RMC es una publicación del Departamento de Ciencias de la Comunicación - Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Cuajimalpa

Francisco Mata: Retratando la cultura popular

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  • Entrevista al fotógrafo mexicano Francisco Mata Rosas.
  • Es autor de obras como Sábado de gloria (1994), México- Tenochtitlan (2005), Tepito ¡bravo el barrio! (2006) y El metro de la ciudad de México (2011).
  • “La fotografía para mí nunca ha sido ni es algo que se pueda imponer. Si  un álbum fotográfico o un libro tratan de decirnos ‘así es algo’,  de entrada hay que desconfiar”, dice Mata.
Captura de pantalla del sitio web http://www.franciscomata.com.mx

Captura de pantalla del sitio web http://www.franciscomata.com.mx

Por Diana Luz Peña Domínguez

Estudiante de Ciencias de la Comunicación en la UAM Cuajimalpa.

El fotógrafo Francisco Mata entra por el portón de la Casa Galván, edificio de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) cuya  arquitectura detallada, patio adornado con flores y algunas paredes olor a madera nos transportan a otro lugar y otra época.

Frente a mí, el fotógrafo mexicano que estudió Ciencias de la Comunicación en la UAM de Xochimilco, maestro en Artes Visuales por la UNAM, otrora fotoperiodista del periódico La Jornada (1986-1992), ganador de importantes premios, como el Premio de Adquisición en la Bienal de Fotografía Mexicana (1988)y el Premio de Honor en el Concurso del Bicentenario de la Revolución Francesa, México-Francia (1989), becario de Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (1989), entre otros.  También es autor de varias obras como Sábado de gloria (1994), México- Tenochtitlan (2005), Tepito ¡bravo el barrio! (2006), El metro de la ciudad de México (2011).

De figura esbelta y erguida, sonrisa encantadora y noble mirada, Francisco Mata tiene un rostro poco maltratado por los años,  frente amplia, cabello con una mezcla de colores, gris y negro, cejas pobladas, los ojos café oscuro. Una mirada  que le ha permitido admirar y crear obras. Nariz recta, pómulos no tan marcados, orejas largas, boca amplia, poseedora de una bella sonrisa, la barbilla pequeña, con una línea suave, delicada, poco curveada. Sencillo. Así es Francisco Mata Rosas, fotógrafo mexicano con 55 años de edad, digno de admiración y respeto por las obras que junto con su mirada y cámara ha podido capturar para desnudar a la Ciudad de México.

“Estudié Ciencias de la Comunicación en la UAM Xochimilco. En ese momento yo me quería dedicar al periodismo escrito, pero la fotografía siempre había sido una actividad paralela, un hobbie. En mi casa siempre había estado la presencia de la fotografía. Mi padre es un fotógrafo aficionado de alto nivel. En cuanto termino la carrera se me ofrece la oportunidad de trabajar como fotógrafo en el periódico La Jornada. A partir de ahí me dedico de lleno a la fotografía”.

La cámara es su mejor amiga: con ella ha podido capturar imágenes, en las cuales muestra una perspectiva diferente de las cosas. ¿A qué edad y cómo es que consigue su primera cámara?

Se queda un momento pensativo. Levanta un poco la mirada y esboza una leve sonrisa. Es evidente que los recuerdos lo invaden:

“A los 12 años tuve mi primera cámara: me la trajeron los Santos Reyes.  Se la pedí a mis padres, porque yo antes tomaba fotos con la cámara de mi papá, pero una cámara mía, la tuve hasta los 12 años. Fue mi último regalo de Reyes”.

¿A qué edad publica su primera fotografía?

“Déjame hacer cuentas… a los 26 años. Estaba en la universidad y mi profesor de fotografía coordinaba un suplemento en un periódico que se llamaba Novedades donde tenía un suplemento de culturas juveniles. Él me invitó a hacer una página y un portafolio con mis fotos. Esto fue en 1983: tenía 25 años”.

Cada gran actor, artista, cineasta, pintor, escultor o escritor suelen tener su musa inspiradora, o su maestro, su ejemplo a seguir, su influencia… ¿Quiénes le han influido para poder crear sus fotografías?

Sonríe. La mirada se torna un poco misteriosa y con un ligero movimiento en sus manos contesta:

“Mis influencias cambian todos los días. Yo no puedo hablar de que pertenezco a la escuela de cierto fotógrafo. Creo que a mí me influye muchísimo la cultura popular, depende del proyecto en el que esté trabajando.  Me enriquece o me alimentan todo tipo de referencias que pueden ser desde cumbias hasta películas, obras de teatro, en fin, toda la información que yo sienta que apoye mi proyecto. Claro que tengo cineastas favoritos, escritores favoritos y fotógrafos favoritos, pero mis influencias cambian todo el tiempo, incluso si me hicieras esta entrevista en la noche, las respuestas quizás serian diferentes. Yo trato, como una piraña, de hacerme de  información de todos lados”.

Para poder hacer un proyecto se necesita una metodología, pasos a seguir, elegir un tema, capturar el tema con la cámara de la manera que se quiere. Se debe de tener una idea de que se quiere lograr y que es lo que se quiere mostrar ante los demás. Al respecto él señala:

“Mi metodología es muy sencilla: todo parte de la curiosidad. Siempre es un tema, un objeto, algún sujeto, alguna situación que me da mucha curiosidad. A partir de ahí es que yo quiero investigar para tratar de conocer sobre eso: esa es mi metodología básica”.

Las fotografías y la forma de mostrar lo cotidiano en algo diferente es sorprendente en Francisco Mata. Esto lo podemos ver en algunas sus publicaciones como: Sábado de Gloria, México- Tenochtitlan, Tepito ¡bravo el barrio!, entre otras que  tiene.

Cada vez que escuchamos “Tepito”, tenemos una concepción del barrio supuestamente más peligroso de la Ciudad de México, ¿Qué es lo que lo llevó a mostrar al barrio de Tepito de una manera diferente, más humana?

Se queda un poco pensativo y hace un movimiento con la cabeza y contesta:

“Yo no sé si lo mostré de una manera diferente. De entrada, la fotografía para mí nunca ha sido ni es algo que se pueda imponer. Si  un álbum fotográfico o un libro tratan de decirnos “así es algo”,  de entrada hay que desconfiar de él; siempre es: así lo veo yo.   Y así fue el Tepito que yo vi, y otra vez partí de la curiosidad. A Tepito se le conoce como “Tepito, el barrio bravo”. Entonces contextualmente yo lo único que hice fue mover el calificativo de lugar: en vez de “Tepito el barrio bravo”, “Tepito, bravo el barrio”, y este simple movimiento del calificativo cambia el concepto de Tepito. Las imágenes de decomisos, de enfrentamientos con la policía, de muertos, de tráfico de drogas, todas esas imágenes las vemos en los periódicos. A mí me interesaba ver  lo que hay detrás de esas fotos en los periódicos.  Fue muy interesante inmiscuirme en este barrio y ver cómo se mueve, cómo conviven las personas”.

¿Fue difícil inmiscuirse en el barrio? ¿Se le hizo complicado relacionarse con las personas para que se dejaran fotografiar?

El fotógrafo Francisco Mata hace una pausa, levanta la mirada y responde:

“La gente es muy amable no sólo en Tepito, sino en todos lados. Hay que tener muy claro que el que siempre sale sobrando es uno; por ejemplo ahora que estoy trabajando en la frontera, hay una vida cotidiana, una serie de personajes, una serie de códigos, que se manejan y donde el único intruso es el fotógrafo, el cineasta, el periodista, el escritor. Uno debe tener claro que el que está sobrando es uno y la actitud que uno toma ante la gente debe ser buena. De entrada a mí me gusta trabajar con mucha honestidad. Mis participaciones son abiertas. Las personas saben que voy a eso. Muchos me preguntan que cómo le hago para que la gente me acepte y no hay una respuesta, no hay una fórmula. Debes tener las palabras exactas para la persona exacta, en el momento exacto. ¿Cómo se da eso? No tengo idea. Afortunadamente hasta ahora eso me ha funcionado. La fotografía tiene una gran ventaja igual que el cine. Sólo vemos lo que salió. Lo que no sale cuando nos dijeron que no, eso no aparece. Muchos tienen la impresión de que vamos al 100%, pero no es así”.

La publicación México-Tenochtitlan consta de una cantidad de imágenes de la cultura popular chilanga: ¿qué fue lo que lo inspiró para desarrollar este proyecto?

Guarda silencio, suspira, toma un sorbo de café y contesta:

“Me inspiré en que soy chilango, en querer conocer qué es lo que pasa en los barrios de mi ciudad. Hacer este proyecto que me llevó, por cierto, 15 años de trabajo, me hizo entender de una manera muy clara de dónde soy, quien soy y creo que eso es lo importante: saber exactamente dónde estás parado porque en esa medida te da una certeza y una seguridad de poder fotografiar lo que sea.  Fue un proyecto que me significó mucho porque de ahí adquirí un manejo del lenguaje que ahora  puedo aprovechar y expresar, fotografiando por ejemplo en Cuba, pues uno ve con sus propios ojos. Cuando uno dice que ve con sus propios ojos es porque uno observa con su entorno familiar, uno ve con su contexto histórico, político, social… El proyecto de México -Tenochtitlan me ayudó a definir bien eso”.

La fotografía implica viajar a diferentes ciudades para poder obtener algo diferente de cada cultura. ¿Qué es lo que más lo ha impactado de alguna ciudad en la que haya estado?

“En 1989 cubrí la guerra de El Salvador, donde vi muchas muertes. En particular hubo una situación: la escena de un cuerpo que estaban incinerando, que habían matado la noche anterior, esa escena me marcó muchísimo. Es algo resumida la anécdota, pero fue una de las que más me han marcado”.

Para finalizar le pido compartir algún consejo o tips que  puedan servir a los jóvenes de corazón aventurero y mirada espontánea tras la lente de una cámara.

Sonríe y con una noble mirada sostiene:

“No me gusta dar ni mensajes ni recomendaciones, ese no es mi papel. Pero debemos estar muy informados,  porque las referencias vienen de todos lados; no desperdiciar canales de información. Trabajar con una idea concreta, tener un proyecto, una dirección. Todo se va acomodando en función de ello; entonces, mi mayor recomendación es trabajar en ensayos, desarrollando proyectos a mediano plazo con una idea concreta”.

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