RMC es una publicación del Departamento de Ciencias de la Comunicación - Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Cuajimalpa

Video indígena y comunicación política-cultural

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Análisis del caso Chiapas

Este artículo pretende mostrar la emergencia del uso del video como recurso de comunicación política-cultural en el estado sur oriental de Chiapas (México), particularmente entre los jóvenes indígenas zoques. Hasta la década de 1990, los indígenas de Chiapas eran objeto de registros videográficos como sujetos pasivos de investigaciones antropológicas pero, a partir de la irrupción del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional en 1994, el uso de medios audiovisuales supone un viraje en la forma en que los grupos étnicos se apropian y auto-representan en el lenguaje audiovisual.

Foto: Fermin Ledesma.

Foto: Fermin Ledesma.

Por Fermín Ledesma Domínguez

 

Comunicación indígena: devolver la voz a los pueblos

Desde la década de 1960, los teóricos de la comunicación surgidos al amparo de la escuela latinoamericana de comunicación –influidos por la escuela de Fránkfurt y por los principios de la educación popular de Paulo Freire– proponían devolver la voz a los pueblos para contrarrestar la colonización “imperialista” que expandía su control sobre la producción, circulación y consumo de los medios masivos de comunicación en el mundo mediante las llamadas industrias culturales, principalmente de Estados Unidos. En ese sentido, desde la perspectiva de Mattelart, (1973:91) al estudiar a la sociedad chilena proponía crear células de información y talleres populares para que las clases trabajadoras elaboraran sus noticias y las discutieran.

Esto significaba que los pueblos debían ser emisores directos de sus propias miradas en oposición al modelo clásico de comunicación unidireccional emisor-receptor establecido por las corrientes sociológicas de la Escuela de Chicago.

Los estudios seminales de la escuela latinoamericana confiaban en la “clase trabajadora” como grupo subalterno responsable directo de movilizar al pueblo para combatir la “falsa conciencia” creada por las industrias culturales como planteaba Herbert Marcuse en El hombre unidimensional (1967), de tal suerte que dejaban en un segundo plano a los grupos étnicos como productores de sus propios contenidos. No es la primera vez que los grupos indígenas y campesinos permanecen al margen de los grandes estudios de comunicación.

La idea de la emancipación de los pueblos a través de los medios de comunicación cobró mayor fuerza a raíz de los triunfos de los movimientos libertarios, entre ellos el de la revolución cubana en 1959, pero también se nutrió de experiencias comunitarias de las radios mineras de Bolivia creadas en 1944. Así para la década de 1970 en Latinoamérica se acuñó el concepto del tercer cine/third cinema como centro ideológico y emancipador de los pueblos a través del cine (Solana y Getino, 1969). Sarkar, citado por Magallanes y Ramos (2015: 19) refiere que la característica del tercer cine es su bajo costo y “casero”, producido en las márgenes de las industrias audiovisuales y de comunicación dominante con proyección ideológica inspirado en Franz Fanon, de tal suerte que lo que está en curso es “un proyecto neo-fanoniano de emancipación cultural más allá de las dicotomías de auténtico y falso, original y copia, resistencia y complicidad” es decir, el proceso de descolonización de los medios de comunicación para hacer frente al control político y cultural de la información.

Así la idea de la descolonización de los medios de comunicación ha cobrado fuerza desde la década de 1970. En la segunda declaración de Barbados emitida en julio de 1977 se estableció que “los medios masivos de comunicación sirven de instrumento para la difusión de las más importantes formas de desinterpretar la resistencia que oponen los pueblos indios a su dominación cultural” de tal suerte que era necesario crear formas propias de comunicación interna y medios de información entre los pueblos (Grupo Barbados, 1978: 392).

A partir del Nuevo Orden Mundial de la Información y Comunicación (NOMIC), el informe de Sean McBride Un solo mundo, múltiples voces publicado en 1980 confirmó el proceso desigual del flujo de información y acceso a los medios de comunicación para las minorías del mundo, sobre todo, los pueblos indígenas. La configuración de este proceso desigual fue posible gracias a la intervención del Estado. Para el caso de México, el surgimiento de los medios de comunicación en la segunda década del siglo XX estuvo ligado al modelo empresarial (Hernández y Orozco, 2007), lo cual concentró el flujo de información en monopolios familiares como parte de un proyecto de integración nacional.

A contracorriente de la política institucional, surgieron los medios de origen popular, sobre todo radios comunitarias en espacios rurales como alternativas para dar voces a los movimientos excluidos, los cuales en algunos casos se consolidaron mediante organizaciones civiles. Es el caso de la Coordinadora Latinoamericana de Cine y Comunicación de los Pueblos Indígenas (CLACPI) creada en la ciudad de México en 1985. Para el año 2010, apenas 16 estaciones de radios comunitarias habían sido reconocidas legalmente por las instituciones gubernamentales (AMARC, 2017).

Las reflexiones epistémicas surgidas en el “giro decolonial” del movimiento Modernidad/Colonialidad (Castro-Gómez y Grosfoguel, 2007) o desde los estudios subalternos han dotado a los estudios latinoamericanos de comunicación un nuevo marco teórico para cuestionar las visiones eurocéntricas de los medios de comunicación y las teorías difusionistas de la modernización. El giro decolonial apuesta por mirar a los subalternos, a las minorías, a los excluidos, a los sujetos invisibilizados y sus auto-representaciones.

Por otro lado, la masificación de Internet en México a partir de la década de 1990 posibilitó la diversificación de los medios de comunicación con la expansión de los “medios alternativos”, “medios libres” o “medios independientes” para diferenciarse de aquéllos controlados por el Estado y la iniciativa privada de clara orientación mercantil. A este fenómeno de apertura se suman las redes sociales, convertidas ahora en la nueva tribuna pública y en los nuevos medios de comunicación para la población, organizaciones sociales y religiosas con acceso a Internet por donde fluyen, no solo los contenidos informativos, sino los imaginarios sociales y las nuevas luchas sociales. A todo este proceso se le ha dado por llamar comunicación
popular, comunicación alternativa y más recientemente comunicación para el cambio social (Barranquero y Baeza; Magallanes y Blanco, 2015).

Un lugar llamado Chiapas

Chiapas es un estado del sur de México donde se concentran 12 pueblos originarios de Mesoamérica, con una cultura que data de más de 2,500 años de antigüedad. Pese a que actualmente tiene una población de 1.1 millones de indígenas y 12 lenguas indígenas prevalecen esfuerzos mínimos desde el aparato gubernamental y la legislación local para reconocer e incorporar a los indígenas en el control y manejo de sus propios medios de comunicación; por el contrario, sus escasos espacios han sido desmantelados. En diciembre de 2015, un total de 12 locutores indígenas (zoques y tojolabales) entre ellos la directora de la radio, la poeta Zoque Mikeas Sánchez, fueron despedidos de las estaciones de radios indigenistas controladas por la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI, antes INI) en Copainalá y Las Margaritas. En las 18 estaciones de radio públicas –CDI, IMER y SCHRTyC– ningún puesto directivo es ejercido por indígenas.

Los medios de comunicación –prensa, radio, Tv, cine e Internet– se concentran principalmente en los centros urbanos, excluyendo las zonas rurales más empobrecidas. Tan solo 4 de los 122 municipios concentran la mayor presencia de los medios: Tuxtla Gutiérrez, Tapachula, Comitán y San Cristóbal de las Casas. El argumento central es la dificultad para hacer llegar los medios de comunicación a las poblaciones rurales dada la accidentada geografía del estado.

Del total de las estaciones radiales, el Estado controla 18 radiodifusoras, mientras que la iniciativa privada lo hace sobre 37 estaciones. Tan solo el Sistema Chiapaneco de Radio, Televisión y Cinematografía posee 13 estaciones de radio que fungen como repetidoras de los contenidos que se producen en Tuxtla Gutiérrez, la capital del estado. En la iniciativa privada, las familias Valanci Buzali y Simán Estefan concentran el espectro radiofónico. El grupo Valanci tiene 5 estaciones; el corporativo Radio Núcleo de la Familia Simán Estefan posee 13 estaciones en todo el estado (Martínez, 2013: 133-134).

El poder de los medios privados también se expande hacia las decisiones públicas del estado como un campo de poder. Algunos de sus directivos y periodistas han ocupado algún puesto público. Los casos más emblemáticos son el de Ariel Gómez León “El Chunco” quien pasó ser el locutor de mayor rating del grupo Valanci a legislador local y luego, federal; Simón Valanci Buzali, presidente del corporativo Valanci fue nombrado legislador federal por el PRI y miembro importante de la Cámara Nacional de la Industria de la Radio y la Televisión, mientras que Luis Armando Melgar Bravo, quien de ser un alto directivo de TV Azteca pasó a ser Senador de la República por el Estado de Chiapas.

Respecto a los contenidos, la participación indígena apenas es visible es espacios marginales del Sistema Chiapaneco de Radio, Televisión y Cinematografía. A partir del año 2001, el noticiario Voces de Nuestras raíces logró incorporar 5 de las 12 lenguas (tzeltal, tzotzil, zoque, chol y tojolabal), excluyendo de algún modo las que se encuentran en riesgo de desaparición como el lacandón o el mam. En la parte normativa, la Ley de derechos y cultura indígena de Chiapas considera únicamente difundir información de “la cultura indígena” (artículo 42) colocando a los indígenas como meros receptores de noticias. El reglamento del Sistema Chiapaneco de Radio, Televisión y Cinematografía no considera ninguna representación indígena en la junta de gobierno como tampoco hace énfasis en el contenido de comunicación indígena. Es decir, el marco normativo limita la participación de los indígenas en los medios de comunicación públicos del Estado de Chiapas.

Indígenas y medios de comunicación

Entonces, ¿qué hacen los indígenas para tener acceso a los medios de comunicación? Es frente al escenario de limitada participación para la comunicación y acceso a la información que diversos grupos étnicos y populares se apropian de los medios de comunicación, principalmente la radio aún al margen de la institucionalidad como alternativas de difusión, participación y empoderamiento. En este proceso de apropiación emergen el uso del video, la radio e Internet como instrumentos predilectos de comunicación política, cultural y religiosa, en medio de tensiones y conflictos con el monopolio estatal y privado.

La aparición del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en 1994 fue un punto de quiebre para que comunidades indígenas recibieran apoyos de organizaciones civiles para crear sus propios medios de comunicación. Otros más surgieron al amparo del financiamiento popular de asociaciones religiosas, sobre todo protestantes para reclutar creyentes, de tal suerte que los usos sociales de los medios alternativos están vinculados a la religión y como medios de resistencia política.

En el año 2002, el EZLN y su Radio Insurgente, la voz de los sin voz inauguró en Chiapas el despegue de las radios de tipo de comunitario “al margen” de la institucionalidad. Un estudio realizado por Martínez Mendoza, et al (2013:123-152) encontró que una década después, el número de estaciones de radio de corte religioso y comunitario sin permiso gubernamental se habían elevado a 78, de los cuales 67 operan como “púlpitos electrónicos” de grupos religiosos –católicos, adventistas y cristianos– en 31 municipios, principalmente en Los Altos y frontera sur de Chiapas y, 11 más difunden contenidos culturales y comerciales en 8 municipios.

El surgimiento de los medios de comunicación no ha estado exento de tensiones y conflictos con los propietarios de los medios de comunicación privados. En 2010, el Vicepresidente de la Cámara de la Industria de la Radio y Televisión, Simón Valanci Buzali –ex legislador federal del PRI– declaró en su propio diario La voz del sureste la necesidad de aplicar el Estado de Derecho a las “radios piratas” (1), entendido como la necesidad de desmantelar a las estaciones de radio sin permisos legales otorgados por el gobierno.

La prensa y la TV no han sido medios de apropiación por parte de los grupos étnicos. No se cuenta con registros que indiquen la generación de contenidos propios en alguna lengua indígena de Chiapas. El poco esfuerzo por crear una prensa indígena surgió en 2006 con la red de corresponsables indígenas para difundir información en español a través del blog www.corresponsalesindigenas.blogspot.mx. Su funcionamiento ha sido de manera esporádica, lo cual ha limitado su consumo masivo.

El activismo más notorio ha sido a partir de la masificación de internet mediante el uso de aplicaciones como Facebook, Twitter y WhatsApp, donde organizaciones campesinas y religiosas encuentran en las redes sociales la posibilidad de informar de sus actividades para la movilización social en defensa de los recursos naturales, protestar por la represión gubernamental y dar a conocer su repertorio de demandas. Durante el paro de maestros, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) Sección VII usó de manera permanente una cuenta de Facebook para informar los acuerdos con el gobierno y convocar a las protestas sociales contra la reforma educativa lo cual permitió generar lazos de solidaridad ciudadana en momentos de represión policiaca; la organización religiosa Pueblo Creyente de Simojovel informa en Facebook las movilizaciones y actividades
que realiza para frenar la violencia en esa región, mientras que el Movimiento en Defensa de la Vida y la Tierra (Modevite) usó las redes sociales para informar sobre el avance de miles de indígenas que marcharon en caravana desde Salto de Agua hacia San Cristóbal de las Casas, en noviembre de 2016.

De la transferencia a la apropiación del video indígena

En particular, la emergencia y apropiación del video indígena se inserta en la constante lucha que mantienen comunicadores indígenas como medio de resistencia e instrumento de comunicación política-cultural para hacer frente al predominio de los espacios de difusión tradicionales, controlados por el monopolio estatal y privado. Desde una perspectiva histórica contemporánea se pueden identificar tres fases del video indígena en Chiapas.

La primera fase estaría centrada en la pasividad o baja participación de las comunidades indígenas. Es decir, los pueblos originarios son vistos como objetos de estudio antropológico como parte de un proceso para “registrar” o “inventariar” sus costumbres –sobre todo danzas, fiestas patronales y ritualidades– por especialistas –antropólogos o cineastas– para luego ser mostradas al mundo moderno. En esta etapa se pensaba que el mundo indígena sería absorbido por la modernidad, de tal suerte que era necesario conocerlos antes de su extinción o bien, porque se debía “rescatar” las costumbres y las tradiciones y en ese sentido, los indígenas eran los únicos portadores del México profundo.

En esta fase se inserta la política indigenista emprendida por el entonces Instituto Nacional Indigenista (INI) quien envió a las comunidades de México a profesionales para filmar las tradiciones (danzas y música) de los pueblos para que los antropólogos estudiaran a los grupos indígenas en la década de 1970. En particular sobre Chiapas, el INI documentó los carnavales zoques de Chapultenango y Ocotepec en el norte del estado en la década de 1980. El caso emblemático es de los cineastas Juan Francisco Urrusti y Ana Piñó Sandoval, quienes fueron sorprendidos por la erupción del Volcán Chichonal mientras registraban las danzas del carnaval zoque en marzo de 1982. El resultado fue el documental Piowachuwe, la vieja que arde que posteriormente obtuvo el premio Ariel al mejor documental testimonial en 1987.

En esta fase de pasividad, las comunidades mantienen una escasa participación en la definición de los contenidos del material audiovisual dado que la línea discursiva se centraba en “documentar/registrar” para mostrar al subalterno y sus costumbres. El público receptor no eran las propias comunidades “documentadas” sino antropólogos o investigadores, es decir, un público especializado desvinculado de la comunidad.

La segunda fase del video indígena en Chiapas es de transferencia tecnológica, que a su vez tiene dos vertientes: una institucionalizada y otra alternativa. La vertiente institucionalizada inicia con el Proyecto de Transferencia de Medios (PTM) financiado por el Instituto Nacional Indigenista (INI) en 1989 con la idea de capacitar a los indígenas para que de manera instrumental se “apropiaran” de la cámara de video. La intención era que los propios indígenas registraran las costumbres de sus pueblos. En esta fase, el exponente pionero es Mariano Estrada Aguilar, indígena tzeltal, quien después de recibir la capacitación en Oaxaca por parte del INI, en 1992 documenta “la marcha Xi’nich”, un video sobre la lucha del Comité de Defensa de la Libertad Indígena (CDLI-Xi’nich) en Palenque. Este primer documental supone un giro de la relación video-comunidad indígena porque no solo marca el inicio de la apropiación tecnológica del artefacto sino también el surgimiento de comunicadores indígenas.

La vertiente alternativa de la segunda fase del video proviene de Chiapas Media Project que inició sus operaciones en 1995 para “transferir tecnologías a las comunidades zapatistas” Tanto la etapa del INI como la de Chiapas Media Project puede entenderse como proceso de formación centrado en transferir tecnología, es decir, la apropiación instrumental del artefacto para que los comunicadores indígenas generaran sus propios registros y contenidos. Nuevamente, la comunidad tiene una limitada participación en la definición del contenido y en la narrativa visual.

Finalmente, la tercera fase es la de apropiación del artefacto tecnológico y sus posibilidades narrativas visuales como recurso de comunicación política y cultural, marcada por una tendencia hacia el videoactivismo. Sin duda, la irrupción del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional en 1994 aceleró este proceso de apropiación tecnológica.

En la fase de apropiación del artefacto tecnológico la intervención de centros de investigaciones y universidades públicas fueron claves para su aparición. En el año 2000, el Centro de Investigaciones en Antropología Social (CIESAS región sureste) organiza el diplomado en Antropología Visual y Derechos Indígenas como parte del Proyecto de Videoastas Indígenas de la Frontera Sur el cual fue el semillero de videoastas tzotziles de los Altos de Chiapas agrupados en la Red de Artistas, Comunicadores Comunitarios y Antropólog@s. Hasta el año 2007 habían realizado 29 producciones en el marco de este proyecto de Chiapas (Leyva, 2012b: 31-57).

Otra institución que permitió la aparición de la tercera fase fue la creación de la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH) en 2004, lo cual dio paso a la institucionalización de la formación de comunicadores indígenas a través de la carrera de Comunicación Intercultural, lo cual intenta superar las visiones instrumentales de la comunicación al incorporar en su currícula las nociones de territorio, procesos socio-históricos y planeación participativa comunitaria. Las organizaciones civiles también han sido clave en la expansión del uso video. En octubre de 2011 se llevó a cabo un taller intensivo de iniciación al género documental para 21 alumnos tzotziles en su mayoría, varios de ellos alumnos de la UNICH, Universidad Intercultural de Chiapas.

El caso es que hoy, el video se ha convertido en un elemento poderoso de información y de organización puesto que “el video sirve para activar la participación y conciencia de los actores sociales, generando espacios de diálogo y reflexión, de ruptura con el orden social dominante, en tanto que valorización de los saberes comunes, de la propia experiencia y articulación de los procesos de acción colectiva” (Sierra y Montero, 2015: 29). De acuerdo con la antropóloga, “largo ha sido el camino para que las mujeres (y los hombres) indígenas, afrodescendientes, de sectores populares, estén detrás de la cámara y no enfrente de ella” (Leyva, 2012a).

La dispersión de los grupos zoques

Los zoques de Chiapas, a diferencia de los tzotziles de los Altos, provienen del grupo etnolingüístico mixe-zoque-popoluca, vinculados a los olmecas, que desarrollaron en Mesoamérica un vasto territorio desde hace más de 2,500 años en el sur de México. A raíz del proceso de colonización española, el territorio zoque fue fragmentado, de tal suerte que una característica es su dispersión. Así actualmente encontramos asentamientos zoques en Veracruz, Tabasco, Oaxaca, Campeche y Jalisco, resultado de migraciones forzadas. Esta dispersión posibilita múltiples identidades y una nueva etnicidad. En el caso de Chiapas puede distinguirse diferentes grupos de zoques, según la variante de la lengua ore´tzame, pero por otro lado en municipios como Tuxtla Gutiérrez, San Fernando y Ocozocuautla la lengua como medio de comunicación no es central para definirse como zoque sino las fiestas, las ritualidades, las costumbres locales y el territorio. La idea de que para ser indígena en México era necesario hablar una lengua originaria no aplica para el caso de los zoques de Chiapas.

La erupción del volcán Chichonal en 1982 puso al descubierto las graves condiciones sociales y económicas en las que vivían los zoques del norte de Chiapas. La respuesta del gobierno fue crear nuevos asentamientos y compras de tierras en la selva lacandona y el valle central para reasentar a más de 12 mil familias desplazadas por el fenómeno eruptivo. A la luz de 33 años, una generación de jóvenes ha crecido desvinculada de su territorio, sobre todo por la falta de acceso a tierras, que ha redundado en la pérdida de conocimientos agrícolas ancestrales y en el abandono de la lengua materna como práctica cotidiana. No obstante, muchos han encontrado en la educación, sobre todo en la universidad, un espacio para reflexionar y revalorar su identidad y en general la cultura local como el caso de los integrantes del Centro de lengua y cultura zoque, una asociación civil creada por jóvenes zoques en 2009.

Los casos de Saul Kak (jaguar en zoque); Fortino Domínguez Rueda, Samuel Ávila Delesma y José Cordero Jiménez, todos ellos egresados de universidades públicas, son casos emblemáticos de los jóvenes zoques que hacen uso del video como instrumento y recurso audiovisual para revalorizar la cultura zoque y visibilizar los problemas socio-políticos del territorio del norte de Chiapas. Estos casos permiten ilustrar la emergencia del uso del video indígena como herramienta de comunicación política y cultural entre los indígenas de Chiapas, al margen de los medios masivos de comunicación.

En el caso de Saul Kak, originario de Rayón y egresado de la carrera de Artes Visuales de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, su producción audiovisual se centra en mostrar las contradicciones de la modernización y la fuerza cultural de los pueblos zoques de Chiapas, a partir del cual documenta las fiestas patronales de los zoques reubicados del ejido Esquipulas Guayabal de Rayón y denuncia los procesos políticos en los pueblos zoques.

En 2015, Saúl Kak presentó el video Pan y Circo que retrata el dispendio electoral de los partidos políticos y los discursos de los candidatos en Chiapas como una forma teatralizada del sistema político mexicano. Hacia finales de 2016, un video sin título muestra una marcha llevada a cabo por campesinos por la defensa del territorio zoque contra los proyectos de los hidrocarburos en la región de Tecpatán. La narrativa se centra en dar voz a los campesinos. Una imagen potente muestra a los campesinos armados de manera simbólica con rifles sin municiones. El video alcanzó más de 50 mil reproducciones en la plataforma de Facebook.

La perspectiva de Saúl Kak también ha sido plasmada en el cine. The Modern Jungle. Selva Negra en co-dirección con Charles Fairbanks fue estrenado en el Festival de Nyon Suiza en 2016 y otros foros de México y Estados Unidos. El film plantea mostrar los efectos de la modernización sobre la vida de una mujer zoque y un campesino de Rayón.

El caso de Fortino Rueda Domínguez, originario de Chapultenango e historiador egresado de la Universidad de Guadalajara, recurre al video para mostrar la rearticulación de las familias zoques desplazadas por la erupción del volcán Chichonal en 1982. El video-documental Viceversa realizado en co-producción con Rafael Villegas y Pablo González en 2007 muestra el recorrido de 1,600 kilómetros que realizaron las familias zoques para reencontrarse con las familias de Chapultenango, Chiapas después de más de tres década de desplazamiento. La narrativa visual tiene como telón de fondo la fiesta patronal y entrevistas que recrean las emociones por el reencuentro.

Samuel Ávila Delesma, originario de Chapultenango, es quien posee una producción documental más extensa sobre los zoques. Los mundos Zoques en 2011, Te Tzitzunh Kotzajk 30 años después en 2012 y Kubguy Jiara, el padre del pueblo en 2016, son algunos de sus trabajos como videasta, muchos de los cuales han sido financiados por el Proyecto de Comunicación Indígena de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI).

Los videos-documentales de Samuel Ávila tienen la característica de registrar la cosmovisión de los pueblos zoques del norte de Chiapas y realizar las entrevistas en su propia lengua originaria, algo que podría diferenciarse del resto de los materiales antes citados que intercalan el uso del español para narrar la historia. En particular, Los mundos zoques que muestra las narrativas orales de los campesinos sobre los espacios sagrados del territorio es contado en lengua zoque con subtítulos en español.

Finalmente, José Trinidad Cordero, estudiante de la Maestría en Estudios Mesoamericanos en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), mediante Las huellas de un volcán en 2010 busca recrear la memoria colectiva de los zoques que padecieron la erupción del volcán Chichonal como un acto de tragedia y sobrevivencia humana frente a una crisis ambiental.

Este conjunto de videos mostrados en los párrafos anteriores se han expuesto en espacios comunitarios por el Centro de Lengua y Cultura Zoque, sobre todo en las comunidades de Nuevo Carmen Tonapac, en Chiapa de Corzo, Rayón, Chapultenango y en los espacios universitarios de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, sobre todo en el aniversario de la erupción del Volcán. La razón fundamental es que se parte de la idea de que los video-documentales contribuyen, no solo a registrar la historia local reciente, sino a recrear la memoria colectiva y rearticular la cohesión identitaria y social de los pueblos zoques. Al respecto, Alonso Bolaños cita:

Los jóvenes han otorgado especial interés a las expresiones artísticas, en términos de que la historia y tradición oral juegan un papel fundamental para el restablecimiento del tejido social después del impacto del fenómeno natural. La razón de esto es la propia composición del grupo: académicos, traductores, peritos en lengua zoque y productores radiofónicos. También hay escritores de poesía y prosa, videastas, artistas gráficos y músicos (Alonso, 2015).

En ese sentido, el uso del video ha jugado un papel central en la forma en que los zoques urbanos construyen sus imaginarios y evocan su historia en el lenguaje audiovisual de los medios de comunicación. Para el caso de los videastas zoques es común recurrir a la tragedia, en este caso la erupción del volcán, para resignificar su identidad como una forma de mostrarse al mundo.

Reflexiones finales

Al analizar el uso del video como medio de comunicación entre los comunicadores indígenas se puede considerar que existe un grado de apropiación del artefacto para contar historias propias sin miradas externas. El lenguaje audiovisual les permite construir y reproducir sus propios discursos políticos y culturales en contraposición a los modelos dominantes de los medios masivos de comunicación. La lengua indígena juega un papel central para comunicar al otro, al igualar el discurso con los receptores. Se trata de comunicar en forma dialógica como nuevas formas de contar las historias locales y como nuevas formas de comunicación política.

Por otro lado, la emergencia del video indígena muestra un claro interés por abordar temáticas sociales y culturales que afectan de manera directa a las comunidades. En el caso de los zoques existe un claro interés por la pérdida de la lengua, de tal suerte que el video contribuye a des-estigmatizar la lengua indígena. En otros casos, las temáticas de los videos se centran en mostrar problemáticas ambientales y electorales, de tal suerte que el uso social que los comunicadores indígenas dan al video puede entenderse como procesos de resistencia cultural frente al predominio de los contenidos de los grandes medios de comunicación.

Bibliografía

Alonso Bolaños, Marina (2015) “Somos otros, pero recordamos de dónde venimos como zoques”: aproximaciones a las generaciones post-erupción y sus dinámicas regionales” en Entrediversidades, revista de Ciencias Sociales y Humanidades, Universidad Autónoma de Chiapas. No. 4. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Disponible en http://entrediversidades.unach.mx/index.php/entrediversidades/article/view/286/435
Barranquero, Alejandro y Chiara Sáez Baeza (2010) “Comunicación alternativa y comunicación para el cambio social democrático: sujetos y objetos invisibles en la enseñanza de las teorías de la comunicación” ponencia en el Congreso Internacional AE-IC Málaga, España.
Grupo Barbados (1979). Indianidad y descolonización en América Latina, documentos de la segunda reunión de Barbados. Primera edición, editorial Nueva Imagen: México, DF.
Hernández Lomelí, Francisco y Guillermo Orozco Gómez (2007) Televisiones en México. Un recuento histórico, primera edición, Universidad de Guadalajara: Jalisco, México.
Leyva Solano, Xóchitl, (201a) en “Cine, video indígena y comunicación comunitaria desde el Abya Yala y Chiapas, para el mundo” en Revista digital de Cine y Comunicación indígena, disponible en http://www.yepan.cl/cine-video-indigena-y-comunicacion-comunitaria-desde-el-abya-yala-y-chiapas-para-el-mundo/
Leyva Solano, Xóchitl, (2012b) “Jóvenes mayas, demandas autonómicas y autorrepresentación. Una mirada desde el Proyecto Videoastas Indígenas de la Frontera Sur” en Díaz Vázquez Martín y Ricardo Pérez Monforte, Ciencias Sociales y Mundo Audiovisual, primera edición: CIESAS-Juan Pablos Editor: México, DF.
Magallanes Blanco, Claudia y José Manuel Ramos Rodríguez (2015) Miradas propias. Pueblos indígenas, comunicación y medios en la sociedad global. Primera edición: Universidad Iberoamericana Ciespal: Ediciones México, DF.
Sierra, Francisco y David Montero (2015) Videoactivismo y movimientos sociales. Teoría y praxis de las multitudes conectadas. Primera edición, Gedisa editorial- Ciespal ediciones: Madrid, España.
Solanas, Fernando y Octavio Getino (1969) “Hacia un tercer cine”, en Revista Tricontinental No 13. OSPEAAL: Paris, Francia.

Notas

1.- Cruz Velas, Joel (2010).- “Estaciones de radio piratas desafían al Estado de derecho”, nota informativa. La voz del Sureste, 22 de abril de 2010: Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Disponible en http://diariolavozdelsureste.com/estaciones-de-radio-piratas-desafian-al-estado-de-derecho/ Consultado el 22 de diciembre de 2016.

 

Fermín Ledesma Domínguez: es Integrante del Programa de Etnografía de las Regiones Indígenas de México en el Nuevo Milenio del Instituto Nacional de Antropología e Historia (México); Profesor de la Universidad Autónoma de Chiapas y Miembro del Centro de Lengua y Cultura Zoque AC..

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