Cine y educación

¿Cómo potenciar el uso educativo del cine en México?

Fotografía: "Cine abandonado" por Luis Alberto @ Flickr

Por Novel Alejandro González Orozco

Colaborador de la publicación Cineadictos que edita la FES- Acatlán

El cine, desde sus inicios, ha sido un referente ineludible de la condición humana y su entorno. Un espejo a través del cual el ser humano se mira tal y como es. En el cine cabe de todo, nada escapa a su naturaleza, el cine no sólo se ve, se vive a través de la complicidad que se da entre las historias que allí se tejen y el espectador.

El séptimo arte es capaz de documentar, plantear, denunciar e ilustrar, a través del lenguaje cinematográfico, de allí que, en muchas naciones, éste sea una herramienta de gran utilidad en la formación integral de los alumnos. Es común que en instituciones educativas del llamado “primer mundo”, el profesor de asignatura utilice al cine como una opción dentro de su plan de trabajo, mediante la organización de ciclos con temáticas particulares, foros, talleres de discusión y cursos de apreciación cinematográfica que ayuden a reforzar el conocimiento vertido  dentro de las aulas. Desde esta perspectiva, el cine cumple con la noble función de promover el conocimiento de forma lúdica.

En México, por desgracia, no sucede así, ya que al cine, en un alto porcentaje, se le ve junto con la televisión como el medio tradicional para el entretenimiento y la diversión, sobre todo si se considera que es, para muchas familias de este país, el único escaparate con el que cuentan para evadirse de la  realidad social que aqueja a más de la mitad de la población. De allí que, incluso, se haya convertido en los últimos años en un producto de “lujo”, al que sólo pueden acceder algunas familias con un poder adquisitivo mayor al promedio nacional. Esto, aunado al tipo de cine que se ve, basado en los éxitos “palomeros” de temporada que la industria norteamericana nos receta en los estrenos de fin de semana.

El cine debería de ser una herramienta que se explotara de mejor manera, dentro del ámbito educativo nacional, por la planta docente de este país desde etapas tempranas, sobre todo cuando se sabe que, dentro del séptimo arte, existen propuestas cinematográficas que podrían ser de gran utilidad para el desarrollo profesional de los alumnos, esto, independientemente, de las carreras de las que se hable.

Es necesario reconocer que la mayoría de las escuelas oficiales de educación básica no cuentan, ni con el equipo necesario, ni con los espacios para la proyección de películas. Es de sobra conocido que en muchos lugares de la geografía nacional los salones de clase carecen de la infraestructura básica para cumplir con los programas educativos trazados.

Ante este panorama poco alentador, se debe replantear la estrategia de cómo el sistema educativo nacional podría hallar una solución a semejante reto; quizás valdría la pena hacer un esfuerzo extra y firmar convenios con los exhibidores de este país, con filmotecas, universidades, casas de cultura, embajadas, a fin de tener acceso a material que bien podría ser utilizado para fines didácticos en las materias que se imparten.

Suena complejo, en un país como el nuestro, donde la burocratización de nuestras instituciones, impide el avance hacia nuevas estrategias que puedan arrojar buenos dividendos a mediano y largo plazo en materia educativa, sobre todo cuando se trata de inculcar a los alumnos el gusto, no sólo por la materia que se imparte, sino por una actividad cultural que complemente su formación.

 

El artículo anterior se publicó originalmente en Cineadictos
y debe de citarse de la siguiente forma:

González Orozco, Novel Alejandro, «Cine y educación «,
en Cineadictos, Num 92. Abril,  2010

1 comentario a este texto
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