RMC es una publicación del Departamento de Ciencias de la Comunicación - Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Cuajimalpa

¿Qué es un reportaje de investigación?

  • Orígenes e historia de este género periodístico
  • ¿Sabes qué lo caracteriza y cómo se elabora uno? Entérate en este video.
  • Material realizado en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UANL con la participación del (+)Mtro. Silvino Jaramillo Osorio(+) y el Dr. José Luis Esquivel Hernández.

El periodismo después del periodismo

¿Y si ya no es periódico ni digital?

“El periodismo que nació episódico y fragmentario, ahora se vuelve un continuum informativo en donde los tiempos cortos conviven con los largos. Es pasar de la lógica de la publicación periódica (el periódico, el noticiario) hacia plataformas informativas que conjuguen lo permanente con lo inmediato.”

FOTO: MARÍA JOSÉ MARTÍNEZ /CUARTOSCURO.COM

Por Jorge Tirzo

El periodismo ha cambiado, y mucho. Su nombre aludía a la periodicidad con la que era publicado (el diario, el semanario), porque esos eran los ciclos del periodismo industrial propios de la galaxia Gutenberg. La era digital (esa galaxia Internet) nos ha cambiado los ritmos. Por un lado, herramientas y flujos en tiempo real hacen necesario un periodismo en vivo. Ya no periódico, sino cuando ocurra, mientras ocurra, después de que ocurra. Siempre. Lo periódico se vuelve inmediato. Por el otro lado, los tiempos largos y la posibilidad de construir plataformas informativas permiten hacer coberturas y proyectos de largo (larguísimo) aliento: crónicas y reportajes multimedia, plataformas periodísticas, redes de información, bases de datos interactivos. Lo periódico se vuelve permanente. El periodismo que nació episódico y fragmentario, ahora se vuelve un continuum informativo en donde los tiempos cortos conviven con los largos. Es pasar de la lógica de la publicación periódica (el periódico, el noticiario) hacia plataformas informativas que conjuguen lo permanente con lo inmediato.
No se trata sólo de cambiarle el nombre a una actividad humana que sigue teniendo principios fundamentales inamovibles (la verificación de datos, el fair play, la responsabilidad con las fuentes, la libertad de expresión, etcétera), es más bien un ejercicio de reflexión sobre las dinámicas comunicativas que el periodismo necesita desarrollar para sus nuevos lectores y productores. Pensar un periodismo más allá de lo periódico es una oportunidad para concebir la información de una manera más acorde a los nuevos flujos sociales e informativos. Basta con asomarse a Facebook para mirar cómo se construyen las experiencias comunicativas del siglo XXI: No es una publicación fija y periódica, como en su tiempo fueron las revistas, los anuarios o los álbumes de fotos; tampoco es ordenada por editores, ni los colaboradores son fijos. Se trata de una plataforma de contenidos, basada en relaciones, interactiva, donde los productores son a la vez consumidores. Un flujo incesante de socializaciones llenas de sentido. Si el periodismo se queda fijo y periódico, dejará de ser significativo para los ciberusuarios. El periodismo después del periodismo debe entender la nueva dinámica comunicativa y apropiársela no sólo en la distribución de contenidos, sino también en la planeación, investigación, realización y retroalimentación de los mismos.

Cuando el periodismo era periódico y de periódicos

En español, nuestro oficio recibe el nombre de los ciclos de producción informativa. Un periodista es aquel que elabora información periódicamente, es decir, bajo ritmos fijos habituales de la profesión. La palabra “periodismo” data de mediados del siglo XVIII y, a diferencia de otros idiomas, en el español se impone sobre el término “diarismo” (López de Zuazo, 1995). En la mayoría de las lenguas el nombre del oficio no alude a la periodicidad de forma genérica, sino que hace énfasis específicamente al ciclo diario. Así es como el journalism, en inglés, es un oficio que designa al “diarista”, al que publica información cada jornada. Lo mismo pasa en un buen número de idiomas, como lo prueban los vocablos journalisme, en francés, jornalismo, en portugués, giornalismo, en italiano, journalismus, en alemán, zhurnalistika, en ruso, etcétera. De cualquier forma, todos estos vocablos aluden al ciclo de producción y no al contenido de lo producido.
Si nos ponemos exigentes, una buena cantidad de oficios también son periódicos y no son llamados “periodismos”. Los docentes (“los que enseñan”) suelen trabajar dando clases periódicamente, muchos incluso de forma diaria. Los cocineros (“los que cocinan”) habitualmente producen diariamente, e incluso tienen varios menús que preparar cada jornada. De una u otra forma, muchos oficios tienen ciclos reiterados que no les dan nombre porque tal periodicidad no es fundamental para su labor. Los docentes pueden enseñar en ritmos muy disímiles y los cocineros pueden hacerlo de forma habitual o no. Los periodistas solíamos estar regidos por la periodicidad de una forma tan fuerte que ameritó que el oficio tomara ese nombre. Actualmente, la lógica comunicativa de la información se diversificó tanto que el periodismo ya no es necesariamente periódico. Es más, muchas veces el mejor periodismo es justamente el que no es periódico ni estuvo en el periódico.

El fin de los deadlines y los límites de caracteres

Los límites físicos de los medios tradicionales condicionaban la forma del periodismo de forma altamente restrictiva. Los textos debían tener cierto número de caracteres (o minutos en el caso de la radio y la TV) y debían entregarse a cierta hora del día para que se procesaran para ser publicados. Si había errores o información emergente, no había forma de incorporarla después (a lo mucho en una fe de erratas). El periódico, o el noticiario, se escribía todos los días como un producto nuevo. El contenido periodístico estaba subordinado a la forma de operar de los medios. Pero, ¿qué posibilidades se abren cuando se puede publicar de inmediato, sin límite de espacio y con la facilidad de corregir o actualizar con nueva información?
El periodismo tradicional no suele hacer todavía mucho uso de tales características propias de la red. Los periódicos digitales siguen teniendo deadlines de publicación, muchas veces subordinados a las ediciones impresas. Si una nota informativa se publica con errores en el online, lo más probable es que se quede así por el resto de los tiempos en vez de corregirlo. Si después de publicar una nota hay más información, lo más frecuente es que se publique una nueva nota, dejando la otra también en línea, con información incompleta o inexacta. Si se publica un error, la inercia del modelo tradicional lleva a que se cometan absurdos como borrar la nota online (lo que suele venir de críticas acompañadas de capturas de pantalla donde el error sigue evidente). Ese tipo de errores eran aceptables bajo el supuesto de que la edición matutina de un periódico sólo se publicaría una vez en la vida y luego ya no se podría añadir o quitar nada. El lenguaje digital permite perfectamente esos cambios. No hay excusas para dejar errores publicados en el periodismo digital.
Los primeros cambios en el contenido periodístico, debido a la libertad de la forma, ya se están viendo. En buena medida (aunque no la única), el llamado “boom de la crónica latinoamericana” es posible gracias a que ya no es problema la proliferación de textos extensos. Hasta hace pocos años, los géneros extensos como la crónica y el reportaje, sufrían una crisis de exposición debido a que los periódicos no les daban espacio o lo hacían de una forma muy esporádica. La televisión lo hace aún más evidente, pues rara vez publica videos periodísticos extensos, sino que se enfoca a notas breves descontextualizadas. En cambio, la proliferación de revistas, blogs, sitios web y otros medios digitales dedicados a la crónica le ha abierto un renovado espacio a este género. Ejemplo de ello son medios como Radio Ambulante, Revista Anfibia, ProDaVinci, Replicante, etcétera. Sus textos suelen ser muy extensos, dando a los autores la posibilidad de explayarse en análisis, historias y explicaciones complejas.
Los ebooks periodísticos de la editorial eCícero son el ejemplo extremo. Los textos narrativos periodísticos son pocas veces imprimidos por editoriales tradicionales, pues son muy extensos, difíciles de producir y tienen pocos lectores. Los bajos costes de producción y distribución que tienen los libros electrónicos permiten fácilmente publicar este tipo de investigaciones al precio de un café. Aunque también hay aspectos sociopolíticos que han influido en este boom, es innegable que la libertad de espacio es un factor que ha jugado a su favor. Ahora podemos hacer periodismo desde los 140 caracteres, hasta los 140 millones, si es necesario.
Yendo más allá, los usos extremos del lenguaje digital (como la Wikipedia, el difunto Google Wave o hasta el popular Dropbox) apuntan a procesos dinámicos y complejos de lectoescritura colaborativa. Ni siquiera son una posibilidad lejana, sino una realidad empírica que muchos grupos sociales ya están ocupando de forma orgánica. Empresas completas usan herramientas para compartir documentos, como Dropbox o Google Drive, para evitar la duplicidad de un archivo. Por ejemplo, se puede elaborar una hoja de cálculo con los ingresos y egresos de una empresa. En vez de enviar una versión distinta cada día, se puede actualizar un sólo archivo en la nube con los datos de cada nuevo día; todo esto desde distintos lugares, por distintas personas y en diferentes dispositivos.
¿Y eso cómo puede servirle al periodismo? Hagamos un ejercicio de imaginación y pensemos en una nota informativa escrita en tiempo real de forma colaborativa en una herramienta similar a Google Docs. Desde su teléfono, un reportero en el lugar de los hechos podría iniciar la redacción, añadir fotos, video, audio; mientras tanto, un editor en la redacción puede añadir contexto, vincular a piezas relacionadas, verificar datos, corregirlas, etcétera. Los lectores podrían participar añadiendo comentarios, opiniones, informaciones complementarias, desmentidos, etcétera. Si surgiera un dato inexacto, simplemente bastaría con corregirlo por uno más certero. A medida que el tema evoluciona, los diferentes sucesos podrían ser incorpo-
rados dentro de la misma página, o hipervinculados si ameritan una discusión distinta. Un periodismo más parecido, en la forma, a la Wikipedia que a las páginas de un periódico. Las posibilidades técnicas ya permiten la elaboración de periodismo participativo más allá de la lógica de los deadlines y el límite de caracteres. Falta que las prácticas de producción aprovechen esas potencialidades para generar un cambio en la forma que lleve a un mejor contenido.

Cuando el “inmediatismo”  se vuelve “permanentismo”

Lo que llamo “inmediatismo” se trata probablemente del periodismo digital más evidente y popular actualmente. Su ejem-plo más directo es la simbiosis que ha tenido Twitter con los medios informativos. Incluso es la dinámica que más detractores y más prejuicios ha generado. Muchos periodistas y críticos de los medios identifican el periodismo digital casi exclusivamente con el periodismo de “minuto por minuto”, la cobertura en vivo y los 140 caracteres. Las críticas principales van encaminadas a decir que la presión, la necesidad de rapidez y los pocos caracteres para expresarse están permeando la calidad del periodismo.
Lo que muchas veces se olvida es que el periodismo en breve y en tiempo real no es nada nuevo. La radio lo ha hecho desde sus inicios, la televisión hace despliegues gigantescos de coberturas en vivo de forma cotidiana, y los periódicos se han aprovechado de ello desde el telegrama, pasando por el telex y los cables de agencias. Si se puede hacer periodismo en tiempo real digno en radio, también es posible en Periscope. Si las agencias noticiosas han hecho trabajos excepcionales desde los tiempos de la clave Morse, también se pueden hacer en la era Twitter. No es la herramienta, sino la preparación y el trabajo previo necesario en toda cobertura en vivo.
El gran cambio está en que las nuevas coberturas en vivo no son unidireccionales y, al menos potencialmente, nunca terminan. Pongamos el ejemplo hipotético de la cobertura de una manifestación en Twitter. Los periodistas pueden utilizar dicha plataforma para publicar imágenes y reportes, como si se tratara de información para la radio o televisión. Pero, simultáneamente, habrá otros usuarios, no siempre desinteresados, que publiquen su propia información: activistas que quieran visibilizar sus peticiones, opositores que quieran desviar la atención a través de bots o mensajes falsos, gobiernos que quieran reivindicar o neutralizar la protesta, periodistas ciudadanos o amateur que quieran dar enfoques distintos a los medios hegemónicos, etcétera. El gran reto de este tipo de periodismo es darle orden, jerarquía y balance informativo a la red de informaciones que se van generando en tiempo real. La responsabilidad de los medios periodísticos ya no es sólo producir información en tiempo real, sino también recuperar la información generada por los demás, filtrarla, curarla y presentarla de una manera balanceada.
¿Y qué pasa cuando termina la marcha? Twitter, Instagram, Facebook y demás plataformas estarán llenas de videos, reportes, crónicas, opiniones. El periodismo tiene el deber de incorporar todo eso a la narrativa sobre la protesta, de manera ordenada, verificada y curada. La nueva labor periodística no termina cuando acaba la marcha –como de hecho nunca ha debido hacerse– sino que se extiende al seguimiento de los contenidos publicados en redes (y fuera de ellas). Lo periódico se vuelve una labor permanente de seguimiento, filtro y ordenación.
¿Y cómo darle seguimiento a los temas? ¿Dónde publicar tanta información generada? ¿Cuándo acabar una cobertura? Parecen preguntas abrumadoras, al menos para los medios tradicionales. Los periódicos acostumbrados a las secciones, las fuentes y las publicaciones periódicas tienen muy difícil la labor de procesar las coberturas a largo plazo. Sin embargo, otro tipo de medios digitales más pequeños, pero más flexibles, pueden adoptar este tipo de periodismo de forma eficiente. Imaginemos que un medio digital solamente se enfoca en la cobertura del medio ambiente. Las curadurías, informes en tiempo real, bases de datos y demás, pueden seguir infinitamente en stand by, esperando a ser actualizadas cuando ocurra algo nuevo.
Los nuevos periodistas deben ser expertos en sus áreas y saber actualizar la información. Antes no podía corregirse o actualizar una información publicada. Lo que se imprimía quedaba así, perpetuamente. Pensemos en la diferencia entre una enciclopedia impresa y una digital. Si se encuentra un error en un libro impreso, es incorregible; en una plataforma digital la corrección está a un clic de distancia. Casos como la Wikipedia llevan esta lógica de la corrección a una nueva dimensión, al volverlo un proceso colaborativo. Probablemente haya muchos errores en la Wikipedia, pero también hay muchos colaboradores corrigiéndolos y construyendo nuevas entradas. El periodismo tiene mucho que aprender de esa dinámica. Así como los moderadores de las wikis son fundamentales para evitar abusos y errores, los periodistas deben asumirse como moderadores informativos para evitar abusos y errores de sus comunidades de contenidos.
Aceptémoslo, el periodismo ya no es periódico. O por lo menos ya no necesariamente es así. Ejemplos como el boom de la crónica o plataformas multimedia informativas son, incluso, prueba de que se puede hacer gran periodismo fuera de la lógica industrial periódica. De la lógica de la producción en serie a la del diseño especializado. Del periodismo estilo McDonalds a uno parecido al arte-objeto.

Periodismo posdigital

El segundo gran cambio está en la noción de “lo digital”. Hasta hace unas décadas veíamos a las computadoras y a Internet como entidades raras, ajenas de la vida cotidiana, con la promesa de que algún día serían el futuro.
Había momentos online y offline bien diferenciados. Se hablaba de “realidad virtual” como algo alterno, casi como una vía de escape. El sonido de los primitivos módems marcaba un antes y un después de “conectarse” y “desconectarse” de Internet.
En ese contexto es que nacieron los conceptos de “periodismo digital”, “periodismo electrónico”, “periodismo asistido por computadora”, “ciberperiodismo”, etcétera. Con sus matices, todos apuntan a la idea de acercar al periodismo a la “nueva” realidad que surgía. Al periodismo, que no nació digital, había que dotarlo de digitalidad.
La convergencia mediática (en sus dimensiones económica, tecnológica y social) ha hecho que “lo digital” sea un elemento orgánico e indisociable del periodismo contemporáneo. ¿Cuántos periódicos, incluso de papel, se hacen sin emplear elementos digitales? ¿Cuántos diseñadores editoriales no emplean software como InDesign o Photoshop en el proceso de producción impresa? ¿Cuántas estaciones de radio o estaciones de televisión funcionan sin lo digital? ¿Qué diferencias existen entre los sitios web de una estación de radio, un canal de televisión y un periódico impreso? ¿Cuántos reporteros producen información de forma totalmente analógica? ¿Cuántos lectores se informan sin ningún tipo de mediación digital?
Lo digital deja de ser un rasgo distintivo para permear todos los aspectos del periodismo e incluso de la vida. Ya en 1998, Nicolás Negroponte apuntaba el fin de la época en que nos maravillaba lo digital como algo novedoso, como posibilidad (Negroponte, 1998). Lo digital se ha cotidianizado
y, de una u otra forma, atraviesa nuestra forma de interactuar, relacionarnos, escribir o leer; o por lo menos esa es la tendencia (Tinworth, 2012). A eso es lo que apunta la noción de lo “posdigital”, en general, aplicable perfectamente al periodismo en tanto que es una actividad que ha asimilado la digitalización de una forma activa. Todo periodismo es ya digital aunque no se lo pretenda.
Claro que tal afirmación teórica debe ser matizada por la realidad empírica. La brecha digital de regiones como América Latina, hace evidente que para grandes sectores poblacionales lo digital sigue siendo esa maravilla (o pesadilla), lo que para la clase media urbana ocurrió hace décadas. Por poner un ejemplo, las escuelas rurales de Chiapas muchas veces carecen de infraestructura básica, por lo que es difícil sostener que en esos contextos el lenguaje digital sea algo cotidiano. También hay que tomar en cuenta que hay grupos que, aún teniendo acceso a lo digital, han decidido tomar distancia por una decisión ideológica, por prejuicio, por ignorancia o por una combinación de todas las anteriores. En el periodismo mexicano se encuentran bastantes casos de este tipo de periodistas, redacciones o grupos reaccionarios ante los cambios tecnológicos y los ritmos de publicación.
Sin embargo, la tendencia generalizada del periodismo es la posdigitalización. Incluso los proyectos pensados expresamente como medios impresos, son pensados en función de la dinámica de la era digital. Si se opta sólo por imprimir es como respuesta a los productos digitales ya normalizados. Parece que la situación se invirtió. Antes, imprimir era la norma y lo digital era la alternativa. Ahora, los medios que sólo son impresos son vistos como alternativas, debido a que la idea hegemónica de la dinámica comunicativa se ha construido en torno a lo digital. Mientras tanto, la brecha digital tiende a cerrarse, aunque en nuestros países latinoamericanos el ritmo sea mucho más lento que en los europeos. Aún así, como lo apunta James Breiner, ya hay más mexicanos con acceso a Facebook que lectores de periódicos impresos (Breiner, 2011). Tal comparación no pretende equiparar los contenidos de ambas plataformas, sino evidenciar que lo digital es ya un modo de vida habitual para muchas más personas, con todo y la inevitable brecha digital. Dicho de otra forma, lo posdigital es evidente en tanto que la brecha digital se va cerrando, mientras que la brecha del papel se va profundizando.

Entonces, ¿cómo llamarlo?

Si el periodismo ya no es periódico y lo digital ya no es un factor de diferenciación, entonces, ¿qué nombre le ponemos a esto que conocíamos como periodismo digital? Puede verse como una pregunta ociosa, tomando en cuenta que los seres humanos todo el tiempo cambiamos de significados sin actualizar el significante cada que lo hacemos. Ejemplos abundan: La democracia griega no es igual a la de la revolución francesa, como tampoco son iguales a las democracias latinoamericanas contemporáneas. Y, sin embargo, todas comparten el mismo significante de la palabra “democracia”. Ese es justamente el nivel de cambio que ha experimentado nuestra disciplina. Aunque le seguimos llamando igual al significante, su significado es profundamente distinto. Tanto, que no me sorprendería que el lenguaje comenzara a transformarse para llamarle de forma distinta a nuestra profesión. De hecho, hay significantes que han surgido y habrá que ver qué repercusiones tienen en el futuro.
El surgimiento de las ciencias de la comunicación en el siglo XX trajo consigo también la formación de “comunicadores” y “comunicólogos”. La proliferación de plataformas de construcción y mantenimiento de redes sociales ha traído a las redacciones periodísticas la figura del
community manager. La necesidad de filtrar y ordenar las publicaciones digitales ha hecho necesaria la discusión sobre los “curadores de contenidos”. El éxito de estima de géneros como la crónica y el reportaje ha traído consigo la figura de los “escritores de no-ficción”. En todos estos términos hay elementos del “periodismo”, y otros que no lo son. Hay comunicadores que hacen labores periodísticas, y otros que solamente desempeñan figuras de entretenimiento. Hay community managers que son excelentes periodistas, y otros que se desempeñan en ámbitos más cercanos a la mercadotecnia. Hay textos de no-ficción que son grandes piezas periodísticas, y otros que solamente son cercanos a la literatura. Con todo y los cambios, sigue habiendo una “periodismidad” (sic) que nos hace seguir llamándole periodismo a nuestro oficio.
Lo importante en este caso no es inventar una nueva palabra, sino comprender los procesos de cambio profundo que se están dando frente a nosotros. Ante ellos hay dos propuestas de periodismos posibles: el periodismo posindustrial y el posperiodismo.

¿Periodismo posindustrial?

En el 2012 el Tow Center for Digital Journalism publicó el ensayo/estudio-cuantitativo titulado Periodismo postindustrial: adaptación al presente (Anderson, Bell y Shirky, 2013). Sus autores aplicaron una encuesta a periodistas de todo el mundo para realizar una radiografía de la prensa y sus transformaciones. Las conclusiones fueron que el modelo de negocios, eso que tanto preocupa a muchos medios, es solo la punta del iceberg en la serie de cambios que se están dando, sobre todo del lado de lo que antes llamábamos audiencia. En vez de lectores pasivos, nuestros intermediarios ahora son activos, muchas veces más activos que los propios periodistas. Más que lectores, son usuarios, editores, curadores, prosumidores. El reto está en dialogar con ellos y no romper relaciones.
Ante este escenario, los autores aseguran que el periodismo industrial se sostiene de inercias que, en algunos casos, ya terminaron, y, en otros, están por hacerlo. El periodismo que viene después, el periodismo posindustrial, ya no es el de las grandes organizaciones mediáticas, sino un ecosistema más complejo donde conviven medios de distintos tamaños con productores de información profesionales, ocasionales, amateurs, bajo cobro, voluntarios, etcétera.

La producción de noticias ha pasado de ser una serie de puestos de trabajo a un conjunto de actividades; siempre habrá un núcleo de profesionales a tiempo completo, pero también habrá cada vez más participación de trabajadores a tiempo parcial, a menudo como voluntarios, y las distribuirá gente que se concentrará menos en cuestionar qué es noticia y qué no lo es que en preguntas como ‘¿Les gustará esto a mis amigos o seguidores?’. La creciente superposición y la colaboración entre trabajadores a tiempo completo y parcial y entre los empleados y los voluntarios será un desafío central a lo largo de la década.
Este será un mundo en el que los mayores cambios se habrán producido no en las funciones de los periodistas a tiempo completo, sino del público; donde el consumo privado atomizado y la discusión en pequeños grupos habrán dado paso a una explosión de formas alternativas de compartir, comentar e incluso contribuir a la construcción o producción de las noticias (Anderson, Bell y Shirky, 2013).

El estudio termina con una serie de recomendaciones para los medios tradicionales:

Decida qué porción de las noticias desea cubrir y cómo. Salga de cualquier actividad que no contribuya a esos objetivos. Busque alianzas o colaboraciones con otras organizaciones que promuevan estos objetivos a un coste menor de lo que costaría en casa. Trabaje para hacer que el resto de actividades sean excelentes o baratas (o, idealmente, las dos cosas) (Anderson, Bell y Shirky, 2013).

Y otros tantos para los nuevos medios:

Las nuevas organizaciones de noticias tendrán que hacer todo lo que hacen las organizaciones tradicionales en términos de dominar los equilibrios entre velocidad y profundidad, entre agregación y creación, o entre creación en solitario y búsqueda de socios. Pero en general será más fácil para las nuevas organizaciones entender y gestionar estos equilibrios, simplemente porque los empleados individuales no tienen que desaprender presuposiciones anteriores para adaptarse a las realidades presentes. Como siempre, la ventaja de que tienen las organizaciones y las personas jóvenes sobre las mayores no es que sepan másb no saben más. La ventaja es que saben menos cosas que ya no son ciertas (Anderson, Bell y Shirky, 2013).

La apuesta es por medios más pequeños, enfocados, con colaboradores fijos y otros externos, que combinen la agregación con la generación de contenido, que no pretendan hacerlo todo ellos, sino que externalicen. En palabras de Jeff Jarvis: “Haz lo que hagas mejor y enlaza al resto” (Marshall, 2013).

¿Posperiodismo?

La otra propuesta conceptual no sólo apuesta a un periodismo después de la era industrial, también hace énfasis en el periodismo después del propio periodismo. Uno de sus promotores, el periodista Bernardo Gutiérrez, asegura que no se trata de que el periodismo vaya a terminarse, como se ha discutido al hablar del fin de los periódicos impresos: “Nos encontramos ante una mutación semántica. La definición clásica de periodismo ya no sirve. Tal vez sobreviva, enriquecida, en una nueva definición de ‘posperiodismo’. Un redefinición que describe otra realidad, otra práctica, otros hábitos” (Gutiérrez, 2012).
En congruencia con sus ideas, Gutiérrez elaboró un Manifiesto posperiodístico en una wiki colgada en PiratePad. Algunas de sus ideas principales son que la información se vuelve un proceso compartido; la definición de contenidos se amplía; el posperiodista se confunde
con un curador; el posperiodismo se entiende como una estructura de código abierto en constante cambio; la noticia deja de ser el elemento básico para darle paso al flujo; la información deja de verse como un producto para formar una comunidad; el posperiodismo se vuelve un dotador de sentido a hechos conocidos, y la importancia de la
circulación así como de lo compartido. Destaco la idea de la curaduría de contenidos y de los flujos como elementos centrales:

El posperiodista se confunde con un curator (comisario). Seleccionar el contenido relevante en la infoesfera de la sobreabundancia será una de sus principales tareas. Filtrar contenido será una de las labores del posperiodista. […] La noticia –que no desaparecerá– deja de ser la unidad básica del posperiodismo. El flujo, un constante fluir de hechos, datos y declaraciones, pasa a ser la columna vertebral del posperiodismo. El fragmento pasa a ser la unidad mínima informativa. La información se convierte en un río compartido que incorpora fragmentos distribuidos elaborados por periodistas y lectores. El río convivirá con una estructura informativa descentralizada (archivo en beta) inspirada en la Wikipedia. Algunos, camino insinuado por la P2P Foundation, preferirán añadir información al wikicuerpo de su marca que al río de flujos (Gutiérrez, 2012).

Otro de los periodistas que han ocupado el concepto de posperiodismo es Roberto Guareschi, uno de los creadores del sitio web del diario El Clarín. Él pone énfasis en el carácter interactivo del posperiodismo. Nuevamente se trata de un cambio en las audiencias anteriores. El rol del posperiodista es gestionar los flujos que ya están generando los usuarios (lectores, políticos, empresas, otros medios) y darles sentido en una dinámica de participación.

El postperiodismo es el periodismo que va a suplantar al actual. La aparición de la interactividad otorga la posibilidad de que usuarios, lectores o audiencia participen de distintas maneras. A veces de forma significativa u otras simplemente comentando. Pero esto abre una posibilidad que nunca existió y es la primera vez que ocurre algo verdaderamente nuevo en el periodismo. Es, simplemente, un camino que se abrió y un camino en el cual los medios masivos, muchísimos, no entraron. O bien, muchos entran mentirosamente, por ejemplo, dicen que están en las redes sociales pero sólo las usan para promocionar sus contenidos. Pero no usan las redes sociales para conectarse verdaderamente con los usuarios o para permitirles a los usuarios conectarse entre ellos. El postperiodismo se va a construir a partir de la participación de los lectores. Eso parece obvio, sin embargo muchas veces no se tiene en cuenta el cambio monumental que significó la aparición del usuario activo (Mascardi, 2012).

¿Periodismo no-periódico posdigital y posindustrial?

Todos los cambios semánticos analizados ponen en evidencia que el periodismo atraviesa una transformación profunda. No se trata solamente de hacer lo mismo “pero en digital”. Tampoco es simplemente una adaptación del modelo de negocio. Está en juego el significado mismo de la profesión.
Es probable que el significante “periodismo” también cambie en algún momento, pero es más impor-
tante cambiar primero el significado. Los que trabajamos de este oficio debemos hacer un examen de conciencia sobre lo que hacemos, por qué lo hacemos, para quién y cómo. Es básico entender los lenguajes digitales y transmediáticos que se usan en las comunidades participativas para generar un periodismo útil para nuestros tiempos.
El periodismo después del periodismo debe entender que la información se construye, se consume, se comparte y se utiliza. Que el lector ya no sólo lee, sino también produce, comenta, reclama, aporta y mejora. Que también hay usuarios inconformes que ya no son pasivos, sino que trolean, critican, destruyen, vandalizan. Que siempre hay más información allá afuera de la que puede generar un solo medio. Que el ruido es mucho y parte de nuestra nueva función es de filtro, de nodo, de gestión y curación.
Que el espíritu del periodismo sigue vigente en la verificación, el balance, la interpretación, el contexto. Que las formas del periodismo han cambiado radicalmente y lo seguirán haciendo. Que hay un periodismo después del periodismo que conocíamos… y que de nosotros depende hacerlo bien.

Bibliografía

López de Zuazo, A. (1995). Origen y evolución del término «periodista». Estudios Sobre El Mensaje PeriodíStico (2).
Anderson, C. W., Bell, E. y Shirky, C. (2013). Periodismo postindustrial: adaptación al presente. Huesca, España: eCícero.
Breiner, J. (30 de Mayo de 2011). Los nuevos lenguajes del periodismo en Internet. Recuperado el 1 de octubre de 2015, de Revista Mexicana de Comunicación: http://mexicanadecomunicacion.com.mx/rmc/2011/05/30/los-nuevos-lenguajes-del-periodismo-en-Internet/.
Gutiérrez, B. (28 de Abril de 2012). Un manifiesto posperiodístico. Recuperado el 17 de octubre de 2015, de Clases de periodismo: http://www.clasesdeperiodismo.com/2012/04/28/un-manifiesto-posperiodistico/.
Marshall, S. (5 de Junio de 2013). #editors13: ‘Do what you do best and link to the rest’. Recuperado el 21 de octubre de 2015, de Journalism: https://www.journalism.co.uk/news/-editors13-do-what-you-do-best-and-link-to-the-rest-/s2/a553173/.
Mascardi, J. (10 de Abril de 2012). El postperiodismo: Entrevista con Roberto Guareschi: Periodismo con los lectores. Recuperado de Revista Replicante: http://revistareplicante.com/el-postperiodismo/.
Negroponte, N. (Diciembre de 1998). Recuperado el 21 de octubre de 2015, de Nicholas Negroponte: http://web.media.mit.edu/~nicholas/Wired/WIRED6-12.html.
Tinworth, A. (15 de Enero de 2012). What is post digital? Recuperado el 21 de octubre de 2015, de Next: https://nextconf.eu/2012/01/what-is-post-digital/
Varios autores (Wiki). (s.f.). Manifiesto posperiodístico. Recuperado el 17 de Octubre de 2015, de PiratePad: http://piratepad.net/rcrgptawab.

Periodismo y publicidad encubierta

Análisis de las prácticas ilegales en el caso español

“Hay distintos modos de hacer publicidad: programas patrocinados, bloque de anuncios, publirreportajes, etc. Pero hay otras modalidades, prohibidas por la ley y los códigos éticos del ámbito periodístico. Una de esas prácticas es la publicidad encubierta. A lo largo de este artículo vamos a reflexionar sobre esta y otras prácticas ilegales en materia de publicidad en los medios de comunicación a raíz de noticias recientes respecto a esta materia, e intentaremos explicar el por qué de estas situaciones, que se siguen produciendo aunque la ley las condene.”

Por  María Teresa Pellicer Jordá

Desde que la publicidad apareciera tal y como la conocemos hoy en día –allá por el siglo XV, con la invención y utilización de la imprenta como sistema de reproducción en masa de los periódicos del momento– hasta nuestros días, ésta ha cambiado mucho. La publicidad sigue teniendo la misma esencia y objetivo que en sus inicios. Es “el medio que permite poner en relación a fabricantes y consumidores; al mundo de la producción y al del consumo”, tal y como explica Hernández (2004:73), o, si lo preferimos, “un proceso de comunicación de carácter impersonal y controlado que, a través de medios masivos, pretende dar a conocer un producto, servicio, idea o institución con objeto de informar o de influir en su compra o aceptación”, como afirma Ortega (2004:22).

Lo que sí ha cambiado la publicidad ha sido su forma de establecer esa relación entre consumidor y anunciante (comerciante), lo que ha supuesto, por tanto, un cambio en las relaciones que ha establecido con los medios de comunicación, que son sus principales soportes y medios de difusión. De este modo, la publicidad ha modificado sus técnicas publicitarias, utilizando conocimientos de otras disciplinas –como la psicología, la sociología, la economía o el marketing, entre otras–, así como la forma de anunciarse en los medios de comunicación.

La razón de estos cambios no es otra que la necesidad de mejorar su efectividad a la hora de llegar al consumidor. La función de la publicidad es la de influir para conseguir la compra de un producto (Ortega, 2004:22), ya que sólo así se fomenta el consumo en la práctica. Ella es la que te dice: “Oye, compra esto o lo otro que es lo mejor para ti” e intenta que ese mensaje sea lo más influyente posible para ti, con el fin de que realmente cada persona interiorice esa frase y, la misma, se convierta en acción; esto es, que provoque la compra real del producto o servicio ofertado. Como explica Martín, “los publicitarios cada día se enfrentan a nuevos retos creativos en los que han de sorprender a futuros consumidores con información, entretenimiento y mensajes comerciales (2007:36)”.

Pues bien, en este intento constante de conseguir influirnos más y más –algo que cada vez es más difícil debido al volumen de productos y de anuncios a los que está expuesto cualquier ciudadano– la publicidad se ve obligada a cambiar las relaciones que mantiene con los medios de comunicación, que son, como decíamos antes, sus principales soportes de difusión, con el fin de conseguir una mayor efectividad que se traduce en mayor número de clientes potenciales y reales. De este modo, se introducen modificaciones constantes y continuas en lo relativo a formatos y modalidades de anuncios en los medios de comunicación. Hay distintos modos de hacer publicidad: programas patrocinados, bloque de anuncios, publirreportajes, etc. Pero hay otras modalidades, prohibidas por la Ley General de Publicidad y condenadas por el Código de Conducta Publicitaria y otros códigos sectoriales del mundo de la publicidad, al igual que por la Ley General de Comunicación Audiovisual y los códigos éticos del ámbito periodístico. Una de esas prácticas es la publicidad encubierta.

A lo largo de este artículo vamos a reflexionar sobre esta y otras prácticas ilegales en materia de publicidad en los medios de comunicación a raíz de noticias recientes respecto a esta materia, e intentaremos explicar el por qué de estas situaciones, que se siguen produciendo aunque la ley las condene.

1. Prácticas ilegales más recientes. Un repaso a la actualidad

Se conoce como publicidad encubierta a aquellos mensajes publicitarios no identificables claramente como tales por el receptor, tal y como apunta Soria (Bonete, 1999:194). Se suelen incluir como contenido de diversos programas, pero sin que sea identificado como publicidad. La ley obliga a los medios de comunicación a indicar cuando se trata de publicidad y cuando se trata de información. Cuando esa distinción no se hace, entonces podemos hablar de publicidad encubierta. Lo curioso es que, aunque está penada por ley y, de hecho, se imponen sanciones reales para castigar este tipo de acciones, su práctica está a la orden del día y cada año aparecen en los medios de comunicación denuncias acerca de nuevos casos de este tipo de publicidad.

En este sentido, las últimas sanciones se han puesto a Televisión Española y al Grupo Atresmedia. Los medios de comunicación se hicieron eco de estas noticias (publicadas el 24 de diciembre de 2016). En los textos informativos se explicitaban la cuantía de las sanciones (108.000 y 103.000 euros a La 1 y Nova, respectivamente), así como el motivo de la mismas (emitir como informativos contenidos publicitarios de clínicas, gimnasios, marcas de alimentación y productos de cocina). La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia fue el órgano encargado de realizar estas resoluciones.

Lo cierto es que éste no ha sido el único incumplimiento de los medios de comunicación en materia publicitaria que hemos podido ver en meses recientes. El País, en su edición del 3 de enero de 2017, escribió un editorial sobre este tema, titulado “Publicidad”, en el que hablaba de otra práctica ilegal que relaciona la publicidad con los medios de comunicación. En esta ocasión, la CNMC sancionaba a Atresmedia con 18,175 euros y a Mediaset con 63,705 euros por superar los límites de tiempo de emisión de mensajes publicitarios. En el texto de El País, se hace referencia a “la Ley General de Comunicación Audiovisual (LGCA), una ley que limita el tiempo de emisión de mensajes publicitarios y de televenta en 12 minutos por hora natural y que incumplen diariamente” prácticamente todos los medios de comunicación. El editorial cuestiona, además, la eficacia de las mencionadas multas:

“Los 18.175 euros impuestos a Atresmedia por vulnerar la ley no llegan ni al valor de un anuncio en su horario más importante, que puede llegar a ser de 21.000 euros. Los 63.705 euros con los que la CNMC castigó a Mediaset por infracciones detectadas entre los meses de enero y mayo en sus canales Telecinco, Cuatro, Divinity y Energy, de ahí el que la sanción fuera superior, le suponen al grupo algo menos de tres anuncios en su horario estelar, que pueden alcanzar los 26.000 euros por anuncio. Si, como consideran las autoridades, ambos grupos han superado durante meses la cuota permitida y son sancionados con el equivalente a uno o tres anuncios, apaga y vámonos”.

Resulta curioso cómo un medio de comunicación –en este caso un periódico– y no uno cualquiera, sino uno de los dos diarios de tirada nacional más vendidos en España, elige este tema para ser tratado en un editorial. Lo han considerado, por tanto, lo suficientemente importante y relevante para la sociedad como para hacer una reflexión –y también denuncia– sobre este polémico asunto.
La cuestión que nos planteamos llegados a este punto es por qué los medios de comunicación se niegan a cumplir lo establecido y marcado por la ley. ¿Resulta tan complicado? Lo primero que vamos a analizar es la relación entre el periodismo en general (entendidos como medios de comunicación) y publicidad, estableciendo cuáles son los intereses comunes que los mantienen unidos, de uno u otro modo.

2. Justificación de la relación entre periodismo-publicidad-sociedad

La primera premisa que debemos tener en cuenta, tal y como apunta Nieto, es que:

“La publicidad es en la empresa de prensa importante fuente de ingresos. (…) La cuantía de los ingresos por publicidad depende directamente de dos factores: de las tarifas y de la cantidad de anuncios que se publican, lo que a su vez guarda relación con las cifras de difusión y la calidad del producto informativo. (…) Cuando por diversas circunstancias, la publicidad disminuye en periódicos y revistas, entonces los compradores y suscriptores tiene que hacer frente en mayor medida a los costes de producción y comercialización (Nieto, 2000:286-287)”.
Por un lado, la publicidad es fuente de financiación en los medios. Sin ella no podrían sobrevivir, al menos, con la fórmula actual. Por otro lado, los medios son empresas. Como afirma Pedro Crespo de Lara, “el personaje más importante de la empresa periodística es el empresario, que representa la síntesis de las dos culturas que se funden en la empresa periodística: las letras y los números, la misión y el negocio (Ramos, 1997:316)”. Esa doble funcionalidad de la que habla el autor es la que causa, en buena parte, todos los incumplimientos que se suelen producir en esta materia.
Pero la publicidad no sólo supone un beneficio para los medios, al aportarle ingresos, sino también para los ciudadanos, ya que es la que nos permite la ‘gratuidad’ de todos, o casi todos, los medios de comunicación. Ahora bien, ¿es una gratuidad real? Nieto reflexiona sobre esa supuesta gratuidad y explica que:

“En sentido económico, gratuito es lo que se recibe sin entregar algo a cambio. Gratuidad supone otorgar una gracia, dispensar del pago. Para que un acto pueda ser calificado como gratuito, debe cumplir dos requisitos: ausencia de contraprestación; intencionalidad desinteresada por quien concede la gracia o donación. Si el primero de estos requisitos tiene dificultad a la hora de probarlo, pues abundan formas indirectas de contraprestación: mucho más dificultoso es verificar el desinterés del donante; por la intención pertenece a la intimidad de la persona pero sus manifestaciones o efectos pueden ser a largo plazo o permanecer reservados (Nieto, 2000:311)”.

Los medios, por tanto, no son gratuitos o, al menos, en su totalidad. Como continúa el autor, “lo gratuito es actualmente uno de los modos de hacer negocio; el regalo es paso previo para la venta con beneficio. Desde esta realidad se comprende que la publicidad y la promoción de relaciones comerciales en el mercado de la información encuentren en la gratuidad un importante apoyo para atraer consumidores (2000:313)”. De lo explicado por el autor, deducimos que esa falsa gratuidad de la que se habla a los ciudadanos cuando se alude a la relación entre medios y publicidad –como forma de justificarla- es sólo una estrategia más destinada a la venta, al igual que otras de las acciones que lleva a cabo la publicidad.

El tercer argumento que justifica esa relación es “la posibilidad de la independencia económica y, por lo tanto, también ha de ser periodísticamente independiente (Billorou, 2001:267)”, algo muy cuestionado también, ya que esa independencia – relacionada con el primer aspecto- se traduce, en la mayoría de las ocasiones, en esclavitud del medio para con los anunciantes, como señala Billorou (2001: 279).

Como cuarto argumento que sirve de justificación de esa relación de la que hemos hablado, encontramos el papel relevante que cualquier ciudadano otorga a los medios de comunicación en su vida:

“Entre los ritos de la vida cotidiana en el mundo civilizado está el de abrir el periódico, conectar la radio y encender la televisión para conocer las noticias. El conjunto de los medios forma hoy un círculo envolvente que se convierte en referencia diaria de nuestra vida”, afirma Gomis (1991:89). Esa gran presencia tiene como consecuencia una gran influencia en la vida de los ciudadanos. Gomis añade que “los medios son en definitiva la arena donde luchan los productores de hechos para influir en el público, mientras que los que controlan el medio sólo relativamente se interesan en esa pugna. La propiedad de los medios aspira básicamente a obtener beneficios económicos (1991:201)”.

Esa necesidad o interés de influir es compartido entre medios y publicidad, como afirma García, quien añade que:

“la comunicación publicitaria es una información basada en las motivaciones del público al que se dirige. Se caracteriza por ser parcial, al crear su propia noticia en la forma y en el tiempo que le interesa. Dice siempre la verdad, pero no la dice toda, sólo la motiva; presenta una clara intencionalidad comercial, esto es, busca inducir una acción de compra; y, además, es independiente de los medios que utiliza para su difusión, al comprar el espacio que precisa para comunicar sus mensajes (2011:35)”.

Recapitulando, hay cuatro razones que justifican la relación entre el periodismo y la publicidad y que provocan la dependencia entre ambos:

• La publicidad financia los medios
• La publicidad da independencia a los medios
• La publicidad permite una cierta ‘gratuidad’ de los medios para los ciudadanos.
• Los medios de comunicación son el soporte ideal para la publicidad, debido a la gran presencia de estos en la vida de los ciudadanos.

3. El porqué de estas prácticas ilegales

La siguiente cuestión que debemos plantearnos es por qué publicidad y periodismo incumplen la ley. Los motivos se traslucen de los argumentos que justificaban la relación entre ambos.

1- Es rentable para los medios de comunicación a nivel económico. El editorial de El País, explicaba la rentabilidad de estas prácticas ilegales. Como bien apuntaba, el beneficio obtenido por incluir más anuncios de los permitidos por la ley era mucho mayor que la sanción impuesta por tal incumplimiento. Por tanto, la primera razón es la económica. Es rentable incumplir la ley, sobre todo para los medios, que ven cómo sus ingresos aumentan todavía más, ya sea incluyendo más anuncios-identificados como tal o no- en su programación. Concluimos que tanto la publicidad encubierta como la superación de los tiempos establecidos en materia publicitaria por parte de la ley, son rentables para los medios de comunicación. El beneficio es mayor que el perjuicio, al menos en materia económica. Quizás en otros aspectos, pueda perjudicar tanto a medios -que ven cómo pierden credibilidad (Diezhandino,2012:141)-, como a anunciantes -con una gran saturación publicitaria que provoca un mayor rechazo para el espectador, lector, etc-.

2- También es rentable para los anunciantes a nivel de penetración del mensaje y efectividad. Alonso da una de las claves, cuando dice que “la marca hay que ponerla al servicio de la experiencia, porque la marca que suscita más experiencias positivas gana (García, 2011:101)”. Cuando insertamos anuncios como parte de una experiencia determinada con un resultado positivo- (por ejemplo en programas como Master Chef, que es uno de los sancionados), la efectividad en el público es mucho mayor. Además, esa efectividad aumenta si tenemos en cuenta que el espectador, lector u oyente no pone barreras a la publicidad porque no la identifica como tal. Por tanto, la penetración de la marca, si sumamos experiencia y quitamos barreras- es mucho mayor con estas prácticas ilegales.

De este modo, podemos decir que las prácticas ilegales en materia de publicidad en el periodismo son rentables para ambas partes, tanto a nivel económico como de efectividad. Eso es lo que produce que la ley no disuada a la hora de poner en marcha estas acciones. Tal y como explicaba el editorial de El País, aún con la sanción económica que impone la ley, sigue siendo rentable para los medios utilizar, por ejemplo, la publicidad encubierta o superar el límite de minutos destinados a la publicidad. La efectividad – traducida en mayor penetración del mensaje, eliminación de barreras psicológicas por parte del target y asociación subconsciente con experiencias positivas (en el caso de la publicidad encubierta)- también es mayor cuando se realiza publicidad ilegal, respecto a cuando se utilizan los métodos permitidos por la ley. Con este panorama, no nos resultará extraño seguir viendo cómo los medios de comunicación son sancionados por mala praxis publicitaria.

Bibliografía

Billorou, Osacar Pedro (2001) Introducción a la publicidad. Editorial El Ateneo: Argentina
Diezhandino, María Pilar (2012) El periodista en la encrucijada. Ariel: Madrid
García-Uceda, Mariola. (2011) Las claves de la publicidad. Esic: Madrid
Gomis, Lorenzo. (1991) Teoría del periodismo. Paidós Comunicación: Barcelona
Hernández Martínez, C. (2004). Manual de Creatividad Publicitaria. Madrid: Síntesis.
Martín Requero, María Isabel y Alvarado López, María Cruz (2007) Nuevas tendencias en la publicidad del siglo XXI. Comunicación social: Sevilla
Nieto, Alfonso e Iglesias Francisco. (2000) La empresa informativa. Ariel Comunicación: Barcelona
Ortega, E. (2004). La comunicación publicitaria. Madrid: Pirámide.
Ramos Fernández, Luis Fernando. (1997) La profesión periodística en España. Diputación de Pontevedra: Pontevedra
Soria, C.  (1999). Perspectiva ética en la información publicitaria. En Bonete, E. Ética de la comunicación audiovisual. Madrid: Tecnos.

 

Comunicación política y redes sociales en Argentina

La estrategia de los candidatos en las elecciones para intendente de la ciudad de Río Cuarto, Córdoba.

El uso de las redes sociales en las campañas políticas se instaló con fuerza desde que Barack Obama las utilizó como parte central de su campaña electoral en 2008. En ciudades intermedias como Río Cuarto (Córdoba, Argentina), su uso se extendió a prácticamente todo el espectro político. Este análisis de la estrategia comunicacional de distintos candidatos en las elecciones municipales demuestra, sin embargo, que todavía existe improvisación y desconocimiento de su potencialidad como herramienta de seducción política.

Foto: Rodolfo Angulo / Cuartoscuro

Foto: Rodolfo Angulo / Cuartoscuro

Por  Ramón Monteiro / Lilian Vera / Hernán Vaca Narvaja

I.- Introducción.

El uso de redes sociales en campañas electorales llegó para quedarse. Desde que Barack Obama las incluyó en su actividad proselitista para llegar a la presidencia de Estados Unidos en 2008, las redes ocupan un lugar preponderante en la planificación política y comunicacional de Occidente.

El uso de las redes responde a la lógica de la convergencia. Por un lado, procuran una amplia difusión de la imagen del candidato (instalación) y por otro, actúan como reproductores de mensajes producidos por los medios de comunicación tradicionales (radio, televisión, prensa, etc.). Las redes tienen en sí mismas y en su interacción con los medios tradicionales la posibilidad de crear/potenciar/proyectar candidatos.

La puesta en la esfera pública de un candidato es asumida por estrategas comunicacionales que utilizan los medios en un escenario de competencia electoral. Actúan sobre el contenido y exposición de los mensajes, pero también sobre la selección de los medios idóneos para llegar de manera eficaz a sus destinatarios. La selección de medios está condicionada por factores comunicacionales (segmentación del público), económicos (recursos disponibles) y políticos (postulados).

Los asesores crean condiciones de visibilidad del candidato. Están en contacto con él y comparten sus actividades. La mimetización producida les permite generar contenidos con relativa independencia. El candidato es un “producto político” a promocionar entre una variopinta oferta de discursos e imágenes diseminadas en el espacio público (político y mediático) durante un período determinado de tiempo (la campaña electoral).

Posicionar a un candidato requiere tiempo y recursos. Supone instalar una “marca” a ser “consumida” por los electores. Se exponen cualidades y atributos y se lo diferencia de sus competidores.

Este trabajo explica de qué manera los asesores de los candidatos a la intendencia de la ciudad de Río Cuarto (Córdoba, Argentina) elaboraron la estrategia electoral. Y más específicamente cómo utilizaron las redes para lograr su objetivo durante el periodo electoral que concluyó el domingo 12 de junio de 2016, día de la votación.

¿Qué factores políticos, sociales y comunicacionales se tuvieron en cuenta para posicionar a los candidatos?; ¿se privilegió alguna red social por encima de otras?; ¿cuál fue la intervención de los candidatos al momento de difundir sus actividades?; ¿qué objetivo se buscó con la divulgación de su actividad en las redes?

II.- Redes sociales y política.

El uso de las redes en campañas políticas lleva más de una década. Uno de los pioneros fue Howard Dean, de Estados Unidos, en 2004. El entonces gobernador de Vermont buscó apoyo a su candidatura presidencial por el Partido Demócrata a través del uso de blogs (www.deanlink.com, www.meetup.com).

Otros dirigentes políticos han hecho uso de las redes en Europa, África y Latinoamérica (Castell, 2012). En su reciente trabajo, Valenti, Lopéz-Ghi, Riorda y Straface (2015) plantean que muchos dirigentes de América son gobernautas, atravesados por las redes en la dirección, gestión y visibilidad pública y dispuestos a interactuar con sus seguidores.

La campaña de Obama en 2008 es considerada una revolución tecno-política: al combinar el marketing y la comunicación política con la utilización de herramientas 2.0, logró un efecto doble: por un lado, permitió a los electores “registrarse” para acceder a discursos, invitaciones o eventos y realizar donaciones; por el otro, permitió armar una invaluable base de datos. La estrategia se profundizó en 2012, cuando Obama buscó su reelección, al poner en práctica el big data, una base de datos que permitía saber gustos y tendencias de sus potenciales votantes. El cruzamiento de datos articuló un sistema capaz de averiguar “hasta si te gustaban las hamburguesas…”. “Este avanzado proceso de segmentación en las redes, una suerte de nano-targetting, permitía enviar a cada cual su mensaje” (Fernández Crespo, 2013).

En Argentina el uso de internet en campañas políticas comenzó en 2003, motivado por su bajo costo en relación a los medios tradicionales. Elisa Carrió (ARI) y Adolfo Rodríguez Saá (FMP) fueron pioneros.

En la actualidad el fenómeno se ha generalizado y la mayoría de los dirigentes políticos tiene perfiles propios (cuentas) en las redes sociales. Los casos más notorios: el presidente Mauricio Macri y la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

En ciudades intermedias como Río Cuarto (175,000 habitantes) el fenómeno es más reciente, como lo muestran estudios sobre el uso de Twitter y Facebook en 2015 y 2016 (Monteiro, 2015; Monteiro y Vera, 2016). Pero el uso de redes se extiende a gran velocidad: el último proceso electoral (junio de 2016) mostró a la totalidad del arco político utilizándolas.

Hoy las redes forman parte de las estrategias de comunicación política. Se usan para difundir actividades y posicionar al candidato, pero también para interactuar con los usuarios, incorporarlos en bases de datos y realizar actividades en territorio.

III.- La fábrica de candidatos.

En la política actual, equipos de expertos en comunicación y marketing trabajan para que su candidato sea atractivo y se distinga de sus competidores. Sonia Izquierdo (2012) señala que Internet y la telefonía celular conforman el ecosistema donde las redes se desenvuelven y
advierte que cualquier acción comunicacional debe pensarse en función de esa tecnología. El tiempo destinado por los usuarios a Internet en la PC o la telefonía móvil convierte a las redes en un factor estratégico.

La web 2.0 es el nuevo campo de batalla de la lucha política. Las comunidades virtuales permiten interactuar con muchas personas en forma simultánea, tener seguidores y distribuir información. En este ecosistema se proyecta la imagen de los candidatos, lo que genera tensiones entre políticos nuevos y tradicionales.

Para construir la imagen pública del candidato hay que tener en cuenta algunos aspectos:
a.- El candidato es una “marca” que debe ser consumida. Su instalación requiere de una acción publicitaria planificada.
b.- La estrategia digital debe ser eficaz. Evaluar el índice de respuesta y demandas canalizadas a través de las redes.
c.- Hacer un minucioso análisis de los públicos. Una medición permanente (encuestas) permite la micro segmentación de los públicos.
d.- Establecer una clara estrategia de difusión de mensajes. Saber qué se quiere transmitir y a través de qué medios.
e.- Analizar los procesos de participación ciudadana. Establecer un vínculo de ida y vuelta (feed back) entre la demanda de los ciudadanos y la respuesta de sus dirigentes.
f.- Asumirse como candidato digital. El líder político debe estar predispuesto a actuar como candidato 2.0: aceptar la interacción e intervenir en el espacio público virtual.

Lorca, Rubio, Barrios y Cabrera Canal (2013) señalan que los líderes deben adaptarse a la “nueva cultura digital”, familiarizarse con las herramientas tecnológicas y convertirse en líder on, capaz de explotar las virtudes de las redes: ubicuidad, conexión, interlocución, transparencia, humildad y sensatez.

Dice Manuel Moreno (2012) que el mensaje difundido puede generar complicidad y empatía, pero también rechazo. Por eso no debe descuidarse la retroalimentación entre el líder y sus seguidores. La comunicación política ubica a los seguidores como “vigilantes activos” de lo realizado por los líderes. Así, las campañas se convierten en expresión de los líderes, pero también de los ciudadanos.

Los líderes pueden ganar elecciones si cuentan con una red social de apoyo relevante, pero no deben desatender a los medios tradicionales. Un proceso de convergencia potencia la visibilidad y el posicionamiento. La coordinación entre la acción territorial y la cibermilitancia (actividad en las redes sociales) crea un espacio híbrido “real-virtual” capaz de fortalecer la imagen del candidato. En definitiva, el candidato puede condensar su actividad en las redes bajo tres postulados:

a.- es una marca, b.- es un hombre multiplataforma, y, c.- es un candidato de los nuevos medios.
¿Qué ocurrió en la última campaña electoral en la ciudad de Río Cuarto?; ¿cuál fue la estrategia para posicionar al candidato?; ¿qué redes sociales se priorizaron?; ¿cómo se vincularon con los medios de comunicación tradicionales?

IV.- Análisis de Caso. La elección en Río Cuarto

Este trabajo analiza la estrategia comunicacional de tres candidatos –sobre un total de nueve1 – : Juan Manuel Llamosas (Unión por Córdoba), Pablo Carrizo (Respeto) y Federico Giuliani (Unidad Popular), que provienen de campos distintos: la política, las ONG y el gremialismo.
Llamosas fue candidato de una coalición de partidos con eje en el peronismo. Fue electo para el periodo 2016-2020 con el 46.5% de los votos. Se presentó como un dirigente “nuevo”, dispuesto a cambiar la política tradicional.

Carrizo fue el candidato del frente MST-Respeto. Era conocido por su militancia social, fundamentalmente por su tarea al frente de la ONG “Movimiento Trabajo de Hormigas”. Fue la sorpresa de la elección: obtuvo el 9.22% de los votos y logró dos bancas en el Concejo Deliberante y un
vocal en el Tribunal de Cuentas. Basó su campaña en cambiar la forma de hacer política, “arremangarse” y “trabajar” con los vecinos. Protagonizó acciones de limpieza, pintura y reparación de garitas de colectivo, edificios públicos, calles y plazas.

Giuliani fue secretario general de ATE y de la CTA2 en Río Cuarto. Fue candidato a intendente de “Instrumento Electoral por la Unidad Popular”. Cosechó el 3.26% de los votos. Se presentó como una opción progresista al bipartidismo. Se propuso revertir la imagen negativa generada por su actividad gremial.

Esta muestra permite reconocer las diferentes estrategias de comunicación y comparar la actividad de cada equipo de asesores. El análisis se realiza atendiendo a un conjunto de dimensiones, a saber: i.- Estrategia comunicacional; ii.- Redes sociales; iii.- Las redes de los otros candidatos; iv.- Redes y medios de comunicación tradicionales.

IV.1.-Estrategia comunicacional:

i.- Dicen Carlos Fara y sus colegas (2013) que toda estrategia de comunicación y marketing en Internet “necesariamente” se inserta en una estrategia general. Así lo entendieron los asesores de los tres candidatos mencionados: todos vincularon el uso de las redes a la estrategia general de campaña.

a.- En el caso de Llamosas, los asesores recibían del jefe de campaña los lineamientos de acción: “Nos bajaba los parámetros y nosotros los llevábamos a las redes”, expresaron. Se prestó especial atención a la agenda de actividades: “El coordinador de campaña nos llamaba a la mañana y avisaba de las actividades del candidato y nos decía cuál consideraba más importante y nosotros nos organizábamos en base a esa agenda”.

b.- Una situación similar se vivió en el búnker de Giuliani: un coordinador de prensa daba los lineamientos generales para difundir la agenda del candidato en las redes sociales.

c.- Los asesores de Pablo Carrizo supeditaron su actuación en las redes a la actividad del candidato, con “pequeños ejes comunicacionales”. Por falta de recursos, su campaña se circunscribió al uso de Facebook.

ii.- Sobre el planteo comunicacional, los tres equipos coincidieron en que había que cambiar la imagen pública del candidato, aunque por motivos diferentes.

a.- los asesores de Llamosas presentaron al candidato como alguien dispuesto a realizar el “verdadero cambio”, toda vez que la gente “no lo tomaba como un político tradicional”. Se apuntó a reforzar su representación social vinculándolo a la “sociedad civil, con las ONG, con un discurso más llano, no tan vinculado a la política tradicional”. Se potenciaron cualidades como transparencia, cercanía, simpleza y humildad.

b.- los asesores de Carrizo apuntaron a construir “una nueva cultura política”. “Apostar a otros valores” significó, por ejemplo, revalorizar la problemática ambiental no pegando afiches en las paredes. Esta “nueva cultura política” no equivalía a asumir un accionar “a-político”, sino a revalorizar el trabajo comunitario y reforzar la coherencia entre palabra y acción a través de la difusión de actividades en los barrios.

c.- Los asesores de Giuliani se plantearon la reconversión de la imagen de gremialista del candidato. Encuestas previas indicaron que era poco
conocido y tenía “una imagen negativa asociada a ´piquetes y protestas´ sociales”. Se planteó “potenciar que la mayoría de la gente no lo conociera y transformarla en algo positivo. Nuestro objetivo era cambiarle la imagen. Hacer que la gente lo conociera masivamente, pero con la imagen de candidato y no de gremialista”.

IV.2.- Redes Sociales

El concepto de política 2.0 surge de una interposición entre política y redes sociales. El electorado participa en un proceso interactivo a través del uso de Internet y la telefonía celular. Los asesores planifican qué difundir en las redes, pero el candidato no podrá escapar a su uso: su participación otorga un valor adicional a los mensajes emitidos (Cohen, 2013).

a.- En el caso de Llamosas, su equipo de asesores administró el uso de las redes. Sin embargo, el candidato ´chequeaba´ las cuentas y respondía personalmente las preguntas de sus seguidores: “los sábados y domingos marcaba tendencia en Facebook porque respondía él”, indicaron. En el último tramo de la campaña se designó a una persona que organizara “todas las demandas y pedidos que llegaran a Facebook para poder dar una respuesta concreta”.

La división de actividades implicó respuestas diferenciadas: las del candidato y las de su equipo. En el primer caso, las respuestas llevaban sus iniciales y los fines de semana “chateaba” –dialogaba- con sus seguidores. Esto implicó, en términos de literatura especializada, llevar adelante principios de la WEB 2.0 como el diálogo y la interactividad.

El uso intensivo de las redes permitió llevar un monitoreo del ciberespacio y elaborar indicadores sobre el posicionamiento del candidato. Además, permitió armar una base de datos en base a los ´posteos´ y mensajes al candidato: “entraban muchos mensajes y nosotros pedíamos el número de teléfono y los llamábamos por privado”.

Responder a los mensajes implicó una suerte de “efecto contagio” entre los vecinos, familiares y amigos de sus seguidores, que comentaban: “en la página de Llamosas te contestan y llaman”. Se creó un proceso de retroalimentación: la campaña se mostraba en las redes, pero también se creaba -a partir de su uso- una nueva esfera virtual que devenía en actividad territorial. “La gente nos escribía pidiendo que Juan Manuel (Llamosas) fuera a visitarlos y el candidato le daba mucha importancia a estos pedidos. Él mismo nos pedía que le armáramos desayunos o encuentros con los seguidores de Facebook”.

Llamosas utiliza las redes sociales desde el 2012, cuando quiso ser candidato pero perdió la interna del PJ. Su familiaridad con las redes lo llevó a sugerir parámetros para su uso, tanto estéticos como de contenido. Por ejemplo, ordenó fijar un tope a la cantidad de fotografías que se subían a Facebook “a tres a cuatro por actividad para no cansar”.

La elaboración de los mensajes requirió tiempos distintos en Facebook y Twitter. En el primer caso, se tomaba un tiempo prudencial (“un par de horas”) para subir contenidos más elaborados y elegir mejores imágenes; en Twitter “era automático, mientras se acompañaba al candidato se tuiteaba en tiempo real”.

Llamosas utilizó muy poco la red social Instagram. WhatsApp fue utilizada para comunicación interna y eventualmente convocar a actos partidarios. No se utilizó la red social Snapchat.

b.- en el caso de Carrizo, el uso de Facebook fue fundamental para su campaña. La decisión tuvo dos motivos: 1.- escasos recursos económicos, 2.- “por diseño y estrategia”. “Todo se sostuvo en Facebook. No porque creamos que las otras herramientas no sirvan, sino por una cuestión de recursos económicos y facilidad en el diseño”, dijo uno de sus asesores. Influyó el desconocimiento de Twitter de quienes manejaban las redes y del propio candidato.

Carrizo contestaba los posteos y solicitudes de sus seguidores. Cuando por falta de tiempo se veía impedido de responder, lo hacía su equipo en nombre del partido. “Contestaba él personalmente. Nosotros a veces contestábamos en nombre de Respeto, pero Pablo contestaba en su página y a veces en la de Respeto”, apuntaron sus asesores. Carrizo conservó –y conserva- su página personal, a la que sumaron en la campaña otra de carácter institucional (Respeto).

Las acciones en Facebook se orientaron en dos direcciones: interactuar con sus seguidores y acercar al partido a quienes se contactaban por primera vez. Se buscó seducir al votante con acciones concretas de servicio a la comunidad (pintar edificios públicos y arreglar plazas y veredas).

Con el fin de evitar “generar tanta entropía”, los asesores de Carrizo no difundían muchas actividades. Hubo un promedio de cinco a ocho actividades diarias del candidato que “se trabajaban en línea, desde el teléfono celular”.

Carrizo casi no utilizó Twitter, Instagram ni Snapchat. WhatsApp se usó para vincular a sus militantes y discutir cuestiones de campaña “hacia adentro” del grupo.

c.- Giuliani apeló a las redes sociales, según sus asesores, “básicamente” por los escasos recursos económicos disponibles –notoriamente superiores a los de Carrizo, aunque inferiores a los de Llamosas–; pero además porque le permitirían “llegar a otros públicos”, fundamentalmente jóvenes. Esto último era un preconcepto: el análisis de sus seguidores indicó que era un público adulto y “bastante heterogéneo”. Giuliani también utilizó Instagram y Twitter.

Los asesores de Giuliani destacaron a Facebook como “la mejor herramienta para tener un feed back” con la gente, al punto que “muchas de las propuestas que le parecieron buenas al candidato, a la gente no le gustaban para nada”. Difundieron propuestas (tres por semana) para abrir un proceso participativo donde los seguidores podían adherir, rechazarlas o complementarlas.

Giuliani respondía personalmente los mensajes y posteos de sus seguidores. Cuando la actividad proselitista se incrementó, designó a dos personas para mantener la interacción con sus seguidores. Conformaron una base de datos propia y armaron reuniones en territorio. “El objetivo siempre fue interactuar”, admitieron sus asesores. Uno de los candidatos a concejal en la lista de Unidad Popular surgió de las redes sociales.

La publicación de las actividades del candidato en Facebook y Twitter se hacía en línea y desde un teléfono celular. Cuando había más tiempo, se procesaba la información en una computadora personal.

Giuliani no utilizó la red social Snapchat. El uso de WhatsApp fue para comunicación interna de su equipo y a veces para convocar a grupos de vecinos a eventos partidarios.

IV.3.- Las redes sociales de los otros.

Lucía Cohen (2013) advierte que el modelo de Obama no se puede exportar porque los procesos electorales son únicos e irrepetibles. Conocer si los mensajes son óptimos y llegan al público apropiado es una preocupación central del equipo de comunicación del candidato. Pero hay otra situación a tener en cuenta: saber qué dicen y difunden los contendientes. Observar, ´mirar de reojo´ lo que otros publican, es tarea necesaria para ´ajustar´ los mensajes del candidato propio.

Los asesores de Llamosas revisaban periódicamente las redes de sus contendientes. Le criticaron a Giuliani, por ejemplo, la construcción de sus mensajes: “eran muy largos” y “utilizaba tiempos verbales incorrectos”.

Este “seguimiento” les permitió hacer otra inferencia: el candidato de Cambiemos, Eduardo Yuni, tenía mensajes mayormente negativos. Detectaron la presencia de trolls “que eran muy evidentes en su página de Facebook”. Esta situación fue denunciada también por la revista El Sur (Vaca Narvaja, agosto de 2016).
Como contrapartida, notaron que el Facebook de Carrizo “tenía audiovisuales de mucha calidad (…) y tenía buena respuesta de la gente, más alta incluso que las nuestras”.

Los asesores de Carrizo hicieron un seguimiento “constante” de las redes utilizadas por sus contrincantes. Notaron una “diferencia abismal” con su candidato, que tenía “más seguidores y más militantes naturales”. El seguimiento les permitió inferir la dimensión de sus equipos comunicacionales. “Llamosas tenía todo un equipo comunicacional a disposición y una estructura impresionante. Nosotros armamos un spot casi casero y ellos en cambio bajaron con camiones y equipos provenientes de Córdoba y Buenos Aires para armar una puesta en escena de la ciudad”.

Los asesores de Giuliani monitoreaban las cuentas de los otros candidatos con el objetivo de comparar “cuántos comentarios tenían cada uno, cuántos seguidores, etc”.

IV.4.- Redes y Medios de Comunicación Tradicionales

Las campañas electorales despliegan múltiples estrategias. Una de las formas de conocerlas es analizar cómo se plasman en los medios de comunicación tradicionales, caja de resonancia de sus mensajes y acciones.

Las campañas actuales se alejan de las batallas ideológicas de antaño. La televisación de la política, junto al uso casi desmedido de encuestas (encuestocracia), moldean y orientan la estrategia de los asesores (Pinza, et al., 2012). Las campañas se focalizan en los grandes medios de comunicación, donde algunos consideran que se puede ganar o perder una elección. El uso de medios tradicionales converge con el de las redes sociales. Las campañas tradicionales y la 2.0 no se excluyen, se complementan, máxime si se considera que no todos los ciudadanos acceden y/o usan Internet.

Los tres equipos de comunicación coincidieron en señalar que el uso de los medios tradicionales sigue siendo importante en una campaña electoral, aunque su valoración en relación a las redes sociales fue diferente.

Para el equipo de Llamosas, la vinculación de las actividades del candidato con los medios tradicionales y las redes sociales requirió una estrategia específica, sustentada en lenguajes y recursos discursivos propios de cada medio. “Al principio le cambiábamos de tercera a primera persona (la redacción de las gacetillas que iban a los medios tradicionales y al Facebook), hasta que decidimos que todo iba a ir en primera persona porque era el candidato el que tenía que hablar”.

El vínculo se dio a través del ´posteo´ de links con reportajes al candidato. Hubo retroalimentación: las redes sociales reproducían entrevistas realizadas por los medios tradicionales y éstos a su vez tomaban declaraciones del candidato en las redes.

Los asesores de Giuliani se vincularon con los medios de comunicación tradicionales a través de la difusión de las actividades del candidato, reproducidas en las red-es sociales. El reenvío de links de los medios tradicionales potenciaba la presencia del candidato en las redes.

Los asesores de Carrizo incurrieron en la misma práctica: potenciaron al candidato en las redes “a través de linkear en Facebook” las notas que le hacían en los medios tradicionales.

V.- Conclusiones

En sintonía con la tendencia mundial, la campaña electoral por la intendencia en la ciudad de Río Cuarto mostró un uso intensivo y generalizado de las redes sociales por parte de los candidatos. Los tres postulantes analizados en este trabajo contrataron equipos de profesionales en comunicación que fueron afectados al manejo de redes sociales con el objetivo de promocionar su actividad proselitista, profundizar su nivel de conocimiento y sumar nuevas voluntades.

Por una cuestión generacional, los tres candidatos conocían el funcionamiento de las redes sociales, de las que son habituales usuarios. Monitorearon el trabajo de sus asesores e intervinieron personalmente a través del diálogo (chateo) con sus seguidores.

La red social más utilizada por los candidatos fue Facebook. Fue la que más información aportó a los equipos de comunicación y donde se logró mayor interacción. Los tres candidatos organizaron parte de su actividad territorial en base a contactos con sus seguidores. En el caso de Giuliani incluso se incorporó a un usuario de las redes a la lista de candidatos a concejales.

La irrupción de las redes sociales en las campañas electorales es una realidad incontrastable, pero su utilización en las elecciones municipales de Río Cuarto refleja todavía cierto grado de improvisación y desconocimiento entre los asesores. Sólo el equipo de Llamosas mostró un manejo integral de las redes. El resto se focalizó casi exclusivamente en Facebook, desaprovechando las potencialidades de Twitter, instagram, WhatsApp e incluso Snapchat.

 

Bibliografía.
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• Cohen, L. (2013) “Uso político de redes sociales puede convertirse en un bumerán”. Diario El Pais. 8/12/2013 (www.elpais.com.uy) recuperado 25/82016.
• Castell, M. (2012) Redes de indignación y esperanza. Los movimientos sociales en la era de Internet. Madrid: Alianza.
• Fara, C., Fernández-Ardáis, J., Guberman, L., Reina, A & Reina, M. (2013) “Campaña electorales e Internet”. Manual de Marketing y Comunicación Política. Acciones para una buena comunicación de campañas electorales. Bs. As. pp. 173-187. Konrad Adenauer Stiftung.
• Fernández Crespo, M. (2013) “The HolyGrail: la campaña digital de Obama 2012”. Más Poder Local/Observatorio RRSS, N° 15, Marzo.
• Izquierdo, Sonia (2012) “Las redes sociales han entrado en política”, recuperado el 25/6/2016. Ciudadanía y Valores Madrid. www.funciva.or
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• Moreno, M. (2012) “Redes sociales: más allá de la campaña”. Revista Más Poder Local/ Observatorio RRSS, N° 11, julio, pp. 32-35.
• Pinza, M., Flax, S. & Brito, G. (2015) Marketing politico. Durán Barba y JJ Rendón, radiografía de dos asesores clave en la construcción de los liderazgos de las derechas del siglo XXI. –recuperado 5/8/2016- Centro estratégico latinoamericano de geopolítica. Venezuela. www.celag.org/wp-content
• Vaca Narvaja, H. (2016): “La polémica campaña del candidato de Cambiemos en Río Cuarto: Identidad Robada”, en Revista El Sur. -recuperado el 30/8/2016- (http://revistaelsur.com.ar/nota/197/Identidad-robada)
• Valenti, P., Lopéz-Ghi, R., Riorda, M. y Straface, F. (2015) El gobernauta latinoamericano. Estudio del perfil de los gobernantes latinoamericanos en redes sociales. EEUU: BID.
• Vazquet Lorca, M., Rubio, D., Barrios, E., & Cabrera Canal, A. (2013) “Estrategia digital para ´líderes políticos locales”, Revista Más poder local/ Observatorio RRSS. N° 17, Julio, pp.48-51.

Notas

  1. El ganador de las elecciones fue J.M. Llamosas con el 46.5% de los votos, en segundo lugar se ubicó el candidato de Cambiemos, E. Yuni, con el 32,82% y tercero P. Carrizo (Respeto-MST) con el 9,22% , mientras que en cuarto lugar se ubicó E. Novo (Imperio de la Gente) con el 3,47%; quinto F. Giuliani (Instrumento Electoral por la Unidad Popular) con el 3,26%; sexto G. Fantín (Partido de los Trabajadores Socialistas) con el 1,64%; séptimo S. Tonelli (Partido Solidario) con el 1,36%; octavo L. Salazar (Partido Obrero) con el 0,87%; y en el último lugar, el kirchnerista L Giuliani (Frente Popular de la Trapalanda) con el 0,82%.(www.http://www.telam.com.ar).
  2. ATE es la Asociación de Trabajadores del Estado, que nuclea a los trabajadores estatales; la CTA es la Central de Trabajadores Argentinos, una central obrera que no comulga con la oficialista Confederación General de Trabajadores (CGT).

La ética del periodismo en la sociedad del conocimiento

Entre la crisis de legitimidad y sostenibilidad

Existe una disyuntiva entre la ética y el periodismo en una sociedad global. En esta, la tecnología y la cultura del mercado estructural (valgo por lo que tengo), han generado una crisis en el periodismo mundial: cierre de medios de comunicación ya sea por inviabilidad económica, represión política, masificación de información a través de prosumidores (productores y consumidores), que no poseen la formación y la ética para realizar sus entrevistas, reportajes o videos.

La escencia del periodismo como fuente de denuncia sigue siendo su fuente de legitimidad - Foto: Presidencia / Cuartoscuro

Por José Antonio Piña Arenas

En la actualidad son muchos los desafíos del periodismo. La educación de masas ha convertido el periodismo en una actividad principalmente para el entretenimiento y lo banal. Turke, Lipovetsky y Bauman establecen que estamos en la sociedad de las sensaciones y el imperio de lo efímero, en donde lo importante para la sociedad y ciudadanía es el entretenimiento, o la exaltación de los bienes y las cosas; el querer tener y no el querer ser, aunado al exacerbado corporativismo que ha convertido a la información en una mercancía.

La globalización y la interdependencia entre las nuevas plataformas tecnológicas se están convirtiendo en los nuevos paradigmas éticos de los medios de comunicación desde los escritos hasta los electrónicos o los cibernéticos. El censor del clic o número de visitantes, es ya un factor para la sobrevivencia o cancelación de medios informativos.

El otro gran censor es la credibilidad de los medios. Cada vez más se cuestiona a los medios, principalmente escritos, que han perdido el gran papel de factor o garantes de la democracia o simplemente del bienestar de la comunidad; darle la voz a los que no la tienen y convertirse en un contrapeso de los poderes institucionales o facticos. Se ha dejado atrás la realidad de que los propios medios de comunicación se han convertido en promotores de políticos, empresarios, deportistas, artistas o cualquier otra persona que destaca por la gran acumulación de dinero o poder.

El llamado cuarto poder se mimetizó para enquistarse en el sistema, olvidado sus esencia, la de informar para dar elementos que permitan a la población elegir de mejor manera o formarse una opinión más allegada a la verdad.

La ética o deontología de los periodistas se debate entre la posibilidad de la sobrevivencia; y la información entre la sustentabilidad y la verdad sin importar quien o quienes son los perjudicados, los 9 principios de Kovac y Rosenstiel (Los elementos del periodismo, 2003) tienen plena vigencia:

1.- La primera obligación del periodismo es la verdad.

2.- Debe lealtad ante todo al ciudadano.

3.-Su esencia es la disciplina de la verificación.

4.- Debe mantener su independencia con respecto a aquéllos de quienes informa.

5.- Debe ejercer un control independiente del poder.

6.- Debe ofrecer un foro público para la crítica y el comentario.

7.- Debe esforzarse por que el significante sea sugerente y relevante (que lo importante trascienda).

8.- Las noticias deben ser exhaustivas y proporcionadas.

9.- Debe respetarse la conciencia individual de sus profesionales.

Para la dinámica del siglo XXI y para la ética de los propios periodistas

La sociedad actual efectivamente esta teledirigida como afirma Sartori. Los medios electrónicos se convirtieron en el referente directo de la sociedad, que ya no se cuestiona, investiga ni pregunta: todo lo quiere digerido, simple a golpe de un vistazo o de una escucha.

Todo ello ha consolidado una indiferencia de la sociedad, que ya no trata de informarse y formarse una opinión haciendo un contraste de la propia información. Y los  periodistas han contribuido a este desinterés, resaltando y adulando las vanidades de los nuevos personajes públicos.

El cierre de periódicos, revistas o medios de información por falta de viabilidad económica o el bajo salario de los reporteros son factores determinantes para que los principios éticos se hagan a un lado y la simple sobrevivencia sea la motivación final del actuar del informador.

Sin embargo el origen y la esencia del periodismo como fuente de denuncia, de contrapeso social, político y económico sigue siendo la fuente de su legitimidad en la comunidad. La especialización es sin duda el elemento que permitirá reposicionar al periodismo y su economía.

La economía de la información debe convertirse en información que permita su viabilidad  económica. Sin menoscabo de su función social, la democratización de los medios debe convertirse en el justo medio de los medios, la masificación de éstos conlleva una falta de ética, ya que lo importante no es la información sino la prontitud con que se dan a conocer los hechos sin importar la verificación de ellos e inclusive la primicia se ha confundido con un valor ético, violando con frecuencia derechos humanos de la ciudadanía.

El nuevo paradigma de la comunicación está entre un periodismo de calidad, verificación, que tenga denuncia y sirva a la sociedad para el mejor desempeño de los servidores públicos u hombres de poder; y la solvencia económica derivada de ese mismo reconocimiento social. El periodismo social como fuente de recursos, pero a la vez como legitimación de su propio quehacer cotidiano, nivelará el desbalance entre el periodismo escrito y el de los medios electrónicos.

Los desmedidos salarios de los periodistas, comentaristas, opinólogos o justificólogos del sistema, además de ser anti éticos, provocan un marginación muy semejante a cómo lo es entre el ciudadano común y los políticos. Una brecha no solo económica sino educacional, en donde lo único que importa son las vanidades del ser humano y no la trascendencia histórica de un buen reportaje, denuncia o investigación que sirva al común de la sociedad.

La colegiación o la asociación de los periodistas son imprescindibles como eslabón para ganar esta gran batalla entre la desinformación, la manipulación, y un periodismo de verificación de exponer la verdad y de proximidad con las personas

Tiene que haber una nueva ola de periodistas intelectuales que reformen el periodismo para recuperar su esencia, más como García Márquez, Octavio Paz,  Kapuszinsky, Monsiváis, los históricos, y los Villamil y otros recientes que están dando la batalla.

Y que estos periodistas mantengan viva esta ética y esencia de la función social de la información, de la democracia participativa y del bienestar económico de los ciudadanos.

De esta manera recuperarán el sentido ético del trabajo, su legitimidad y también su sustentabilidad e inclusive mejorando su retribución económica.

Referencias

Bauman, Z. (2005). Amor Liquido: Acerca De La Fragilidad De Los Vinculos Humanos, s.l. Fondo de Cultura Económica

Kovac, B., & Rosenstiel, T. (2003). Los elementos del periodismo. México: Aguilar.

Lipovetsky, G. (2006) El imperio de lo efímero. La moda y su destino en las sociedades modernas, Anagrama.

Turke, C. (1995) “La sociedad de la sensación”. En Revista Humboldt N 15, Año 37.

El pensador del periodismo: Omar Raúl Martínez

Pocas veces los periodistas se han detenido a repensar el sentido de su propio oficio. La reflexión, el análisis y el cuestionamiento sobre el periodismo han quedado rezagadas como actividades de pocos. Uno de esos pocos fue sin duda Omar Raúl Martínez (1965-2016) quien, desde sus trincheras, nunca cesó de luchar por un ejercicio ético, comprometido y libre de la profesión.

Omar Raúl nunca cesó de luchar por un ejercicio ético, comprometido y libre del periodismo - Foto: Jorge Tirzo

Por Maricarmen Fernández Chapou

Estudioso del periodismo, académico, director de la Fundación Manuel Buendía y de la Revista Mexicana de Comunicación, se dedicó durante su vida a pensar el oficio y a promover espacios para ello en las páginas que escribía y editaba, así como en las aulas donde enseñaba. Reunió, así, una gran pluralidad de voces,  algunas de ellas encontradas y polémicas, pero que, decía, “contemplan aristas del oficio que los propios periodistas no queremos ver”.

Pero él siempre quiso ver, a la luz de sus referencias como Manuel Buendía, “el periodista honesto hasta la obsesión”, quien fuera para Omar Raúl “una huella significativa, estimulante y digna de seguir”. Sobre él escribió: “su concepto de ética periodística lo aplicó rigurosamente en su oficio cotidiano, y rechazaba, implacable, el mínimo indicio de verse comprometido con los tentáculos del poder político y económico. Buendía fue uno de los pocos periodistas que se han comprometido con la libertad de expresión”.

Producto de una inquietud existencial, vocacional, profesional, social y política, Omar Raúl dedicó sus esfuerzos a responder preguntas como ¿qué es el periodismo? ¿quién es el periodista? ¿para qué sirve el quehacer informativo? ¿tiene sentido hacerlo? Y teorizó sobre los binomios democracia y medios, ética y responsabilidad, o utopía y esperanza, en tiempos adversos para la libertad de expresión.

Así, desde su compilación, con obsesión de coleccionista, de pensamientos, ideas, y aforismos, Esencia del periodismo, o su homenaje a Manuel Buendía desde la trinchera periodística, hasta Repensar el periodismo. Aristas del reportaje y otras reflexiones,  su obra traza caminos de acceso al sentido de esta disciplina.

Un mapa de ruta

Como un homenaje al pensador del periodismo, a continuación se recogen algunas de sus enseñanzas aprendidas en sus cátedras, libros y conversaciones, en su propio estilo: como una compilación en orden alfabético de algunas ideas y conclusiones sobre puntos cardinales de la profesión.

  • Autocrítica: “La responsabilidad de los medios –decía– es ahora convocar a la reflexión, a la contextualización y al análisis. Y eso nos toca en principio a los periodistas. No nos hemos dado la oportunidad de reflexionar con mayor consistencia, hay un dejo de autosuficiencia y hasta de impunidad que nos hace omitir la autocrítica. Hay que ser más sensatos y por eso una parte importante de la reflexión es la de los propios periodistas, y luego poco a poco de los diferentes sectores de la sociedad”.
  • Corresponsabilidad: “Debe haber un ejercicio de corresponsabilidad. Hay que ser autocríticos incluso desde el punto de vista empresarial; es recurrente la autocensura, la impunidad e indiferencia con tal de no comprometerse o no perder ciertos cotos de poder. Hay una excesiva falta de seriedad. Si se diera una apertura seríamos más responsables en el ejercicio del periodismo. Y es que enjuiciar lo que estamos haciendo debería ser lo más natural”.
  • Democracia: “La democracia funda, jurídica y políticamente, las condiciones para el ejercicio del periodismo. Pero éste, a su vez, puede convertirse en instrumento dinamizador de las pautas democráticas. Es decir: si la democracia tiende a encauzar las condiciones para el ejercicio del periodismo, sólo de éste depende el que quiera y pueda convertirse en un auténtico instrumento dinamizador de las pautas democráticas”.
  • Ética: “En mi opinión, la ética periodística es el conjunto de valores o principios de actuación deseables que hace suyos un informador para encarar los objetivos que a su entender debiera cumplir el periodismo que él valora y respalda. Hablar de ética supone referir móviles internos llamados valores que a su vez se manifiestan en ciertas pautas de comportamiento, o en determinadas creencias, actitudes, decisiones o preferencias personales. Pero ojo: la ética periodística no es lo mismo que un catálogo de deberes en la cobertura mediática; constituye más bien una natural disposición a querer actuar en determinado sentido, un motor unipersonal, una búsqueda constante por ser mejor… Porque la raíz medular de la ética –recuerda Savater—no se vincula precisamente al deber ser o al deber hacer, sino al qué, por qué y para qué se quiere o se pretende hacer periodismo. O sea, subyacen arraigados motivos o valores que mueven a la acción”.
  • Investigación: “Hay muy poca investigación y estudio del periodismo en México. Lo que se analiza más son los fenómenos político-sociales, el quehacer de los medios, y nos metemos a veces en palabrería inconceptuosa e inalcanzable que poco tiene que ver con la realidad inmediata. En cuanto a la ética periodística o el manejo del lenguaje, por ejemplo, la bibliografía es mínima y casi toda es extranjera; hasta hace unos años se empezó a incursionar con mayor detenimiento, en tanto que en países como Estados Unidos o Inglaterra comenzaron a hacerlo desde principios de siglo. Asimismo, no existen más de cinco o seis manuales sobre periodismo que son copias o adaptaciones para México de lo que se escribe en otras partes. Dentro de la investigación rigurosa lo que más hay son estudios historiográficos, pero propiamente de la realidad periodística de los últimos años no hay nada. Hay un gran soslayo por analizar, cuestionar e historiar la propia prensa”.
  • Utopía: “La utopía es un mapa de ruta cuyo destino –conocido y siempre distante—hace estimulante el viaje. Ciertamente utopía y esperanza van de la mano. Sin utopía no habría posibilidad de imaginar caminos para mejorar. Sin utopía nadie se rebelaría frente a las circunstancias ominosas o asfixiantes. Sin utopía sería imposible creer y crear esperanzas, que a la postre son el alimento de los inconformes. La utopía es el motor de la transformación y por ende acicate para el periodismo. Pero ni la esperanza ni la utopía esperan: visualizan posibilidades, y por tanto no admiten amodorramientos ni estrecheses”.

Omar Raúl Martínez deja, con su lamentable partida, el legado de ese mapa de ruta para los periodistas que le siguen en el camino.

*Profesora del Tecnológico de Monterrey, campus Ciudad de México

Omar Raúl en Monterrey

Su huella en el mundo académico

En el Monterrey académico de principios de este siglo, pronunciar el nombre de Omar Raúl era referirse, por antonomasia, al del periodista capitalino –”chilango”, decía él– que estaba escribiendo páginas brillantes en los anales de la historia de “el mejor oficio del mundo” (Gabriel García Márquez dixit) y que tenía una fiebre incontrolable por trascender más allá de las fronteras no solamente de la ciudad de México sino del país mismo.

Omar Raúl y Clara Narváez, su compañera de vida - Foto: Archivo Familiar

Por José Luis Esquivel Hernández

No hacía falta agregarle el apellido Martínez, excepto cuando tramitábamos su boleto de avión y el hospedaje en el hotel durante las ocasiones en que vino a dictar cátedra en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Omar Raúl lo decía todo. Y su persona envolvía con firmeza un catálogo de virtudes humanas y profesionales que lo hacían conectar con su audiencia y los amigos que logró hacer en tierra regiomontana.

La Fundación Manuel Buendía y la Revista Mexicana de Comunicación eran su pasión intelectual que lo hacían desdoblarse de mil formas y alargar los días de 24 a 48 horas para trabajar intensamente. Clarita Narváez, su pareja, no me dejará mentir que hasta en sueños concebía sus textos bien aseados y saltaba de la cama en las madrugadas para que no se borrara la idea central y poder dar forma cabal al mensaje que bullía en su cerebro durante largo tiempo.

Por eso Omar Raúl dejó huella en el mundo académico de Monterrey y más allá de este entorno geográfico, por las relaciones que de aquí se ramificaron inclusive en el extranjero por obra y gracia de nuestro quehacer profesional. Supo abrir surco, arrojar la semilla y cosechar algunos frutos. Porque desde que llegaba al aeropuerto internacional disparaba su ametralladora de palabras dando cuenta de mil novedades sobre las ciencias de la comunicación y, particularmente, sobre el periodismo, a la vez que guardaba silencio y era todo oídos instantáneamente cuando preguntaba a sus interlocutores cómo estaban esas cosas por acá, en el noreste de México. Y a partir de ahí las charlas enriquecedoras nutrían el claustro de nuestra universidad pública.

Fueron muchas, muchas veces las que lo tuvimos entre nosotros. Frente a alumnos de Ciencias de la Comunicación de la UANL o ante profesores-investigadores en forma personal o en congresos masivos dentro del Teatro Universitario y el auditorio de nuestra Facultad universitaria. Y gozamos su efervescente cátedra en torno a los géneros periodísticos, sus diatribas y críticas sobre las posturas ideológicas de la televisión y los principales diarios o sus intereses comerciales; sobre el rey del periodismo, es decir el reportaje en profundidad, y, no se diga, sobre la ética, derecho a la información, transparencia y legislación de los medios.

Pulsamos cómo tenía un interés desmedido por la corrección de estilo y le preocupaba tanta apatía de los alumnos actuales de periodismo que no leen y no se deciden a practicar desde las aulas ni a escribir por su cuenta ahora que tienen tantas plataformas al alcance de su mano. Luego  abría las páginas de la RMC a quienes quisieran aportar algo provechoso y así iba de un lado a otro, inclusive repartiendo libros y hasta una agenda especial del año 2009, como un heraldo de la cultura sin desanimarse nunca ni dar tregua al esfuerzo de hacer de México un mejor país a través de sus periodistas en ciernes o de los profesionales en la prensa, la radio, la TV y los nuevos medios digitales.

Hasta que un día notamos el vacío en sus páginas electrónicas y un compás de espera en la edición de la RMC lo que nos alertó de que algo negativo estaba sucediendo en su entorno. Y sí, pronto nos llegó la triste noticia de su enfermedad, aunque en las conversaciones telefónicas jamás lo escuchamos darse por vencido, pues todavía tuvo arrestos para trabajar al lado de amigos que aceptaron el reto de la nueva etapa de la revista. Pero, sorpresivamente, se nos fue de un día para otro, sin que su ausencia física –aunque nos duele en el alma– signifique la claudicación en la lucha por sus ideales sobre un mejor periodismo y una juventud más preparada en el frente de los medios.

No está ya entre nosotros Omar Raúl. No vendrá más a Monterrey con sus aires huracanados al andar y su daga punzante en la crítica de palabra o escrita. Pero con su recuerdo, queda también ese inmenso interés que le salía a borbotones por las venas para seguir adelante con sus ideales académicos. Aquí y en todas partes. Así será.

Pinceladas biográficas de Omar Raúl

Un acercamiento a su vida personal y profesional, en voz de su familia

El pasado 3 de mayo, a los 50 años de edad, falleció Omar Raúl Martínez Sánchez, director de la Revista Mexicana de Comunicación durante más de 20 años. Por este motivo sus familiares hicieron llegar el presente texto, como una forma de recordarlo y recordar su legado.

Raúl y sus hermanos en su cumpleaños número cincuenta - Foto: Archivo Familiar.

Por Nora Martínez / Familia Martínez

Su paso se fue haciendo lento. Aprendió a caminar despacito, en lugar de andar corriendo de aquí para allá, como hizo durante casi medio siglo. Su vista fue menguando y, poco antes de fallecer, también lo fue haciendo su oído. Quizá nadie lo advirtió, pues Omar Raúl (Raúl, “Rul” o “Yayul”, como lo llamábamos), siguió trabajando como si nada le pasara.

En los últimos tres años, los ojos y las manos de sus familiares se convirtieron en sus propios ojos y sus propias manos. Humilde y discreto –como siempre– acudió a ellos para dictarles día a día sus incontables textos, que recordaba con memoria prodigiosa y gran precisión. Parecía que leía lo que plasmaba con su voz. Su lengua igualaba la velocidad de su pensamiento, virtud envidiable para quien se dedica a las palabras. Sin muletillas ni cacofonías: de verse, su voz habría tenido perfecta puntuación.

A la manera de Jorge Luis Borges, pedía que le leyeran en voz alta infinidad de trabajos, artículos y reportajes, pues poco podía ver. También, con disciplina y entusiasmo, supo, pudo y quiso adaptarse a los recursos que la tecnología le ofrecía para sentirse independiente: aprendió a manejar mejor su computadora, teléfono celular y tablet, que le permitían escuchar (en voz de una muchacha virtual) desde sus mensajes y correos electrónicos, hasta los editoriales de los periódicos.

Su pasión por la lectura llevó a Raúl a conformar una gran biblioteca de audiolibros que iba presumiendo y defendiendo. Orgulloso, comentaba haber leído ya tales o cuales libros. Demostró que la lectura no sólo es como se enseña en las bibliotecas, y que leer puede ser más que repasar con los ojos unas manchas de tinta, letras, palabras. Leer significa comprender, seguir los pedacitos de pan que fue dejando un Pulgarcito, también llamado “autor”.

Renacer y mirar posibilidades

El diagnóstico médico de 2013 no lo detuvo en sus ansias por seguir trabajando con entrega y pasión. Un año más tarde –luego de sus cirugías, sus múltiples tratamientos alternativos, su cambio disciplinado en la alimentación y su sorprendente recuperación–, “Rul” retomó sus actividades profesionales: la docencia, la creación de materiales, la labor conjunta con diversas instituciones del gremio periodístico y otros proyectos. En realidad, jamás dejó de trabajar. En el transcurso de su convalecencia aparecían por su cabeza infinidad de ideas y, a la primera oportunidad, las escribía con letra grande y plumón grueso, para luego desarrollarlas y ponerlas en marcha (de todas formas, no se le habrían olvidado).

Salió adelante. Tras su restablecimiento, Omar Raúl no volvió a ser el mismo. Sus virtudes se profundizaron, sus defectos se diluyeron. Se acentuó su generosidad, así como su desprendimiento de las cosas materiales, su solidaridad, su optimismo y sus muestras de cariño; su perfeccionismo, su desesperación y su impaciencia, se redujeron.

En Tiempo, expresión y vida. Miradas desde el cascarón –reflexiones publicadas en 2015 con motivo de sus 50 años– él mismo expresa: “En distintos momentos de la vida, estamos muriendo y renaciendo. Por ejemplo, el Raúl u Omar Raúl de hace un año ya no es el mismo. Literalmente ya es otra persona: sus células, su fisiología, su respiración, su mirada y su mente ya no son los mismos… Soy otro y el mismo a la vez”.

Considera su enfermedad no como algo terrorífico o un castigo, sino “como un trampolín de vida, un remo tonificante que puede servirme a reencaminar mi barca”. Jugar a las estampas imaginarias –dice– lo hizo aferrarse a la vida, al visualizarse sano. Decide trazarse en la mente nuevas ideas por materializarlas: otro libro, un programa de radio, una emisora digital. Raúl suelta un consejo: “Confirmé entonces que los proyectos, el mirar posibilidades, el abrir expectativas propias nos puede ayudar a renacer en vida, siempre respaldados por el acompañamiento de quienes nos aman y amamos”.

Como una despedida anticipada, “Rul” agradece a la vida por darle la oportunidad de aprender a ser de otra forma: “Hoy aprecio más aún lo que me rodea y tengo, en lugar de lamentarme por lo que carezco… Veo la vida como un maravilloso regalo, como un espacio mental, físico y espiritual donde cada quien define alcances y fronteras”.

Pasión por la escritura

Dentro de una familia numerosa, adquirió el hábito de la lectura, que estaba arraigado por influencia de sus padres, ávidos lectores de periódicos y revistas. Aprendió con el ejemplo de las cuatro hermanas y los cuatro hermanos mayores. Este ejemplo lo proyectó y lo extendió a las dos hermanas más pequeñas. Omar Raúl demostró, desde la infancia, que ser un buen lector abre la puerta para ser un buen escritor.

A los 10 años su vocación periodística estaba delineándose. De puro gusto, empezó a escribir semanalmente la crónica de los encuentros de futbol que se realizaban entre familiares y amigos del club “Picamosco”, al que acudía en la colonia Agrícola Oriental en la Ciudad de México. Lo hacía con tanta espontaneidad y claridad que provocaba gran asombro en los adultos. Sorprendía su responsabilidad, constancia y seriedad para escribir a mano su texto (a pesar de su mala caligrafía), y colocarlo puntualmente en el periódico mural.

En ese mismo espacio se acercó al teatro, actividad que practicó desde niño hasta los primeros años en la universidad. Su amor por las palabras, su conocimiento de la lengua y el poder de ésta, se reforzaba día a día. Antes de concluir la primaria obtuvo una mención honorífica por un trabajo sobre la Expropiación Petrolera, con el que participó en un certamen organizado por La Prensa (diario en el que escribía Manuel Buendía, a quien jamás conoció, pero siempre admiró).

Raúl fortaleció su amor por la palabra y su afán por escribir durante la preparatoria. Por ello, antes de finalizar el bachillerato estaba decidido a estudiar periodismo –siguiendo los pasos de una hermana mayor, y marcando el camino para la más pequeña de la familia–, en la ENEP (hoy FES) Acatlán de la UNAM.

Durante la licenciatura, a mediados de los años 80, Raúl se perfilaba ya como un visionario en sus propuestas en torno al quehacer del periodista y el funcionamiento de los medios. Le preocupaba la formación profesional, los derechos, la ética. Al egresar, dedicó grandes esfuerzos al estudio y análisis de estos temas, los retomó y los compartió, siempre que pudo, en sus diversas publicaciones. En la actualidad, éstas son un referente obligado para los estudiantes y especialistas de la Comunicación. Sus inquietudes profesionales lo llevaron años más tarde a cursar el Doctorado en Derecho de la Información, en la Universidad de Occidente (Mazatlán, Sinaloa).

Un cuarto de siglo en la Fundación Manuel Buendía

En julio de 1988 coincidió por primera vez con Héctor Gama Lira en la Universidad Autónoma de Zacatecas, encuentro que cambiaría la vida de Omar Raúl. Gama Lira había acudido como expositor; Raúl, como asistente. Cuando éste comentó que estaba próximo a concluir la carrera y quería realizar el servicio social en una radiodifusora, el ponente lo invitó a conocer la Fundación Manuel Buendía (FMB), cuyo presidente era Miguel Ángel Sánchez de Armas.

Raúl entró, permaneció y entregó casi la mitad de su vida a la FMB, involucrándose en sus diferentes áreas. Los primeros cuatro años, trabajó como reportero, columnista y editor. Durante 23 años (desde 1992) dirigió la Revista Mexicana de Comunicación y durante 14 años (a partir del año 2000) fungió como presidente de la Fundación.

A la par de su trabajo en la FMB, impartió clases en diversas instituciones de educación superior del país, a través de la cuales influyó, de manera considerable, en la formación profesional de los estudiantes como periodistas éticos. Si bien, era un profesor riguroso, siempre tenía palabras de aliento hacia ellos, mostraba interés por sus proyectos y los orientaba cuando se acercaban a consultarlo. Su dedicada labor docente era correspondida por el respeto, admiración y reconocimiento, dentro y fuera del aula, por parte de alumnos, compañeros, maestros y colegas periodistas.

También trabajó como reportero, articulista, comentarista, colaborador, director editorial y subdirector en diferentes medios y publicaciones. En virtud de su trayectoria profesional, su nombre se encuentra en el Diccionario Enciclopédico Milenios de México.

Siempre modesto y sencillo, en cada una de estas actividades fue haciendo amigos y esparciendo sus conocimientos. Dejó sus “semillas de periodismo” para verlas germinar en sus discípulos, y siempre manifestó solidaridad, generosidad, entrega, pasión y compromiso por la profesión periodística. De lo anterior, dan muestra los múltiples mensajes en diferentes medios de comunicación y redes sociales, tras su fallecimiento.

Reconstruir parte de su historia no ha sido tarea fácil: cada hermano, cada sobrino, cada cuñado, así como Claris, su compañera de vida, han contribuido para ofrecer estas pinceladas biográficas. Entre muchas otras cosas, de ”Yayul” quedan presentes para la familia: su permanente capacidad de asombro, su curiosidad por conocer los intereses y actividades de los otros, su manera de alentar y apoyar el crecimiento personal de quienes lo rodeaban, las caricias en la oreja –como demostración de afecto– y, sobre todo, sus carcajadas abiertas y espontáneas.

Al abrir cada uno de sus libros o leer alguno de sus artículos, podemos escuchar su voz, sentir su presencia. Raúl logró apropiarse de las palabras, moldearlas a su imagen y semejanza. Si lo leemos, lo vemos a él hablando, explicando, preguntando, siempre en tiempo presente, porque sus palabras han quedado pasmadas ante esa magia que les imprimió.

Producción y legado

Omar fue un profesional del periodismo con una amplia producción.

Es autor de los libros:

  • Semillas de periodismo
  • Manuel Buendía en la trinchera periodística
  • Repensar el periodismo
  • Códigos de ética periodística en México
  • Edmundo Valadés tiene permiso
  • Esencia del periodismo (Comp.).

Es coautor de Apuntes para una historia de la TV mexicana, De reporteros, Riesgos y perspectivas del periodismo latinoamericano, Deontología y autorregulación informativa, Nuevas tendencias del Derecho de la Comunicación, Retratos de Manuel Buendía, La Ley Televisa y la lucha por el poder en México, Investigar la Comunicación en el México de hoy, Análisis y testimonios de la libertad de expresión en México, Palabras a Miguel Ángel Granados Chapa, Ética y responsabilidad social de los medios de información en un contexto de cambio, Diccionario de derecho de la información, Libertad de expresión y responsabilidad social: Estudios en homenaje al doctor Jorge Carpizo, Miradas de la comunicación: Entre la multidisciplina y la especialización, así como de los estudios Recuento de daños: un acercamiento al estado de las libertades de expresión e información en México (de 1997 hasta 2006).

En 2015, con motivo de sus 50 años de edad, Omar Raúl publicó una serie de reflexiones y experiencias personales a las que tituló Tiempo, expresión y vida. Miradas desde el cascarón (una producción realizada de modo artesanal por la familia), cuyas citas se incluyen en el presente texto.

Antes de fallecer, Omar Raúl recibió la noticia de que su libro El género neuronal del periodismo. Pautas básicas y antología mínima del artículo editorial en México, una de sus últimas producciones, sería publicado por la UAM Cuajimalpa, a la que estaba adscrito como profesor-investigador asociado “D” del Departamento de Ciencias de la Comunicación, en la División de Ciencias de la Comunicación y Diseño.

Su última obra, cuya publicación está en trámite en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, es Ética y autorregulación en México. Conceptualización, historia, retos y documentos.

Trayectoria periodística y docente

Omar Raúl Martínez Sánchez fue profesor en la actual Facultad de Estudios Superiores Acatlán, en la Universidad Iberoamericana, en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, en la Universidad La Salle, en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (campus Ciudad de México) y en la Universidad Autónoma Metropolitana. De igual manera, participó como como conferencista e instructor en diversas instituciones de educación superior tanto de la Ciudad de México como de la República Mexicana.

Por otra parte, fue reportero de la revista Cultura Norte, coordinador editorial de GV Editores, editor de la revista NTX de la Agencia Mexicana de Noticias (Notimex) y colaborador del Consejo Editorial de esta misma. Asimismo, fue miembro del Consejo de Programación de Radio Ciudadana del Instituto Mexicano de la Radio, además de ser fundador y presidente de la Casa de los Derechos de Periodistas (2010-2011).

Fue articulista del suplemento “Medios” del periódico El Nacional, de la revista Análisis XXI y de la sección cultural de El Financiero; director editorial del Mexican Journal of Communication, corresponsal de Reporteros Sin Fronteras, así como subdirector de la Revista Iberoamericana de Derecho de la Información, comentarista especializado en medios informativos de Radio Educación y coordinador del Subsistema de Periodismo de la Universidad Iberoamericana.

Periodistas de a Pie por los derechos humanos

Entrevista a Jade Ramírez Cuevas

Desde 2007 un grupo de periodistas mujeres en activo decidieron fundar Periodistas de a Pie, una organización civil que ha decidido entrar de lleno en el tema de los Derechos Humanos y el Periodismo. “No es algo privativo de la red Periodistas de a Pie”, explica Jade Ramírez Cuevas Villanueva, integrante de su Consejo Directivo.

Daniela Pastrana y Jade Ramírez en el programa de Periodistas de a Pie - Fuente: Captura de pantalla de Rompevientos.tv

Por Abraham Gorostieta

Como lo ha venido sosteniendo el filósofo y ensayista francés Alain Badiou, las crisis no solo son paulatinas y focalizadas sino sistémicas. En México, sumada a la crisis económica y política que hay actualmente, se puede sentir y vivir una crisis muy particular: la de Derechos Humanos. A lo largo de todo el territorio nacional y en lugares muy específicos hay historias y testimonios de lo que es la vida diaria con la sistemática violación a estos derechos ejercida ya sea por el crimen organizado, las instituciones judiciales y ministeriales o por personajes políticos. En la última actualización de datos del Sistema Nacional de Seguridad Pública, del Registro Nacional de Personas Extraviadas o Desaparecidas se lee que son 25 mil 398 personas con registro de desaparecidas. Todas estas personas son historias, familias rotas, testimonios que desaparecen.

Desde 2007 un grupo de periodistas mujeres en activo decidieron fundar Periodistas de a Pie, una organización civil que ha decidido entrar de lleno en el tema de los Derechos Humanos y el Periodismo. “No es algo privativo de la red Periodistas de a Pie”, explica Jade Ramírez Cuevas Villanueva, integrante del Consejo Directivo, quien concede esta entrevista y enseguida abunda:

“Es de toda una generación de periodistas de México que desde hace muchos años le hemos apostado a hablar desde esta otra perspectiva: narrar la corrupción, el mal manejo de los recursos públicos, las perversas relaciones políticas, narrar los peculados, el desvío de recursos, el comportamiento negligente y violento de las instituciones de gobierno, desenmascarar el poder desde una perspectiva de derechos humanos. Lo que nos toca es contar este tiempo, que ya se ha vuelto bastante largo”.

La periodista –a quien le desagrada leer columnas “a este país lo peor que le pasa es tener tantos opinólogos, lo que necesita es investigación y documentación de la información”, opina- ha sido galardonada por la Bienal Internacional de Radio en las categorías de Radioarte, Radio indigenista, Programa de análisis y Debate. Nominada al Premio Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano Cemex-FNPI por Ver no es mirar sobre derechos culturales y discapacidad en 2007 y en 2009 por La discriminación vuela por Avianca, reportaje en equipo por el que también obtuvo el Premio Internacional de Periodismo Rey de España que otorga la Agencia EFE y la Agencia de Cooperación Internacional de España, en 2009, ahora como integrante de Periodistas de a Pie, cuenta cómo ella ha percibido el giro temático hacia los derechos humanos:

“Hasta hace poco más de una década, la nota sobre violación de los derechos humanos recaía en solo una persona en las redacciones. Era la persona ‘loquita’ o la ‘que creía que valía la pena’ escribir sobre desigualdad, de pobreza, violencia de género, o discapacidad. En general todo mundo cubría política, deportes, financieras, cultura. Hoy la mayoría de los periodistas en cualquier redacción, chica, mediana o grandota, todos los periodistas terminan hablando de derechos humanos y terminan haciendo un periodismo que nos obliga a tener una perspectiva de derechos humanos. Y esto es un avance importante, los periodistas se sensibilizan y comienzan a preguntarse: ¿Cómo entrevistar a una persona que fue violentada? Ya hay una mayor conciencia de que la nota de derechos humanos ya no se puede dar como se venía dando, que debe haber un tratamiento delicado, un entendimiento, una capacitación profesional para abordar éstos temas y de cómo acercarse a alguien que fue violentado en sus derechos humanos y cómo poder contar su historia a los demás. Esto ha sido un gran avance”.

Periodistas de a Pie, desde su fundación, tiene una idea angular. En su sitio de Internet uno puede leer sobre esta idea: Buscar dimensión social en cualquier tipo de suceso noticioso y ponerle rostro humano a la noticia; enfocar la información desde la perspectiva de los derechos humanos; explicar por qué le pasa lo que le pasa a alguien a través de la denuncia, la exposición de causas y la propuesta de soluciones. La periodista Ramírez Cuevas asienta cada una de las anteriores palabras.

Una mirada ante el espejo

Con ocho años de existencia como organización, el balance es positivo pues ha cumplido con la misión de su fundación: elevar la calidad del periodismo en México, a través de la capacitación y del intercambio de técnicas de investigación, experiencias, estrategias de reporteo, estilos narrativos y formas de abordaje. Ramírez Cuevas precisa: “Principalmente se buscó la capacitación y profesionalización de los periodistas en México. La primera meta entonces fue entrenarse, capacitarse y hacerse de mejores herramientas para entender lo que estaba pasando en diferentes rubros de la vida social en México y desde luego eso se fue compartiendo, permeando y abriendo a otros grupos de periodistas fuera de la Ciudad de México”. A través de talleres y diplomados, Periodistas de a Pie ha abordado, estudiado y difundido, con temáticas muy específicas, el tema del periodismo y los derechos humanos, el periodismo de datos, análisis de información, temas de seguridad, minerías de datos, megaproyectos, etc. Talleres donde el reportero adquiere nuevas herramientas para realizar mejor su trabajo.

Hay satisfacción en la voz de Jade cuando cuenta esto, saber que la meta número uno se va cumpliendo y se va consolidando. Pero hay otra meta para la organización: el tema de las redes y el trabajo transversal de colectivos y de periodistas con intereses muy particulares, con independencia de donde trabajan, para qué medio y en qué estado se encuentran. Tejer redes solidarias entre periodistas ha sido un segundo escalón alcanzado para la red de Periodistas de a Pie.

La propia Jade explica:

“Estas redes se han ido consolidando y fortaleciendo, algo que es muy importante, porque se vino como baldazo de agua fría la ola que se incrementa de agresiones y violaciones a los derechos de los periodistas en todo México. La red de Periodistas de a Pie asumió una responsabilidad de entender lo que estaba pasando con los compañeros reporteros en muy diversas partes del país, no solo en Tamaulipas, Veracruz, Oaxaca o Guerrero sino tratar de entender –ese es uno de los retos que tiene la organización- lo mejor posible cómo se ejerce el periodismo en México, bajo qué características, bajo qué presiones, bajo qué circunstancias laborales, salariales, de seguridad, de desigualdad, de género, de cualquier perspectiva. Esto es para tratar de entender lo que sucede pero además, hay que documentarlo y señalarlo estadísticamente año con año. Tejer redes de trabajo. Tejer redes solidarias entre los colegas que permitan salir adelante ante este escenario. Hoy existen grupos de trabajo multidisciplinarios de reporteros de diferentes estados del país, de diferentes regiones que son grupos de aliados, afines, aunque en su configuración administrativa no formen parte ésta organización pero son aliados por naturaleza que están en Sinaloa, Chihuahua, Guerrero, Jalisco, Veracruz, Puebla, etc”.

A ocho años de su fundación, los integrantes de esta organización se sienten satisfechos pues sus primeras metas que han sido profesionalizar a los periodistas a través de capacitaciones específicas y especializadas y por otro lado, la construcción de un tejido de las redes solidarias de trabajo para caminar juntos ante la adversidad en la que se ha convertido el ejercer periodismo en México.

Periodismo, oficio de alto riesgo

El sello que caracteriza a Periodistas de a Pie es que fue fundada, está constituida y es administrada por periodistas que se dedican a realizar su trabajo todos los días, periodistas con trayectoria, que reportean, hacen investigación dentro y fuera de los medios, ya sea como freelance, o estén en una nómina. Esto mismo les permite no perder la perspectiva de la documentación del análisis de lo que está pasando en México en materia de Derechos Humanos y periodismo.

“Desde el terreno real de ejercer todos los días, coberturas especiales, reporteos, análisis de información filtrada a través de plataformas como MéxicoLeaks, el salir, viajar, conocer, y estar directamente en las zonas delicadas, en las coberturas, en las zonas de riesgo, o en los temas que se han vuelto fundamentales en los medios en México como lo es dar voz a las víctimas, violaciones a derechos humanos, despojo, imposición de proyectos, afectación a comunidades indígenas, desigualdad, pobreza, escrutinio de la corrupción y de los poderes públicos de este país, el tema migratorio visto transversalmente desde distintas perspectivas, creo que todo esto en su conjunto le permite a la red de Periodistas de a Pie, tener una perspectiva real e inmediata del aquí y el ahora, de cómo se está viviendo y como se está ejerciendo el periodismo en México”, señala Ramírez Cuevas, hace una pausa y pronto abunda: “Todos los fundadores, todos los que actualmente forman parte del Consejo Directivo y los aliados forman parte del ejercicio periodístico cotidiano. No solo es una red de reflexión desde el escritorio, o una reflexión y sistematización de estadísticas, de violencia, desde la composición de los medios o desde lo académico, sino también desde el terreno del ejercicio diario del periodismo”.

Otra característica de la organización Periodistas de a Pie es su obsesiva y férrea cobertura del tema del derecho a ser informado con calidad. Para la periodista Jade Ramírez esto se vuelve importante porque el país tiene tres derechos básicos que son la libertad de expresión; el derecho a la información y el derecho a publicar. Estos tres derechos se vuelven vitales porque:

“La crisis de derechos humanos por la que atraviesa el país ha alcanzado niveles muy preocupantes no solo para los medios de comunicación y los periodistas sino para la población en general y la ciudadanía tiene derecho a saber, a ser informada, tiene derecho a la memoria, a entender lo que está pasando y aunque parezca que ‘ésta población’ no tiene interés todo el tiempo o que se cansa de enterarse de las malas noticias –que no solo tienen que ver con deuda y pobreza sino también con las graves violaciones a los derechos humanos que se permiten en nuestro territorio- pues lo que hace Periodistas de a Pie es apostarle a hablar desde otra perspectiva, que es la de derechos humanos, de lo que periodísticamente nos toca contar y nos toca documentar”, comenta Jade y hace énfasis de esto último.

Y la realidad en México es difícil para ejercer periodismo. La organización Artículo 19 en su informe M.I.E.D.O. documentó 397 agresiones a periodistas en 2015, incluyendo siete asesinatos de periodistas. Lectora de Miguel Ángel Granados Chapa y de Jesús Blancornelas, Jade Ramírez Cuevas reconoce esta terrible realidad mexicana. Sabe que la misma prensa da cifras y cifras y nada parece cambiar.

“Para la red de Periodistas de a Pie desde 2010 se ha vuelto un tema prioritario las condiciones para ejercer la libertad de expresión en México en general y particularmente las adversidades para ejercer el periodismo. Lejos de parecernos natural o normalizado a todos los involucrados en este eje que es de interés de toda la organización, la respuesta que la red ha encontrado –además de rechazar y descalificar las agresiones contra la prensa en México y de sistematizar los números que día a día se incrementan-, es que desde lo que sabemos hacer, que es periodismo e investigación, es acercarnos a la temática y poner la información de tal suerte que sea más sencillo para los compañeros comprender lo que está pasando en otros estados y también para que a los observadores de afuera que son organizaciones hermanas o aliadas de Periodistas de a Pie, periodistas de Colombia o Argentina u organizaciones internacionales les quede mucho más claro lo que está sucediendo en México más allá de las estadísticas”.

Para la organización Periodistas de a Pie, el reto ahora es humanizar esas cifras; es por ello que se han dado a la tarea de narrar las historias, las adversidades de cada uno de los periodistas asesinados y con ello lograr que se entienda mejor lo que sucedió. Así pues ha documentado esos casos explicando cuáles son las raíces por las que se perpetúan las agresiones contra los medios de comunicación y los periodistas una y otra vez sin reparo, sin acceso a la justicia, sin que haya un acto mínimo de prevención. Haciendo periodismo de investigación. En ese sentido, realizaron un informe que está publicado en su sitio en internet y que se elaboró cuando sucedió la desaparición y asesinato de Gregorio Jiménez de la Cruz, periodista en Coatzacoalcos, Veracruz. Un trabajo que fue reconocido como finalista en el premio Gabriel García Márquez 2015.

Cuenta la propia Jade:

“El informe Gregorio Jiménez, asesinado por informar es un trabajo colectivo de poco más de doce periodistas que viajamos hasta Coatzacoalcos para internarnos en la realidad de Goyo y entender cómo vivía, cómo era su contexto antes de la desaparición y el asesinato. Cómo era y es la condición laboral de los compañeros de Goyo. Cuánto cobraba por una nota, qué era todo lo que tenía que hacer para lograr esa nota. Cómo era su día a día para poder cobrar su trabajo. Bajo qué condiciones estaba, cómo vivía, y toda esta información nos dio un proyecto con más de 40 testimonios de sus compañeros. Nos permitió hacer una composición (o descomposición) de los medios en Veracruz, que permite entender en mucho por qué en Veracruz pasa lo que pasa contra los periodistas. Por qué se han vuelto desechables los reporteros en ese estado. Por qué quienes están detrás de las nóminas de los medios de comunicación y los intereses puestos en esos medios son personajes de la vida pública, políticos, partidos, magistrados, diputados que tienen intereses muy particulares y que ejercen esos intereses a través del golpeteo político en los medios de comunicación. Luego entonces los periodistas se vuelven desechables”. Por un momento, Jade hace una pausa.

Parte del trabajo que realiza Periodistas de a Pie es denunciar lo que se da a conocer con alguna desaparición de un periodista. El ataque en contra de las periodistas, la violencia de género que se incrementa contra las periodistas. Dar a conocer la información en redes sociales y a la vez procesar la información, hacerla más clara y darle un contexto. Documentarla para que pueda ser mejor comprendida fuera de México y que con datos e investigaciones sea mucho más sencillo el saber por qué México se ha convertido en uno de los países más violentos para ejercer el periodismo. Tras un suspiro profundo, la periodista es enfática: “Los periodistas necesitamos documentarnos, reportearnos a nosotros mismos para no convertirnos en la nota roja en la que nos han y hemos convertido”.

Sobre todo, tomar buenas decisiones

La periodista cuenta que es periodista porque así ya estaba marcado en el destino. Con los años que lleva Periodistas de a Pie y el acercamiento a distintos medios de comunicación y organizaciones, se le pregunta por las resistencias que hay en las redacciones de diarios y revistas, por las trabas de directores y dueños de medios a hacer un cambio de óptica en el enfoque y la cobertura del tema de derechos humanos. Categórica responde que tratan de acercarse más a los reporteros y fotógrafos que a sus directivos. Sin embargo hay acercamientos con directores que “tienen una perspectiva muy diferente, bastante relevante, sobre ese tema”, explica y cita el caso del periódico Noreste de Sinaloa, y de su director Adrián López, “un amigo cercano a la red de Periodistas de a Pie, un aliado y un personaje que resaltamos la visión que tiene sobre como consolidar la redacción del medio que le toca dirigir y lo que le toca coordinar. Pero es un garbanzo de a libra entre todos los perfiles que ya conocemos que en general hay, no nos vayamos lejos, el caso de Milenio y su director Carlos Marín, por mencionar uno…”, nuevamente hace una pausa.

Después de unos breves segundos abunda:

“El tema de la resistencia de los directivos no tiene tintes éticos o deontológicos. Es una praxis de empresa, el tema es ese: en los medios públicos es un asunto de política pública y en las empresas; en los corporativos de medios de comunicación es un asunto de industria editorial. Son casos muy singulares los de directores que tienen una sensibilidad diferente para entender a los reporteros. También es importante entender que en México no se puede hablar en general ‘del periodismo’. No se puede hablar como en bloques. México se tiene que entender por regiones y luego por estados y después entender lo que sucede en cada estado al interior. No es la misma violencia que se ejerce, laboral, salarial, física, de seguridad, en el sur de Veracruz, Coatzacoalcos, con sus peculiaridades, que la que se ejerce en el norte de ese estado por ejemplo, Córdoba u Orizaba. No es la misma la que se ejerce en el Puerto que la que se ejerce en Xalapa. De repente decimos ‘Veracruz el estado asesino de periodistas’, y sí, en general sí, lo repetimos en las marchas, como consigna, en las redes sociales hasta cansar al espectador y hasta aburrir a las audiencias, pero lo que sucede en Veracruz, por ejemplo, se tiene que entender por regiones, circunstancias y lo mismo sucede en el resto del país”.

Ofrece como más ejemplos el semanario Zeta de Tijuana con una definición editorial muy clara de qué tipo de periodismo hace, de qué tipo de arropamientos da a sus reporteros. Brinda otro ejemplo, el Diario de Chihuahua, en Ciudad Juárez. Se detiene un poco y reflexiva agrega:

“En Jalisco podemos hablar que si bien no es un estado con mayores acontecimientos de violencia en contra de periodistas, sí se presentan acciones de censura, de persecución, de acoso hacia el interior de las redacciones y sin embargo, escuchas a todos los directivos de los medios de comunicación de Jalisco de lo más solidarios, son de los más indignados de lo que pasa en el resto del país, pero al interior, la manera en que se violenta los derechos laborales y salariales de los periodistas, en general, pues podríamos compararlos con algunos casos como los de Veracruz. Entonces es ver por medio, por región, por estado. Hay dos crisis: una que es la crisis de los medios de comunicación como industria y otra que es la crisis de los periodistas como trabajadores de los medios de comunicación o como trabajadores promotores de los derechos humanos, como la libertad de expresión, el derecho al acceso de información y el derecho a publicar. Una responde a una crisis de industria y otra corresponde a los retos y adversidades que como profesionales tenemos los periodistas”.

Periodistas de a Pie recién abre el programa de libertad de expresión este año, creando la figura de Oficial de libertad de expresión. La periodista explica qué es esta figura y ofrece como ejemplo su propio caso: Jade Ramírez Cuevas Villanueva ha vivido agresiones, situaciones de riesgo y amenazas de muerte derivadas de su trabajo periodístico en Jalisco.

Periodistas de a Pie lo primero que hace es orientar. La red no puede asumir el representar y llevar un caso, tan claramente, primero porque la estructura de la organización no lo permite. Porque se necesitan muchos recursos y un equipo humano no solamente capacitado para tal cosa sino un equipo humano que pueda responder realmente ante la situación de lo que significa un periodista desplazado. Sin embargo, lo que hace la red, es registrar el acontecimiento, tratar de entender lo que le está pasando al compañero o a la compañera. Orientarlo sobre cuáles son los caminos con base a la experiencia propone la red. Dar un acompañamiento desde el respeto y la comprensión de encontrarse en una situación de desplazamiento o de reubicación temporal. La red no representa casos de manera legal como lo hacen otras organizaciones pero sí permanecemos en orientación constante con los compañeros. Y esto se vuelve fundamental, pues más que tener una organización que te represente legalmente y que te solucione todas las situaciones inmediatas que se te generan ante un acto de violencia, lo que se vuelve fundamental es que conectes con alguien que con serenidad, que con conocimiento y experiencia te pueda orientar para la mejor toma de decisiones y eso es lo que hace Periodistas de a pie. Plantear los escenarios. Plantear cómo operan las instituciones de gobierno. Entender el contexto en las que se presentan las situaciones de emergencia y proveer lo más rápido posible de un kit básico de herramientas que le permitan al compañero tomar decisiones en el momento tan delicado en el que se encuentra. Orientación legal, de seguridad, y sobretodo, atender otras necesidades como lo es la atención psicosocial en el momento. La mayoría de los periodistas lo perdemos de vista. En general, no consideramos necesario tener un soporte emocional y psicológico sobre lo que nos está tocando cubrir y reportear todos los días. Buscamos que el periodista, en este tipo de situaciones tenga una orientación para tomar mejores decisiones y no salir huyendo de su casa, mover a toda su familia o encerrarse”.

Mirando al mañana

Periodistas de a Pie es una organización cuyo tema no es muy comercial en los grandes medios de comunicación, a pesar de la relevancia de este tema. Esto significa que el financiamiento debe ser un reto en el día a día. La integrante del Consejo Directivo de la organización aclara ese punto: “No es muy diferente la situación que pasa la red de Periodistas de a Pie, a la que pasan los compañeros de Puebla, que son un medio de comunicación, hablo del caso del Periódico Lado B, que es un periódico multimedia. No es distinta a la de los compañeros de Chiapas Paralelo o de los compañeros de Página tres de Oaxaca. La diferencia entre tener un medio de comunicación alternativo con criterios y políticas éticas básicas muy claras no dista mucho de ser o haberte convertido a una organización civil y entonces tener una plataforma diferente de acceso a recursos. No hay gran diferencia, sobre todo porque las financiadoras lo que buscan es un trabajo consolidado, experiencia, continuidad y seguimiento”.

Jade ofrece ejemplos de proyectos de Periodistas de a Pie que resultan exitosos. En el camino es un micro sitio especializado en la cobertura de migración en México. Desde Centroamérica hasta Estados Unidos. Es un ejercicio que va en su tercer año consecutivo de existencia, el cual permite que no solo periodistas de la red sino periodistas que se encuentran en diferentes estados de la República en donde se han formado las rutas migratorias publiquen sus reportajes, sus investigaciones. Los periodistas tienen a su disposición un espacio diferente para publicar la noticia y la información que se documenta sobre la crisis migratoria en México. La periodista explica: “Esto ha permitido que exista un mínimo financiamiento para los periodistas en la cobertura para el viaje, los viáticos y una gratificación para los periodistas que dan su trabajo para En el camino”.

El proyecto es coordinado por Daniela Rea, reportera especializada en conflictos sociales, derechos humanos e  impacto social de la violencia. Y también por Alberto Nájar, productor para México y Centroamérica de la cadena británica BBC World Service, periodista especializado en cobertura de temas sociales como narcotráfico, migración internacional y trata de personas. La relevancia profesional de En el camino obtuvo el reconocimiento, por parte de Naciones Unidas, con un trabajo de la reportera Ángeles Mariscal sobre las mujeres migrantes de Centroamérica atrapadas en las redes de trata de blancas en la frontera de Chiapas.

Ramírez Cuevas explica que:

“La sobrevivencia de estos proyectos o plataformas periodísticas es compleja, pues requiere mucha seriedad en el trabajo periodístico, un trabajo administrativo de mucha continuidad, rendir informes, hacer que rindan las cuentas de los fondos que las financiadoras otorgan a la red. El balance es positivo, pues hay más interés sobre este trabajo y una de las demandas priorirtarias que los colegas tenemos en las regiones es financiar proyectos periodísticos. Ahora el tema de seguridad se ha vuelto importante pero queda en un segundo plano cuando realmente se están cerrando las alternativas de publicación en otros estados y lo que los compañeros nos dicen es que quieren publicar, hacer proyectos sustentables, hacer su propio medio de comunicación, foros donde subir las notas que sus propios medios no les publican. Con En el camino, la red ha intentado darle salida a esas peticiones. Otro proyecto exitoso de Periodistas de a Pie es Pie de página, que es un espacio para publicar materiales periodísticos que no están saliendo en otras ciudades y que están siendo rechazados por las redacciones. Pie de página las jala y hace auténticas coberturas. Justo ahora Periodistas de a Pie acompaña  periodísticamente la Caravana por la paz, la vida y la justicia que inicia en Honduras y que termina en Nueva York y esto es posible gracias a pequeños financiamientos que se le otorgan a la organización. Más de seis periodistas, durante tres semanas, están prácticamente volcados de tiempo completo a la cobertura de esta caravana para que Pie de página difunda con profundidad toda esta información”, concluye.

Scherer, Leñero y Granados

Parteaguas de la prensa mexicana

El gran parteaguas en la prensa mexicana se inició en 1968 cuando Scherer García es electo para dirigir el diario Excélsior. Junto a él estuvieron Vicente Leñero y Miguel Ángel Granados Chapa en aquellos años decisivos que dieron lugar al golpe artero contra la libertad de expresión y los derechos humanos. El fallecimiento en un lapso breve de tiempo de Julio Scherer, Vicente Leñero y Miguel Ángel Granados Chapa, mueve a una reflexión sobre el periodismo que sacudió a México dando lugar a que podamos hablar de un antes y un después en la historia de la prensa mexicana.

Julio Scherer y Vicente Leñero - Foto: Sergio Garibay / Agencia Cuartoscuro

Julio Scherer y Vicente Leñero – Foto: Sergio Garibay / Agencia Cuartoscuro

Por Francisco Prieto

Publicado originalmente en RMC #137

Este parteaguas se inicia en las postrimerías de 1968 cuando Scherer García es electo por la cooperativa para dirigir el diario Excélsior. Junto a Scherer estuvieron Vicente Leñero y Miguel Ángel Granados en aquellos años decisivos que dieron lugar al golpe artero contra la libertad de expresión y los derechos humanos ordenado por el entonces presidente de la república, Luis Echeverría Álvarez con el concurso del Partido Revolucionario Institucional y la participación entusiasta de Televisa.

Como los motivos y la crónica del golpe no los describiría mejor que Leñero en su obra Los Periodistas, que se sigue reimprimiendo y goza de excelente salud, voy a evocar a cada una de las figuras por separado. Entre otras cosas porque mi trato con cada una de ellas fue más personal que fijado en la esfera de trabajo. Y además porque cada cuál fue un individuo consciente de poseer un yo propio e intransferible habiendo sido la suya una existencia auténtica, fiel cada quién a sí mismo y a los valores al servicio de los cuales transcurrió su existencia.

 

Julio Scherer García

Los que no llegábamos a los treinta años en 1968 parasitábamos un país esclerótico que arrastraba demasiados años viviendo en la más radical ambigüedad. Como la revolución mexicana no tenía libro referencial, las categorías para estudiarla eran el eclecticismo y el pragmatismo. Las palabras y las leyes iban por un lado; las acciones y los hechos por otro. El discurso oficial obedecía a los tópicos de siempre, la historia giraba en torno a individuos que formaban un santoral laico. La censura y la auto censura eran lo habitual en los medios, por lo que el presidente de la república era intocable. Los funcionarios no se consideraban obligados a rendir cuentas a la opinión pública, sólo concedían entrevistas a periodistas corruptos y/o domesticados. Así, todo lo malo que acontecía, o casi todo, era obra de “extranjeros indeseables”. Sólo  escapaban a la censura los libros ya que en la nación eran pocos los lectores y  aún menos los lectores educados. Como en el régimen de Franco, con el que no se tenían relaciones diplomáticas, la censura a las películas hacía que pasaran mutiladas o que simplemente no pasaran, como fueron los casos de La sombra del caudillo, Viridiana, La dolce vita… En ese estado de cosas y cuando se iniciaba el movimiento estudiantil de 1968, llegó a la dirección de Excélsior don Julio Scherer García.

Scherer había sido un reportero notable que había dejado joyas de buen periodismo de investigación en el reportaje y la entrevista. Había ejercido la crítica a través de la opinión de sus entrevistados, hombres cuyo prestigio los volvía más o menos intocables. El caso es que toma la dirección en pleno movimiento estudiantil cuando eran requisados hasta los periódicos extranjeros cuando analizaban la temática y daban cuenta de la represión gubernamental.

Scherer actuará con prudencia, consciente de que los cambios en el diario no podían ser radicales. Sin embargo, poco a poco se va gestando un periodismo nuevo que devolvía a la prensa nacional la dignidad que había conocido en el siglo XIX: las páginas abundantes dedicadas a la vida social de empresarios, políticos y señoras del “gran mundo” se conviertieron en páginas verdaderamente sociales donde se presentan los problemas que hacen patente que México está muy lejos de ser una sociedad justa. En las páginas de espectáculos, se llamó a escritores que no estaban al servicio de las grandes distribuidoras y productoras de películas; se inició la crítica seria de televisión y de radio en tanto que en las páginas de cultura se reseñaban las novedades editoriales, se entrevistó a literatos, científicos, profesores e investigadores, se hicieron reportajes históricos que mostraron a una sociedad en un proceso de cambio…

Scherer, que antes de llegar a la dirección dirigía las páginas de artículos de fondo, acaba de conformarlas dentro de una orientación social democrática. Esto con escritores mayoritariamente de centro-izquierda y una presencia poderosa de católicos inspirados en el Concilio ecuménico vaticano II, como Alejandro Avilés, Javier Peñalosa, Enrique Maza, Ramón Zorrilla, Froylán López Narváez –que pretendía un marxismo de fondo cristiano o escribía desde un cristianismo tocado por el pensamiento de Marx y firmaba alguno de sus artículos con el seudónimo de Gilberto Keith en honor del católico británico Gilbert Keith Chesterton. Además de Vicente Leñero y el propio Miguel Ángel Granados Chapa –en aquellos años un demócrata cristiano­­­­–, ­que venían a unirse a los más bien conservadores Ramón de Ertze Garamendi –presbítero y refugiado vasco enemigo del general Franco y de su régimen–, Carlos Alvear Acevedo y el protestante Abraham López Lara.

Una de las aportaciones de Scherer estuvo en el tratamiento de las noticias internacionales cuando ocupaban el encabezado de ocho columnas. En el lado preferencial de la plana se daba la noticia en dos columnas separadas por una fina pleca. En una se reunían las agencias norteamericanas y la agencia EFE; en la otra se tomaban como base los reportes de la Agence France-Presse, Reuter y a veces Prensa Latina. El sentido de ello es que, como eran líneas de pocos golpes, se pudieran ir leyendo simultáneamente dos orientaciones diferentes de un mismo hecho.

Sin embargo, el gran desafío era informar con verdad de los asuntos nacionales en un país gobernado por un régimen autoritario que no podía entender a los periódicos sino como prolongaciones suyas. En este contexto, los secretarios de Estado no daban entrevistas y  no se permitía la crítica más leve a los dictados del presidente que era, en rigor, un gran tlatoani, un emir, un sátrapa oriental…

Scherer opta por desafiar al régimen impregnando en los reporteros una agresividad inusitada en México: buscar a personas críticas empleadas en los medios gubernamentales para que dijeran lo que verdaderamente pasaba bajo promesa de no revelar sus nombres, como de hecho estaba establecido en los tratados de ética periodística. La estrategia acabó rindiendo frutos mucho antes de lo esperado y pronto los funcionarios públicos se vieron obligados a conceder entrevistas. Así, Excélsior se convirtió en el único diario confiable, la única fuente fidedigna para conocer lo que verdaderamente sucedía en el país.

Consciente, por otra parte, de que era necesaria una visión latinoamericana de lo que pasaba de este lado del Atlántico, pero también de la necesidad de interpretar desde nuestra circunstancia de lo que ocurría en el resto del mundo, se asoció con diarios de otras naciones de América Latina para crear una agencia de prensa que pudiera competir con los grandes consorcios internacionales. La agencia se llamaría Latin.

Scherer aprovechó el regreso a México de Octavio Paz para poner en manos de éste una revista cultural. Era necesario que el medio abrevase en el pensamiento de los mayores referentes hacedores de cultura y para ello era necesario reclutar al único intelectual mexicano con una capacidad de convocatoria internacional, o sea, Paz. Este último bautizará a la revista con el nombre de Plural, es decir, un nombre que anuncia un  propósito fundamental: romper la unidimensionalidad de la sociedad mexicana, su provincialismo, su estrechez, en fin, de miras.

La revista Plural se volvió pronto una fuente de escándalo ya que desde la pluralidad de las izquierdas pensantes se procedió a la crítica radical del socialismo real, el que habría traicionado el fondo dialéctico e historicista del pensamiento de Marx. En Plural publicaron los disidentes más inteligentes y sensibles de la Europa Oriental, de la URSS, de Cuba… No pocos colaboradores del Excélsior expresarán a Scherer su inconformidad por aquello de que se podía dañar el espíritu revolucionario. Pero él no les hace caso: en primer lugar, el periodismo se debe a la búsqueda de la verdad, y en segundo lugar Paz seguiría haciendo la revista como quisiera porque así lo habían acordado. Todos los inconformes lo acataron por respeto al liderazgo moral que reconocían en Scherer y por la admiración que sentían hacia él.

En un país cuyos periódicos eran dirigidos por empresarios no periodistas, atentos a sus intereses particulares e indiferentes a la vida intelectual y a la verdad, los que formaban parte del Excélsior experimentaban el orgullo de la reivindicación de una profesión cuya esencia había sido relegada, negada, sometida… Scherer había devuelto a los periodistas el sentido de dignidad que habían perdido y que se manifestó durante el movimiento estudiantil con la pancarta que, indefectiblemente, acompañaba a los contingentes que expresaban su indignación con la situación deplorable que se vivía: “Prensa vendida”.

Sí, Scherer no fue un parteaguas, sino el parteaguas entre un estado de cosas esclerótico y un proceso de cambio social que acabaría consagrando tanto los derechos humanos como la democratización de la república. Así, cuando a los siete años de la dirección de Scherer asestan un golpe a este y a su equipo, bastó un llamado del director para congregar en un salón de un hotel del Paseo de la Reforma a un nutrido grupo. Con los donativos de empresarios independientes y clases medias de los sectores más diversos de la sociedad mexicana hicieron posible que muy pronto el grupo Excélsior diera a conocer una nueva revista, Proceso,  que continuara la línea editorial del diario. Proceso se sustentará con ventas más que con anuncios y llegará a contar con un número impresionante de suscriptores en un país de escasos lectores. Quedó claro que la libertad de los periodistas y la libertad de expresión eran ya irreversibles en México. Así, a Proceso seguiría el diario Unomasuno, la revista Vuelta –  con el mismo equipo de lo que fue Plural– y más tarde el diario La Jornada, todos como ríos provenientes de una misma fuente: el Excélsior de Julio Scherer García.

 

Vicente Leñero

Novelista, dramaturgo, periodista y católico militante, Vicente Leñero fue llamado al Excélsior por Scherer para transformar la publicación Revista de revistas, uno de los diversos productos de la cooperativa. (Scherer había cerrado no pocas revistas frívolas producidas en aquellos años, pero quería hacer un periodismo de revista semanal en la línea de los grandes semanarios internacionales, como Time, L’Express, Spiegel, The Economist y otros análogos).

Revista de revistas era, a la sazón, una revista con pésimas ventas. Estaba hecha al modo un tanto anticuado y nada atractivo de las revistas que se confeccionaban en México, como Siempre!, Mañana y otras, a saber, con artículos de fondo, doctrinales, ideologizados. Leñero, por su parte, había sido un reportero en la revista católica Señal+, y al ganar el premio Seix Barral de Literatura por su novela Los albañiles es llamado por la revista internacional Claudia para ocupar la jefatura de redacción.

En Claudia pudo realizar un periodismo moderno y muchas de sus entrevistas y reportajes, hoy recogidos en libros, plasmaban un estilo ágil, novedoso, con un uso del lenguaje a un mismo tiempo desenfadado pero preciso en la busca de revelar realidades que marcaban una distancia con el pasado desde la convicción de que forma y fondo están necesariamente hermanados. Leñero llamaría a colaborar con él a escritores jóvenes con los que compartía una misma conciencia de cambio, de revelación de realidades ocultas, de los nuevos sentidos que procuraban salir a la luz en una sociedad que iba siendo otra y que era necesario nombrar. Así se formaría un equipo con Gustavo Sainz, José Agustín, Ignacio Solares, Gerardo de la Torre, Juan Tovar y otros.

Leñero forma un nuevo equipo en Revista de revistas con el propósito de iniciar una publicación de reportajes y entrevistas, con pocos pero sustanciosos y breves artículos, y con espacios generosos para los espectáculos: teatro y cine, pero, también, para dar cuenta de la actividad editorial. En ese equipo lo acompañarán los escritores a los que había convocado en Claudia aparte de analistas políticos como Efraín González Morfín –que había sido candidato a la presidencia por el PAN y enfrentado con dignidad al oficial Echeverría en competencia, sobra decirlo, absolutamente desigual. Aparte de los católicos González Morfín y el jesuita Enrique Maza, conforma un grupo de periodistas de izquierda que ejercen la crítica del partido en el poder, ajena a toda forma de componendas y contestaria. En uno de los primeros números de la revista reformada, aparece un reportaje de Graham Greene en Chile en tiempos de Allende, que muestra una sociedad chilena conflictuada y desde la simpatía hacia el presidente socialista, el fino sentido de observación de Greene, su certero instinto periodístico, vislumbra ya el golpe de estado que poco después tendría lugar.

No duró mucho Leñero en aquella espléndida aventura periodística porque sucedió el golpe contra el Excélsior. Pero Scherer lo llamaría para que estuviera a su lado en la subdirección de Proceso y desde ella Leñero se convirtió en un auténtico jefe de redacción e información. Estuvo atento no sólo a los contenidos sino a la forma, contaminando de ese espíritu de experimentación y de búsquedas estilísticas a los reporteros y redactores de la revista. Tal vez la gran aportación periodística de Vicente Leñero en Proceso se concrete en un tono de des-solemnización de nuestros políticos, en la sistemática desglamorización de sus voces y de sus poses, en hacerlos ver como entes enfermos de poder y simuladores por oficio. También y por lo mismo, propiciar que los periodistas se midieran de igual a igual con los poderosos: políticos, empresarios, líderes sindicales hasta obligar a éstos a aceptar esa relación ya no asimétrica, sino una de ciudadanos con los mismos derechos y obligaciones.

Leñero, ante todo un escritor, llevó el periodismo a la novela con obras que son tan buenas novelas como reportajes, así Asesinato, La gota de agua, Los periodistas y dramas como El juicio, Los hijos de Sánchez, Todos somos Marcos, Pueblo rechazado

 

Miguel Ángel Granados Chapa

A  diferencia de Scherer y de Leñero, Miguel Angel Granados no fue un reportero, un entrevistador o un cronista. Fue periodista en el sentido de un interés incontenible por los sucesos de actualidad, señaladamente en los campos de la política y la circunstancia socio-económica. Era un articulista, un hombre que veía y analizaba la realidad desde la óptica sociológica pura, es decir, sin perspectiva psicológica aunque sí histórica. A veces he pensado que de no haber pasado infancia, juventud y madurez en un país con partido hegemónico que rechazaba por diversos y sobradamente justificados motivos, muy probablemente Granados hubiera sido un hombre de acción, de toma puntual de decisiones, un político. Me explico:

Miguel Angel Granados Chapa procedía de un hogar de raigambre católica del Estado de Hidalgo. Como Leñero, se formó en la Acción Católica y como no pocos jóvenes católicos de la década de los cincuenta, vivía a disgusto en un régimen de fondo jacobino, corrupto, ecléctico y pragmático hasta la ignominia. El cristianismo que practican Leñero y Granados tiene rostro humano y no es como el de otros jóvenes de la extrema derecha católica, esos que consideran que judíos y masones tienen la culpa de todos los males del mundo y que urden, desde tiempos lejanos una conspiración contra el cristianismo.

Comenzó a trabajar, bajo la dirección de Manuel Buendía, en el semanario Crucero. Con una sensibilidad social desarrollada, en la segunda mitad de 1964 denuncia a la organización secreta Movimiento Universitario de Renovadora Orientación (MURO), sus juramentos secretos, su violencia y la protección que le otorgaba a ese grupo la parte más conservadora del clero. El joven periodista es secuestrado, llevado a un paraje solitario y golpeado salvajemente, al punto de que su vida misma estuvo en peligro”

Granados se vuelve estudiante en Ciencias Políticas y Sociales en la UNAM, seguramente por la influencia de don Horacio Guajardo, miembro prominente del PAN. En su juventud, por influencia de Alejandro Avilés se introduce en la democracia cristiana. Y acaso desengañado del uno y de la otra, termina siendo fundador del Partido Socialista Unificado de México. Se va orientando, como su maestro el regiomontano Guajardo, primero a la democracia cristiana, luego al socialismo de fondo marxista. Progresivamente se va dando cuenta de que su fe no es tan sólida como hubiese deseado su madre, a la que se hallaba fuertemente vinculado. A la pérdida de la fe cristiana se une el deslumbramiento por el materialismo dialéctico.

Con una real repugnancia al partido en el poder, no encontrando sus señas de identidad ni en el Partido Acción Nacional ni en el Partido Popular Socialista –este vinculado a la URSS por la que no siente simpatía–, Granados se orienta hacia el periodismo con la esperanza de que el ejercicio de la crítica pueda contribuir al cambio en el país. Se inicia en el periódico Crucero, una publicación diaria que aparece al mediodía de la organización periodística de El Día, vinculada a la izquierda-PRI, si bien no se acercaría nunca al partido oficial. Más adelante, deslumbrado por el periodismo que genera Scherer en Excélsior, busca a este y se inicia en una actividad que nunca abandonará: el análisis de la vida política y de los políticos. Y así, a partir de sus convicciones esenciales que lo llevan a establecer un compromiso con la justicia social que sólo podría ser realidad a partir del socialismo democrático, Granados se volvió un periodista comprometido que se comunica a través de un estilo puro y clásico, con una lógica cartesiana y demoledora, en el mejor de los sentidos, del contrincante. Polemista notable, sus artículos son persuasivos e iluminan el tema que trate en ellos. Con una connaturalidad con el pensamiento lógico y con la praxis política, pronto Scherer lo llamará a que haga muchos de los editoriales o artículos no firmados, por tanto, oficiales que aparecen en la página izquierda y el lado izquierdo de las dos planas de artículos de fondo del Excélsior.

Después del golpe, Granados será fiel a Scherer y lo acompañará en los primeros años de Proceso. Pasará luego a UnoMásUno para después formar parte del grupo fundador de La Jornada; también creará y dirigirá una revista de corta duración, Mira. Esta última fracasará debido a que Granados no tenía, como Leñero, el sentido de la forma ni del diseño ni le apasionaban el reportaje y la entrevista. Es, básicamente, un analista sociopolítico que  desarrolló, es verdad, un modelo de argumentación de una lógica demoledora que en pocas cuartillas situaba a cualquiera en el meollo del asunto y le daba el carácter dinámico de la situación analizada.

Aparte de su gusto por la buena y grande música –no se perdía, salvo que fuera por causa de fuerza mayor, un concierto de la OFUNAM-, su inclinación por la praxis política era inminente. Así que se lanzaría a candidato a la gubernatura de su Estado de Hidalgo buscando el apoyo tanto del PAN como del PRD. Logró que este último lo hiciera candidato y perdió la elección. Hidalgo ha sido un estado controlado por el PRI, dominado por políticos en su mayor parte corruptos y ligados al empresariado local. Además, Granados era un tanto rígido y un lenguaje tan racional como era el suyo encontró dificultades de comunicación con las mayorías. Seguramente por estas mismas razones, el periodismo radiofónico que ejerció en Radio Mil y en Radio UNAM no logró nunca la gran audiencia  que amasó en sus artículos periodísticos: de  Excélsior, Proceso, La Jornada y, sobre todo, del diario Reforma donde su espacio “Plaza Pública” llegó a ser imprescindible para todo el que siguiese atentamente el acontecer político nacional.

Granados queda en la historia del periodismo nacional como uno de los más agudos y honestos analistas de la política nacional. Le podemos tributar el mayor elogio posible para un periodista de su estirpe: aunque se difiriese de su orientación ideológica, leerlo lo colocaba a uno, objetivamente, en la trama y su revés, dicho de otro modo, era imprescindible para el buen entendimiento de los hechos.