Loas a "El País" y vituperios a "El Financiero"

Fotografía: "Víctor Roura" por Ozami Zarco para RMC
Fotografía: “Víctor Roura” por Ozami Zarco para RMC

Por Víctor Roura

Después de leer la réplica de Jorge Tirzo a mi punto de vista sobre la simulada biografía que escribió de mí a partir de su, según confiesa, intensa búsqueda técnica en la Internet, creo poder hallar dónde radica la clave de este, digamos, abismo generacional entre las edades periodísticas: en la arrogancia juvenil, que da por sentada su diferencia electrónica con la clase de antaño, como si los de “la vieja guardia”, como los nombra Tirzo con evidente desprecio, estorbaran en el luminoso camino de las nuevas comunicaciones.

Y, para colmo, nos da un ejemplo que, periodísticamente, es lamentable, aunque para él honorífico: su visita a las instalaciones de El País, becado por la Fundación de Gabriel García Márquez. Anonadado quedó el buen Tirzo por la “transformación radical” que está viviendo la empresa española, que ha dejado “atrás la separación digital / impreso e integró sus esfuerzos para hacer el mejor periodismo, así, sin adjetivos”. Apunta Tirzo: “Primero se piensa en digital: las piezas se van actualizando, la información se va construyendo conforme llega y el seguimiento noticioso de última hora brinda un servicio que el público demanda. Por la noche, cuando la mayoría de las noticias ya son viejas, se seleccionan las que valen la pena imprimirse, se entretejen las que estaban separadas y se enmiendan los errores para que el impreso sea, en palabras de Lizy Navarro, una versión más del cibermedio”.

¿Por qué se sorprende Tirzo si ahora todos los periódicos trabajan de esa forma?

Probablemente porque no ha estado en las redacciones de los grandes diarios de su país , que no es lo mismo que El País. “No es el único ni el último diario en hacerlo –reconoce Tirzo líneas más adelante–, pero merece un reconocimiento sustancial por atreverse al cambio sin perder la brújula que guía al periodismo de calidad. Aun así, la vieja guardia salta horrorizada cada que Juan Luis Cebrián afirma que en unos años se dejará de imprimir El País. A muchos nos tiene sin cuidado. En la redacción siempre hay ejemplares de papel, pero reposan en la mesa como una especie de naturaleza muerta de tinta”.

He allí la desconsideración, la falta de respeto a todos aquellos periodistas que hicieron, que han hecho, de El País una referencia notable en la prensa iberoamericana, pues de no ser por el periódico en este momento esa empresa no tendría los recursos económicos que posee. “A muchos nos tiene sin cuidado”, dice Tirzo a propósito de si sale o no en papel el diario, borrando de tajo la esplendorosa historia de ese rotativo. ¿Sabe Tirzo que sus textos –bien escritos, pujantes, con gallardía, mas altaneros, soberbios, arrogantes— salen publicados en una bella revista que es, según él, una “naturaleza muerta de tinta”? ¿Para qué sigue escribiendo en una publicación de la vieja guardia? Es como esa postura de varios escritores que se enorgullecen de publicar en blogs, pero insisten, no sé por qué, en editar luego sus manuscritos en libros, ¡qué horror!, de papel. ¿Por qué, en lugar de viajar a Madrid, no se dio Tirzo una vueltecita a la colonia Anáhuac para visitar las instalaciones de El Financiero, donde se elabora, desde hace casi dos años y medio, la transformación radical para convertir a este diario en un cibermedio, no con los recursos millonarios de El País sino en escala modesta… y sin recurrir a la fiereza que dictan los cánones del megacapitalismo, que se vive al interior de la vigorosa empresa europea, y que ya tiene en México sus garras puestas en algunos medios, sobre todo en los diales, donde influyó para derribar, por ejemplo, a Carmen Aristegui de su discurso radiofónico?

Voy a transcribir un ejemplar texto del poeta Juan Domingo Argüelles publicado el pasado martes 16 de octubre en El Financiero. Sólo un mínimo fragmento, para el conocimiento del periodista cibernético: “Juan Luis Cebrián, presidente ejecutivo del ubicuo Grupo Prisa y director del diario español El País, anunció el despido de un tercio de la plantilla de dicho diario (entre 130 y 150 trabajadores) y con maravillosa caradura les dijo públicamente: ‘No podemos seguir viviendo tan bien’. ¿Se lo decía también a sí mismo?” Claro que no, se responde Domingo Argüelles, pues este “connotado intelectual español, que ha escrito tan lúcidamente sobre el poder, la democracia, el populismo, el autoritarismo y la ética (entre otras muchas cosas), dijo lo que dijo, quitado de la pena, pero no anunció bajarse el sueldo que asciende a… 13 millones de euros anuales; es decir, para hablar en cristiano, más de un millón de euros al mes. ¡Qué señor más majo!”

Dice Tirzo que aquella época (¡pero qué insoportable le parecen los viejos periodistas!) en que los periodistas –“aporreando su máquina de escribir desde la comodidad de su redacción-torre.de-marfil”– ya es extemporánea (¿sabrá que aún hoy en día el admirado Javier Marías entrega sus artículos en cuartillas elaboradas con máquina de escribir y que, pese a ello, es uno de los más leídos en España sin que este literato necesariamente tenga que remitirse al ciberespacio?), pues ahora, “por primera vez en la historia, las audiencias controlan a los periodistas”.

Uf.

Ya veo a Joaquín López Dóriga controlado por su audiencia y no por Emilio Azcárraga Jean. Ya veo a Julio Scherer García controlado por sus lectores y no por sí mismo. A Omar Raúl Martínez. A Lorenzo Meyer. A Lydia Cacho. A Humberto Musacchio. A Julio Hernández López. A José Reveles. A Jenaro Villamil. A José Cárdenas. ¡A Juan Luis Cebrián!

Que antes los periodistas monologaban consigo mismos. Por eso insta a la conversación.

Vamos, ¿cuántos de nosotros no hemos conversado con nuestros lectores y aún lo seguimos haciendo? ¿Quién le dice a Tirzo que conversábamos con nosotros mismos? ¿Sabe Tirzo cuántas veces han sido amenazados de muerte estos periodistas honrados  de la vieja guardia por sus escritos, que no monólogos? ¿Sabe Tirzo que fui secuestrado una vez por una declaración mía frente a un público amplio, no monologando conmigo mismo?

Cuando yo entrevistaba, o hacía un perfil de alguien, me nutría de información. Leía cuanto podía de la persona que iba a visitar. Estaba o no de acuerdo con ella.

Jorge Tirzo no hizo nada de esto sobre mí por una sencilla razón: no le interesaba, y por eso recurrió, con técnica impecable (porque no es lo mismo navegar con estulticia que bien armado por las redes sociales, que se hallan en ese instrumento llamado Internet, que hasta en el léxico quiere corregirme), al barullo silencioso de la web, que en este momento –¿pero puede asimilarse esta categorización o es muy difícil de comprender?— no es la red acuciosa, perfecta y sólidamente informativa que un día –no sé cuándo–, espero, va a ser. Y tan no lo es que por estos días circula en las redes sociales (mediante la Internet, como si no se entendiera este simple vínculo) que El Financiero ya está muerto, que el diario de papel ya no va a salir más… y mucha gente lo ha creído. Y tan no es confiable que un estudiante del YoSoy132, de esos que armaron el [insuficiente e inútil, continuando las pautas de las televisoras habituales] debate presidencial –del que se orgullece Tirzo, por cierto–, ya está incorporado en Televisa como comentarista de graciosas notas políticas. Y tan no lo es, caray, que, por el momento, resulta imposible armar una biografía de Víctor Roura, a menos que se recojan, en efecto, las gracejadas de sus amigos y enemigos vertidas en los espacios siderales (¡vaya bonita forma de hacer periodismo, pues!).

Y ya no quiero discutir, pues estoy seguro que Tirzo, quien respeta a Cebrián y tal vez hasta a Fernando Savater (aunque el maravilloso El País lo censure con la linda aquiescencia del máximo teórico en castellano de la ética), va a decirme en su siguiente entrega que debo tomar, con urgencia, unos cuantos cursos de computación en el centro más cercano a mi casa. Porque cuando escribí el texto que buscaba un debate sobre el recalcitrante periodismo desinformativo con el que hoy nos cubrimos, creí que podría encontrar la salida de algunos laberintos calamitosos que ahora no sólo confunden sino turban a los hacedores de la prensa mexicana… pero jamás me imaginé hallar bofetadas por no participar en las redes sociales, Mejor que discuta Tirzo con Cebrián, a ver si este poderoso e insuperable periodista se digna a escribir un mínimo texto para tratar de conversar con alguien con quien no coincide en puntos de vista. No. Ya no quiero que me diga Tirzo que debo tuitear o enviar mis fotos al feis.

Pues no lo voy a hacer –en este momento, por lo menos–, ya que lo que yo quiero es escribir superando mi redacción del día anterior. Lo menos mal que se pueda para no mentirme ni mentir a mi desconocido o probable lector y, con ello, poder hacer el mejor periodismo, así, sin adjetivos.

La búsqueda del periodismo del siglo XXI

Fotografía: “iPad” por Sean MacEntee @ Flickr

Por Jorge  Tirzo

El periodismo debe volverse una conversación y dejar de ser el aburrido monólogo que era antes. La idea no es mía: la tomo de Francis Pisani y la repito como mantra cada que hace falta. Por eso me alegra que Víctor Roura considere mi último texto sobre él como algo superfluo. No por el adjetivo, sino por el resultado. Tras leerlo, el editor de Cultura de El Financiero  se tomó la molestia de escribir varias cuartillas para reflexionar sobre el periodismo y las redes sociales. Él tendrá sus ideas, yo las mías: encuentros y desencuentros. Quien gana es el lector en la conversación.

¿Pero qué hubiera pasado si yo no hubiera publicado el texto en la RMC  sino en mi blog personal? ¿Me hubiera contestado? ¿Lo habría leído? Sumo y sigo. La totalidad de las opiniones y citas a las que refiero en el texto, están disponibles en Internet. Ya lo estaban antes de escribirlas. Lo que hice fue “curarlas”. Sí: Internet está lleno de basura. Basura a favor y en contra de Víctor Roura o de otros periodistas. Basura a favor y en contra de casi cualquier tema. Pero también hay cosas interesantes. Es imposible generalizar. Si lo hiciéramos, la Wikipedia, la Enciclopedia Británica, El Financiero, la RMC y muchas obras mejores estarían en el mismo bote de basura. ¿Quién es periodista? ¿El que produce basura de lujo o el que encuentra cosas interesantes entre los desperdicios?

¿Cuál es la diferencia entre los tacos de la esquina y unos aclamados por la crítica gastronómica? El chef, probablemente. ¿Y la diferencia entre un texto publicado en un blog y uno poseedor de un premio de periodismo? Probablemente también el chef. Todos sabemos que muchas taquerías callejeras son basura, pero también que el canon gastronómico a veces no es justo con rincones a la salida del metro que superan en sazón al Pujol.

Acabo de estar en la redacción de El País becado porla Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano. El diario llevó a cabo los últimos tres años una transformación radical: dejó atrás la separación digital/impreso e integró sus esfuerzos para hacer el mejor periodismo, así, sin adjetivos. Primero se piensa en digital: las piezas se van actualizando, la información se va construyendo conforme llega y el seguimiento noticioso de última hora brinda un servicio que el público demanda. Por la noche, cuando la mayoría de las noticias ya son viejas, se seleccionan las que valen la pena imprimirse, se entretejen las que estaban separadas y se enmiendan los errores para que el impreso sea, en palabras de Lizy Navarro, una “versión más del cibermedio”.

Ni es el único ni el último diario en hacerlo, pero merece un reconocimiento sustancial por atreverse al cambio sin perder la brújula que guía al periodismo de calidad. Aun así, la vieja guardia salta horrorizada cada que Juan Luis Cebrián afirma que en unos años se dejará de imprimir El País. A muchos nos tiene sin cuidado. En la redacción siempre hay ejemplares de papel, pero reposan en la mesa como una especie de naturaleza muerta de tinta.

Fui a El País  para conocer la dinámica de su redacción integrada. Fui elegido por su ex director adjunto, Gumersindo Lafuente, en conjunto con la periodista colombiana Olga Lozano. El primer día que estuve en la redacción, Sindo  –mi anfitrión–  llegó a despedirse de mí porque acababa de renunciar. Si fuera un divorcio, diríamos que hubo diferencias irreconciliables. Lafuente es un emprendedor digital y algunos sectores de Prisa no lo son. Algunos redactores tampoco lo son y preferirían volver al modelo de antes.

Recientemente en la revista Jot Down, Sindo aseguró para una entrevista que “por primera vez en la historia, las audiencias controlan a los periodistas”. Habrá quien saque de contexto la declaración y diga que Lafuente es un vendido que piensa más en el marketing y la publicidad que en el periodismo. Pero yo le creo. Antes, como los poetas modernistas, los periodistas aporreaban su máquina de escribir desde la comodidad de su redacción-torre-de-marfil. Lo que dijera la audiencia no importaba. Además, lo que dijera la audiencia no valía tanto porque nadie lo publicaba, ni en la radio, ni en la televisión, ni en los diarios. La sección de “cartas del lector” era más bien un simulacro de participación. Ahora no. Ahora, si uno lo desea, incluso se pueden escribir textos retomando las opiniones, imágenes y publicaciones de los lectores. La audiencia es productora y el periodista es audiencia.

 

Tiempo de cambios y de experimentación

Ahora la redacción de El País  gira literalmente en torno a la mesa central de información de última hora. Ahí se actualiza la portada, se monitorean las agencias, se publica la información urgente y se canaliza la información a las secciones. El corazón del diario tiene un monitor que se actualiza cada cinco minutos con la información de la audiencia. Qué textos son los más leídos, dónde se están leyendo, quién los enlaza en Twitter, qué se dice al respecto. A veces el gran notición de los redactores pasa inadvertido para los lectores y también viceversa. Para tratar de remediarlo, El País  tiene un equipo específico que monitorea Twitter, Facebook y Google+ buscando retroalimentación en tiempo real: En qué se equivocaron, qué temas hace falta cubrir, cuáles textos fueron los más leídos. La torre de marfil se vuelve una plaza pública donde todos conversan. Como en cualquier plaza pública, a veces el ruido hace imposible las buenas charlas. ¿Pero qué es un buen periodista si no un “facilitador de conversaciones”, como diría Pisani?

El cambio es difícil. Algunos periodistas de antaño no dudan en blasfemar sobre la mesa central.

—¡Los de la mesa no saben nada! ¡Me importa un &%?$ç lo que digan los de Internet!

Son los mismos que al final del día se sorprenden cuando leen que sus notas tienen unos índices de audiencia muy bajos. Uno conecta con sus lectores cuando los lee, cuando los oye, cuando habla su mismo lenguaje.

La Internety las redes sociales, más que un bote de basura, son un inmenso lenguaje multimedia. Como en todo lenguaje hay blasfemias y barbarismos, pero también poesía y filosofía. El reto está en aprender el lenguaje, siempre en construcción, y usarlo para decir cosas que valgan la pena. Pero claro, aprender un nuevo lenguaje siempre es difícil.

El periodismo del siglo XXI es una revolución, no una sustitución ni una evolución. Como en toda revolución, hay aciertos, errores, huecos, logros y pérdidas. Pero ante todo hay principalmente transformaciones radicales. Quien no se transforma radicalmente se queda atrás, para bien y/o para mal.

Mi texto “Resultados de la búsqueda de Víctor Roura” era ante todo un experimento. Ni es mi mejor texto, ni creo que sea el peor. Quería encontrar el rostro digital de un periodista que no hace vida digital. Ante la limitación, opté por la experimentación. Si hubiera hecho una entrevista en persona y escrito un texto de esos que la prensa publica a montones, seguramente hubiera pasado inadvertido hasta para el mismo entrevistado. Si Víctor Roura fuera un asiduo tuitero, buscar en su perfil de Twitter no tendría tanto interés. ¿Pero qué se dice en la red de un periodista que frecuentemente critica a la red? Al menos yo considero que es una pregunta con un interés periodístico válido.

Quien nunca haya reporteado en Internet, probablemente creerá que simplemente se trata de entrar a Google y teclear un nombre. Luego seleccionar dos o tres textos, usar los comandos copiar y pegar, retocar un poco y ya está. No es así. O mejor dicho, no tiene por qué ser así. Probablemente muchas personas lo hagan así, pero yo no. Digamos que yo trato de tomarme tan en serio el reporteo digital como el analógico. Uno debe saber hacerlo para cada situación y sacar el mejor provecho.

Si algo “me conmovió con hondura” fue leer que reiteradas veces Víctor Roura confunde la palabra Internet con el término (ya de por sí bastante inexacto) “redes sociales”. No son lo mismo, ni se reportean igual. Mientras la Internetes un segmento de la red más o menos estático y público, las “páginas para construir y mantener redes sociales” (como Facebook o Twitter) son bastante más escurridizas. Para reportearlas hace falta usar  meta-buscadores de la web profunda, como Topsy, para indagar en fechas pasadas o específicas. Así fue como me percaté de que existen dos usuarios de Twitter llamados Víctor Roura. Son usuarios, no hashtags. Lo consigné irónicamente en el texto para remarcar uno de los principales  silencios del editor de cultura de El Financiero. ¿Se puede hablar a conciencia de las redes sociales sin ser partícipe de ellas? Parafraseando a Víctor Roura: Su texto me muestra justamente, acaso sin querer, la imperfección periodística a la que recurrimos si no tomamos en cuenta lo que ocurre en el mundo digital, además del mundo analógico (que ahora ya son uno mismo).

Para cuando Víctor Roura me dijo que le hablara por teléfono a su casa, yo ya tenía la idea de que el texto girara en torno a su relación con la red. Si hubiera tenido que escribir sobre Philip Roth, hubiera buscado una estructura narrativa y unas técnicas de investigación acordes a la necesidad de descubrir claroscuros de Philip Roth. Como tenía que escribir sobre Víctor Roura, decidí que tomar prestada la narrativa de las búsquedas de Google y las técnicas de reporteo digital me arrojarían claroscuros sobre él. El día en que acordamos la llamada telefónica, ocurrió uno de esos sucesos inoportunos. El teléfono (un Sony inalámbrico por si hay que culpar a alguien) se quedó trabado. Cuando repetí la llamada, ocurrió exactamente lo mismo. Supuse que la tercera vez era la vencida, así que decidí usar mi iPhone, pero esta vez ya nadie contestó. No sé los motivos, pero la cuarta, la quinta y la sexta vez tampoco fueron contestadas.

De cualquier forma yo quería hablar sobre el fantasma de Víctor Roura en la red. Lo mejor de las fantasmagorías son los efectos que producen en la gente, léase a Rulfo. Ahora se me ocurre que un mejor arranque para ese texto hubiera sido: “Vine a Google porque me dijeron que aquí podría encontrar a un tal Víctor Roura”. Y encontré a un periodista sin vida digital, con amigos y enemigos, con obras publicadas y críticas de obras, con premios ganados y perdidos. Un ser humano, vaya. No estoy diciendo que ahí se encuentre todo. Pero tampoco se encuentra todo en ninguna parte. Ni entrevistando presencialmente a todas sus ex amigas o amigos, ni leyendo 58 mil páginas de Internet, ni leyendo su obra completa (ya sea en papel o en un Kindle, juro que no muerden).

¿Mi técnica? Collage polifónico con fuentes digitales reporteadas a través de operadores lógicos en algoritmos de búsqueda. Dicho sea de paso, hasta para buscar en Google se requiere cierta técnica. No es lo mismo buscar Víctor Roura que “Víctor Roura” o Victor+Roura o Víctor NEAR Roura. No es lo mismo una búsqueda “Voy a tener suerte” que filtrar por fechas, idioma o lugar de publicación. Tampoco es lo mismo un tuit tipo “Mala onda del cuatro ojos que se cree Einstein” que la cobertura tuitera de Jon Lee Anderson en Siria.

 

Ni generalizar ni menospreciar

Un periodista que no está sumergido en las redes sociales se está perdiendo de mucho. Sin ir más lejos, de la lista de participantes del encuentro “Nuevos Cronistas de Indias”, convocado porla FNPIy el Conaculta, puedo encontrar grandes periodistas tuiteros como Martín Caparrós, Hernán Casciari, Guillermo Osorno y Alberto Salcedo Ramos, por poner un ejemplo. Afirmar de un plumazo que “las fuentes periodísticas confiables aún no están en Internet” es ignorar, por ejemplo, que un grupo de jóvenes  –menores que yo– organizaron el primer debate presidencial mexicano totalmente en Internet y sin la intervención del IFE.

Tampoco es cosa de juventud o vejez. He impartido algunos talleres a alumnos de licenciatura y preparatoria, pero también he sido alumno en talleres junto a periodistas de mayor edad. Es un mito que los jóvenes traigan el famoso chip digital y que los veteranos no puedan comprender Internet. Es una cuestión de práctica del lenguaje multimediático. Igual que aprender chino mandarín o alemán o nahuatl. Quien no es políglota, corre el riesgo de llamar barbaros a todos los que viven fuera de su muralla.

Miguel Ángel Bastenier es ejemplo de un periodista que pasó de criticar abiertamente las redes sociales a ser un tuitero empedernido. El columnista de El País  incluso cambió el título de su célebre taller “Cómo se escribe un periódico” a “Cómo se escribe en periodismo” para adaptarse al entorno digital, donde él mismo reconoce que los periódicos impresos ya no son indispensables. Me quedo con uno de sus tuits: “Todo el periodismo de letra impresa, todo, es trasladable al soporte digital, que le añade, pero no resta, conocimientos valiosísimos”. Amén.

La cosa es atreverse. Recuerdo con alegría el día que tuve que moderar una Twitcam con Leila Guerrero organizada porla FNPI. Lacronista argentina, a la que admiro profundamente, no es usuaria de las redes sociales, pero se atrevió a una entrevista en vivo con la comunidad de Twitter. Yo, más que un entrevistador, estaba en un papel de moderador, de “facilitador de conversaciones”. Hay de todo. Desde quienes critican el aspecto físico, hasta los que hacen preguntas dignas de un examen de posgrado. La tuitcam fue bien a pesar de las dificultades técnicas. Al final hasta estuvimos charlando más tiempo del programado y hablamos del futuro de la crónica digital, de la hibridación de géneros y muchas otras cosas. El lector es el que gana más. Sirva este texto para invitar a Víctor Roura a tener una entrevista colectiva con tales características.

¿Que las redes sociales deben tomarse con cautela? Concuerdo con Roura. ¿Qué es más fácil leer un libro completo que buscar enla Internet? No necesariamente, depende de la profundidad de la búsqueda. ¿Qué las fuentes digitales no sustituyen a las análogas? Concuerdo, pero también es válido al revés: lo análogo no es mejor que lo digital. ¿Que Madonna no es el futuro de la humanidad? Concuerdo, quien así lo crea se quedó atrapado en los ochenta. Lo mismo pasa con Internet y las redes sociales. Quien crea que son el futuro, se quedó atrapado en los noventa.

Agradezco los comentarios sobre las debilidades de mi texto. Es cierto que puede pecar de parcial al mostrar sólo la cara digital y no la análoga, pero creo que la primera tiene valor por sí misma. Lamento haber dado la impresión de solamente haber hecho una búsqueda superficial en Google, no fue así y dicho sea de paso, al sistema de gestión de contenidos de El Financiero  le vendría bien una manita de gato de optimización para buscadores. Son aprendizajes de esos que los jóvenes como yo no nos cansamos de hacer. Tenemos tanto que aprender de los más veteranos, como al revés.

Lo que no es bueno para el periodismo es descalificar lo digital simplemente por ser digital. Si Víctor Roura considera que un mejor perfil hubiera sido extraer citas de ensayos o de sus artículos publicados, ¿qué pasa si los busco en Google Scholar y los leo en mi iPad? Tampoco creo que descalificar a priori  las técnicas de investigación sea lo más saludable para el periodismo. Sí. Una búsqueda superficial en Google puede tardar unos segundos, pero una a profundidad, no.

Si hay una idea de Víctor Roura que recordaré para siempre, es la de darle a cualquier tema o entrevistado la mayor importancia. No menospreciarlo ni considerarlo como algo superfluo. Entrevistar a Paulina Rubio puede dar un texto de la misma valía que charlar con el Dalai Lama. El chef es lo importante. Habría que aplicar la misma idea cuando se habla de Internet y las redes sociales. Ni generalizar, ni menospreciar. Sí. Hay algo de superfluo en ellas (Igual que en Paulina Rubio y en el Dalai Lama). ¿Y?

El periodismo debe volverse una conversación y dejar de ser el aburrido monólogo que era antes.

 

Coordinador editorial de la RMC. Académico del ITESM.

La era de las filtraciones

Fotografía: “Víctor Roura” por Ozami Zarco para RMC

Por Víctor  Roura

He leído, no sin cierto asombro, el texto que Jorge Tirzo escribió sobre mí a falta, según dice, de una comunicación directa conmigo. Lo extraño es que no apunta que, cuando acordamos la plática, esperé su llamado… en vano, porque el teléfono, en efecto, sonó a las 11 en punto pero para ser colgado apenas tomé el auricular. Dos veces seguidas, y ambas sin un interlocutor del otro lado. Probablemente fue una falla técnica, o qué sé yo. Luego me fui de la ciudad a ofrecer un curso de periodismo cuyo fin era hablar de las filtraciones que se deslizan en las redes sociales para crear un alud de atómicas desinformaciones..

Ya nunca más volví a saber de Tirzo, hasta que leo su gentil “perfil” sobre mi persona en el número de la honrosa Revista Mexicana de Comunicación  de julio-septiembre de 2012, instado seguramente por su atingente director Omar Raúl Martínez. El “perfil”, que desde luego no lo es, cae en los lugares inasibles del extravío al que conducen las redes sociales, refugio, por lo menos hasta hoy, inapropiado para hacer buen periodismo. ¡Y la muestra, por desgracia, la leo en mi propio “perfil”!

Como no pudo conversar conmigo, Tirzo se zambulló en la Internet para “buscar” a Víctor Roura. ¿No pudo haber ido a la redacción del periódico? Una vez el magnífico Astor Piazzolla hizo el coraje de su vida (bueno, uno más de los corajes de su vida, que han de haber sido muchos, que era de recio carácter el extraordinario bandoneonista) cuando lo llamé a su cuarto de hotel para conversar con él. Me insultó y me pidió que no lo molestara. Moví tierra y cielo con mis contactos, hasta que uno de ellos habló con el argentino, quien, momentos después, me ofreció disculpas por su comportamiento y la entrevista se llevó a cabo con fluidez.

No soy como Carlos Monsiváis (no he adquirido aún esa costumbre), que fingía otra voz para decir que quien hablaba no era él, y negarse así ante los impertinentes. No contesto el teléfono en muchas ocasiones, por supuesto. Porque a veces habla gente que no conozco. Y lo ha hecho para insultarme, o amenazarme, o retarme. No es nada grato. En la propia redacción del periódico una vez llamó un señor muy atento preguntando por mí. Dijo que era personal. Y contesté, sólo para oír que me decía que la próxima vez el tiro de plomo me tocaba a mí por hijo de la chingada. Colgué. ¿Hay que contestar todas las llamadas sólo porque alguien te quiere decir algo? Cuando Jorge Tirzo llamó a la casa, nadie contestó del otro lado.

¿Qué sucedió? No lo sé, pero no me quedé con la suposición de que el muchacho era un grosero. Sin embargo Tirzo, ejerciendo su libertad expresiva, no se quedó con los brazos cruzados: “buscó” en las redes sociales el nombre de “Víctor Roura” y halló, en ese momento, “58,300 resultados” (cifra que no me conmociona porque estoy seguro de que la mayoría era basura, o de plano convergencias inútiles de mí), de don-de tomó algunas palabras para tratar de “armar” mi “perfil”: resalta palabras
de algunos queridos amigos y unos cuantos odios de gente que ha trabajado conmigo y se ha ido enfadada por  razones que, si se hubiera querido, pueden corroborarse. Vamos, es como si se buscara a todas las mujeres que ya no aman a quien quieres denostar para comprobar que es una mala persona.

No me imagino qué habría pasado si a Tirzo le hubieran encargado un “perfil”, digamos, de Philip Roth. Al no poder contactarlo se hubiese sumergido en la Wikipedia. Y asunto arreglado. ¿Y qué sucedió recientemente con esta maravilla electrónica? Juan José Flores Nava lo escribió en El Financiero el pasado miércoles 26 de septiembre:

Atrás quedó ese orgullo que le daba a Wikipedia saberse a la altura de una de las enciclopedias más tradicionales –y tradicionalistas–  del mundo, la famosa Enciclopedia Británica (cuya primera edición data de 1768 y que a inicios de 2012 se anunció que dejará de imprimirse para ser sustituida por una versión en línea). Sí, porque Philip Roth le ha dado, a la autollamada ‘enciclopedia libre’, una zarandeada.

Resulta que Roth, “en un momento de ocio” a principios de septiembre, “decidió echar un ojo a su entrada” en la Wiki sólo para encontrar un grave error, que quiso enmendar de inmediato: su novela La mancha humana no está inspirada en el literato Anatole Broyard sino en su difunto amigo Melvin Turnin, profesor de literatura en la Princeton.  Envió, por medio de su biógrafo oficial, la aclaración pertinente; pero la respuesta de la Wiki fue concisa, inobjetable, inesperada: “Lo sentimos, pero usted no es una fuente creíble…”, lo que causó, por evidentes razones, el desconcierto del escritor neoyorquino: ¿él no es una fuente confiable de su propia obra? ¡Por Dios!

Escribió, enfadado, un artículo en The New Yorker hablando sobre este penoso asunto… hasta que los de la Wiki recularon, en un acto vergonzoso que exhibió un argumento lamentable: hay que hacer caso, primero, de los rumores, de lo que se dice por allí, y ya muy luego constatar la veracidad de los chismes.

He allí la vacuidad de esos blogs y esas opiniones impulsivas de las personas, incapaces de definir con palabras sus verdaderos sentimientos y derramar con honradez sus conocimientos. ¡Cualquiera puede escribir, pues hagámoslo ahora mismo!  Y si yo creo que el maestro Philip Roth se basó en Broyard para escribir un relato, lo voy a afirmar sin necesidad de consultar ninguna fuente, que habrá gente que respalde mi punto de vista. Somos tantos en este mundo que no faltará el que me siga la corriente. O puedo apuntar, porque sí, que Víctor Roura es un pendejo, o un cretino, o un irascible, o un pobre diablo, o un censor, o un irrespetuoso. No faltarán quienes me feliciten por mis agudas apreciaciones.

Pues, caray, no todos son Proust o Balzac para detectar con maestría los rasgos ajenos. La buena literatura posee la fortaleza de las que carecen, por el momento, todos estos exabruptos en las redes sociales. Eduardo Lizalde no concede entrevistas. Siempre se niega. No contesta el teléfono. Y está en su derecho. Sólo dice: “Si usted quiere escribir sobre mí, lea mis poemas: en ellos estoy yo”. Y tiene razón. Se puede hacer, incluso, una buena entrevista a partir de sus poemas. No sería posible, o tal vez resultaría inexacto, escribir la personalidad del poeta Lizalde copiando lo que dicen los otros de él… a menos de que uno localizara estas figuraciones en ensayos publicados aquí y allá, lo que ya quitaría tiempo al investigador. ¿No es más fácil “buscar” en la Internet que leer un libro completo sobre la poética de Eduardo Lizalde?

 

Imperfección periodística

Con mis artículos, leyendo una buena cantidad de ellos, podría acaso perfilarse algo de mis pensamientos. Pues “buscar” en la Internet cosas para que uno pueda “retratar” a cierta persona no sólo es ocioso, sino improcedente. El propio Tirzo lo supo con esos anómalos hashtags tuiteros con mi apellido; no obstante publicó lo que en ellos encontró: pura vacuidad.

No me disgustó su “perfil”, ni me incomodó. Sólo me confirmó, y se lo agradezco, que las fuentes periodísticas confiables aún no están en las redes sociales. Que las filtraciones son eso: filtraciones, y uno es el que debe encargarse de otorgarles credibilidad. Me hizo Tirzo, por lo demás, sonreír ante su mapa “biográfico”. Porque precisamente cayó en lo que un profesional nunca debe caer: en la superfluidad de su objeto periodístico.

¿Puede alguien definir cómo es un actor de Hollywood si lee lo que escriben sus más de un millón de seguidores? Todas las tonterías que escribe Paulina Rubio en sus tuits no son más que escalofriantes frialdades de una persona exitosa sin concepciones culturales, inmersa, sólo, en sus oscuridades medievales a causa de una visible formación intelectual. Si alguien lee sus interconexiones tuiteras, ¿es posible armar un correcto perfil de su personalidad? En lo absoluto: detectaremos sus vanidades, sus ambiciones, sus codicias… pero no a la Paulina Rubio que uno desearía hallar, digamos, en una novela, con todas sus virtudes y defectos, con sus hipocresías y sus astucias, sus corazonadas y sus bondades. Pero no. Como fluctúan las ahora redes sociales no es posible hacer un trabajo a fondo de investigación si no se recurre a otros factores. ¿Por qué Jorge Tirzo no buscó a Humberto Musacchio  –que habla generosamente de mí–  o a Fedro Carlos Guillén –que me desprecia porque cree que lo censuré en la sección cultural que yo edito en El Financiero, pese a que di públicamente los pormenores de ese caso– para completar su “indagación”?

Su texto me muestra justamente, acaso sin querer, la imperfección periodística a la que recurrimos si nos atenemos sólo a lo que se desprende de la Internet.

Dice Tirzo, en otro momento que me conmovió con hondura (y juro que agradezco con toda el alma su esfuerzo periodístico: ¿qué necesidad tenía si en lugar de ello podía bloguear a gusto con sus amigos?), que cuando me conoció en un curso que di en el Tec de Monterrey, en 2008  –y sí, yo no lo recuerdo, como no recuerdo a todos los participantes en mis talleres–,  escribió en su blog, la misma tarde en que me conoció, que Víctor Roura era un “viejito rockero despeinado, buena onda, relax, contraculturoso…” Ja ja. Eso es, en efecto, lo que se hace en las redes sociales: futilidad, inanidad, fruslería, menudencia. ¿Qué significa “contraculturoso”? ¿Qué es relax?

Yo no me veo  –nunca voy a verme, porque nunca voy a hacerlo: las percepciones a priori las más de las veces son ligeras, anodinas, insustanciales, injustas, incoloras–  escribiendo un blog acerca de mis primeras impresiones de los participantes en mis cursos: “Niña nalgona con cara de Simone de Beauvoir…”, “Chicuelo con ganas de participar en La Academia para ser expulsado a los tres días…”, “Mala onda del cuatro ojos que se cree Einstein…”, “Ganas de ir a la alcoba con la joven escotada en lugar de estar hablando de Steiner…”    ¡Qué horror!

Pero los jóvenes están introducidos  –involucrados–  en las redes sociales (¿quién puede negar esta irrefutable aseveración?) intercambiando textos diminutos (“voy a comer unas patitas de pollo con limón, mmm”, “voy al baño, gatito, cuando salga te escribo…”, “qué flojera el maestro k nos quiere hacer leer a Sicilia y no voy a poder ir a ver a la divina Madonna, k coraje…”). Dicen que es el futuro de la humanidad  –las redes sociales, no Madonna–,  que los periódicos van a desaparecer, que los libros ya no se van a encuadernar sino a enchufar, que los políticos que no aparezcan en la televisión jamás van a ser postulados para la presidencia. Etcétera. Se dicen tantas cosas…

Lo bueno es que yo ya soy un pobre viejito que está a punto de salir de este mundo, inundado de artefactos electrónicos que reducen, cada vez más, las ideas. Porque, a propósito, ¿cuáles serán las mías? ¿Tendré´una, siquiera? (No percibo ninguna en mi “perfil”, lamentablemente). Porque lo actual no es poseer ideas, sino Face. Donde está el futuro. Que pronto nos va a alcanzar. Que está a punto de alcanzarnos. O que ya nos alcanzó y ni cuenta nos hemos dado.

 

Periodista de larga Trayectoria. Editor de la sección de Cultura del periódico El Financiero.

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40 años de Víctor Roura

Por Jorge Tirzo

Publicado originalmente en RMC 132

El periodismo, antes que nada, es una actividad humana. Así lo considera el editor de la sección cultural de El Financiero, al contar cuatro décadas de experiencias periodísticas en el tránsito rumbo a El apogeo de la mezquindad.

En este libro no hay buenos ni malos, aunque abunden periodistas y políticos que obran de forma cuestionable. Roura los expone para que la gente “sepa que el orbe de la información es una constelación de nimiedades, voracidades, injurias, codicias, despechos, miserias, egolatrías, envidias: un espejo de la vida”. Un libro-espejo que escudriña, cuestiona y relata.

Roura, Victor, El apogeo de la mezquindad: Vivencias y decires en el periodismo, Lectorum, México, 2012, 378 p.p.

Resultados de la búsqueda de Víctor Roura

  • Fugaces trazos desde la trinchera digital.
  • El rostro digital del editor de la sección cultural de El Financiero.
  • En un ejercicio de transparencia, el autor intentó recuperar los enlaces originales. Al momento de publicación (20 de octubre de 2012) algunos de ellos ya no funcionaban o estaban inaccesibles.
Resultados de la búsqueda de “Víctor Roura” en Google Imágenes

Por Jorge Tirzo

Publicado originalmente en RMC 131

Víctor Roura escribe. Es periodista desde hace cuarenta años, pero no sólo es periodista. También ha publicado ensayos como Apuntes de rock (Nuevomar, 1985) y La vida del espectador (FMB, 2009). Además es poeta. Ha publicado libros como Madrugada, donde le dice a la mujer: “No sé quién te has creído para hablar con mis palabras”. Víctor Roura es el editor de la sección de cultura de El Financiero… y no contesta. El teléfono suena buscándolo y él no se encuentra. Este perfil debe comenzar con o sin Víctor Roura.

Tal vez él no lo recuerde, pero Víctor Roura fue mi maestro. Para ser más exactos, él fue el titular de un Taller de Periodismo cultural impartido en el Tecnológico de Monterrey, Campus Ciudad de México, en mayo de 2008.  Invitó a Humberto Musacchio, a José Luis Martínez, a Silvina Espinoza de los Monteros, entre otros periodistas culturales.  En ese momento lo describí así en mi blog: “Viejito rockero despeinado, buena onda, relax, contraculturoso y Editor de la sección de Cultura en El Financiero. Cuatro años después, lo suscribo. Aunque ahora que lo pienso, con 56 años no es realmente un “viejito”.

 

***

Algo me llama la atención. En ese momento anoté en mi blog: “[Introduzca aquí una foto de Roura. Nadie se ha molestado en subir su foto a Internet]”.  La cosa ha cambiado. Si uno teclea “Víctor Roura” en la búsqueda de imágenes de Google, aparecen 58,300 resultados: aparece él leyendo un texto ante el micrófono; de joven viendo a la izquierda o a la derecha; con la mano en la barbilla con pose de intelectual; de no-tan-joven ante la foto de Víctor Roura de joven viendo hacia la izquierda…  También salen rostros de personajes que no son Víctor Roura, pero de los cuales él ha escrito o se les ha mencionado juntos: Sale Eduardo Lizalde por un premio que ganaron ambos. Sale Daniel Sada porque Roura presentó un libro en un encuentro de escritores en homenaje a Sada. Sale Virgilio Caballero porque compartió con él la mesa de presentación de un libro escrito por Omar Raúl Martínez. Sale Sealtiel Alatriste porque Roura escribió sobre él una columna titulada “Maquinaria Corruptora”. Sale una fotografía de una mujer desnuda en la playa, porque el bloguero Ponch_101  la utilizó para ilustrar el poema “Madrugada” de Roura.

 

***

Víctor Roura no contesta, pero no importa. Los resultados de Google hablan.  Wikipedia dice que Roura es “escritor, ensayista, editor y periodista de nacionalidad mexicana procedente de Mérida (Yucatán), pero con residencia en la Ciudad de México desde temprana edad”. Que estudió comunicación gráfica en la UNAM. Que comenzó a escribir en 1972. Que ha escrito en Unomásuno, fue de los fundadores de La Jornada  e inició la sección cultural que ahora dirige. Que ha escrito novelas, cuentos y ensayos. Que se ha ganado una entrada en el Diccionario de Escritores en México. Dicho diccionario dice prácticamente lo mismo. Para bien o para mal tanto del Diccionario como de la Wikipedia.

El tercer resultado es una entrevista que redacté yo mismo en julio de 2009 para el sitio Suite 101. En esa ocasión el texto iniciaba diciendo:

Víctor Roura es un gran crítico de la cultura oficial mexicana y los vicios en el periodismo. En entrevista habla sobre sus casi cuatro décadas de trayectoria.

Lo que me preocupa es cómo haré para contar ese “casi” sin poder entrevistarlo ahora en 2012. Varias cosas han cambiado. Por ejemplo, en ese entonces dijo que “meterse con Carlos Monsiváis en México es ponerte la soga al cuello culturalmente”. Hoy Monsiváis está muerto. Humberto Musacchio lo llamó en ese entonces “capitán de empresas periodísticas, siempre paupérrimas, pero con resultados intelectuales altamente apreciables”, según Unas letras.  Ni tan paupérrimas, porque la sección cultural de El Financiero sigue.

 

***

Manual para suicidarse sin dolor

(Eusebio Ruvalcaba)

Para Víctor Roura

Vives cada día y lo llevas hasta sus últimas consecuencias.
Exiges, rabias, perdonas.
Ves envidia, rencor y amargura donde no los hay,
y buena vibra, calidad humana y afecto donde privan porquería y mezquindad.
Por ti matarías a cada hombre que habla con tu compañera,
o a cada idiota que atropella un perro;
un perro antes que un hombre.
Para ti eso es vivir lo cotidiano:
dar ternura cuando no te la piden
y purgar el sufrimiento del mejor amigo.

Este poema para Roura apareció en la desaparecida Unas letras en la sección Andanzas Eusebianas.

 

***

Además de poemas hay elogios para Víctor Roura. Transcribo algunos en el orden en que los arroja Google:

“Uno de los mejores columnistas que he leído, continúo leyendo y seguiré leyendo”: Ramón Martínez de Velasco.

“El trabajo que hacen Roura y su equipo siempre me ha parecido un trabajo profesional y con mucha imaginación”: Ariel Ruiz Mondragón. José Luis Martínez S. (Actualización 19/08/2013: El autor había atribuido erróneamente la cita a Ariel Ruiz. Gracias por su aclaración en el sentido de que él sólo retomó la opinión de José Luis Martínez).

“Callada pero efectivamente, Víctor Roura ha ido forjando una obra que ha puesto a temblar a muchos y ha dicho lo que otros, muy osados en privado, tartamudean o callan en público”: Jorge Meléndez Preciado.

“Podría parecer un apestado en el periodismo cultural pero no. Hay quienes le reconocemos capacidades profesionales inigualables. […] Víctor Roura es necesario en el periodismo mexicano adocenado. Somos iguales pero al parecer él no se quiso dar cuenta. Por eso nuestras vidas paralelas”: Braulio Peralta.

“Habrá que celebrar  –¡Celebraremos!–  esas cuatro décadas de entrega a un periodismo honesto, veraz y ajeno a las ínfimas sectas en que se solazan algunos capos mafiosos, más preocupados por recibir favores del Estado que por la producción y difusión cultural”: Humberto Musacchio.

“Víctor no sólo es un deseoso hombre de cultura, según la versión de García Canclini que reza: ‘Cultura es todo aquello que se agrega a la naturaleza’, sino un ser humano excepcional porque se nutre de las más diversas teorías y saca las conclusiones más cáusticas. Él, empero, ha sido marginado de muchas publicaciones no por sus limitaciones, más bien por su crítica implacable, sin concesiones”: Salvador Mendiola.

 

***

No todo es oda. De los 7,060 resultados que Google tiene indexados con el término “Víctor Roura”, algunos lo critican.  Mario Santiago Papasquiaro dijo en una entrevista con Oscar Enrique Ornelas, periodista de la sección cultural de El Financiero, que “Víctor Roura es una basura (y Musacchio también)”. El poeta infrarrealista, inmortalizado por Roberto Bolaño en el personaje de Ulises Lima en Los detectives salvajes, trabajó un tiempo como colaborador en la misma sección. Hablando sobre su libro Beso eterno, dijo lo siguiente:

“Es un poema premonitorio. Entonces yo vivía en la Pensil. Fue cuando empecé a trabajar en El Financiero. Ahí conocí a Marco (Lara Klahr), a (Víctor) Roura, al Mike… Luego me botaron de ese periódico donde tú trabajas”.

Mario Santiago Papasquiaro arroja 144 mil resultados en una búsqueda en Google. Lo citan revistas literarias, lo mencionan los textos que mencionan a Bolaño, lo llaman “el beatnik mexicano”.

Fedro Carlos Guillén, ex columnista en la sección cultural de El Financiero, publicó en su blog un texto con el siguiente encabezado:

Este artículo se negó a publicarlo Víctor Roura bajo el argumento de que “a nadie le gustaba que le dijeran que trabaja en casa de la chingada” Diosss.

El asunto desató una pequeña polémica en 2008.  Guillén escribió un texto con tres ejemplos de medios que pagan poco y dificultan la cobranza. El texto no salió en la sección cultural de El Financiero  y el que sí salió, pero de ese espacio, fue Guillén.

Rogelio Villarreal, director de la revista  –ahora virtual– Replicante, critica de paso a Roura en un texto que cuestionar principalmente a Humberto Musacchio a propósito de su libro Historia del periodismo cultural en México. Dice Villarreal:

En este recuento [Historia del periodismo cultural…], La Regla Rota (1984-1987) es referida sólo porque en sus páginas publicó alguna vez el autonombrado campeón de la ética Víctor Roura y no por haber ensayado un promiscuo estilo periodístico que invitó a dialogar a la narrativa, la imagen, el humor, la cultura popular y el ensayo académico, fórmula que se renueva en Replicante, la cual, según Musacchio, es una revista fundada en 1995 ¡y no en 2004! que aborda los temas culturales de manera más tradicional.

También critica que Musacchio no haya contemplado a las revistas Notitas Musicales ni Conecte, “lo que viene al caso porque Musacchio sí alude a México Canta, otra vez a propósito de Roura”.  No está documentado que Víctor Roura se haya “autonombrado campeón de la ética”, pero es cierto que es autor de Cultura, ética y prensa, donde critica el quehacer profesional de los medios informativos y la conducta de los periodistas. En sus clases, entrevistas y conferencias, es común que Roura critique la ética periodística de Televisa o personajes encumbrados como Luis Miguel y Carlos Monsiváis.

 

***

Víctor Roura no tiene Twitter ni blog ni página web. William Turner, periodista en CNN México y yo en algún momento intentamos posicionar el hashtag #RouraAl Twitter a manera de broma. Nadie nos hizo caso, pero no importa. Turner alguna vez escribió en su blog:

Me pregunto si el buen Roura alguna vez sentirá esa ansiedad por estar “en vivo” desde cualquier acontecimiento periodístico-cultural. De buena fuente sabemos que él sí disfruta vivir en 1984, mostrando todavía un arraigado escepticismo a las redes sociales tan “efímeras”, como las ha definido.

Recientemente, Roura escribió al respecto en su columna “Viernes o voy”:

Eso del “impacto global” de las redes sociales ha apantallado, sobre todo, a periodistas desprevenidos o volubles que creen que la “salvación” social tiene que provenir de la vox populi, de allí que en cada programa electrónico se pregunte al público qué se debe hacer o qué no se debe hacer (o qué opina o si está en contra) en tal o cual tema (¡me da mucha risa cuando escucho a los comentaristas de futbol pedir la opinión tuitera para saber si el América, o el Barcelona, va a perder cuando va perdiendo a escasos minutos del final del partido!), confiados, los conductores, en que la gente va a resolver tal o cual cuestión. Los milagros de las redes sociales.

Víctor Roura no tiene Twitter pero hay dos Víctor Roura en Twitter. El primero (@VictorRoura) tiene en su timeline algunas entradas como “@andivillagomez tss de hueva twit de regreso a face :D” o “:o ya tengo 13 seguidores”. El segundo (@Victor_Roura) tiene tuits como los que siguen: “En fotos: las sensuales poses de “Arianny Celeste”, exconejita de Playboy!!! http://bitly.com/L7enMH” y “@eosfelipe @Pepegamboa #ElBañoDe LaMuerte jajajaja oie za mamada”. Ninguno de los dos tuiteros tiene descripción, pero algo me dice que ninguno es el editor de cultura de El Financiero.

 

***

El teléfono siguió sonando. No coincidimos con Víctor Roura. Errores técnicos, coincidencias o el destino. Aunque no haga una vida virtual, Internet habla de Roura y viceversa. Amor-odio. Los resultados de la búsqueda de Víctor Roura por ahora terminan en Google.

 

Coordinador Editorial de Revista Mexicana de Comunicación. Profesor del ITESM.

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40 años del periodismo de Víctor Roura

  • “A lo largo de 40 años, Roura nos ha obsequiado un periodismo que vive, que discute, que cuestiona, que consigna, que averigua, que narra, que provoca, que escudriña. No es gratuito que por ello se haya ganado adversarios en el medio periodístico y el entorno cultural”, dice Omar Raúl Martínez.
Fotografía: “Víctor Roura” por Ozami Zarco para RMC

Por Omar  Raúl  Martínez

Hace casi 25 años conocí a Víctor Roura.  Sin chistar aceptó una entrevista para la entonces naciente Revista Mexicana de Comunicación.  Lo referí entonces como uno “de esos pocos periodistas casados fielmente con su pluma y divorciados de toda solemnidad”.

Su cabellera alborotada, su hablar pausado y su vestimenta obscura eran las mismas de hoy.  A la vuelta del tiempo observo que, con este nuevo libro con el que celebra sus 40 años como periodista (El apogeo de la mezquindad. Vivencias y decires en el periodismo) y su trayectoria profesional, sus principios y afanes primigenios siguen siendo parte de él, están ahí: firmes, y no se han trastocado o desfigurado como sí ha llegado a suceder con otros personajes.  Extraigo, por ejemplo, cuatro afirmaciones de aquel encuentro que, percibo, han orientado su andar profesional:

1.- Hay que rebelarse contra la ortodoxia periodística pese a todos los prejuicios y a todas las enemistades  que uno pueda ganarse.

No hay que ser un científico sagaz para sostener que, como se lee en su nueva obra, Roura ha contrariado las estructuras tradicionales de la prensa, lo cual desde luego ha afectado cotos y privilegios.  El primer asomo se dio en el diario unomásuno. Más tarde, en La Jornada  viviría todo tipo de vicisitudes por tratar de estimular dinámicas menos acartonadas y dependientes de la dirección general.  Las horas extras  fue una noble publicación cuya gran calidad no fue suficiente para mantenerla a flote debido a que rompía con los cánones de la prensa convencional.

2. El nuevo periodista no tiene que dejarse seducir por el poder: a uno sólo debe importarle el oficio por las letras.

La fidelidad de Roura a la escritura  –sea periodística o literaria–  es inobjetable.   En las páginas del libro que hoy presentamos es posible consignar que no le han faltado ofertas  para caer en las redes de los poderosos.  Pero ha sido más fuerte su lealtad a sí mismo y a sus letras.

3. Lo que distingue al nuevo periodista es la forma desprejuiciada con que se enfrenta a los hechos y a una imprescindible capacidad para describirlos.

En su tarea como editor y autor, hemos podido constatar esa búsqueda por  ofrecer estampas de la realidad cultural y política que intentan trascender los esquemas anodinos de la información para enfocarse en miradas que no sólo describan y relaten  sino también cuestionen con el dedo en la llaga.

4. Hay gran distancia y enemistad entre el periodismo tradicional y el periodismo que aspira a ser distinto: los divide un puente de grillas, envidias y competencias viles e intereses particulares.

De ello Víctor Roura nos deja plena constancia a lo largo de Apogeo de la mezquindad.  Sin embargo, hemos podido atestiguar que ni las simulaciones ni el sectarismo ni las amenazas ni los insultos ni la mezquindad han mermado su pasión y entrega por el oficio de la palabra escrita.  No lo han silenciado.  Al grado de que, además de ser editor de la sección de cultura de El  Financiero, es un prolífico autor de novela, poesía, cuento y ensayo.

Con este libro, Roura refrenda que es un acucioso lector u observador crítico de la realidad mediática, y particularmente de los periodistas.

Ya nos había dado una muestra  de ello en sus libros Cultura, ética y prensa; y La vida del espectador, pero en esta ocasión va más allá. Porque congrega un equilibrio vital entre testimonios y reflexiones, entre relatos y opiniones, entre datos e interpretaciones. A lo largo de las páginas nos va ofreciendo un caleidoscopio de vivencias y decires que, cual dardos quemantes, dibujan a un segmento del periodismo mexicano.  Aparecen  innumerables personajes, entre intelectuales, cantantes, reporteros , funcionarios de los medios y otros.  Podemos asegurar que Roura es de los pocos periodistas que, más allá de academicismos, han mostrado, escrutado y analizado  –desde el relato y sin ambages–  las pifias de la prensa  y las debilidades éticas de los medios mexicanos.  Ello sin duda  es  significativo habida cuenta el silenciamiento deliberado entre el gremio periodístico  que sólo contribuye al rezago profesional y a la susodicha mezquindad.

Si alguien no conoce quién es Roura, puede acercarse a esta obra para formarse una idea de su personalidad: un espíritu lúcido e inconforme,  que  –dice él–  “ha conocido sucesivamente la amistad, el desconsuelo, la deslealtad, el fervor, el coraje, la traición, el rencor, la envidia, la complementariedad, el amor y su antagonismo”.

A lo largo de 40 años, Roura nos ha obsequiado un periodismo que vive, que discute, que cuestiona, que consigna, que averigua, que narra, que provoca, que escudriña…  No es gratuito que por ello se haya ganado adversarios en el medio periodístico y el entorno cultural.

Él, que confiesa no sentirse orgulloso del gremio periodístico, no pocos lectores  –compañeros de ruta y académicos–  sí  reconocemos su aporte, su quehacer, y nos sentimos orgullosos del periodismo que ha labrado con dedicación y esmero, enmedio de avatares y ninguneos.  Un periodismo que ha apostado por decir las cosas sin medias tintas.  Un periodismo que incomoda con sus señalamientos y develaciones. Un periodismo que, como casi nadie, pretende ser incluyente pese a las exclusiones en otros foros.  Un periodismo sin condiciones que busca hacer comprender  y leer críticamente la realidad.  En suma: decir “Victor Roura” es hoy sinónimo de periodismo cultural incomplaciente, punzante,  que cuestiona y trata de dar significados a la cultura.

Por eso hoy lo celebramos.

Presentación del libro – El apogeo de la mezquindad. Vivencias y decires en el periodismo

Para celebrar los 40 años como

Periodista de Víctor Roura,

Lectorum invita a la

Presentación del libro

El apogeo de la mezquindad.

Vivencias y decires en el periodismo

Comentaristas:

Eusebio Ruvalcaba

Humberto Musacchio

Jenaro Villamil

José Luis Martínez S.

José Reveles

Omar Raúl Martínez

Cita: Viernes 5 de Octubre a las 18: 30 horas en la Librería El Juglar, ubicada en Manuel M. Ponce 233, Colonia Guadalupe Inn.  C.P. 01020, Álvaro Obregón, Distrito Federal Tels.: (55) 5680 4113, 5680 4128

“La ética periodística no se enseña”: Víctor Roura

  • La creencia de que la gente no lee, es falsa, según dijo.
  • Víctor Roura es autor de obras como La vida del espectador y Cultura, ética y prensa.
  • “Nunca va a haber un periodista que no se considere a sí mismo como alguien ético, íntegro”: Víctor Roura

    Fotografía: "Víctor Roura" por Ozami Zarco para RMC

Por Ozami Zarco

La ética en el periodismo y la cultura popular fueron los principales temas de la conferencia de Víctor Roura en el Seminario Manuel Buendía en Periodismo Político, organizado por la UAM Cuajimalpa, la UNAM y la Fundación Manuel Buendía.

“Estamos viviendo una época de grave desilustración. La mayoría de las personas es desilustrada. Esto no significa que no tengan conocimientos, no les interesa conocer más, cultivarse y creo que llegaremos a una especie de primitivismo teconológico. No vamos a debatir las ideas. Vamos a tener, claro, nuestro iPad, nuestros aparatos avanzados, y sin embargo como ídolos adoraremos a Messi y a Lady Gaga. ¿Saben porque a la Edad Medía se le llamó la Edad Oscura? Pues por ser una época donde los hombres no pensaban, solamente estaban interesados en orar, arrodillarse, tener hijos, pelear por dogmas varios y morir. Sobre la creencia de que ´las personas no leen´ debo decir que no es cierta. Las personas leen e incluso gustan de los suplementos culturales, no saben la cantidad de cartas que nos llegan a la redacción de la sección cultural, son muchas, la verdad y no podemos acabar de leerlas todas en un sólo día. Es cierto que la cultura no es algo necesario para ser alguien ético pero, como el dinero y la felicidad, ayuda a ello”, dijo.

Reflexiones en torno a la ética

Para el periodista la ética es un tema muy complejo que necesita encontrar la respuesta en cada uno de nosotros. Para ello destacó el papel de la cultura y la educación.

“La ética no se enseña. No es válido preguntarle  a alguien cómo puede uno tener ética en la prensa porque es algo muy personal. Se puede enseñar quizá lo qué es la moral o, en las ciencias políticas la teoría política. Pero nadie te puede decir si te vas a portar bien o mal. Aristóteles decía que en este mundo hay una sola manera de ser bueno y muchísimas de ser malo”, dijo.

Según Roura quien falla en el cumplimiento de sus promesas no puede ser una persona ética y si un periodista da su palabra de no revelar información no debe de hacerlo, si quiere comportarse éticamente.

“La ética comienza con tu palabra. Si tú no tienes palabra no tienes ética. Yo creo que por ello hay tanto asombro, tanta perplejidad, en las relaciones amorosas. Pero uno no confía en la otra persona y comienzan los problemas de pareja. El maestro Voltaire tiene un personaje llamado Cándido, feliz por saberse cornudo y así no tener que preocuparse de nada, él no podía desconfiar, no podía faltar a su palabra. Yo creo entonces que la falta de palabra es el centro de la problemática en torno a una definición de la ética” dijo.

La ética en la sociedad

La falta de ética no distingue entre estratos sociales ni profesiones señaló el autor de la columna “Viernes o voy”.

“En el medio cultural o artístico no todas las personas son, por decirlo de alguna manera, buenas. Dentro de este medio uno podría creer que las personas cultas pueden ser más proclives a la buena acción, a la generosidad. Pero muchas veces te topas con escritores que son insoportables en el trato personal o se muestran como personas totalmente al servicio del poder. Por ejemplo, Jaime Sabines, ¿qué dijo cuando surgió el movimiento zapatista? Habló con Carlos Salinas de Gortari y le dijo ´Manda matar a esos hijos de la chingada´. Por ello, no por ser un escritor, cantante, poeta o pintor, puede uno ser una persona ética. Yo he conocido a lavacoches honradísimos y escritores corruptos” afirmó.

Para Roura el premio Nobel Octavio Paz tiene una historia oscura que muy pocas personas recuerdan o quieren decir.

“¿Qué es una ética para un pintor, escritor, cantante o un periodista? Octavio Paz, nuestro Nobel, maestro, único. Todos sabemos la historia de la que la gente se enorgullece, él fue el único dignatario en renunciar a un puesto como protesta contra la masacre de 1968 y el sanguinario Díaz Ordaz. Renunció a su embajada de la India pero lo que nadie quiere decir es que siguió cobrando de su puesto en la Secretaría de Relaciones Exteriores, ¿y dónde está la ética?”, dijo.

Aseguró que el verdadero fundador de los suplementos culturales no es Fernando Benítez, sino Juan Reján.

“Se cuenta en los libros de historia que Fernando Benítez fue el pionero en los suplementos culturales en 1949 pero el verdadero pionero fue Juan Reján dos años antes en 1947. ¿Cuál es la causa de este error? Que Benítez tenía trato con políticos y Reján sólo escribía. Fue el presidente Adolfo López Mateos quien dio 100 mil pesos para la fundación del suplemento de Fernando quien, a su vez, acudió con José Pagés Llergo y se repartieron la mitad del dinero. ¿Hay ética en estos comportamientos?” dijo.

Para el autor de los libros Apuntes de Rock y Polvos de la urbe existe una incongruencia entre el comportamiento en papel y realidad de algunas figuras del periodismo mexicano.

“El buen Fisgón, caricaturista de La Jornada, crítico mordaz del régimen priista, recibió un premio de manos de Ernesto Zedillo. Al ser cuestionado, ¿cuál fue su respuesta?, que debía cerciorarse de cercas si sus dibujos sobre Zedillo eran correctos. Al año siguiente el premiado fue Helguera, otro dibujante famoso por sus mordaces críticas, recibía premios del mismo sistema que criticaba. ¿Es válido?, ¿hubo ética en su forma de actuar?” señaló.

El actual editor de la sección cultural de El Financiero denunció que el periodismo de la ciudad de México está, al menos en parte, acostumbrado a recibir una paga extra por sus servicios a manera de soborno.

“Cuando Cuauhtémoc Cárdenas fue Jefe de Gobierno se enfrentó a un enorme problema. Los periodistas de la fuente estaban acostumbrados a recibir su chayote y amenazaron con no decir nada sobre el Jefe de Gobierno si no se les daba su respectivo pago. Y Cárdenas aguantó un rato pero al fin cedió. Por este y otros ejemplos es que cuando alguien me pregunta sobre el periodismo en México confieso sentirme mal de ser considerado periodista. Me siento decepcionado del gremio” dijo.

Para terminar, Roura cuestionó al auditorio sobre el impacto real de la situación artística mexicana del Conaculta.

“¿Qué sucede hoy en día después que nació el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes en 1988 con Carlos Salinas de Gortari a petición de Octavio Paz? Lo único que ha sucedido es que ha crecido la codicia en el ámbito artístico pero las obras, ¿donde están? Están los becarios que se reúnen tres o cuatro veces al año para embriagarse y conocerse y creerse al lado de grandes poetas. ¿Y los libros? Porque el Conaculta no los edita, te da dinero para ello. Pero yo pregunto ¿ha surgido algún artista de las becas que otorga el Conaculta? Ni uno solo”, aseguró.

La próxima sesión del Seminario Manuel Buendía en Periodismo Político se realizará el día jueves 3 de mayo del 2012 a las 5 de la tarde. Entrada Libre.

Semillas para un periodismo ético

  • Omar Raúl Martínez presentó su más reciente libro en el Club de Periodistas de México.
  • Miguel Ángel Granados Chapa, Víctor Roura, Virgilio Caballero y Darío Ramírez conversaron sobre la obra.
  • Semillas de periodismo “trata de recoger y verter semillas de autores que han hecho posible la utopía”, aseguró el autor.

Por Ana Lilia Rodríguez Olvera

La preocupación por hacer un mejor periodismo, la idea de que no todo está perdido en los medios subyugados por la filosofía de mercado, y la importancia que tiene la ética en una de las profesiones más nobles, fueron los temas tocados el pasado 24 de febrero durante la presentación del libro Semillas de Periodismo del periodista e investigador mexicano Omar Raúl Martínez, presidente de la Fundación Manuel Buendía y director de la Revista Mexicana de Comunicación.

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De la prensa contemporánea

Breve glosa

Victor Roura
Periodista. Editor de la sección cultural de El Financiero

Dardos, sentencias y aforismos en los que aflora una mirada punzante en torno los practicantes del periodismo mexicano.

1.- La prensa nacional, de manera osadamente desproporcionada, se hace sin periodistas.

2. El periodismo es ejercido en numerosas ocasiones por vivales que portan una credencial que los acredita como representantes de la prensa nacional.

3. Periodista rima –astucias del lenguaje o acomodamientos del ser naturales– con oportunista.

4. Hay quienes quieren ser periodistas renombrados para poder tener acceso a la generosidad de los políticos.

5. Periodista rima también –simbologías parabólicas del lenguaje o asentamientos espontáneos de los principios íntimos– con priista, panista o perredista.

6. Ser periodista es estar en medio de la muerte y la diversión.

7. Periodismo rima –asombros del lenguaje o coincidencias periódicas (¿paródicas?) del propio ejercicio desarrollado– con capitalismo, socialismo y, gulp, fascismo.

8. Y pensar que hay quienes se hacen periodistas sólo para conseguir el autógrafo de la inane artista escultural de la televisión.

9. Hay periodistas que piensan y otros que prensan.

10. Periodismo rima también –elasticidades del lenguaje o elípticas condiciones sociales de acuerdo a los rangos jerárquicos del oficio– con atletismo, ciclismo y automovilismo.

11. Hay dos tipos de periodistas: el subjetivo y el ojetivo.

12. Periodismo rima –articulaciones flagrantes del lenguaje o pasividad del empleo informativo–  con amarillismo.

13. Hay periodistas que centran su estética laboral en los amplios e irreflexivos dominios del boletín oficial.

14. Periodista rima –vericuetos fantasmales del lenguaje o teología prístina de las funciones sociales– con exorcista.

15. Hay dos opinadores en la prensa nacional: los articulistas y los articuleros.

16. Prensa rima –cuestiones sustantivas del lenguaje o estados alterados del oficio informativo–  con densa y tensa.

17. Ahora los futbolistas se convierten, apenas abandonan el deporte de los goles, en críticos periodistas, sin haber tenido previamente conocimiento de la crítica ni del periodismo.

18. Periodista rima –gracejadas del lenguaje o ironías propias de la apuntalada cotidianidad–, ja, con fisicoculturista. Y también con artista, que son los menos.

19. Hay periodistas que se ahogan en sus lodosas y procelosas informaciones.

20. Las armas del periodista son su escritura y su lenguaje, disperso uno de la otra conforman la medianía profesional.

21. Hay ricas periodistas y periodistas ricas.

22. Periodismo rima –temblores provocados por el lenguaje o poderío consustanciado al empresariado mediático– con sismo.

23. Hay periodistas que no saben lo que son hasta que un político se los confirma al estrecharles poderosamente la mano.

24. Hay pobres periodistas y periodistas pobres.

25. Periodismo rima  –por circunstancias acéfalas del lenguaje o por métodos convencionales televisivos–  con jodismo.

26. Ciertamente, no siempre la prensa se lleva bien con sus periodistas.

27. En efecto, periodistas y periodismo no significan necesariamente prensa.

28. El periodista dista de ser un equidistante (¿equis distante?) pasajero transitorio de la vida equilibrada.

29. Hay políticos que ya no circulan en la política que se hacen periodistas pensando que van a caer en las mismas redes de corrupción que en la política. Y a veces aciertan.

30. Hay periodistas en la red y periodistas que cazan con red.

31. Hay periodistas consumidos por el alcohol y alcohólicos consumidos por el periodismo.

32. Si el sol puede ser tapado con un dedo, ¿por qué no habría de omitirse una noticia que no convenga a los intereses de los directivos de un diario?

33. Periodismo rima –nimiedades sonoras del lenguaje o apoteosis del comportamiento humano– con vandalismo, si se actúa en complicidad aleatoria, y bandalismo, si se hace de acuerdo a una mafia (una secta, un círculo reducido, una banda apoltronada en la cúpula informativa).

34. Prensa autoritaria, que puede caber incluso en las salas progresistas de redacción: “Puedo no estar de acuerdo con tu opinión; pero, por lo mismo, no dejaré contravoltaireanamente que te expreses nunca en libertad”.

35. “Si ves un adjetivo, mátalo”, según una regla periodística de Mark Twain. Ahora las cosas son distintas: “Si ves un matón, adjetívalo”. Quizás.

36. Las listas negras no sólo brillaron durante el nazismo; hoy, hasta el más ufano periodista democratizado utiliza a discreción dicho infalible método.

37. Prensa rima –coquetería simbiótica del lenguaje o inclinaciones particulares del porvenir genético– con trenza.

38. No sé quién miente más: si un literato o un periodista.

39. Son oficios similares, mas uno es altivo y el otro humilde. Literatura y prensa. Pero a veces se amasan. Y el que debiera ser humilde se convierte en altivo y al revés. Y ambos caminan entre la veracidad y la quimera.

40. La prensa, ese olvido de la literatura. La literatura, ese prontuario de la realidad imaginaria.

41. Evolución de la prensa: bloque informativo: block escritural: blog innocuo.

42. Periodista rima –álgebra del lenguaje o síntoma de la desilustración masiva– con modista.

43. Como las trascendentes decisiones políticas, también la prensa va siendo cada vez más controlada por el empresariado nacional.

44. Los periodistas son maniatados por los mismos periodistas.

45. Y el maestro sentenció: “Quien no haya callado una información, que arroje la primera piedra”. Y los periodistas, nerviosos, se miraron turbados y recelosos.

46. La cicatería periodística es igual de dañina que la perversión política.

47. El periodista tomó asiento para esperar en vano la visita ansiada de la lucidez.

48. Lo que nadie supo era que el periodista supuestamente probo le había robado a esta noble palabra cuatro letras: dos o, la i y la s, con las cuales estaba escrita su arrogancia originaria: “Oprobioso”.

49. En su vecindario nadie sabía que era periodista hasta que lo mataron.

50. Decían que escribía con la espada desenvainada, pobre simulador errado e ínfimo de las cortes principescas.

El siguiente es un ejemplo de cómo debe de citar este artículo:

Roura, Víctor, “De la prensa contemporánea”, en
Revista Mexicana de Comunicación Num 118, México septiembre/octubre 2009