RMC es una publicación del Departamento de Ciencias de la Comunicación - Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Cuajimalpa

Cinco lustros de tomar el pulso

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Encuadre histórico de Revista Mexicana de Comunicación
RMC, ejemplar Núm. 5

RMC, ejemplar Núm. 5

Ha sido una revista a la altura de los desafíos y tiempo en que le ha tocado desarrollarse, pues ha sabido incardinarse en la construcción de la ciudad del conocimiento y ha promovido el intercambio entre distintos actores sociales al tender puentes de información e ilustrar o difundir los debates que tienen lugar en las instituciones de educación superior, como agentes de cambio, y en los foros públicos a lo largo y ancho de la República Mexicana.

Por: José  Luis  Esquivel

 

Los que nacimos con el terrorífico bombazo en Hiroshima estamos marcados por una serie de acontecimientos espectaculares de todos los tonos, como el nacimiento de la ONU y la llamada guerra fría, que desembocó en el triunfo del capitalismo, con el derrumbe simbólico del Muro de Berlín en 1989 y la desintegración de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS), además del resurgimiento de Gran Bretaña merced a la gestión política y económica de la primera y única mujer que ha llegado en ese país a ser Primera Ministra, de 1979 a 1990: Margaret Tatcher, conocida como La Dama de Hierro.

Pero en el ámbito tecnológico no han terminado las sorpresas para nosotros, que hemos sido testigos del dominio de la televisión como medio masivo con su consecuente desarrollo en muchos órdenes, desde que se cubrió de gloria con la llegada del hombre a la luna en julio de 1969 y luego la transmisión a todo color de infinidad de sucesos, especialmente los deportivos, pero que hoy está pasando a segundo término entre las nuevas generaciones por la explosión del mundo digital a fines del siglo pasado, al popularizarse internet y las redes sociales.

A nosotros nos sorprendieron las profecías de Isaac Asimov (1920-1992) a través de sus relatos de ficción que nos hablaban de los cambios por venir en el mundo periodístico, así como la predicción de Alvin Tofller en La Tercera Ola, en 1979, acerca de la desmasificación de los medios. Y todavía llevamos tatuados algunos axiomas del canadiense-norteamericano Marshall McLuhan (1911-1980) como La aldea global y El medio es el mensaje.

A partir de tantos impulsos como estos, que le llegaron de todas partes a nuestra sociedad, ésta se abrió a la modernidad de la carrera universitaria de Ciencias de la Comunicación, que en la década de los setenta empezó a cobijar a cientos y luego a miles de alumnos que enfocaron sus intereses a llegar a los medios masivos o a las instituciones públicas y privadas con una buena formación en periodismo,  relaciones públicas o comunicación organizacional, publicidad, mercadotecnia,  fotografía y diseño gráfico.

La nueva licenciatura se puso de moda y empezaron las teorías a sacudir cerebros y a agitar conciencias, pero también las técnicas exigieron el esfuerzo de una práctica constante, a la vez que la necesidad de materiales disparó iniciativas de importación de publicaciones y libros de autores norteamericanos traducidos del inglés al español y que nos llegaban desde Madrid, donde también empezaron a editar sus textos los profesores y académicos que inauguraron la misma carrera en la década de 1970.

El Consejo Nacional para la Enseñanza e Investigación de las Ciencias de la Comunicación (Coneicc) se instituyó en 1976 y vino a ser el faro en el puerto que los navegantes de esta disciplina requerían para sentir mayor seguridad en su aventura en las aulas y en el ejercicio cotidiano.

Pero la crisis económica en México, evidenciada al final del mandato presidencial de Luis Echeverría en 1976 y recrudecida en el período de José López Portillo, hizo que en 1982 el nuevo gobierno recurriera a los tecnócratas como Miguel de la Madrid quien de inmediato debió aplicar una medida dolorosa ordenada desde el exterior por los impulsores del neoliberalismo, y entonces, a través de los famosos pactos, los planes faraónicos de todo lo que era la comunicación en general se fueron por la borda y se cancelaron proyectos o se redujeron presupuestos publicitarios al por mayor.

Así, terminado el ciclo revolucionario de México iniciado en 1910, en ese ambiente dominado aún por el Ogro Filantrópico de Octavio Paz o la Dictadura Perfecta de Mario Vargas Llosa, el dedazo del PRI favoreció a Carlos Salinas de Gortari quien llegó al poder a consolidar el modelo de ocupamiento intelectual, en medio de severos cuestionamientos de legitimidad electoral y con la férrea oposición de los partidos de izquierda aglutinados en un Frente Nacional, ya en vísperas del nacimiento del PRD.

Y justamente ese año de 1988, en medio de las discusiones y diatribas sobre el proceso en las urnas, vio la luz el primer número de la Revista Mexicana de Comunicación con el afán de dar cauce a las miles de inquietudes que ya rebasaban los medios de comunicación tradicionales y saltaban por entre los cristales de los claustros universitarios. La Fundación Manuel Buendía, nacida cuatro años antes, venía planeando este medio tan indispensable para los académicos y público interesado en una cultura tan específica.

La comunicación, con todo y el recelo del medio oficial, alcanzó un estatus de altura merced al espíritu combativo de los diarios y revistas surgidos después del famoso “Golpe contra Excélsior” en julio de 1976, y también por los aires llegados de Europa con los estudios e investigaciones de la teoría crítica que confrontaba a la funciolista de Lazarfeld, Berelson y compañía.

Con un olfato de lo que anticipada la nueva década, la Revista Mexicana de Comunicación preparó sus páginas para la avalancha de temas que provocó el uso popular de internet en la década de los noventa, así como la aparición de los teléfonos celulares que han venido a ser la punta de lanza de una tecnología de punta que revolucionó la comunicación gracias al genio de Bill Gates y de Steve Jobs, entre otros.

RMC, ejemplar Núm. 134

RMC, ejemplar Núm. 134

 

Y a pesar de que en diciembre de 1994 y todo el año 1995 una nueva crisis financiera en México hundió las esperanzas de bienestar, los editores de la RMC sacaron a flote las agallas para capear el temporal de reajustes publicitarios y de cierre de proyectos de expansión de agencias de relaciones públicas.

Ha sido una revista a la altura de los desafíos y tiempo en que le ha tocado desarrollarse, pues ha sabido incardinarse en la construcción de la ciudad del conocimiento y ha promovido el intercambio entre distintos actores sociales tendiendo puentes de información e ilustrando o difundiendo los debates que tienen lugar en las instituciones de educación superior, como agentes de cambio, y en los foros públicos a lo largo y ancho de la república mexicana, inclusive haciéndose presente con su página web, como lo reclama la etapa de lectores electrónicos en celulares y tabletas.

En sus páginas, y en su sitio digital, no han faltado, en 25 años, los temas de palpitante actualidad como lo atestigua el desfile de novedades que nos ha tocado pulsar a quienes tenemos casi 70 años y, a pesar de la resistencia al cambio, por la RMC hemos conocido a plenitud a través de la pluma de verdaderos expertos en redes sociales y nos hemos tratado de adaptar al uso de herramientas tan sofisticadas para los que nacimos con el estallido de la bomba atómica en Hiroshima.

Yo especialmente veo a la RMC no sólo como plataforma de difusión especializada en asuntos propios de su naturaleza fundacional, sino también como vínculo de amistad entre quienes amamos nuestra carrera y tenemos como lazo profesional a la comunicación. Para mí ha sido ocasión de trato con auténticos talentos y valores del medio en que me desenvuelvo, y un enlace afectivo con muchas personas con quienes he transitado a lo largo de estos 25 años.

Enhorabuena.

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