Foto: Archivo Cuartoscuro

Por  Omar  Raúl  Martínez

Publicado originalmente en RMC 134

Respetado don Julio:

Conozco toda su obra, admiro su trayectoria y aprecio su concepción en torno al periodismo y el poder. Veo en usted a uno de los personajes más influyentes de la prensa nacional de la segunda mitad del siglo XX. Su aporte y legado al periodismo mexicano quedarán inscritos por muchos años en varias generaciones entre las cuales me incluyo. Valoro su indeclinable compromiso con la palabra adherida a la realidad sociopolítica, con la perenne insubordinación frente al poder, con la voluntad por defender y estimular la naturaleza movilizadora del oficio periodístico.

Y por todo ello, me desconcertó la forma como se refiere a Manuel Buendía en su libro Historias de muerte y corrupción (Grijalbo, 2011). Escribe que Manuel Buendía “fue un periodista corrupto como director de La Prensa  y, tiempo después, un columnista sobresaliente en la primera plana de Excélsior”, lo cual evidentemente le molestó a usted, pues lo fue cuando Regino Díaz Redondo era el director de este diario.1 También dice usted que siendo Buendía director de La Prensa, entre 1960 y 1963, se mostrara “servil” ante el poder presidencial (p. 94).

Relata usted que el libro Manuel Buendía en la trinchera periodística  le permitió asomarse a rasgos ignorados de la personalidad del célebre columnista, y al respecto agrega: ”El libro lo escribió Omar Raúl Martínez, presidente de la Fundación Manuel Buendía. Posiblemente, sin medir el alcance de sus palabras, exhibió de la peor manera a su admirado personaje”. (p. 95).2  Enseguida transcribe “párrafos insólitos” en los que incluye, entre otras cosas, la experiencia descrita por Eduardo del Río, Rius, cuando trabajó al lado del periodista michoacano, quien lo despidió con rudas formas:

―Usted ya no trabaja en La Prensa. Pase mañana por la caja para que le paguen lo que se le debe. Puede irse.

―Puse cara de ¿juat? –cuenta Rius– y le pregunté o creí preguntarle a qué se debía esa decisión tan gacha. Sin mirarme. Buendía me dice:

―Mire, Rius, yo no tengo qué darle explicaciones. Usted ya no trabaja aquí y punto.

―Abrió un cajón de su escritorio y sacó una pistola que depositó sobre la mesa. Al ver eso se me desapareció la cara de ¿juat? y salí con la cola entre las patas rumbo a lo desconocido.3 (p. 96)

* * *

Antes de profundizar en los puntos medulares, una pregunta se hace obligada: ¿Por qué hasta ahora le escribo a usted para dar una respuesta? ¿Por qué guardé silencio durante tanto tiempo?

En un principio consideré una batalla asimétrica responder o hacer frente a un personaje con gran prestigio como el que usted ha construído. Recuerdo, por ejemplo, que en la edición 58 (abril-junio de 1999) de Revista Mexicana de Comunicación (RMC), que me honro en dirigir desde 1993, publicamos una amplia entrevista con Carlos Marín, otrora codirector de Proceso (“Don Julio Scherer traicionó su palabra: Carlos Marín”) en la cual se recogió su versión en torno al conflicto interno que derivó en el nombramiento de Rafael Rodríguez Castañeda como director del semanario. Apelando al interés público, RMC  ofreció esa perspectiva sin ambages ni editorializaciones ni enjuiciamientos. En su momento, Miguel Ángel Granados Chapa percibió tal trabajo periodístico como un “agravio” a usted. Desde luego no compartí su punto de vista y, en carta enviada a Reforma, señalé que tan lejos estaríamos de un “agravio” que meses previos habíamos ofrecido una edición especial para reconocer su valioso aporte a la prensa nacional (RMC Núm. 46. Nov 1996-ene 1997: “El Proceso de Scherer”). Entonces me pregunté: “¿Por qué se ve como un atentado a la fama pública el que se cuestione abiertamente a un personaje del periodismo mexicano?”  El recordar ese episodio en un principio inhibió mi voluntad, pero a la vuelta del tiempo  –tras revisar recientemente los hechos y considerar que sus palabras contra Buendía encerraban una gran dosis de injusticia–  estimuló en mí la convicción de externarle mis consideraciones.

Asumo, pues, el riesgo de responderle con respeto, teniendo como principales referentes y argumentos sus propias palabras, y partiendo de dos sentencias suyas:

“Al periodista lo avalan los hechos: sin ellos está perdido”.

“El periodista escudriña, busca el diálogo, apela al testimonio”.

 

* * *

Tengo el pleno convencimiento de que “admirar” no debe significar poner veladoras e incienso para honrar a ciegas. Admirar, desde mi punto de vista, es rescatar y reconocer las virtudes –sin desdeñar las sombras– que condensa un ser humano a fin de abrevar de ello, privilegiando lo mejor de esa persona. Además, concuerdo con usted cuando ha escrito que “Traiciona y se traiciona el biógrafo que no enfrenta a su personaje” y que “Nada enferma tanto como la exaltación”.

Por lo que concierne a la expresión “exhibió de la peor manera”, vale decir que, de acuerdo con el DRAE, exhibir es “manifestar, mostrar en público”. Y desde el punto de vista jurídico es “presentar escrituras, documentos, pruebas, etcétera, ante quien corresponda”. Siguiendo tal acepción, la tarea del periodismo es justamente esa: exhibir, mostrar, presentar, manifestar las diversas aristas de la vida pública, entre las cuales están, desde luego, las relativas al quehacer de los medios de comunicación.

¿Pero qué significa “exhibir” de “la peor manera a su admirado personaje”? ¿Habría sido sensato recurrir a la “autocensura” o silenciamiento propio sobre ese episodio que narra Rius?

Tuve y tengo clara conciencia de lo que implica ofrecer un rasgo que dibujaba, en un momento específico, la personalidad de don Manuel Buendía. El hecho (poner una pistola en el escritorio como un “mensaje” a Rius), sin lugar a dudas, resulta inadmisible. Pero tal circunstancia ocurrió y no habría resultado honesto ocultarlo en un perfil biográfico en torno a una figura como Buendía porque, en retrospectiva, lo que observé a partir de entonces fue su evolución profesional, humana, intelectual y ética.

Por encima de sus errores, en las personas extraordinarias admiramos sus virtudes, pero lo sobresaliente o extraordinario de ellas no los hace santos ni semidioses. Son, a fin de cuentas, seres humanos dignos de aprecio.

Los periodistas son personajes públicos y como tales se hallan sujetos a escrutinio y crítica. Por ejemplo, don Julio, muchos lo admiramos a usted por su trayectoria y aportes profesionales, aunque es lógico pensar que quizás no todos simpatizan a cabalidad con su comportamiento como reportero, escritor, editor y empresario (al ser  dueño principal  de la empresa que edita Proceso).

Usted juzga duramente la estancia de Buendía en la dirección de La Prensa  por lo que llama el “servilismo” de este impreso. Al respecto, es justo recordar también su referencia a los años cincuenta y sesenta en La terca memoria:

Excélsior  era nuestra casa, la presumíamos, la llamábamos catedral del periodismo, pero vivíamos bajo reglas que aceptábamos como el enfermo que ahuyenta al médico, convencido de su salud. Nos decíamos libres y soñábamos, adormilados. (p. 92)

Del Excélsior encabezado por Rodrigo de Llano dice:

Algunas ocho columnas, nuestra bandera que ondeaba cada amanecer, tenían precio. Era dinero secreto, sin factura, misterioso su destino. Las gacetillas, publicidad embozada como información, costaban caro. (La terca memoria, p. 92)

Tras ocupar usted un cargo en La Extra, aceptó “el ritmo” y celebró sus aniversarios buscando nutridas planas de publicidad y gacetillas de los diversos niveles y áreas del gobierno para “sumar dinero al dinero” y congratularse de su aniversario. En esos momentos la comisión para los reporteros no era el habitual 11% sino el 20% (La terca memoria, p. 93)

No creo que usted se haya “exhibido de la peor manera” al aceptar de Gustavo Díaz Ordaz doce camisas de sulka a la medida, directamente traídas de Londres, con sus iniciales bordadas a mano (Los presidentes, p. 19-20). Tampoco creo que lo haya hecho al relatarnos que “abogó” ante Fausto Zapata  –“hombre dotado” para las relaciones públicas y de todas las confianzas de Gustavo Díaz Ordaz–  por la salud de un “sobrino entrañable” (Los presidentes, p. 49 ).

No pienso que se haya “exhibido” al contar que, prácticamente, prestó las páginas de Excélsior  para dar a “entender, a quienes quisieran entender”, que José López Portillo era el tapado: el futuro Presidente de la República. (Los presidentes, págs. 123-124)

No concuerdo con quienes pudieran pensar que usted se “exhibió de la peor manera” al aceptar, en un portafolios de Horacio Flores de la Peña (entonces secretario de Patrimonio Nacional del presidente Luis Echeverría), un millón de pesos para hacer frente al boicot publicitario impuesto por algunos empresarios y así “mantener a flote la economía de la cooperativa” (Los presidentes, págs. 132-133).

En sus libros ha recordado episodios como aquel en que recibió como regalo, “sin ánimo de discutir”, una camioneta último modelo de parte de Carlos Hank González, pese a que representaba para usted un “símbolo de la corrupción” (La terca memoria, p. 40 y 54), o aquel otro en el que también aceptó de Hank González una cantina y un biombo chinos, con “formas y figuras talladas en marfil, arte insólito que combinaba los méritos de la filigrana y la escultura” (La terca memoria, p. 43).

Yo no pienso que usted se “exhiba” con estos trazos extraídos de su memoria y motivados por su honestidad. A contrario: mi reconocimiento por el valor moral de rescatarlos y publicarlos. Muy pocos tendrían la fortaleza ética para seguirlo en tal sentido. Por ello observo en usted, al igual que en Manuel Buendía, un ánimo por la autoconstrucción ética y profesional.

Pero considero  –lo he escrito–  que la ética periodística no puede representar un estatus superior de conciencia con el fin de criticar, escrutar o echar en cara las carencias o sombras ajenas para beneplácito público, sino una intransferible licencia cuyo propósito sea reconocer las propias fallas o debilidades al igual que las potencialidades o virtudes para enriquecimiento de cada quien y, a la postre, e indirectamente, de los otros. Es decir: no creo en la utilidad de repartir bendiciones o veredictos implacables (eso dejémoslo a los sumos pontífices o a los curas de la colonia). Prefiero adherirme a lo que alguna vez escribió usted: “Yo nunca olvidaría una frase de Lenin que llevo en el cuerpo: `Hay que hacer de la ética una estética´”.

Atentamente

Omar Raúl Martínez

 

Notas

1) Miguel Ángel Granados Chapa en Buendía. El primer asesinato de la narcopolítica en México (Grijalbo, 2012) resalta que en su libro Historias de muerte y corrupción (Grijalbo, 2011), “traza su perspectiva del Buendía de entonces, desde la malquerencia posterior que la vida provocó”. (p. 30) La “malquerencia” de usted hacia Buendía, se vincula obviamente al hecho de haber aceptado el autor de “Red Privada” aparecer como columnista en la primera plana del diario Excelsior, dirigido por Regino Díaz Redondo. Al respecto, algo que rememora Granados Chapa en su libro  –y que también se refería en Manuel Buendía en la trinchera periodística–  es que tras haber pasado por El Día, los Soles (OEM) y El Universal (y renunciado a ellos por razones de censura), pocos espacios periodísticos le quedaban a Buendía. Ante ello, recuerda Granados, “se hizo representar por la agencia de Becerra” (Agencia Mexicana de Información) gracias a la cual su columna se distribuyó en toda la República, incluyendo a Excelsior en la Ciudad de México. “De modo que Buendía –subraya Granados– no tuvo trato directo nunca con el periódico usurpado en 1976. Cuando dos años después entró en esa relación indirecta, Buendía me planteó su incomodidad de hacerlo, porque sabía cuánto despreciaba yo a Regino Díaz Redondo, que traicionó a don Julio Scherer. Me preguntó si al aceptar no le mentaría yo la madre, en cuyo caso desistiría de hacerlo, no obstante que era lo que juzgaba su última oportunidad de publicar en ‘la gran prensa’ capitalina. Por supuesto, le respondí que mi querella moral contra Díaz Redondo no lo involucraba a él de ninguna manera, puesto que no se había incorporado a ese diario a raíz del golpe de 1976. Respiró genuinamente aliviado ante mi respuesta”. (p. 116)

2) Azorado me enteré de lo que usted escribió –a pocos días de haber salido a la luz–  por boca de Miguel Ángel Granados Chapa durante la presentación de un libro mío en febrero de 2011 (Semillas de periodismo). El noble gesto del maestro Granados consistió en observar que, pese a guardar yo una profunda admiración por el columnista, era digno de destacar un equilibrio en la semblanza por razones éticas.

3) Al igual que usted, Granados Chapa en Buendía. El primer asesinato de la narcopolítica en México rescata la anécdota de Rius, aunque aportando mayor contexto (p. 55).

 

Fuentes

Estrada Marién, “Ideario de Julio Scherer”, Revista Mexicana de Comunicación Núm. 46, Noviembre de 1996. págs. 18-19.

Granados Chapa, Miguel Ángel, Buendía. El primer asesinato de la narcopolítica en México, Grijalbo, 2012.

Martínez Omar Raúl, Manuel Buendía en la trinchera periodística, Universidad de Xalapa / Fundación Manuel Buendía, México, DF, 1999.

Scherer García, Julio, Los presidentes, Grijalbo, México DF, 1986.

Scherer García, Julio, La terca memoria, Grijalbo, México DF, 2007.

Scherer García, Julio, Historias de muerte y corrupción, Grijalbo, México DF, 2011.

 

*Profesor e investigador de la UAM Cuajimalpa. Director de Revista Mexicana de Comunicación y Presidente de la Fundación Manuel Buendía.

Enhanced by Zemanta

5 lecciones del Blog del Narco para el periodismo tradicional

  • Ahora sabemos que una joven periodista de poco más de 20 años es quien encabeza uno de los blogs más polémicos de México.

Imagen: Blog del Narco
Imagen: Blog del Narco

 

Imagen: Blog del Narco
Imagen: Blog del Narco

Por Jorge Tirzo*

Publicado originalmente en Radio Nederland el 15 de abril de 2013

Controvertida, sí, pero el Blog del Narco ha tenido repercusión internacional por su cobertura cercana -quizás demasiado cercana- sobre la violencia ocasionada por la llamada “guerra contra el narcotráfico” en México.

Son otros tiempos. Ni la Colombia de Pablo Escobar, ni el México de la Guerra Sucia tuvieron su Blog del Narco. En cambio, los periódicos siguen siendo básicamente lo mismo que solían ser antes.
¿Aprender del Blog del Narco? ¡Por supuesto! Está claro que su trabajo es arriesgado, a veces cuestionable e incluso que no le caería mal una mejor autorregulación con principios éticos más estrictos. Pero de todo se aprende.

A continuación 5 lecciones para el periodismo tradicional. Ese que se hace en papel y a veces también en Internet. Los tiempos han cambiado. Repito. Los tiempos han cambiado…

 

1.- Los periodistas ya no tienen el monopolio informativo: Internet ha democratizado la posibilidad de publicar. La calidad y los temas son casos aparte. Lo importante está en que, ahí donde el periodismo ha dejado huecos, la sociedad tiene la posibilidad de llenarlos por sí misma. Un simple formulario de contacto o el correo electrónico del Blog del Narco son suficientes para comenzar a tejer una red de informantes ciudadanos. ¿Qué puede haber reportes falsos o propagandísticos? Claro. Pero lo mismo ocurre en esos cables firmados por agencias internacionales o en esos boletines redactados desde las oficinas gubernamentales. Ante los monopolios informativos, diversidad. Y ante la duda, verificación.

 

2.- Publicar cuesta cada vez menos: No lo neguemos. Los periodistas tenemos bastante rato quejándonos por la crisis económica que no nos deja hacer las cosas como quisiéramos. ¿Pero hemos sacado las cuentas de cuánto cuesta publicar nativamente en Web? El Blog del Narco demuestra que aún en las situaciones más adversas se puede publicar con algo de ingenio y un correcto uso de las herramientas digitales.

Su plataforma es WordPress, un software de gestión de contenidos de código abierto que no cuesta ni un peso. Según la entrevista a Lucy (Pseudónimo de la periodista del Blog del Narco) que publicó The Guardian, sólo son ella y otro chico quienes se encargan de los aspectos técnicos. Sí un día queremos publicar sobre las víctimas del narcotráfico, los resultados de una liga local de fútbol, los personajes de las telenovelas, o cualquier otro tema, se puede. Pruebas abundan.

 

3.- Es posible -aunque a veces difícil- garantizar la seguridad y el anonimato al publicar en la Web:Quizás es un ejemplo extremo, pero es seguro que más de uno quisiera saber la localización y la identidad de Lucy. Probablemente para cosas no muy lícitas.

Un asunto muy importante para el trabajo periodístico de temas sensibles es la protección de los datos de quien redacta. Por falta de recursos y profesionalización, muchos medios mexicanos no han tomado las medidas de seguridad adecuadas para garantizar la seguridad de sus redactores. Al parecer, y al menos por el momento, en El Blog del Narco sí. Ojalá todo siga igual.

Para aquellos interesados en el tema, es recomendable consultar el libro Cryptoperiodismo de Pablo Mancini y Nelson Fernández, recientemente publicado gratuitamente de manera electrónica.

 

4.- El género y la edad no importan al hacer un trabajo informativo: Al menos en México, aún persisten algunos veteranos que creen que los más jóvenes deben “ganarse el lugar” haciendo trabajos no-tan-agradables. La situación se agrava entre las mujeres periodistas, que pocas veces tienen acceso a los cargos editoriales o directivos de los medios.

El caso de Lucy, del Blog del Narco, demuestra que realmente no importa si el periodista es hombre, mujer, joven, anciano o cualquier otra cosa. Lo realmente importante es el trabajo que realicen.

 

5.- Con o sin periodistas, los temas importantes recibirán cobertura: Hay que bajar del pedestal que el periodismo se autoconstruyó en el siglo XX y aceptar que la dinámica comunicativa ha cambiado.

Si antes el público se acercaba a los medios porque estos tenían cosas interesantes por decir, ahora es al revés. Los periodistas debemos acercarnos a las personas que están diciendo cosas importantes: en sus blogs, las redes sociales, vía SMS y de muchas otras formas. Porque lo van a decir, con o sin nosotros. Lo que podemos hacer, si acaso, es participar en esa conversación para mejorarla. Ya nadie debería creerse el inventor del hilo negro de todos los días.

*Jorge Tirzo es escritor y periodista. Director ejecutivo de la Fundación Manuel Buendía y subdirector de la Revista Mexicana de Comunicación. Colaborador de El Viajero de El País. Twitter: @ztirzo Web: tirzo.com.mx

Francisco Mata: Retratando la cultura popular

  • Entrevista al fotógrafo mexicano Francisco Mata Rosas.
  • Es autor de obras como Sábado de gloria (1994), México- Tenochtitlan (2005), Tepito ¡bravo el barrio! (2006) y El metro de la ciudad de México (2011).
  • “La fotografía para mí nunca ha sido ni es algo que se pueda imponer. Si  un álbum fotográfico o un libro tratan de decirnos ‘así es algo’,  de entrada hay que desconfiar”, dice Mata.
Captura de pantalla del sitio web http://www.franciscomata.com.mx
Captura de pantalla del sitio web http://www.franciscomata.com.mx

Por Diana Luz Peña Domínguez

Estudiante de Ciencias de la Comunicación en la UAM Cuajimalpa.

El fotógrafo Francisco Mata entra por el portón de la Casa Galván, edificio de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) cuya  arquitectura detallada, patio adornado con flores y algunas paredes olor a madera nos transportan a otro lugar y otra época.

Frente a mí, el fotógrafo mexicano que estudió Ciencias de la Comunicación en la UAM de Xochimilco, maestro en Artes Visuales por la UNAM, otrora fotoperiodista del periódico La Jornada (1986-1992), ganador de importantes premios, como el Premio de Adquisición en la Bienal de Fotografía Mexicana (1988)y el Premio de Honor en el Concurso del Bicentenario de la Revolución Francesa, México-Francia (1989), becario de Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (1989), entre otros.  También es autor de varias obras como Sábado de gloria (1994), México- Tenochtitlan (2005), Tepito ¡bravo el barrio! (2006), El metro de la ciudad de México (2011).

De figura esbelta y erguida, sonrisa encantadora y noble mirada, Francisco Mata tiene un rostro poco maltratado por los años,  frente amplia, cabello con una mezcla de colores, gris y negro, cejas pobladas, los ojos café oscuro. Una mirada  que le ha permitido admirar y crear obras. Nariz recta, pómulos no tan marcados, orejas largas, boca amplia, poseedora de una bella sonrisa, la barbilla pequeña, con una línea suave, delicada, poco curveada. Sencillo. Así es Francisco Mata Rosas, fotógrafo mexicano con 55 años de edad, digno de admiración y respeto por las obras que junto con su mirada y cámara ha podido capturar para desnudar a la Ciudad de México.

“Estudié Ciencias de la Comunicación en la UAM Xochimilco. En ese momento yo me quería dedicar al periodismo escrito, pero la fotografía siempre había sido una actividad paralela, un hobbie. En mi casa siempre había estado la presencia de la fotografía. Mi padre es un fotógrafo aficionado de alto nivel. En cuanto termino la carrera se me ofrece la oportunidad de trabajar como fotógrafo en el periódico La Jornada. A partir de ahí me dedico de lleno a la fotografía”.

La cámara es su mejor amiga: con ella ha podido capturar imágenes, en las cuales muestra una perspectiva diferente de las cosas. ¿A qué edad y cómo es que consigue su primera cámara?

Se queda un momento pensativo. Levanta un poco la mirada y esboza una leve sonrisa. Es evidente que los recuerdos lo invaden:

“A los 12 años tuve mi primera cámara: me la trajeron los Santos Reyes.  Se la pedí a mis padres, porque yo antes tomaba fotos con la cámara de mi papá, pero una cámara mía, la tuve hasta los 12 años. Fue mi último regalo de Reyes”.

¿A qué edad publica su primera fotografía?

“Déjame hacer cuentas… a los 26 años. Estaba en la universidad y mi profesor de fotografía coordinaba un suplemento en un periódico que se llamaba Novedades donde tenía un suplemento de culturas juveniles. Él me invitó a hacer una página y un portafolio con mis fotos. Esto fue en 1983: tenía 25 años”.

Cada gran actor, artista, cineasta, pintor, escultor o escritor suelen tener su musa inspiradora, o su maestro, su ejemplo a seguir, su influencia… ¿Quiénes le han influido para poder crear sus fotografías?

Sonríe. La mirada se torna un poco misteriosa y con un ligero movimiento en sus manos contesta:

“Mis influencias cambian todos los días. Yo no puedo hablar de que pertenezco a la escuela de cierto fotógrafo. Creo que a mí me influye muchísimo la cultura popular, depende del proyecto en el que esté trabajando.  Me enriquece o me alimentan todo tipo de referencias que pueden ser desde cumbias hasta películas, obras de teatro, en fin, toda la información que yo sienta que apoye mi proyecto. Claro que tengo cineastas favoritos, escritores favoritos y fotógrafos favoritos, pero mis influencias cambian todo el tiempo, incluso si me hicieras esta entrevista en la noche, las respuestas quizás serian diferentes. Yo trato, como una piraña, de hacerme de  información de todos lados”.

Para poder hacer un proyecto se necesita una metodología, pasos a seguir, elegir un tema, capturar el tema con la cámara de la manera que se quiere. Se debe de tener una idea de que se quiere lograr y que es lo que se quiere mostrar ante los demás. Al respecto él señala:

“Mi metodología es muy sencilla: todo parte de la curiosidad. Siempre es un tema, un objeto, algún sujeto, alguna situación que me da mucha curiosidad. A partir de ahí es que yo quiero investigar para tratar de conocer sobre eso: esa es mi metodología básica”.

Las fotografías y la forma de mostrar lo cotidiano en algo diferente es sorprendente en Francisco Mata. Esto lo podemos ver en algunas sus publicaciones como: Sábado de Gloria, México- Tenochtitlan, Tepito ¡bravo el barrio!, entre otras que  tiene.

Cada vez que escuchamos “Tepito”, tenemos una concepción del barrio supuestamente más peligroso de la Ciudad de México, ¿Qué es lo que lo llevó a mostrar al barrio de Tepito de una manera diferente, más humana?

Se queda un poco pensativo y hace un movimiento con la cabeza y contesta:

“Yo no sé si lo mostré de una manera diferente. De entrada, la fotografía para mí nunca ha sido ni es algo que se pueda imponer. Si  un álbum fotográfico o un libro tratan de decirnos “así es algo”,  de entrada hay que desconfiar de él; siempre es: así lo veo yo.   Y así fue el Tepito que yo vi, y otra vez partí de la curiosidad. A Tepito se le conoce como “Tepito, el barrio bravo”. Entonces contextualmente yo lo único que hice fue mover el calificativo de lugar: en vez de “Tepito el barrio bravo”, “Tepito, bravo el barrio”, y este simple movimiento del calificativo cambia el concepto de Tepito. Las imágenes de decomisos, de enfrentamientos con la policía, de muertos, de tráfico de drogas, todas esas imágenes las vemos en los periódicos. A mí me interesaba ver  lo que hay detrás de esas fotos en los periódicos.  Fue muy interesante inmiscuirme en este barrio y ver cómo se mueve, cómo conviven las personas”.

¿Fue difícil inmiscuirse en el barrio? ¿Se le hizo complicado relacionarse con las personas para que se dejaran fotografiar?

El fotógrafo Francisco Mata hace una pausa, levanta la mirada y responde:

“La gente es muy amable no sólo en Tepito, sino en todos lados. Hay que tener muy claro que el que siempre sale sobrando es uno; por ejemplo ahora que estoy trabajando en la frontera, hay una vida cotidiana, una serie de personajes, una serie de códigos, que se manejan y donde el único intruso es el fotógrafo, el cineasta, el periodista, el escritor. Uno debe tener claro que el que está sobrando es uno y la actitud que uno toma ante la gente debe ser buena. De entrada a mí me gusta trabajar con mucha honestidad. Mis participaciones son abiertas. Las personas saben que voy a eso. Muchos me preguntan que cómo le hago para que la gente me acepte y no hay una respuesta, no hay una fórmula. Debes tener las palabras exactas para la persona exacta, en el momento exacto. ¿Cómo se da eso? No tengo idea. Afortunadamente hasta ahora eso me ha funcionado. La fotografía tiene una gran ventaja igual que el cine. Sólo vemos lo que salió. Lo que no sale cuando nos dijeron que no, eso no aparece. Muchos tienen la impresión de que vamos al 100%, pero no es así”.

La publicación México-Tenochtitlan consta de una cantidad de imágenes de la cultura popular chilanga: ¿qué fue lo que lo inspiró para desarrollar este proyecto?

Guarda silencio, suspira, toma un sorbo de café y contesta:

“Me inspiré en que soy chilango, en querer conocer qué es lo que pasa en los barrios de mi ciudad. Hacer este proyecto que me llevó, por cierto, 15 años de trabajo, me hizo entender de una manera muy clara de dónde soy, quien soy y creo que eso es lo importante: saber exactamente dónde estás parado porque en esa medida te da una certeza y una seguridad de poder fotografiar lo que sea.  Fue un proyecto que me significó mucho porque de ahí adquirí un manejo del lenguaje que ahora  puedo aprovechar y expresar, fotografiando por ejemplo en Cuba, pues uno ve con sus propios ojos. Cuando uno dice que ve con sus propios ojos es porque uno observa con su entorno familiar, uno ve con su contexto histórico, político, social… El proyecto de México -Tenochtitlan me ayudó a definir bien eso”.

La fotografía implica viajar a diferentes ciudades para poder obtener algo diferente de cada cultura. ¿Qué es lo que más lo ha impactado de alguna ciudad en la que haya estado?

“En 1989 cubrí la guerra de El Salvador, donde vi muchas muertes. En particular hubo una situación: la escena de un cuerpo que estaban incinerando, que habían matado la noche anterior, esa escena me marcó muchísimo. Es algo resumida la anécdota, pero fue una de las que más me han marcado”.

Para finalizar le pido compartir algún consejo o tips que  puedan servir a los jóvenes de corazón aventurero y mirada espontánea tras la lente de una cámara.

Sonríe y con una noble mirada sostiene:

“No me gusta dar ni mensajes ni recomendaciones, ese no es mi papel. Pero debemos estar muy informados,  porque las referencias vienen de todos lados; no desperdiciar canales de información. Trabajar con una idea concreta, tener un proyecto, una dirección. Todo se va acomodando en función de ello; entonces, mi mayor recomendación es trabajar en ensayos, desarrollando proyectos a mediano plazo con una idea concreta”.

El acoso de Juan Bueno Torio – Carta de la periodista Ana Lilia Pérez

  • La periodista Ana Lilia Pérez denuncia acosos de parte del diputado del PAN Juan Bueno.
  • Ha denunciado irregularidades en Pemex en los libros Camisas azules, manos negras y El cártel negro.
  • “La demanda de Juan Bueno Torio tiene la finalidad de inhibir mi labor como periodista, y con ello menguar la independencia intelectual necesaria para ejercer el periodismo crítico que la sociedad mexicana demanda, y pretende que se le de validez legal a sus intimidaciones”, asegura Ana Lilia Pérez.
Ana Lilia Pérez - Foto: Cuartoscuro
Ana Lilia Pérez – Foto: Cuartoscuro

Nota aclaratoria

Compañeros, nuestra colega Ana Lilia Pérez encontró unos fraudes olímpicos en PEMEX, los documentó, escribió decenas de artículos y dos libros (Camisas azules, manos negras y El cártel negro). Como se imaginarán le llovieron demandas por difamación, amenazas de muerte, sustos, atentados y finalmente tuvo que salir del país con un programa de protección a periodistas en peligro. El diputado del PAN Juan Bueno, aparece en el primer libro de Ana Lilia, cuando él era jefe de PEMEX refinación e hizo negocios personales ilícitos. Juan Bueno está acosando a Ana Lilia de una manera enfermiza y quiere, entre otras cosas, que un juez la condene y la obligue a nunca más escribir sobre él .

Ana Lilia escribió una carta denunciando el acoso de Juan Bueno y nos pide que la difundamos.

Aquí se las adjunto con un abrazo.

Marta Durand de Huerta*

 

Carta de la periodista Ana Lilia Pérez

Hace dieciséis años que me desempeño como periodista, profesión que ejerzo debidamente acreditada por la Universidad Nacional Autónoma de México. Durante los últimos diez años, he dedicado parte de mi trabajo profesional a investigar y hacer públicos graves casos de corrupción de funcionarios de alto nivel de Petróleos Mexicanos (Pemex). Como represalia, he sido objeto de amenazas de muerte, acoso judicial, agresiones, persecución, vigilancia, intervención telefónica, bloqueo informativo y de un recurrente abuso de poder.

Las amenazas se acentuaron en el 2008, cuando investigué y publiqué los contratos que Juan Camilo Mouriño, entonces secretario de Gobernación de Felipe Calderón, firmó como contratista de Pemex, en una ilegal dualidad como funcionario público. A partir de entonces llegué, inclusive, a verme obligada a vivir y trabajar con una escolta personal y sistemas de seguridad diversos.

En junio del 2012 me vi forzada a salir de México, bajo graves amenazas y en circunstancias que ponían en riesgo mi vida. Para salvaguardar mi integridad y frenar el acoso y la violencia de los que he sido víctima ―documentados por organismos y organizaciones nacionales e internacionales en materia de libertad de expresión y de derechos humanos― me acogí a un programa europeo de protección para perseguidos políticos, bajo un esquema de asilo temporal.

Durante mi estancia en Europa he participado en múltiples conferencias sobre mis investigaciones periodísticas y sobre las circunstancias en que los periodistas trabajan en México, actividades a las cuales la prensa europea ha dado amplia cobertura. Pero incluso aquí, en Alemania, donde estoy ahora, soy blanco de acoso judicial por parte del diputado con fuero federal Juan Bueno Torio, bajo las circunstancias que a continuación relato.

En febrero del 2010 apareció Camisas azules, manos negras, libro de mi autoría publicado bajo el sello Grijalbo. Se trata de un trabajo periodístico, producto de una exhaustiva investigación de más de seis años y sustentado con numerosas fuentes de información documentales y vivas, que revela graves actos de corrupción de altos funcionarios, durante las administraciones de los presidentes Vicente Fox y Felipe Calderón, en detrimento de Pemex.

La información contenida en el libro honra plenamente los principios periodísticos de veracidad y objetividad. En uno de sus capítulos aborda el desempeño que Juan Bueno Torio tuvo como director de Pemex Refinación (del 2003 al 2006). Parte de las fuentes de información proviene de los archivos de las propias áreas de gobierno, incluido Pemex, y algunos documentos se encuentran reproducidos en la publicación.

El libro se presentó en espacios públicos y medios de comunicación distintos. Durante dieciocho meses no hubo respuesta de Bueno Torio respecto de la información publicada, ni siquiera cuando fue consultado por diversos medios de comunicación que abordaron el contenido del libro en sus espacios informativos.

En diciembre del 2010, por unanimidad de los diputados federales de la LXII Legislatura, el Congreso de la Unión creó la llamada Comisión Especial pluripartidista que se encargue de investigar las denuncias ciudadanas contenidas en el libro Camisas azules, manos negras, según puede cotejarse en la Gaceta Parlamentaria, núm. 3164, del viernes 17 de diciembre del 2010.

En agosto del 2011, mientras los legisladores federales le solicitaban a Pemex y otras instancias de gobierno los documentos citados en el libro, Bueno Torio, entonces senador de la República, con fuero federal, presentó una demanda en mi contra por “daño moral”.

En su demanda no hay un planteamiento claro y concreto que acredite el supuesto daño que, dice, provocó la publicación de dicho libro. Sin embargo, incluye en sus pretensiones y en cada punto de su demanda, un mensaje evidentemente intimidatorio. Entre sus pretensiones proyecta en mi contra acciones inhibitorias a futuro, sobre cualquier línea que pudiera yo publicar acerca de su desempeño como funcionario; en otras palabras, requiere que el juez que lleva el caso prejuzgue acerca de los señalamientos que, en el futuro, pudiera hacer yo como periodista respecto de él.

El diputado pretende que el Poder Judicial coloque una mordaza legal a cualquier investigación y señalamiento acerca de situaciones irregulares, anteriores o actuales, aun cuando éstas por sí mismas constituyen temas de interés público dado que se trata de un legislador que desde hace doce años, por lo menos, se desempeña en el servicio público y está obligado por ley a la rendición de cuentas, y a que la sociedad califique su gestión.

La demanda de Juan Bueno Torio tiene la finalidad de inhibir mi labor como periodista, y con ello menguar la independencia intelectual necesaria para ejercer el periodismo crítico que la sociedad mexicana demanda, y pretende que se le de validez legal a sus intimidaciones. No ofrece en ella ninguna prueba del supuesto daño moral en su contra; en cambio, exige pretensiones que atentan contra mis garantías individuales. Resulta destacable que me demandara sólo hasta que el Congreso federal abrió una Comisión Especial para dar cauce al análisis de la investigación periodística.

La labor de un periodista es difundir asuntos e información de interés público, y con ese estricto afán, en el libro citado documenté el desempeño público de Bueno Torio como funcionario de Pemex. Muestra de dicho desempeño fue que en su administración, la subsidiaria a su cargo adjudicó de manera ilegal dos contratos que implicaron un grave daño patrimonial contra Pemex, como explico a continuación.

En enero del 2012 la Secretaría de la Función Pública (SFP) dio a conocer, mediante un boletín de prensa, que en diciembre inhabilitó a catorce funcionarios de la subsidiaria a cargo de Bueno Torio, “por manipular procesos de licitación y contratar con sobreprecio el arrendamiento de cuatro buques-tanque a casco desnudo por cinco años”.

Los involucrados fueron inhabilitados por diez años, además, la SFP impuso multas a ocho de ellos por 500 millones, 913 mil pesos; a dos más por 355 millones de pesos; a uno por 145 millones de pesos; y a los tres restantes por 90 millones 415 mil pesos. Casos como el citado evidencian que en el periodo en el cual el hoy diputado dirigió Pemex Refinación, su desempeño no fue cabal.

Cabe señalar que las irregularidades por las cuales la SFP inhabilitó a sus subordinados fueron detectadas años atrás por la Auditoría Superior de la Federación, el órgano máximo de fiscalización del país, e incluidos esos hallazgos, el resultado de su fiscalización a esos contratos, dentro de su informe de Resultados a la Cuenta Pública, tal cual se cita en el libro, donde se identifica plenamente como fuentes de información los organismos de auditoría y fiscalización oficiales.

*

En las condiciones actuales de México, identificado como el país más peligroso del mundo para los periodistas, quienes nos dedicamos a esta profesión día a día nos jugamos la vida en pos de un bien público: el derecho a la información.

De manera personal, he abordado exhaustivamente el manejo que se ha hecho de Pemex en gobiernos que prometieron combatir la corrupción y tener “manos limpias”. Varias de esas investigaciones han generado la inhabilitación o procedimientos legales contra funcionarios y contratistas corruptos, lo cual representa un triunfo para la sociedad. Como consecuencia, he sido blanco de un insistente acoso que en su expresión más cobarde incluye las amenazas de muerte.

Bajo esa circunstancia, muy a mi pesar, salí de mi país. En esta condición de asilo, hace unos meses recibí la notificación de que el señor Bueno Torio, con la clara pretensión de continuar su acoso y amenaza en mi contra, ha impulsado el seguimiento del juicio en contra mía ahora en Alemania.

Este acoso judicial, que hoy me persigue hasta Europa, debe entenderse también en el contexto de uno de los principales temas de la agenda pública en México: la situación de Pemex, que con los recientes “incidentes” y la discusión de la nueva reforma energética, de nuevo coloca los reflectores sobre la actuación de sus funcionarios y exfuncionarios. Por eso el diputado Bueno Torio se empeña en colocarme una mordaza, y pretende que el juez me prohíba a priori escribir o siquiera pensar en escribir una sola línea sobre su desempeño público.

Juan Bueno Torio aún le debe a los mexicanos muchas explicaciones sobre su actuación como director de Pemex Refinación; por ejemplo, el hecho de que las compañías de su familia recibían millonarios contratos para el transporte de hidrocarburos en la misma empresa paraestatal que él dirigía. Me pregunto si para la ciudadanía éste es un asunto menor.

En lugar de entregar cuentas claras, el señor diputado promueve el enjuiciamiento contra una periodista que ha cumplido éticamente con el deber de informar. El juicio en cuestión es contrario al supuesto interés del Congreso de la Unión y de la Presidencia de la República de salvaguardar los derechos de los periodistas y ha significado un gasto de recursos públicos que bien podrían asignarse a otros asuntos.

Aun si al final de este juicio el juez decidiera ponderar la fatua pretensión de Bueno Torio por encima del interés público, el derecho que los mexicanos tienen de conocer su actuación en Pemex es irrecusable, y para eso están ahí Camisas Azules, manos negras, y El Cártel Negro, dos largas investigaciones que dan algo de luz sobre el oprobioso manejo discrecional que durante años se ha hecho de nuestra principal empresa pública.

Quizá el diputado del que hablo logre amordazar a una periodista. No obstante, pese a la rabiosa oposición de políticos y funcionarios rapaces, no habrá mordaza capaz de callar a toda una sociedad.

Ana Lilia Pérez. Alemania, marzo de 2013.

 

*Martha Durand de Huerta es periodista. Profesora de la escuela Carlos Septién García y coordinadora de la maestría en periodismo de esa escuela.

Valentina Alazraki en el Vaticano

  • La periodista lleva toda una vida como corresponsal de Televisa en Roma.

  • Ha mantenido contacto cercano con los altas jerarcas de la Iglesia Católica.
Valentina Alazraki - Foto: FIL Guadalajara @ Flickr
Valentina Alazraki – Foto: FIL Guadalajara @ Flickr

Por José Luis Esquivel Hernández

Si alguien tiene méritos para noticiar la sucesión papal y hablar de las informaciones más sorprendentes que emergen desde el Vaticano, es Valentina Alazraki. Lleva toda una vida como corresponsal de Televisa en Roma y ha mantenido contacto cercano con los altas jerarcas de la Iglesia Católica. Además fue la periodista predilecta de Juan Pablo II, a quien acompañó en innumerables viajes alrededor del mundo.

Jovencita aún, a punto de cumplir los 17 años de edad, Valentina fue un día a ver a Jacobo Zabludovsky, quien por el año 1970 había comenzado a recultar personas que pudieran conformar por primera vez la red de corresponsales de Televisa en las ciudades más importantes donde pudieran ocurrir hechos de interés para ser relatados en el programa “24 Horas” que empezaba su emisión nocturna.

Benito Alazraki, mi amigo” –platica Jacobo–, “me llamó por teléfono y me dijo que su ex esposa se regresaba a vivir a Roma y se llevaba con ella a su hija Valentina, a quien me recomendaba por si acaso había un trabajo para ella en la llamada Ciudad Eterna”.

Zabludovski comenta, con esa gracia que caracteriza sus charlas, que ese año de 1970 recibió a la señora y a su hija Valentina en quien descubrió un carisma muy especial reflejado en su mirada y en todo su rostro de niña bonita, por lo cual no dudó en hacerla debutar como periodista, a pesar de no haber trabajado nunca en un periódico.

“¿Qué sabes hacer?”, le pregunté -comenta Jacobo todavía satisfecho de aquella gran contratación.

“Nada” -fue la respuesta seca de Valentina -según Jacobo, quien no tuvo empacho en aceptar que era lo mejor en ese tiempo en que él deseaba periodistas sin los vicios de los periodistas viejos, sin referirse necesariamente a la cuestión ética de la corrupción, sino a las rutinas y deformaciones que muchas veces van anclándose en la tarea cotiodiana de los veteranos.

“Muy bien” -le dije yo-, y continúa Zabludovsky su anécdota: “Pero debes hablar algún idioma más que el español. Y entonces ella me hizo saber que no se le dificultaba el italiano, el inglés y el francés, lo que me dio pie para darle la noticia que no esperaba: Vas a ser corresponsal de Televisa en Roma”.

“¿Y qué es eso?” -dijo con asombro Valentina.

Entonces Jacobo recurrió al conocido principio que enrumbó por el periodismo al enorme escritor inglés Mark Twain y que éste escuchó de su primer director al ir a buscar trabajo de reportero, y con ciertas variantes del original  principio periodístico, le recomendó a Alazraki: “Sal a la calle, mira lo que pasa y escucha lo que más te llama la atención. Lo escribes en una libreta y luego me lo cuentas por teléfono”.

Jacobo expresa todavía hoy, en el 2013, que tenía fundada confianza en el trabajo de quien iba a dar plena cobertura a las noticias que más les interesan a muchos mexicanos, por ser este país tan católico y ser el Vaticano el Estado donde reside el líder de la Iglesia Católica, más todo lo que ocurriera en la ciudad de Roma y sus alrededores.

Valentina, entonces, se sumó a los corresponsales en Madrid (Joaquín Peláez, que hacía programas infantiles para la TV española), en Washington (Yolanda Sánchez, que trabajaba entonces para el PRI en Estados Unidos), en Nueva York (Jesús Hermida, que conoció a Jacobo en la primera elección presidencial de Richard Nixon) y de Argentina.

Pero esta hermosa mujer fue más allá del simple papel de “ver, oír y contar” del reportero rutinario y poco a poco empezó a escalar la cumbre del periodismo internacional al grado de llegar a ser la presidenta de la Asociación de Corresponsales en el Vaticano, y cuando Karol Woltiwa fue electo como Juan Pablo II en octubre de 1978, fue de las primeras que supo de su visita a México en enero de 1979, cuando antes los Papas no viajaban y menos a América.

A partir de ahí los bonos profesionales de Valentina Alazraki crecieron como la espuma, y al dejar Jacobo Zabludovsky su programa “24 Horas” en enero de 1998 y luego de despedirse de Televisa, se pensaba en un cambio en la corresponsalía en el Vaticano pero ella retomó con más vigor su labor informativa y consolidó su presencia ahí donde había empezado a hacer sus “pininos” para la TV mexicana.

Y hasta la fecha sigue siendo referente obligado en el campo informativo internacional pues ha volcado sus reportajes y entrevistas -sus vivencias en general- en libros amenos y obras de consulta cuando se trata de conocer los hechos más sobresaliente en el Vaticano y con los Papas Juan Pablo II o Benedicto XVI.

Por eso el nombre de Valentina Alazraki está asociado al revuelo de noticias que ha traído el nuevo relevo papal, con motivo de la renuncia sorpresiva y sorpredente del alemán Joseph Ratiznger a la sede vaticana. Y ella, con un dejo de sorpresa también, simplemente está feliz a donde la ha llevado el periodismo y no deja de cantar: “¡Cómo han pasado los años!”…

Enhanced by Zemanta

Cuando el futuro nos alcance

Juego de Ojos

Miguel Ángel Sánchez de Armas

En el mayor sigilo se cumplieron hace unos días 60 años de la muerte de Erick Blair, el notable periodista, escritor y luchador social indio-inglés cuya obra es el testimonio de una generación, no perdida -como supondría Gertrude Stein-, sino dolorosamente consciente de su tiempo. A la pluma de Blair debemos obras que contribuyeron a descubrir el verdadero rostro del “socialismo” estalinista y que se alzaron contra la barbarie que azotó como vendaval de invierno al mundo en la primera mitad del siglo pasado. “Mientras escribo, hombres altamente civilizados vuelan sobre mí empeñados en reducirme a cenizas”, escribió en uno de los ensayos más lúcidos sobre el frenesí exterminador nazi. Y en otro texto memorable, hizo que uno de sus personajes, un cerdo dotado de cualidades humanas, lanzara la consigna que aún hoy anima a muchas corrientes políticas: Todos somos iguales… pero unos son más iguales que otros.

Eric Arthur Blair, mejor conocido como George Orwell, vivió con la convicción de que el mundo se puede cambiar y que si herramienta poderosa es la letra escrita, en ocasiones el autor debe empuñar un fusil. Como nuestro Martín Luis Guzmán, estuvo en las trincheras y más de una vez miró a la cara a la muerte. Fue escritor, periodista, corresponsal de guerra y soldado.

Orwell se veía a sí mismo como combatiente más que escritor, lo cual lo diferencia de otros escritores de su tiempo que también tuvieron presencia en el conflicto europeo, como Hemingway, poderoso creador, cierto, pero también sibarita y diletante. Percibo a Orwell más cercano a Jack London, cuya obra si bien llega a nuestros días como de “aventuras” o de “libros juveniles”, en realidad buscó impulsar en el mundo de su tiempo el ideal socialista, al igual que John Reed. Por cierto y como nota al calce, London estuvo en Veracruz en 1914 para informar de la toma del puerto por la marina norteamericana, y en tierras jarochas renegó de sus convicciones y se transformó en un furibundo enemigo de México y su revolución.

Por las vías materna y paterna Orwell era descendiente de aristocracias coloniales en decadencia al servicio de imperios opresores, y toda su vida vivió con la “culpa” de ese origen. Vio la primera luz el 25 de junio de 1903 en Motihari, un poblado de la India. Según su biógrafo Jeffrey Meyers en Orwell, tempestuosa conciencia de una generación, desde su nacimiento el escritor “vivió torturado por una culpabilidad colonial”.

Según Meyers, Motihari “fue el lugar menos indicado para el nacimiento de ese escritor que fue la quintaesencia de lo inglés […] El lugar y las circunstancias de su nacimiento fueron factores cruciales en la vida de Orwell. Fue educado para creer en lo justo de la dominación inglesa sobre la India y de joven sirvió a la administración colonial. Pero su herencia contenía la semilla de su propia destrucción. Con el tiempo abandonaría su odioso empleo para condenar la maldad del imperialismo”.

Su padre, Richard Blair, era empleado del Departamento de Opio del gobierno colonial de la India, donde al cabo de 32 años logró ascender de subagente auxiliar a subagente primer grado. Su madre, Ida Mabel Limouzin, creció en medio de riquezas y estuvo comprometida con un atractivo e inteligente joven que puso pies en polvorosa apenas supo de la bancarrota de su futuro suegro. Entonces Ida tuvo que conformarse con Richard, el insignificante burócrata. Se establecieron en Motihari y a la primera oportunidad Ida se acogió a la costumbre colonial de llevar a los hijos de regreso a la Madre Patria para inscribirlos en la escuela… y nunca regresó a la India.

Modesto Suárez dice de Orwell que “educado en el prestigioso Eton College, tuvo a lo largo de su vida una serie de experiencias que lo acercaron a los desheredados, a los sin poder. Trabajó cinco años en la Policía Imperial India en Birmania, donde conoció de primera mano la brutalidad del dominio colonial. Más tarde, vivió en la pobreza en París, ciudad donde enfermó por debilitamiento, y posteriormente convivió con las clases trabajadoras en Lancashire, Inglaterra. Orwell quiso vivir como lo hacían los sectores más pobres de la sociedad para descubrir su mundo. De aquella experiencia nos legó dos libros: Sin blanca en París y en Londres (1933) y El camino de Wigam Pier (1937)”.

Bernardo González Solano dice que “Como todo gran personaje de la cultura que se precia de serlo, George Orwell también tuvo sus claroscuros que, a pesar de todo, no logran empañar su imagen en la posteridad. Así, por ejemplo hay algunos apuntes sobre el oscurantismo de una época de confusión que marcó su literatura: ‘Lo que he visto en España no me ha hecho un cínico pero me hace pensar que el futuro es tétrico… No estoy de acuerdo, sin embargo, con la actitud pacifista como creo que lo estás tú (carta dirigida a Rayner Heppensthal el 31 de julio de 1937). Aún creo que es necesario luchar a favor del socialismo y contra el fascismo, quiero decir luchar físicamente y con armas, aunque hay que saber quién es quién’.”

De nuevo Suárez: “Como otros grandes intelectuales, George Orwell decide incorporarse a las Brigadas Internacionales para luchar contra el fascismo en la Guerra Civil Española. Orwell combatió al lado de los anarquistas y pasó un poco más de tres años en las trincheras del frente de Huesca, donde fue herido por un francotirador. La experiencia española (o será mejor decir catalana) fue para Orwell rica en enseñanzas políticas. Ahí pudo ver de primera mano el fascismo y conoció la fuerza y los métodos empleados por los grupos alineados al comunismo estalinista: las campañas de desinformación, las persecuciones (de las cuales Orwell pudo finalmente escapar saliendo de España), las detenciones injustificadas, las torturas y las desapariciones. De estas experiencias nace la obra Homenaje a Cataluña […]”

Rebelión en la granja y 1984 son quizá dos de las obras más conocidas de Orwell-Blair, de una larga relación que incluye, además de las mencionadas, Días en Birmania (1934), La hija del reverendo (1935), Que vuele la aspidistra (1936), Disparando al elefante y otros ensayos (1950), Por qué escribo, El león y el unicornio y Ensayos Completos: Periodismo y Cartas, publicación póstuma (1968).

El primero de enero de 1984, con un grupo de mi generación y en una suerte de ritual político-literario, releí el libro homónimo de Orwell con la idea de contrastar su trama con los tiempos que vivíamos en México. Ese año en la radio y la televisión de muchos países se recrearon textos en su recuerdo y homenaje. En México, la Dirección General de Televisión Educativa produjo una versión sobre 1984 que en nada demerita frente a las series de la BBC y que ahora me hubiera gustado ver de nuevo en la pantalla.

Aquel día me pregunté qué habría sido de Bola de Nieve, el autor de la inmortal frase “Todos los animales son iguales… Pero unos son más iguales que otros”… para justificar la dominación de la raza cerduna sobre el resto de los bípedos y cuadrúpedos que soñaron con un mundo a salvo de la opresión humana en Rebelión en la granja. Es posible que el lector se pregunte por qué pensé en Bola de nieve y no en Winston, el personaje central de 1984. La razón es que in illo témpore creía que la maldad tiene más posibilidades de triunfo que la bondad. En otras palabras, que en la lucha entre el bien y el mal, el primero con frecuencia se lleva la peor parte. Pero el tiempo me ha demostrado que Orwell tuvo la razón, y que la palabra y la acción política son las mejores armas para combatir la maldad y la opresión de los totalitarismos.

Para terminar mi homenaje personal a Orwell, una anécdota verdadera:

Una tarde de mil novecientos treinta y tantos, en el hotel madrileño favorito de los corresponsales de guerra, un hombre alto y desgarbado, mal rasurado y de penetrantes ojos claros, subió a paso cansino por las escaleras hasta una de las habitaciones en cuya puerta tocó con cierta indecisión.

Quién carajos es! -tronó del interior un vozarrón.

-Erick Blair -respondió el visitante.

-¡Y a mí qué chin… me importa quién sea Erick Blair!…  ¡Qué demonios viene a joder!… –contestó el rugido al tiempo que la puerta se abría de golpe y aparecía un tipo musculoso y barbado, cuya mirada destellante y aliento espeso se explicaban por la media botella de güisqui que llevaba en la mano izquierda. El visitante titubeó un momento, pero al ver que el enojo amenazaba con hacer saltar los ojos de aquel sujeto, rápidamente dijo:

-Soy George Orwell –y con ello la mirada del sujeto se transformó, su cuerpo pareció relajarse y casi con ternura exclamó:

-¿Orwell? ¡Carajo! Pasa a tomar un güisqui. ¡Tenemos mucho de qué hablar!

Así se conocieron dos de los mayores escritores en lengua inglesa de su tiempo, Ernest Hemingway y George Orwell, en plena Guerra Civil española. Ambos darían testimonio de ese conflicto fratricida que marcó a una generación que, a riesgo de contradecir a Gertrude Stein, no creo que haya estado nunca perdida. En Homenaje a Cataluña Orwell-Blair destilará su desencanto con el totalitarismo disfrazado de promesa de un mundo mejor, en  uno de los relatos más conmovedores escritos sobre esa guerra, que desvela la confabulación entre el Partido Comunista Español y el PCUS para destruir al anarquismo español aún a costa del triunfo de la Falange. El volátil y sanguíneo Hemingway, por su parte, recuperaría la saga de aquel momento de sangre y pasiones a partir de un compromiso más estético que político en novelas como Por quién doblan las campanas y Al otro lado del río y entre los árboles.

Profesor – investigador del departamento de Ciencias de la Comunicación de la UPAEP, Puebla.
Presidente honorario de la Fundación Manuel Buendía.
Correo electrónico: sanchezdearmas@gmail.com

El siguiente es un ejemplo de cómo debe de citar este artículo:

Sánchez de Armas, Miguel Ángel, 2010: “Cuando el futuro nos alcancel”
en Revista Mexicana de Comunicación en línea, Núm. 119, México, Febrero. Disponible en:
http://www.mexicanadecomunicacion.com.mx/magsa.htm

Fecha de consulta:18 de febrero de 2010